Contra Toda Regla narra el reencuentro entre Ander y Eliana, una atracción prohibida que desafía amistad, lealtad y principios, demostrando que algunos amores nacen precisamente donde nunca deberían hacerlo.
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Capítulo 15
El trayecto de regreso transcurrió envuelto en un silencio poco habitual.
Ander conducía con ambas manos firmes sobre el volante, la vista fija en la carretera.
Eliana permanecía sentada en el asiento del copiloto, observando distraídamente el paisaje que desfilaba tras la ventana.
Ninguno hablaba.
Ninguno se atrevía a hacerlo.
Lo ocurrido frente al restaurante seguía demasiado presente.
Eliana cruzó las piernas con discreción y acomodó un mechón de cabello detrás de la oreja.
Por un instante estuvo a punto de mirar a Ander.
Se contuvo.
No quería encontrarse otra vez con aquellos ojos.
Temía descubrir que había imaginado el momento...
Ander tampoco apartaba la vista del camino.
Ni siquiera cuando se detenían en un semáforo.
Sabía que, si giraba la cabeza, volvería a recordar la forma en que había quedado entre sus brazos.
Y eso era precisamente lo que intentaba evitar.
Después de varios minutos, Eliana rompió el silencio.
—Gracias.
Ander frunció ligeramente el ceño.
—¿Por qué?
—Por... lo de hace un rato.
Él comprendió de inmediato a qué se refería.
—No tienes que agradecerme.
—Me evitaste un buen golpe.
—Cualquiera habría hecho lo mismo.
Ella sonrió con tristeza.
—No cualquiera reacciona tan rápido.
Ander guardó silencio unos segundos.
—Solo actué por instinto.
Nada más.
Aquellas dos últimas palabras parecieron dirigidas tanto a ella como a sí mismo.
Eliana asintió lentamente.
—Lo sé.
El silencio regresó.
Un silencio más pesado que el anterior.
Los dos sabían que estaban evitando el verdadero tema.
No hablaban del conductor.
Ni del susto.
Hablaban sin decirlo de aquellos segundos en los que estuvieron demasiado cerca.
De la forma en que se habían mirado.
De lo que casi ocurrió.
Pero ninguno encontró el valor para mencionarlo.
Unos minutos después, Ander habló sin apartar la vista del camino.
—Mario me escribió.
Eliana agradeció internamente el cambio de conversación.
—¿Cómo está Nicolás?
—El pediatra dice que solo es un cuadro viral leve.
Ella dejó escapar el aire que no sabía que estaba conteniendo.
—Qué alivio.
—Sí.
Volvieron a quedarse callados.
Cuando el automóvil se detuvo frente a un semáforo en rojo, una suave melodía comenzó a sonar en la radio.
Ninguno hizo el intento de apagarla.
Era preferible escuchar música antes que enfrentarse al incómodo silencio.
......................
Al llegar a la casa de Mario, Ander estacionó el automóvil frente a la entrada.
Apagó el motor.
Durante unos segundos, ninguno hizo el menor movimiento para bajar.
Eliana tomó su bolso.
—Gracias por traerme.
—No hay de qué.
Ella apoyó la mano sobre la manija de la puerta.
—Y... gracias otra vez.
Ander finalmente giró la cabeza para mirarla.
Sus ojos se encontraron apenas un instante.
Abrió la puerta y bajó del automóvil.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Eliana apenas había entrado a la casa cuando escuchó voces provenientes de la sala.
Mario estaba sentado en el sofá junto a Italia, mientras Nicolás descansaba en sus brazos, más tranquilo que por la mañana.
Al verla entrar, ambos sonrieron.
—Llegaron —dijo Mario.
Ander entró detrás de ella, cerrando la puerta.
—¿Cómo está el pequeño?
La expresión de Mario cambió de inmediato al escuchar la preocupación en la voz de su amigo.
—Mucho mejor.
Eliana se acercó rápidamente.
—Nico...
El bebé abrió los ojos al escuchar su voz y movió ligeramente las manos.
Ella sonrió con ternura.
—Hola, mi amor.
Después miró a su hermano y a Italia.
—Perdón, no sabía que estaba enfermo.
Mario frunció el ceño con suavidad.
—¿Por qué te disculpas?
—Porque salí temprano y si hubiera sabido que tenía fiebre...
Italia negó con una sonrisa.
—Eliana, no tienes nada que disculpar.
—Pero...
—No fue nada grave —la tranquilizó Mario—. Nicolás amaneció con un poco de fiebre, pero el pediatra lo revisó y nos dijo que con los medicamentos estará bien.
Italia acarició la pequeña cabeza de su hijo.
—Solo tenemos que vigilarlo y darle sus dosis a tiempo.
Eliana soltó el aire que estaba conteniendo.
—Qué alivio.
Ander se acercó al sofá y miró a su ahijado.
Aunque siempre mantenía una actitud seria, con Nicolás era diferente.
El bebé tenía un lugar especial para él.
—¿Y cómo está mi campeón?
Mario sonrió.
—Ya apareció el padrino.
Ander tomó con cuidado la pequeña mano de Nicolás.
—¿Me extrañaste?
El bebé cerró sus dedos alrededor de los de él.
El gesto hizo que todos sonrieran.
—Es increíble cómo cambia contigo —comentó Italia.
Ander levantó la vista.
—¿Por qué?
—Porque con casi todos hace esa cara seria.
Mario soltó una carcajada.
—Igual que tú.
—No empieces.
—Es la verdad.
Eliana observaba la escena con una sonrisa.
Era extraño.
Durante años había recordado a Ander como el hombre reservado que siempre estaba concentrado en sus responsabilidades.
Pero verlo con Nicolás mostraba una parte diferente de él.
—Nunca imaginé verte así —comentó ella sin pensar.
Todos la miraron.
Eliana se dio cuenta de lo que había dicho y sonrió.
—Quiero decir... siendo padrino.
Ander arqueó una ceja.
—¿Qué esperabas?
Ella se encogió de hombros.
—No sé. Pensé que serías el típico padrino que solo aparece para los regalos.
Mario se rió.
—Te sorprendería.
—Ander fue quien estuvo conmigo cuando nació Nicolás —dijo Mario—. Incluso antes de que naciera ya estaba más nervioso que yo.
—Eso no es cierto.
Italia sonrió.
—Sí lo es.
Ander negó con la cabeza, pero no pudo evitar una pequeña sonrisa.
Por un momento, la tensión del día pareció desaparecer.
Solo estaban allí.
Con la familia.
Con Nicolás tranquilo en brazos de su padrino.
Y aunque Eliana intentaba no pensarlo, verlo en ese papel solo hacía más difícil ignorar algo que había comenzado a descubrir desde que regresó.
Ander Belmonte no era solamente el hombre que había admirado durante su adolescencia.
Era alguien mucho más complejo.
Y eso lo hacía todavía más peligroso para ella.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Ander revisó la hora en su teléfono y se puso de pie.
—Tengo una reunión en una hora, debo irme.
Mario asintió mientras lo acompañaba hasta la puerta.
—Gracias por venir a ver a Nico.
—No fue nada.
Eliana se acercó para despedirse.
—Nos vemos mañana.
Ander la miró apenas unos segundos antes de asentir.
—Hasta mañana.
Ella sonrió ligeramente al escuchar el apodo.
—Hasta mañana.
Después de que él se marchó, Eliana decidió quedarse un rato más con Mario, Italia y Nicolás. No regresaría a la empresa ese día; necesitaba pasar tiempo con su sobrino, ayudando en lo que hiciera falta.
Ahora Eliana te toca la prueba de fuego tu idea con el cliente será interesante veamos 🤔🤔🤔❓❓❓
Eliana ya estás a punto de encontrarte con un hombre que ama su libertad y no le gusta las ataduras veremos cuando te vea que impresión se lleva.
Se dará cuenta o la verá con otros ojos ahora que es toda una mujer 🤔🤔🤔❓❓❓❓