Él la desea por su pasado. Ella lo busca por su futuro. ¿Podrán escapar de las sombras del pasado? 🖤
Dorian Collins es "El Magnate de los Diamantes" 💸, un CEO millonario, frío y destrozado por la muerte de su amada esposa Anna 🕊️. Para el mundo es indestructible, pero por dentro se consume en la soledad y en un deseo reprimido que no lo deja en paz.
Charlotte Mousier es una valiente obrera del sur de Francia ⚒️. Sin dinero y agobiada por las deudas, lucha por salvar la vida de sus padres enfermos 🏚️. Cuando el corrupto encargado de la mina intenta abusar de ella y la deja en la miseria, Charlotte emprende un viaje desesperado a París para plantarle cara al mismísimo dueño del imperio 🏢.
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Capítulo 7: Lo Siento, Eres Mía.
Sin embargo, el impacto no disminuyó. Mientras la observaba detalladamente bajo la luz de la oficina, el parecido seguía pareciéndole una broma macabra de la naturaleza. Tenía sus mismos rizos castaños, la misma forma perfecta de la mandíbula y, sobre todo, aquellos ojos verdes que tanto lo habían vuelto loco y que ahora lo miraban con una mezcla de indignación y sospecha. Eran idénticas.
Dorian apoyó las palmas de sus manos sobre el escritorio, inclinándose ligeramente hacia adelante.
—Así que... Charlotte Mousier —articuló Dorian. Nuevamente.
Dorian quedó completamente congelado en su sitio, atrapado en una parálisis que le impedía apartar los ojos de ella.
Charlotte comenzó a respirar de manera agitada, con el pecho subiendo y bajando con fuerza debido a la carrera y la adrenalina. Fue en ese momento cuando Dorian reparó en un detalle que le encendió la sangre: durante el forcejeo en el pasillo, los guardias de seguridad la habían sujetado con tanta brusquedad que le habían desabrochado un poco la blusa, dejando al descubierto la calidez de su piel, el inicio de sus curvas y el latido acelerado de su corazón contra su pecho.
Al verla así, tan vulnerable y a la vez tan feroz, Dorian Collins sintió que la cordura se le escapaba de las manos.
Una ola de excitación brutal, oscura y demasiado intensa lo golpeó de lleno, haciéndole perder la razón por completo. El deseo comenzó a quemarlo por dentro como un fuego incontrolable que amenazaba con consumirlo. Miró su rostro idéntico al de Anna, miró la tentación de su piel expuesta, y una certeza salvaje e implacable se instaló en su mente dañada por el luto: esa mujer que estaba frente a él, esa réplica perfecta de su esposa muerta, era la única en todo el planeta capaz de calmar los deseos desesperados que lo estaban carcomiendo vivo. La única que podría apagar el maldito infierno de su soledad.
Sophie, la secretaria, notó de inmediato que los ojos grises de su jefe se habían oscurecido con una fijeza peligrosa y obsesiva. El aire en la habitación se volvió tan espeso que resultaba difícil respirar.
—¿Señor Collins...? ¿Llamo a la policía? —preguntó Sophie con voz temblorosa, dando un paso hacia adelante.
Dorian ni siquiera se giró a mirarla. Mantuvo los ojos clavados en el pecho agitado de Charlotte, devorándola con la mirada, mientras rodeaba lentamente el gran escritorio de caoba. Cada uno de sus pasos era pesado, felino, cargado de una urgencia contenida que hizo temblar a los presentes.
—Salgan —ordenó Dorian. Su voz ya no era la de un empresario; era un rugido ronco, bajo y peligrosamente posesivo.
—Pero señor... —intentó replicar el jefe de seguridad.
—¡He dicho que salgan todos! ¡AHORA! —rugió Dorian, perdiendo los estribos por completo, sin apartar la vista de Charlotte.
Aterrados por la furia inédita del magnate, la secretaria y los guardias retrocedieron rápidamente. La gran puerta doble de madera se cerró con un golpe seco, dejando a Charlotte completamente sola y atrapada en la inmensidad de la oficina con el hombre que acababa de decidir que ella le pertenecía.
Excelentes capítulos, quede sorprendida de como una madre sea capaz de tanto 😲