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EL SECRETO DE LA CEO. DOS HEREDEROS PARA EL MAGNATE

EL SECRETO DE LA CEO. DOS HEREDEROS PARA EL MAGNATE

Status: En proceso
Genre:Embarazo no planeado / Reencuentro / Madre soltera
Popularitas:4.8k
Nilai: 5
nombre de autor: SIKEVALEN

Samanta Ruiz es la fría CEO de un imperio de papelería Kawaii. Conduce un Lamborghini y tiene todo bajo control, excepto su amor. Por su cumpleaños, sus amigas le regalan un viaje VIP al Caribe, pero un error de reserva la obliga a compartir apartamento con Samuel Vargas, un imponente y jovial magnate de la logística internacional. Tras quince días de piques y tensión, la última noche estalla en una pasión inolvidable. Se despiden en el aeropuerto como adultos realistas: la distancia hace imposible su amor.
Pero un virus estomacal anula la píldora de Samanta. El diagnóstico es brutal: embarazada de mellizos. Orgullosa, decide criarlos sola y en secreto.
Tres años después, Samuel irrumpe en su sala de juntas para negociar una alianza millonaria. Él no la ha olvidado, pero ignora que tiene una parejita de herederos. Con la ayuda de Carlos, su metódico hermano y abogado, Samanta intentará blindar su nido. Pero Samuel es un tiburón implacable que no parará hasta recuperar a su mujer.

NovelToon tiene autorización de SIKEVALEN para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPITULO 21. BIENVENIDOS AL MUNDO

La entrada en el área de obstetricia fue un torbellino. Las contracciones, que apenas se habían manifestado en el trayecto en coche, se desataron con una intensidad brutal en cuanto Samanta se cambió de ropa. Los mellizos tenían prisa por nacer. Al tratarse de un parto gemelar de treinta y seis semanas, el equipo médico no perdió ni un segundo y la trasladó directamente a la sala de partos.

Dado que todo estaba ocurriendo a una velocidad de vértigo, no había tiempo para esperar a que sus padres o sus amigas cruzaran las puertas del hospital.

—Samanta, la dilatación está completa —anunció el obstetra tras una rápida revisión—. Los bebés están empujando con fuerza. Necesitamos que alguien entre contigo ya como acompañante.

Samanta, en mitad de un fuerte dolor, miró hacia la puerta de la sala. Allí estaba Carlos, vestido ya con el pijama verde de quirófano y los patucos que le había entregado la enfermera. Su hermano mayor dio un paso adelante con total determinación, sin dudarlo un solo segundo.

—Entro yo —dijo Carlos con voz firme, situándose al lado de la cabecera de la camilla y tomando la mano de su hermana pequeña con un agarre que le transmitió una fuerza inmensa—. Estoy aquí contigo, Sam. Vamos a sacar a esos dos campeones adelante.

El parto fue una demostración de la resistencia y el carácter fuerte que caracterizaba a los hermanos Ruiz. Samanta apretaba los dientes, concentrando toda su energía en las indicaciones del médico, mientras Carlos le limpiaba el sudor de la frente y le marcaba el ritmo de la respiración con una calma admirable.

—¡Muy bien, Samanta! ¡Un último esfuerzo para el primero! —exclamó el obstetra.

Tras un pujo largo y desgarrador, un llanto agudo, fuerte y lleno de vida inundó las paredes de la sala de partos. Eran las siete y veinte de la tarde. El primer bebé, el pequeño Samuel, acababa de nacer. El médico lo colocó rápidamente sobre el pecho de Samanta, y al sentir la calidez de su piel y ver esos minúsculos puños cerrados, la CEO de Kawaii World rompió a llorar por primera vez, desbordada por una emoción que jamás había experimentado. Carlos le dio un beso en la frente, con los ojos empañados pero sin perder la compostura.

—Ya tenemos aquí al heredero, hermana —susurró Carlos con orgullo—. Ahora a por la niña. No bajes la guardia.

Mientras el equipo médico se encargaba de asegurar el bienestar de Samuelito, la pequeña Sofía reclamó su turno. Apenas diez minutos después, tras dos pujos decididos y coordinados por las palabras de aliento de Carlos, el segundo llanto, un poco más fino pero igual de enérgico, resonó en la sala. La parejita estaba completa.

Cuando trasladaron a Samanta a la habitación de maternidad de la tercera planta, con los dos bebés perfectamente arropados en sus respectivas cunas móviles a los lados de su cama, la puerta se abrió de golpe. Sus padres, su hermana Sofía, Rosa y Vanesa entraron a la carrera, con las caras desencajadas por el esfuerzo de haber subido las escaleras corriendo.

—¡Hija mía! ¿Cómo estás? ¿Ha empezado ya? —preguntó su madre, sin aliento.

Carlos, que estaba apoyado en la ventana con los brazos cruzados y una sonrisa de absoluta suficiencia, dio un paso al frente para recibirlos.

—Llegáis tarde, equipo —anunció Carlos con sorna, señalando las cunas—. Estos dos tenían prisa. Para cuando habéis aparcado el coche, Samuel ya había salido a saludar y Sofía no ha tardado ni diez minutos en seguirlo. Todo ha salido impecable. Samanta es una campeona.

El silencio de la sorpresa dio paso a un estallido de lágrimas, abrazos y exclamaciones de alegría. Su madre corrió a besar a Samanta, mientras su padre se acercaba a las cunas con las manos temblorosas de la emoción. Sofía, Rosa y Vanesa rodeaban los carritos de los bebés, alucinadas por la belleza de los recién nacidos, que lucían unos gorritos cuquis que sus tías les habían preparado.

Samanta observó la escena desde la cama, cansada pero con una felicidad absoluta inundándole el pecho. Miró a su hermano Carlos y le dedicó una mirada de gratitud eterna que él devolvió con un guiño cómplice. Estaba rodeada de su red de seguridad perfecta. El plan ejecutivo para su maternidad se había cumplido con un éxito rotundo: sus hijos, Samuel y Sofía, habían nacido fuertes, sanos y protegidos por el amor incondicional de los suyos. Samuel Vargas seguía con su ajetreada vida laboral de CEO a cientos de kilómetros de distancia, completamente ajeno a que en esa habitación de hospital acababa de completarse su descendencia. El secreto mejor guardado de las vacaciones entraba ahora en una larga tregua, donde el silencio de su familia y el rugido del Lamborghini Urus lila satinado serían el único universo de la parejita.

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Nayeli Lozano
me atrapó desde el primer capítulo, pero no me fijé que estaba empezando a escribirla.
te felicito autora, está hermosa,no tardes tanto en actualizar por fis👏
San Aguirre: Me pasó lo mismo, no me di cuenta que no estaba terminada 😒
total 1 replies
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