¿Cuánto peso puede soportar un secreto antes de romperte por dentro?
Al principio, Jester y Yelina eran dos extraños unidos por un amigo en común. No había chispas, ni conexión, ni interés. Pero el roce diario y la complicidad silenciosa fueron tejiendo un lazo que ninguno de los dos vio venir. Se volvieron refugio, confidentes, mejores amigos.
Y fue ahí, en la calidez de esa cercanía, donde Yelina se perdió. Enamorarse de él fue inevitable; aceptar que nunca sería correspondida, una dolorosa certeza. Para salvar la amistad que tanto le costó construir, Yelina decide condenarse al silencio. Una historia sobre el amor que prefiere callar para no perder lo que más quiere en el mundo.
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El Arte De No Planificar
El sábado siguiente, Gonzalo me invitó a pasar el día fuera de la ciudad. Quería llevarme a un pequeño pueblo de montaña famoso por sus paisajes otoñales y su comida casera. Era un plan perfecto para un fin de semana de descanso, y yo acepté de inmediato. Mi lado perfeccionista intentó organizar cada detalle del viaje: la hora exacta de salida, el mapa de la ruta, el pronóstico del tiempo y el vestuario adecuado. Pero la vida, como siempre, tenía otros planes.
A mitad de camino, el viejo auto de Gonzalo comenzó a hacer un ruido extraño en el motor. Una densa columna de humo blanco empezó a salir del capó, obligándonos a detenernos en el arcén de una carretera secundaria, rodeados de árboles y sin señal de teléfono celular en nuestros dispositivos.
—Bueno... parece que el alternador decidió tomarse vacaciones —dijo Gonzalo tras revisar el motor, con el rostro ligeramente manchado de hollín pero con una sonrisa tranquila en los labios.
En otra época, yo habría entrado en pánico. Habría pensado que el día estaba arruinado y me habría estresado por no poder cumplir con el itinerario establecido. Pero al mirar a Gonzalo, tan relajado a pesar de la situación, sentí que una oleada de calma me invadía.
—¿Y ahora qué hacemos, genio? —pregunté, apoyándome en la puerta del auto con una sonrisa divertida.
—Lo que mejor sabemos hacer: resolverlo —respondió él—. Hay una pequeña estación de servicio que pasamos hace un par de kilómetros. Caminaremos hasta allí, pediremos una grúa y, mientras tanto, comeremos los sándwiches que preparaste en ese prado de allí. ¿Qué te parece?
—Me parece un plan perfecto —admití, sorprendida de lo fácil que me resultaba aceptar la imperfección del momento.
Caminamos de regreso por la orilla de la carretera, tomados de la mano de manera natural. El día era fresco, pero el sol brillaba con fuerza, entibiando el ambiente. Nos sentamos en una colina de césped verde, rodeados de hojas secas de color ocre y amarillo. Compartimos la comida y conversamos de todo y de nada, riéndonos de nuestra mala suerte con el auto.
—Gracias por no estresarte —dijo Gonzalo de repente, mirándome con una ternura infinita mientras limpiaba con cuidado una migaja de pan de la comisura de mis labios—. Sé que te gustan los planes perfectos, Yadira. Lamento que este viaje no haya salido como lo diseñaste.
—Este viaje es perfecto, Gonzalo —respondí con total sinceridad, buscando sus ojos—. Me he pasado la vida intentando controlar cada detalle para no salir lastimada. Pero contigo... he aprendido que las cosas improvisadas son las más hermosas. No necesito que todo salga bien para pasarla bien contigo.
Gonzalo se quedó en silencio, mirándome como si fuera la primera vez que me veía de verdad. Su mano subió lentamente por mi mejilla, acariciando mi piel con una delicadeza que me cortó la respiración.
—Llevo mucho tiempo queriendo hacer esto —susurró, acortando la distancia entre nosotros.
No hubo timidez que me detuviera. Cerré los ojos y me incliné hacia él, permitiendo que nuestros labios se encontraran en un beso suave, pausado y lleno de una promesa latente. El beso sabía a sol de otoño, a sándwiches de carretera y a una libertad que nunca antes había experimentado. Cuando nos separamos, Gonzalo me sonrió con esa alegría desbordante que lo caracterizaba, y yo supe, sin el menor rastro de duda, que este era el inicio de la mejor historia de mi vida.
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