Juliet Montgomery siempre supo que amar a Nicholas Sterling era un error.
Él era el hombre que todas querían. El heredero perfecto. El futuro CEO de un imperio. Y también el único hombre incapaz de verla como algo más que una simple conocida.
Durante años guardó sus sentimientos en silencio, conformándose con observarlo desde la distancia mientras él entregaba su corazón a otra mujer.
Entonces, una decisión tomada por sus familias cambió sus vidas para siempre.
Un matrimonio.
Un acuerdo.
Una promesa que ninguno de los dos deseaba cumplir por las mismas razones.
Lo que Juliet no sabía era que el destino tenía planes mucho más crueles para ambos.
Porque algunas personas necesitan perderlo todo para descubrir quién estuvo a su lado desde el principio.
Y cuando Nicholas finalmente aprendiera a verla, tal vez ella ya no estaría esperando.
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Lo Que Nunca Dije
Capítulo 5: Lo Que Nunca Dije
Juliet Montgomery
A veces me preguntaba cómo sería mi vida si nunca hubiera conocido a Nicholas Sterling.
Si aquella noche, años atrás, hubiera decidido mirar hacia otro lado.
Si mi corazón hubiera elegido a otra persona.
Quizás todo habría sido más fácil.
Quizás no me dolería verlo sonreírle a otra mujer.
Quizás no me despertaría pensando en alguien que jamás pensaba en mí.
Pero la vida no funcionaba así.
Y mi problema era que llevaba tanto tiempo enamorada de Nicholas que ya no recordaba cómo era vivir sin sentir algo por él.
—¿Sigues enamorada de él?
La pregunta de Amelia me tomó desprevenida.
Estábamos sentadas en una cafetería cerca de la universidad.
Mi mejor amiga me observaba con esa mirada que significaba que ya conocía la respuesta.
—No empieces.
—Juliet...
—No quiero hablar de Nicholas.
—Precisamente por eso deberías hablar de él.
Suspiré.
Amelia era la única persona que sabía una parte de la verdad.
La única.
Porque admitirlo frente a cualquier otra persona sería humillante.
¿Quién se enamoraba durante años de alguien que apenas la veía?
Yo.
Solo yo.
—Tienes que seguir adelante.
Bajé la mirada hacia mi taza de café.
—Lo intento.
—No lo suficiente.
—¿Y qué se supone que haga?
—Conocer a alguien.
Reí.
No porque fuera gracioso.
Porque era imposible.
Había salido con otras personas.
Lo había intentado.
De verdad.
Pero siempre ocurría lo mismo.
Comparaba.
Y nadie lograba parecerse a Nicholas.
Ni su inteligencia.
Ni su determinación.
Ni siquiera la forma en que sonreía.
Era ridículo.
Y lo sabía.
Aquella noche había otra reunión organizada por nuestras familias.
Una cena formal.
Otra más.
Mi madre insistió en que usara un vestido verde oscuro.
Mi padre dijo que me veía hermosa.
Y yo sonreí como si realmente me importara.
La verdad era que solo me preguntaba si Nicholas estaría allí.
Patético.
Lo sé.
Cuando llegamos, la mansión Sterling ya estaba llena de invitados.
Reconocí varios rostros conocidos.
Empresarios.
Políticos.
Amigos de la familia.
Y entonces lo vi.
Nicholas.
Como siempre.
Alto.
Elegante.
Imposible de ignorar.
Llevaba un traje negro que resaltaba sus ojos azules.
Varias personas hablaban con él al mismo tiempo.
Parecía completamente cómodo bajo toda aquella atención.
Yo nunca entendí cómo lo hacía.
Si tantas personas me observaran de esa manera, probablemente saldría corriendo.
—Juliet.
Su voz hizo que mi corazón olvidara cómo funcionar.
Giré rápidamente.
Nicholas estaba frente a mí.
—Hola.
—Hace tiempo que no hablamos.
Mentira.
Habíamos hablado dos semanas atrás.
Pero para mí había parecido una eternidad.
—Has estado muy ocupado.
—Siempre.
Sonrió.
Y ahí estaba otra vez.
Ese estúpido corazón mío.
Actuando como si una simple sonrisa fuera suficiente para hacerlo feliz.
—Mi padre me contó que estás ayudando en Montgomery Holdings.
Asentí.
—Solo algunas cosas.
—Escuché que estás haciendo un gran trabajo.
Parpadeé sorprendida.
Nicholas Sterling acababa de hacerme un cumplido.
Seguramente no significaba nada para él.
Pero para mí...
Para mí significaba demasiado.
—Gracias.
—No tienes que agradecerme. Es verdad.
Y entonces alguien lo llamó desde el otro lado del salón.
La conversación terminó.
Así de simple.
—Debo irme.
—Claro.
—Nos vemos, Juliet.
—Nos vemos.
Lo observé alejarse.
Y sentí exactamente lo mismo de siempre.
La misma felicidad absurda.
La misma tristeza inevitable.
Más tarde encontré a Amelia cerca de la pista de baile.
—¿Qué pasó?
—Nada.
—Esa sonrisa dice lo contrario.
Intenté ocultarla.
Sin éxito.
—Hablamos unos minutos.
—Dios mío.
—Amelia...
—Estás sonrojada.
—No estoy sonrojada.
—Juliet, llevas enamorada de ese hombre media vida.
No pude discutirlo.
Porque era verdad.
Esa noche, al regresar a casa, me senté junto a la ventana de mi habitación.
Las luces de la ciudad brillaban a lo lejos.
Y por primera vez me permití admitir algo que llevaba años intentando ignorar.
Estaba cansada.
Cansada de amar en silencio.
Cansada de esperar algo que probablemente nunca sucedería.
Cansada de conformarme con migajas de atención.
Porque Nicholas era amable.
Pero nada más.
Jamás me había dado una razón para creer que podía sentir algo por mí.
Y aun así, una parte de mi corazón seguía aferrándose a la esperanza.
A esa pequeña y peligrosa esperanza de que algún día él me mirara diferente.
De que algún día dejara de ser invisible para él.
No sabía cuánto tardaría ese día en llegar.
Ni cuánto tendría que sufrir antes de que ocurriera.
Solo sabía una cosa.
Si seguía amándolo de esta manera, tarde o temprano terminaría rompiéndome el corazón.
Y, por desgracia, el destino todavía tenía preparadas heridas mucho más profundas para ambos. ❤️📖✨