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Atados Por La Sangre Y El Destino

Atados Por La Sangre Y El Destino

Status: Terminada
Genre:Mundo de fantasía / Época / Demonios / Completas
Popularitas:3.1k
Nilai: 5
nombre de autor: ana19

Ya llegue con una nueva historia, bueno lean la y comenten

NovelToon tiene autorización de ana19 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

24

El viento helado golpeaba los estandartes del Imperio Demoníaco.

En el centro del pueblo de Vargan, Astaroth sostenía la pieza de ajedrez tallada en hielo mientras observaba las montañas del norte.

Su sonrisa había desaparecido.

—No quiere una guerra larga... —murmuró.

Selene se acercó a él.

—¿Qué piensas?

—Que todo esto es demasiado limpio.

Ella frunció el ceño.

—¿A qué te refieres?

—Atacaron un solo pueblo.

Buscaron unos pergaminos.

No saquearon.

No conquistaron.

No dejaron soldados.

Solo querían que los siguiéramos.

Los generales comenzaron a intercambiar miradas.

Cedric, que acababa de llegar con refuerzos del Imperio Solar, cruzó los brazos.

—Entonces...

¿Es una emboscada?

Astaroth negó lentamente.

—No.

Es una invitación.

Esa misma noche...

El consejo de guerra se reunió dentro de una antigua fortaleza fronteriza.

Sobre la mesa descansaban los mapas del continente.

Astaroth movió una pequeña figura de madera hasta el territorio de Glaciem.

—Si yo fuera el emperador de hielo...

Esperaría aquí.

Señaló un estrecho paso entre dos montañas.

—Es el único camino para que un ejército entre al norte.

Uno de los generales sonrió.

—Entonces enviaremos diez mil soldados.

Astaroth lo miró.

—Y perderemos diez mil soldados.

El salón quedó en silencio.

Selene comprendió inmediatamente.

—El paso es demasiado estrecho.

No podremos aprovechar nuestra superioridad numérica.

Astaroth asintió.

—Exactamente.

Después tomó la pieza de hielo que habían encontrado.

La colocó sobre el mapa.

—Pero el rey de Glaciem cometió un error.

Todos observaron el tablero improvisado.

—Quiere jugar ajedrez...

Y olvidó una regla.

Cedric sonrió.

—¿Cuál?

Astaroth levantó la vista.

—Que yo nunca sigo las reglas.

Al amanecer...

En lugar de movilizar un enorme ejército...

Solo tres jinetes avanzaban hacia el paso montañoso.

Astaroth.

Selene.

Y Cedric.

Los generales observaron incrédulos.

—¿Solo ellos?

El emperador demonio sonrió.

—Confíen en mi hijo.

Cuando hace algo absurdo...

Normalmente funciona.

Tal como Astaroth había previsto...

Al llegar al paso apareció un centenar de soldados cubiertos con armaduras de hielo.

Detrás de ellos descendió lentamente un hombre alto de cabello completamente blanco.

Llevaba una larga capa azul y una corona de cristal.

Sus ojos plateados irradiaban una calma inquietante.

—Así que tú eres Astaroth.

Su voz era fría como el invierno.

—Y tú debes ser el emperador de Glaciem.

El hombre inclinó apenas la cabeza.

—Me llaman Kaelor, señor del norte.

Selene sintió un escalofrío.

Aquel hombre transmitía una autoridad completamente distinta a la de cualquier enemigo anterior.

No levantaba la voz.

No sonreía.

No parecía enfadado.

Y, aun así...

Resultaba intimidante.

Kaelor observó a Selene durante unos segundos.

—Así que esta es la emperatriz humana...

Ahora entiendo por qué abandonaste la razón.

Astaroth dio un paso al frente.

—No pronuncies su nombre.

El emperador de hielo arqueó una ceja.

—¿O qué?

Por primera vez...

Astaroth dejó escapar una sonrisa.

Pero no era una sonrisa alegre.

Era la misma expresión que tenía antes de derrotar a un enemigo.

—O descubrirás por qué mi pueblo me llama el demonio más peligroso del continente.

Los soldados de ambos bandos llevaron las manos a sus armas.

El ambiente se volvió insoportable.

Bastaba un movimiento...

Para comenzar una guerra.

Entonces...

Kaelor levantó una mano.

Todos sus soldados bajaron las espadas.

—No vine a luchar.

Cedric frunció el ceño.

—¿Entonces para qué atacaste nuestra frontera?

Kaelor respondió con absoluta tranquilidad.

—Porque necesitaba comprobar algo.

Selene dio un paso adelante.

—¿Qué cosa?

Los ojos plateados del emperador se clavaron en ella.

—Quería saber...

Si la mujer de la profecía realmente existía.

Las palabras dejaron helados a todos.

¿Profecía?

Selene intercambió una mirada con Astaroth.

Ninguno entendía de qué estaba hablando.

Kaelor sonrió apenas.

—Ya obtuve mi respuesta.

Se dio la vuelta para marcharse.

Pero Astaroth habló antes de que pudiera dar otro paso.

—Después de matar inocentes...

¿Piensas irte sin más?

El emperador del norte se detuvo.

Sin girarse.

Respondió con una voz tan fría como la nieve.

—La próxima vez que nos encontremos...

No vendré con cien soldados...

Vendré con todo mi imperio.

Y ese día...

El continente entero conocerá el verdadero invierno.

Un silencio sepulcral cubrió el paso montañoso.

Kaelor continuó caminando de espaldas, como si estuviera completamente seguro de que nadie se atrevería a detenerlo.

Pero había olvidado una cosa.

Astaroth nunca dejaba marcharse a quien amenazaba a su familia.

—¡Kaelor!

La voz del príncipe demonio retumbó entre las montañas.

El emperador de Glaciem se detuvo.

Giró apenas el rostro.

—¿Sí?

Astaroth dio un paso al frente.

—Si abandonas este lugar...

Será como enemigo.

Y la próxima vez que cruces nuestras fronteras...

No saldrás con vida.

Los ojos plateados de Kaelor brillaron con interés.

—¿Es un desafío?

—No.

Es una promesa.

---

Durante unos segundos...

Nadie respiró.

Entonces Kaelor sonrió por primera vez.

Era una sonrisa fría.

Sin alegría.

—Muy bien...

Veamos si el continente exagera tanto cuando habla del heredero demonio.

En un instante...

Desenvainó su espada.

Una hoja completamente transparente, hecha de un cristal helado.

El aire descendió varios grados.

La nieve comenzó a caer con fuerza.

Selene comprendió de inmediato.

Aquello ya no podía evitarse.

---

—¡Atrás! —ordenó Cedric.

Los soldados de ambos bandos retrocedieron.

Nadie debía intervenir.

Aquello sería un duelo entre emperadores.

Astaroth desenvainó su espada negra.

Las llamas oscuras recorrieron lentamente la hoja.

El fuego y el hielo quedaron frente a frente.

—No tardes demasiado —dijo Selene en voz baja.

Astaroth sonrió sin dejar de mirar a Kaelor.

—Prometo volver antes de la cena.

Ella rodó los ojos.

—Incluso ahora haces bromas.

—Solo quiero que sonrías.

---

Kaelor fue el primero en atacar.

Su velocidad era impresionante.

La espada de hielo descendió como un rayo.

¡CLANG!

Astaroth bloqueó el golpe.

La fuerza del impacto abrió grietas en la montaña.

Los dos desaparecieron entre una lluvia de ataques.

Nadie era capaz de seguir sus movimientos.

El sonido del acero chocando llenaba el valle.

Kaelor atacaba con precisión.

Sin desperdiciar un solo movimiento.

Astaroth peleaba de otra manera.

Impredecible.

Sonreía.

Retrocedía.

Provocaba.

Obligaba a su rival a perder la calma.

Y, poco a poco...

Lo estaba consiguiendo.

—¿Eso es todo? —preguntó Astaroth.

—Hablas demasiado.

—Lo mismo me dijeron ayer.

Kaelor lanzó un golpe lleno de furia.

Astaroth lo esquivó por centímetros.

Sonrió.

—Ahí está...

Por fin te hice enfadar.

Los ojos del emperador de hielo cambiaron.

Su serenidad había desaparecido.

Y ese fue su error.

---

Astaroth aprovechó una apertura.

Con un movimiento limpio...

Golpeó la empuñadura de la espada enemiga.

El arma salió despedida.

Antes de que Kaelor pudiera reaccionar...

La espada negra quedó apoyada sobre su cuello.

Todo terminó.

El silencio volvió a adueñarse del paso.

Los soldados de Glaciem bajaron sus armas.

Cedric sonrió orgulloso.

Selene soltó el aire que llevaba conteniendo desde hacía minutos.

Astaroth observó fijamente a Kaelor.

—Podría acabar contigo ahora mismo.

Kaelor sostuvo su mirada.

—Hazlo.

Pero Astaroth bajó lentamente la espada.

Todos quedaron sorprendidos.

—No.

El emperador de hielo frunció el ceño.

—¿Por qué?

Astaroth guardó su espada.

—Porque alguien tiene que romper este círculo.

Si te mato...

Otro ocupará tu lugar.

Luego vendrá una nueva guerra.

Y después otra.

Estoy cansado de que este continente solo conozca la violencia.

Kaelor permaneció en silencio.

Nadie le había hablado así.

Nunca.

Astaroth dio media vuelta.

—Regresa a tu pueblo.

Reconstruye lo que la guerra destruyó.

Y no vuelvas a cruzar mis fronteras con un ejército.

La próxima vez...

No tendré tanta paciencia.

---

Kaelor permaneció inmóvil durante varios segundos.

Finalmente levantó su espada del suelo.

La guardó.

Después hizo algo que dejó a todos sin palabras.

Inclinó ligeramente la cabeza.

Un gesto de respeto.

—Quizá...

El continente necesitaba un rey como tú.

Se giró hacia sus soldados.

—¡Retirada!

Miles de guerreros comenzaron a abandonar el paso montañoso.

Sin una sola batalla más.

Sin una sola muerte más.

La guerra había terminado...

Antes de empezar.

---

Al caer la noche, el ejército aliado regresó victorioso.

Los habitantes de Vargan salieron a recibirlos con antorchas y flores.

Los niños corrían alrededor de Astaroth y Selene.

—¡Ganamos!

—¡No habrá guerra!

Selene observó a su esposo.

Él sonreía mientras saludaba a la gente.

Aquel hombre, que meses atrás era conocido por su vida despreocupada y libertina, había demostrado que la mayor fortaleza no era destruir a un enemigo...

Sino saber cuándo perdonarlo.

Ella tomó su mano.

—Estoy orgullosa de ti.

Astaroth la miró con esa sonrisa que solo le dedicaba a ella.

—¿Sí?

—Mucho.

Él se inclinó hasta quedar a unos centímetros de su rostro.

—Entonces creo que merezco una recompensa.

Selene ya conocía esa mirada.

—¿Otra vez?

—¿Qué puedo decir?

Sigo siendo un demonio.

Ella rio y negó con la cabeza.

—Vamos a casa, Astaroth.

Él besó con suavidad su frente.

—Sí...

Vamos a casa.

Y mientras ambos emprendían el regreso al Imperio Demoníaco, ninguno de los dos imaginaba que la paz recién conquistada les permitiría, por fin, disfrutar de una vida juntos... antes de que el destino volviera a llamar a sus puertas.

1
Martha Lucia Montaño
Hermosa historia. Gracias
Nancy Cortes J
mi querida autora me encanta esta historia. me tiene ahí pegada.
muchas gracias, bendiciones...
Edwin Rodríguez
de entre el odio al amor hay un solo paso🥰🥰🥰🤣🤣🤣🤣
Edwin Rodríguez
enganchada con este principe demonio 🥰🥰🥰🥰
Ana19: Ya estoy subiendo más capitulos
total 1 replies
Edwin Rodríguez
ya vamos a comenzar a leer 🥰🥰🥰
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