Valeria Salcedo murió traicionada por su esposo y por la mujer que llamaba hermana. Le quitaron su empresa, su familia, su dignidad y, al final, la vida.
Pero despertó de nuevo.
Esta vez volvió al día en que todo empezó: la mañana después de su boda, justo cuando estaban por acusarla de haber engañado a su marido. Solo que ahora Valeria ya sabe quiénes son sus enemigos, qué quieren quitarle y cuánto están dispuestos a destruirla.
Para sobrevivir, necesita poder. Y el poder tiene nombre: Santiago Alcázar, el hombre más temido del mundo empresarial mexicano.
Él no confía en ella. Ella tampoco piensa enamorarse de él.
Su matrimonio empieza como un trato: ella usará su apellido para vengarse, él usará sus secretos para encontrar la verdad de una mujer que nunca pudo olvidar.
Pero entre besos, amenazas, celos y enemigos que no dejan de aparecer, Valeria descubrirá que renacer no solo significa ajustar cuentas.
También puede significar aprender a elegir, por primera vez, a quién dejar entrar en su vida.
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Capítulo 8
Capítulo 8
Una sombra cruzó por los ojos de Camila.
No perdió el control. Se cubrió la boca y dejó que las lágrimas cayeran.
—Hermana, yo no hice eso. Es un malentendido. No voy a pelear. Me retiro. El señor Alcázar es tuyo.
Con esa cara destrozada, casi daba lástima.
Santiago, que llevaba rato mirando como si estuviera de paso, habló por fin:
—Yo elijo.
Después de decirlo, caminó hacia Camila.
Valeria apretó los labios.
¿No le creía?
¿Las fotos con Damián no le importaban?
¿Iba a elegir a esa mujer?
Algunos sonrieron. Otros se quedaron esperando el golpe.
Camila levantó la cabeza con una confianza que apenas podía esconder.
—Señor Alcázar, estoy bien. Crecí con mi hermana y sé que no tiene mala intención. Solo... no la culpo. Elíjala a ella.
Seguía llorando como si fuera la más comprensiva del mundo.
Santiago la miró con frialdad.
—Mi compromiso es con la familia Salcedo. Voy a casarme con la hija de esa familia. Tú no lo eres. Lo que quiero decir es que ni siquiera tienes derecho a competir.
La cara de Camila se volvió blanca.
Abrió la boca, pero no dijo nada.
—Una persona debe saber cuál es su lugar.
Santiago dejó esa frase y caminó hasta quedar junto a Valeria.
—Pensé que ibas a... bueno, queda claro que tienes mejor gusto que yo —murmuró Valeria.
Camila se recompuso rápido.
—Sí, el señor Alcázar tiene razón. Ese compromiso siempre fue de ustedes. Fui yo quien se ilusionó sin medir mi lugar. Hermana, felicidades. Ayer te divorciaste de un mal hombre y hoy ya puedes tener un matrimonio feliz con el señor Alcázar. Qué ganadora.
—Es cierto. Valeria tenía novio. Era Damián Fuentes.
—Ayer hasta hubo boda, ¿no? Creo que ya terminaron.
—Una mujer con ese pasado no merece casarse con el señor Alcázar.
Las mujeres alrededor empezaron a murmurar.
Camila salía limpia y ahora arrastraba el pasado de Valeria.
—Yo... —Santiago quiso hablar.
Valeria lo detuvo.
—Esto es asunto de mujeres. No necesito que salgas tú. Ya me ayudaste bastante. Además, si algún día soy la señora Alcázar, tendré que enfrentar cosas peores. Déjame practicar.
—¿Yo dije que me casaría contigo?
—No, pero me elegiste.
Valeria sonrió con descaro y caminó hacia Camila con el celular en la mano.
—Hermana, yo...
La bofetada sonó limpia.
—¿Todavía te atreves a llamarme hermana? Damián es tu novio. La que se casó con él eres tú. Para treparte al señor Alcázar negaste tu relación y me difamaste. No tienes conciencia. ¿También olvidaste estas fotos y esos recuerdos?
Valeria mostró las imágenes una por una.
Camila entró en pánico.
—Son editadas. Damián y yo...
Valeria le arrancó la manga del vestido y levantó su brazo.
—Aquí tienes tatuada una nube. Él tiene tatuado tu nombre. ¿Así tampoco hay relación? ¿Necesitas que publique un video más íntimo para que digas la verdad?
Mientras hablaba, empezó a mover el dedo sobre el celular.
Camila no podía arriesgarse.
¿Y si Valeria sí tenía un video?
Las fotos podían negarse.
Un video la hundía.
Había caído en su propia trampa.
—Ay, qué vergüenza. Esta cena del señor Alcázar terminó así por nuestra culpa. Fue un malentendido. Sí, Damián es mi novio. No tiene nada que ver con mi hermana. Bebí de más y dije tonterías. Fue mi culpa. No volverá a pasar.
El salón volvió a estallar.
Valeria se acercó a su oído y sonrió.
—Las fotos sí las edité. Si tuviera video, ¿crees que habría esperado hasta ahora? ¿Cómo se siente tener la conciencia sucia?
Camila tembló de rabia.
—Grábate esto. Todo lo que me pertenece lo voy a recuperar. Tus planes no van a salir. La familia Salcedo es mía. La empresa es mía. Santiago Alcázar solo puede ser mío. Y tus vidas también.
Había que aguantar.
—Sí, hermana. Tienes razón. Felicidades a ti y al señor Alcázar.
Camila intentó alejarse.
Valeria le dio otra bofetada.
—Recuerda bien. Nada de lo que es de tu hermana puedes robarlo. Ni tienes derecho.
—Sí. Sí.
Camila retrocedió en silencio.
Alrededor, varias mujeres se lamentaron.
El guapísimo señor Alcázar tenía compromiso. Una pérdida tremenda.
Valeria se volvió hacia Santiago.
—Juro que nuestro compromiso no lo planeé yo.
—La sustitución fue real. También fue real que, al descubrir lo de Damián, quisieras casarte conmigo.
Santiago lo había visto todo con demasiada claridad.
Valeria ladeó la cabeza.
—Ajá... ¿si uno reconoce su error puede ser perdonado?
Santiago la tomó de la muñeca y la jaló contra su pecho.
—Ahora sí va a estar difícil no casarme contigo.
—Si hubiera sabido que teníamos compromiso, no lo habría amenazado. Le dejé una impresión horrible. Voy a tardar mucho en arreglarla.
Ella hizo un puchero.
Los dedos de Santiago rozaron su clavícula.
—¿Ese collar es tuyo?
La expresión de Valeria cambió apenas. Luego asintió.
—Claro. Es mío. Si viene a buscarme con ese collar, hasta mi vida es suya.
Valeria mintió.
Santiago no la desenmascaró. Le acomodó el cabello detrás de la oreja.
—Bien. Me caso contigo.
—¿Pero qué?
—¿Mmm?
Valeria se rio de sí misma.
—¿Acepta casarse conmigo porque le gusto?
—Tú tampoco te casas conmigo por amor.
—Pero usted sabe por qué quiero casarme con usted. Yo no sé por qué quiere casarse conmigo. ¿Solo por el compromiso?
—Sí. Por el compromiso.
—Entonces, si Camila fuera la prometida, ¿también se casaría con ella? ¿No tiene nada que ver conmigo?
—¿Y tú? Si el hombre más rico fuera otro, ¿también te casarías con él? Tampoco tiene que ver conmigo, ¿cierto?
Valeria bajó la mirada y sonrió apenas.
—Enredarse con esa pregunta no tiene caso. Por ahora, nuestro acuerdo funciona.
—¿Acuerdo?
La sonrisa de Santiago tomó otro filo.
—Quise decir...
—Hermana, felicidades a ti y al señor Alcázar. Brindo por ustedes.
Camila apareció con un vaso de jugo y cortó la conversación.
Valeria miró el vaso y abrió los ojos.
En la vida anterior, durante su encierro, Camila también le dio un jugo como ese.
Después la llevaron a la cama de otros hombres. Casi la destruyen.
Un desconocido la salvó.
¿Querían repetir la historia?
y ahí se dan cuenta que es una sustituta y arde Troya ella merece a alguien que la quiera a ella no a un recuerdo