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La Esposa del Exmilitar

La Esposa del Exmilitar

Status: En proceso
Genre:Romance / Venganza / Amor tras matrimonio / Mujer poderosa / Juego de roles / Mujer despreciada
Popularitas:157.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Bella

La noche de su compromiso, Estrella Navarro cayó al mar. Su prometido salvó a otra mujer y la dejó atrás.

Quien la rescató fue León Reyes, un exmilitar serio y reservado al que todos subestiman. Al día siguiente, Estrella rompe con el hombre que la traicionó y se casa con León por el civil.

Su familia cree que perdió la cabeza. Su ex quiere recuperarla. Su hermana presume una tecnología que no le pertenece.

Pero Estrella no es la mujer débil que todos creían. Ella es la verdadera creadora de ASTRA.

Y León tampoco es un hombre cualquiera.

Cuando los secretos salgan a la luz, quienes la humillaron van a entender algo demasiado tarde: Estrella no se arruinó al casarse con él. Se salvó.

NovelToon tiene autorización de Bella para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 1

Capítulo 1

El mar de noche parecía una boca negra.

Fría.

Profunda.

Sin fondo.

Saqué la cabeza del agua como pude y tragué aire con un dolor que me partió el pecho.

—Ayuda...

Mi voz salió rota. Apenas un hilo.

A unos metros, el crucero donde acababa de celebrarse mi compromiso seguía iluminado como si nada. Música, gritos, gente corriendo sobre cubierta, vestidos caros mojándose con la brisa, copas olvidadas en las mesas.

Hace unos minutos yo estaba ahí.

Sonriendo.

Con el anillo de Diego Castellanos en la mano y toda mi familia fingiendo que me deseaba felicidad.

Valeria Navarro, mi media hermana, me había tomado del brazo con su carita de santa.

—Vamos a ver el mar, Estrella. Quiero hablar contigo antes de que seas oficialmente la prometida de Diego.

Debí sospecharlo.

Valeria nunca se acercaba a mí si no quería quitarme algo.

Pero esa noche bajé la guardia. Un segundo. Solo uno.

Y bastó.

Al llegar a la baranda, se inclinó como si fuera a abrazarme. Sentí sus manos en mis piernas, un empujón brutal, mi cuerpo perdiendo equilibrio.

Al caer, la jalé conmigo.

Si yo iba al infierno, no pensaba ir sola.

El golpe contra el agua me vació los pulmones. El vestido se pegó a mi cuerpo, pesado como una cadena. Nadé, pateé, rasgué la oscuridad con las manos.

Un minuto antes, Diego se había lanzado al mar sin dudar.

Por una fracción de segundo, mi corazón, ese idiota que todavía lo amaba, creyó que venía por mí.

Cinco años.

Cinco años diciéndome que yo era su futuro, que me iba a cuidar, que nadie me iba a hacer daño mientras él estuviera vivo.

Pero la realidad me dio un golpe mucho más cruel.

Diego ni siquiera miró hacia mí.

Nadó directo hacia Valeria.

A unos metros, lo vi sostenerla con desesperación mientras avanzaba hacia la lancha de rescate.

Yo pataleaba en el agua fría. El cuerpo se me hundía solo, y el corazón estaba todavía más frío que el mar.

Qué poca.

De verdad, qué poca.

No quería morir.

No así.

No en mi propia fiesta de compromiso.

Cuando estaba a punto de perder la conciencia, escuché otro golpe en el agua.

Una figura se lanzó sin vacilar. Cortó la superficie con una agilidad feroz, casi militar, y nadó directo hacia donde yo me hundía.

En medio de la oscuridad, un brazo fuerte me rodeó la cintura y me arrastró hacia arriba.

—¡Ah...!

Al romper la superficie, respiré aire como si me arrancaran de la muerte. Tosí con violencia. El hombre me sostuvo hasta acercarme a otra lancha, y varias manos me subieron a cubierta.

Una manta seca cayó sobre mis hombros.

Yo temblaba entera.

Al levantar la cabeza, vi a Diego y a Valeria también envueltos en mantas. Mi padre y Natalia, la madre de Valeria, estaban inclinados sobre ella, preguntándole si le dolía algo.

Mi padre solo me miró una vez.

Luego apartó la cara.

Mi padre.

Mi prometido.

Los dos eligieron a Valeria.

En ese instante, algo dentro de mí terminó de morirse.

El hombre que me había salvado subió después. Estaba empapado. El cabello oscuro le caía hacia atrás, y el agua resbalaba por su rostro de facciones duras.

Hombros anchos. Cintura firme. Piernas largas.

Aun mojado de pies a cabeza, no perdía esa calma fría y estable que lo rodeaba.

Sus ojos negros cayeron sobre mí.

No sé si fue la rabia, la humillación o el golpe de haber visto tan claro mi lugar en la vida de Diego.

Me puse de pie, apreté la manta contra mi cuerpo y le pregunté con voz clara:

—Guapo, ¿estás soltero?

La cubierta se quedó en silencio.

Diego, que seguía consolando a Valeria, levantó la cabeza de golpe.

El hombre también se quedó quieto un segundo. Después entrecerró apenas los ojos y asintió.

Respiré hondo.

—Hola. Me llamo Estrella Navarro. Tengo veinticuatro años. Soltera. Sana. Sin malos hábitos.

Hice una pausa y lo miré directo.

—¿Puedo ser tu novia?

—¡Estrella, estás loca! —Diego reaccionó por fin, con la cara tensa—. Ven acá. Te puedo explicar.

Su tono seguía teniendo esa costumbre de ordenar.

Como si bastara con que él quisiera explicar algo para que yo volviera mansita a su lado.

No lo miré.

Seguí esperando la respuesta del hombre que acababa de salvarme.

—Estrella, deja de hacer tonterías —dijo mi padre, severo.

Tampoco le hice caso.

Delante de todos, el hombre abrió los labios y respondió con una sola palabra:

—Sí.

La gente en cubierta se quedó helada.

El rostro de Diego cambió de la furia al desconcierto.

No podía creer que su prometida, esa mujer que siempre lo había amado y obedecido, acabara de pedirle a un desconocido que fuera su novio.

Y que el desconocido hubiera aceptado.

—Estrella, ¿sabes lo que estás haciendo? —Diego apretó los dientes—. Vuelve.

Yo fingí no oírlo.

Me envolví mejor con la manta y miré al hombre.

—Gracias.

—Ve a cambiarte —dijo él.

No dudé.

Di un paso para seguirlo.

Diego avanzó de inmediato para detenernos.

—Señor, ella es mi prometida. No puede llevársela.

El hombre le lanzó una mirada fría.

No fue una mirada violenta, pero tenía una presión silenciosa que hizo que Diego se quedara quieto.

En ese momento, alguien gritó:

—¡Valeria!

Valeria se había desmayado.

Diego se sobresaltó y corrió hacia ella sin pensarlo.

Yo curvé los labios apenas.

Mi amor de cinco años, al final, no valía más que una hermana que acababa de volver a su vida.

En el elevador, recuperé un poco la razón y levanté la vista hacia el hombre alto a mi lado.

—¿Puedes decirme tu nombre?

—León Reyes.

León.

Asentí en silencio, guardándome su nombre.

La habitación de León estaba en la suite presidencial del crucero. Era amplia, lujosa, llena de esa discreta sensación de dinero real.

Por un segundo me pregunté quién era exactamente mi nuevo novio.

León fue directo al baño, abrió la regadera y ajustó la temperatura. Luego dejó una bata limpia a un lado.

—Primero date un baño caliente. La bata es nueva. En un momento pediré que traigan ropa.

Su voz era baja y estable. No tenía demasiadas palabras de consuelo, pero me dio una seguridad extraña.

—Gracias, León.

Entré al baño.

El agua caliente me recorrió el cuerpo helado. Me apoyé contra el azulejo y dejé que el agua cayera por mi cara.

No sabía si eran gotas o lágrimas.

La sensación de ahogo en el mar, la espalda de Diego nadando hacia Valeria, el dolor agudo en el pecho...

Todo seguía ahí.

No manches.

Hacía apenas unos minutos, todos nos felicitaban por el compromiso.

Resulta que mis cinco años de amor habían sido un chiste.

También estaba bien.

Después de morir una vez, una debía despertar.

Desde ese momento, la Estrella que amaba a Diego hasta perderse a sí misma se había quedado hundida en ese mar frío.

Me sequé, me puse la bata y salí.

León estaba frente al ventanal, mirando la noche. Tenía un vaso de agua en la mano. Al oírme, se giró y me lo ofreció.

—Toma.

—Gracias.

Bebí un poco.

El ambiente se volvió incómodo.

Me mordí el labio, dudé unos segundos y al fin dije:

—Señor Reyes, lo de hace rato... gracias por salvarme. Y gracias por no dejarme sola ahí afuera.

León se sentó en el sofá. Su postura era relajada, pero seguía teniendo una presencia difícil de ignorar.

—No tienes que agradecer.

Me quedé callada, sin saber cómo seguir.

Entonces León dijo:

—No suelo aceptar algo así solo por seguirle la corriente a alguien.

Me quedé quieta.

—Señor Reyes, yo...

Antes de poder terminar, golpearon la puerta con fuerza.

El sonido fue seco, impaciente.

No necesitaba adivinar quién era.

La voz de Diego atravesó la puerta:

—Estrella, sal. Sé que estás ahí. Tenemos que hablar.

Mi rostro se enfrió.

León observó mi reacción.

—¿Quieres verlo?

Levanté la mirada hacia él.

—¿Todavía vas a ayudarme?

—Claro.

Respiré hondo.

—Entonces lo veo.

León se levantó y abrió la puerta.

Diego estaba afuera, con el rostro sombrío. Al parecer ya había calmado a Valeria y ahora venía decidido a llevarse de vuelta a su prometida rebelde.

—¿Qué quiere? —preguntó León.

Diego respiró hondo, intentando mantenerse sereno.

—Señor, la mujer en su habitación es mi prometida. Devuélvamela.

—Ella es una persona, no una cosa —respondió León con frialdad—. Tiene sus propias decisiones.

Diego no quiso discutir con él. Miró hacia mí, detrás de León.

—Estrella, ven conmigo. Deja de hacer esto. Lo de antes puedo explicarlo...

—Diego.

Salí detrás de León, ajustándome la bata.

—No hace falta explicar. En el mar había dos opciones. Tú no me elegiste. Ya sé qué lugar ocupo en tu corazón.

Diego intentó acercarse, pero León seguía bloqueando la puerta.

—Ya estábamos comprometidos. ¿De verdad no sabes lo importante que eres para mí?

Solté una risa breve.

—Mira, Diego, no estoy tan desesperada. Si elegiste a Valeria, entonces desaparece de mi vida.

La cara de Diego se volvió horrible.

—Estrella, escúchame. En ese momento no distinguí bien. Yo ya estaba más cerca de Valeria, tenía que salvarla primero...

Me reí.

Así que ese era el hombre que había amado cinco años.

—Guárdate ese cuento. Desde ahora tengo novio.

Di un paso y tomé el brazo de León con naturalidad.

—Ahora, por favor, vete. No nos molestes.

—¿Novio?

Diego miró a León con celos y desprecio.

—Estrella, no te rebajes solo para provocarme. Él no está a tu altura.

León entrecerró los ojos. No se enojó. Solo retiró suavemente su brazo de mi mano y lo pasó por mis hombros, acercándome a él.

El gesto fue natural, protector y mucho más contundente que cualquier explicación.

—Señor Castellanos —dijo León—. Ella ya fue clara. ¿Necesita que lo acompañe a la salida?

La frase llevaba una advertencia evidente.

Diego nos miró a los dos. Su expresión estaba llena de rabia y de algo parecido al pánico.

—Muy bien. Estrella, ya te crecieron alas. Ojalá no te arrepientas.

Después de soltar esa amenaza, se fue.

Cuando la puerta se cerró, la tensión que me sostenía se rompió. Mi cuerpo se tambaleó.

Una mano cálida me sostuvo por la cintura.

—¿Estás bien?

Asentí con esfuerzo.

—Sí. Solo estoy cansada.

León me ayudó a sentarme en el sofá.

Poco después sonó el timbre. Era una empleada del crucero con ropa limpia de mujer, desde ropa interior hasta abrigo. Todo de mi talla.

Solo entonces recordé que debajo de la bata no llevaba nada.

La cara se me calentó. Tomé la ropa y entré al baño a cambiarme.

Cuando salí, León estaba sentado en el sofá, revisando una tableta. Su perfil era duro y concentrado.

Me senté frente a él, apreté las manos y dije:

—León, gracias por ayudarme. Lo de hoy fue demasiado repentino, y no quiero meterte en mis problemas.

—Estrella.

Me interrumpió. Dejó la tableta y me miró con calma.

—Lo que prometo no lo tomo como juego.

Se inclinó un poco hacia delante.

—Te pregunto formalmente. ¿Quieres ser mi novia? Con matrimonio en mente.

Me quedé aturdida.

¿Con matrimonio en mente?

Nos conocíamos desde hacía menos de una hora.

Pero al ver la seriedad en sus ojos, una idea aún más loca apareció en mi cabeza.

Si iba a despedirme del pasado, ¿por qué no hacerlo por completo?

Si iba a empezar de nuevo, ¿por qué no dar el paso de una vez?

Respiré hondo.

—León, casémonos.

Lo miré a los ojos.

—Mañana, cuando el crucero atraque, vamos al Registro Civil.

Estrella navarro

Leon reyes

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JZulay
ay....🤦🏼🤷🏼...ahora sí estás de malas...!!! 🙊
JZulay
🤭🤣🤣🤣🤣 ....sus lágrimas quedaron en shock !!!! 🤭
JZulay
🤭😂😂😂😂😂....qué pena
JZulay
uuuiiii....qué excitante !!! 🤔🤦🏼🤭😂😂😂
JZulay
ni puede ni quiere Salvarte 🤔🤭😅😅
JZulay
🤦🏼...niña....no hay como consolarla , porque ud se lo buscó 😤
JZulay
madre mía 😯🙊!!!!
te cayeron a 🍍 piña ....👀
coge... 👊🏼... ese es el hombre que tú querias 😶‍🌫️
para más tarde
carajo, cambien al traductor.
JZulay
👏🏼👏🏼👏🏼....bien dicho
🤣🤣🤣🤣🤣🤣
JZulay
😯🙊...mira . 👀... el amor de tu vida en momentos de crisis , dándote cariñitos
Mar Sol
Por fin les llegó la hora a esos dos, Valeria y Diego, el descaro de quedarse con algo que no les pertenece, los hace delincuentes, como tal, deben pagar.
JZulay
/Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm//Facepalm/ Valeria....Valeria 🤭
Andrea Nardelli
exyraordinaria exelentemente escrita
Mirla Loyo
qué lecturas ésta?🥺🤦‍♀️
JZulay
show Time !!!! /Doubt/
JZulay
exactamente sin evidencias, ya están condenados...🤔
pero como Uds responden al amo que paga sus cuentas 🤷🏼
Mirla Loyo
ésta lectura va a ser así en adelante?🤦‍♀️ tanto esperar para ésto?🤬
JZulay
estos últimos capítulos dificulta una poco su comprensión
Mirla Loyo
éste capítulo estuvo como un tocadiscos en revolución 33🤣🤣🤣 no entendí un carajo 🤔🤣🤣
Rosario Velazquez Romero
escritora está terriblemente mal este capitulo
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