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Casada Con Mi Verdugo

Casada Con Mi Verdugo

Status: En proceso
Genre:Matrimonio arreglado / Hija rica en bancarrota / Venderse para pagar una deuda / Atracción entre enemigos
Popularitas:4.2k
Nilai: 5
nombre de autor: MisterG028

Cuando una estafa sacude el imperio de Alfred Lecrec, el implacable magnate Sebastian Spencer está decidido a destruir a los responsables. Sin embargo, todo cambia al conocer a Elena Lecrec: una arquitecta independiente, inteligente y de carácter indomable. Fascinado por ella, Sebastian ofrece un cruel trato: perdonará a su familia si Elena acepta casarse con él durante cinco años y darle un heredero; de lo contrario, su hermano Martín, el verdadero culpable, pasará el resto de su vida en prisión.

Para Elena, Sebastian no es más que su verdugo. Pero mientras el odio se convierte en convivencia, descubrirá que detrás de ese hombre frío y despiadado se esconde un corazón marcado por profundas heridas. Lo que comenzó como un matrimonio por obligación podría convertirse en la única oportunidad para sanar… o destruirlos a ambos.

NovelToon tiene autorización de MisterG028 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19: La Venganza y el Duelo

El Aston Martin se detuvo frente a la mansión bajo un cielo encapotado que parecía presagiar la tragedia. Elena, Sebastián y Martín bajaron del vehículo. Afuera, toda la familia Lecrec los esperaba: Alfred, Victoria y algunos miembros del servicio que observaban con rostros tensos. El aire estaba cargado de una emoción espesa, mezcla de miedo, arrepentimiento y desesperación.

Martín dio unos pasos tambaleantes hacia sus padres. Sus ojos estaban llenos de lágrimas.

—Papá… mamá… perdónenme —su voz se quebró—. Perdónenme por todo el daño que les he causado. Por las deudas, por las mentiras, por… por Laura. Fui un cobarde. Un monstruo.

Alfred y Victoria corrieron hacia él y lo abrazaron con fuerza. Victoria sollozaba desconsoladamente contra su pecho.

—Mi niño… mi niño… —repetía entre lágrimas.

Elena se acercó también, con el corazón destrozado pero decidido. Tomó la mano de su hermano.

—Te apoyaré cuando salgas, Martín. Pagará tus culpas, pero estaré ahí. Eres mi hermano. Siempre lo serás.

Martín levantó la mirada hacia ella y sonrió débilmente, una sonrisa triste y rota.

—Gracias, Elena…

De pronto, un sonido agudo y seco inundó el jardín de la mansión. Un disparo. El eco retumbó contra las paredes de piedra. Martín abrió los ojos con sorpresa y dolor. Una mancha roja se extendió rápidamente en su pecho, justo sobre su corazón. Cayó de rodillas y luego de lado sobre el suelo de grava.

—¡Martín! —gritó Elena, arrojándose sobre él.

Victoria soltó un alarido desgarrador:

—¡Noooo! ¡Mi hijo! ¡Martín!

Alfred se arrodilló junto a su hijo, presionando la herida con manos temblorosas. La sangre caliente manchaba sus dedos.

Desde los arbustos cercanos surgió un hombre mayor, calvo, con bigote canoso y lágrimas en los ojos. Era el padre de Laura Mendoza. Sostenía una pistola con manos temblorosas.

—Esto es por mi hija —dijo con voz rota pero firme—. Ella merecía vivir. Merecía ser doctora. Tú le quitaste todo.

Sebastian se acercó rápidamente al cuerpo de Martín. Se inclinó sobre él y, mientras la vida se le escapaba, le susurró al oído con voz gélida:

—Mi verdadero nombre es Albert Herge. Llevo el apellido de mi madre y de mi hermana. Estoy aquí para vengarme de lo que tu familia le hizo a la mía hace años. No quería que murieras sin saberlo.

Los ojos de Martín se abrieron por un instante con sorpresa y comprensión. Luego, su mirada se apagó para siempre. Murió en los brazos de su hermana.

El caos se desató. Gritos, llantos y la sirena de una ambulancia que llegó demasiado tarde llenaron la mansión.

El funeral de Martín Lecrec fue sobrio y doloroso. No había sido el mejor hombre del mundo. Sus errores lo perseguirían incluso después de muerto. Pero para los Lecrec era un hijo y un hermano. El ataúd blanco fue bajado a la tierra bajo una lluvia fina. Elena lloraba en silencio, sostenida por su padre. Victoria estaba destrozada.

Lejos de mostrar compasión, los Spencer reaccionaron con frialdad. Al día siguiente del funeral, Matilda organizó un desayuno inmenso en el comedor principal. La mesa estaba llena de platos elaborados: huevos benedictinos, frutas frescas, jugos recién exprimidos, pasteles y café aromático. Era una celebración evidente.

Victoria entró al comedor y se quedó paralizada.

—¿Esto es una broma? —gritó, con la voz quebrada por el dolor—. ¡Mi hijo está muerto! ¡Acabamos de enterrarlo! ¿Y ustedes celebran con un banquete?

Matilda levantó la vista con calma fingida.

—La vida continúa, querida. No podemos estar de luto eterno.

Victoria se abalanzó hacia ella, furiosa.

—¡Tú asesinaste a mi hijo! ¡Tú filtraste ese video! ¡Tú diste la ubicación de la mansión! ¡Eres una asesina!

El ambiente se volvió explosivo.

Más tarde, Stephanie decidió actuar por su cuenta. Ordenó a dos miembros de la servidumbre que desocuparan la habitación de Martín.

—Conviertan esto en mi nuevo cuarto de pintura —dijo con indiferencia—. Ya no necesitamos recordatorios de ese criminal.

Elena, que pasaba por el pasillo, escuchó todo y entró furiosa.

—¿Qué crees que estás haciendo? —exclamó—. ¡Esa era la habitación de mi hermano! ¡Murió hace apenas dos días!

Stephanie se cruzó de brazos con una sonrisa maliciosa.

—¿Y qué? Era un violador, un traficante. Un monstruo que arruinó la vida de una chica inocente. ¿Quieres que guardemos sus cosas como si fuera un santo? Por favor, Elena. No seas hipócrita.

Elena sintió que la rabia la consumía.

—¡Cómo te atreves a hablar así! ¡No tienes respeto ni decencia!

Stephanie rio con crueldad.

—Decencia la que no tuvo tu hermano cuando destruyó vidas por dinero. Aprende a vivir con eso.

La discusión subió de tono. Elena estaba a punto de responder cuando Sebastian apareció en la puerta.

—Stephanie —dijo con tono autoritario—. No es el momento. Basta.

Stephanie lo miró herida y molesta.

—¿Ahora la defiendes a ella? ¿Después de todo?

Sebastian no respondió. Solo miró a Elena, quien temblaba de rabia y dolor, y luego a Stephanie. El ambiente en la mansión se había vuelto insoportable. La venganza había llegado, pero el precio era más alto de lo que cualquiera había imaginado.

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Suleima Dominguez Guzman
gracias por cada capítulo queremos maratón pliss
Diva Ramirez
Esta es una copia exacta de una novela turca
Suleima Dominguez Guzman
gracias autora por cada capítulo excelente novela me encanta gracias por actualizar esta súper
Suleima Dominguez Guzman
gracias autora por actualizar cada capítulo es excelente
Suleima Dominguez Guzman
gracias autora excelente novela
Suleima Dominguez Guzman
buen inicio
Suleima Dominguez Guzman
te felicito autora excelente novela gracias por escribir
Darquiz Bonilla
y esa familia no tiene casa para venirse a meter a esta...
Deisy Campos
para que engañan con esas novelas por partes comenzamos bien y nos corta no vale
Yineth Carvajal: para cuándo la segunda parte de la novela Marcada por un Error
total 2 replies
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