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Obsessed

Obsessed

Status: En proceso
Genre:Romance / Amor-odio
Popularitas:402
Nilai: 5
nombre de autor: Akari_Art

Quien diría que una beca en Alemania solo para estudiar tomaría un rumbo distinto al imaginado..

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EP 12: - Perspectiva de Isaac 3

Pasaron tres semanas desde que empecé a ir a Noir Coffee todos los días. Tres semanas desde aquella primera tarde en la que me senté en la mesa seis y decidí que observar era más sencillo que hablar. Había aprendido sus horarios, sus gestos y hasta la forma en que cambiaba la expresión cuando estaba cansada. Maeve llegaba temprano, trabajaba detrás de la barra con Maros y Sasha, y casi siempre tenía el cabello recogido cuando comenzaba el turno. A las tres y media yo entraba. No importaba si tenía cosas que hacer, reuniones pendientes o llamadas que devolver. A las tres y media estaba ahí. La mesa seis. El mismo café. El mismo lugar desde donde podía verla sin necesidad de acercarme. Al principio había pensado que esa rutina me permitiría entenderla. Después dejó de ser una cuestión de entenderla y se convirtió simplemente en parte de mis días.

Entonces apareció Luke.

Lo vi por primera vez una tarde, poco después de las cuatro. Entró con ella. No era difícil darse cuenta de que no era solamente un compañero de universidad. Ella sonreía de una manera diferente. Una sonrisa más relajada. Una que no usaba conmigo. Se sentaron en la mesa uno y él habló durante varios minutos mientras Maeve terminaba algunas cosas detrás de la barra. Cuando ella se acercó, él le tomó la mano por encima de la madera. Fue un gesto sencillo. Demasiado sencillo. Maeve no la apartó. Yo bajé la mirada hacia mi taza, aunque ya no estaba prestando atención al café.

No pregunté quién era. No tenía sentido hacerlo. Sasha se lo explicó a Maros y, aunque no escuché cada palabra, entendí lo suficiente. Luke era su novio. Universitario. Alemán. De una familia normal. Alguien de su edad. Alguien que podía sentarse con ella en una cafetería sin que nadie pensara que había algo extraño. Me pregunté durante unos segundos qué veía ella en él. Después me di cuenta de que la pregunta no tenía ninguna utilidad. No podía cambiar la respuesta.

Luke comenzó a aparecer todos los días a las cuatro. Yo seguía llegando a las tres y media. La primera semana intenté ignorarlo. Me decía que no me importaba. Que podía continuar leyendo, trabajando o simplemente tomando café como cualquier otra persona. Pero cada vez que levantaba la vista, Luke estaba ahí. A veces la hacía reír. A veces le preguntaba si había comido. Una tarde apareció con unas flores pequeñas del supermercado y se las entregó antes de sentarse. Maeve las recibió con una expresión de sorpresa que no pude interpretar del todo. Después las dejó en un vaso vacío detrás de la barra.

No me gustaron las flores.

No porque fueran flores. Porque eran fáciles. Luke podía hacer cosas fáciles. Podía invitarla a comer, acompañarla hasta la pensión, caminar con ella bajo la lluvia. Podía ser simplemente un chico de veintitantos años enamorándose de una chica que conocía en la universidad. Yo no sabía hacer nada de eso. Mi vida no funcionaba de esa manera. Desde pequeño había aprendido que las personas se acercaban a los Bennett por razones que casi nunca eran sencillas. Por eso prefería mantener distancia.

Pero Maeve había empezado a ocupar un espacio que no había planeado darle.

Durante varios días continué usando el mismo abrigo negro. Era cómodo y me gustaba. Había sido una elección práctica mucho antes de que ella apareciera. Sin embargo, una tarde escuché a Sasha comentar que parecía un hombre de treinta y cinco años. No dije nada. Esa noche, al volver a casa, me quedé frente al armario más tiempo del necesario.

Mi ropa siempre había sido elegida por otras personas o por costumbre. Trajes oscuros. Camisas. Abrigos largos. Prendas sobrias que no llamaran demasiado la atención. Todo correcto. Todo caro. Todo distante. De repente empecé a preguntarme qué ocurriría si dejaba de vestirme como alguien que no tenía nada que demostrar.

El lunes llevé una chaqueta de cuero negra. La había comprado hacía unos días, aunque nunca había tenido una razón concreta para usarla. Me puse una camisa blanca y dejé el cuello abierto. Cuando entré a Noir Coffee, Maeve levantó la mirada durante apenas un segundo. Fue suficiente para notar que me había visto diferente. No sonreí. Me senté en la mesa seis y pedí lo de siempre.

El martes fui a cortarme el cabello. No demasiado. Solo los lados y un poco de la parte posterior. Cuando llegué al café, Sasha me miró durante unos segundos antes de mirar a Maeve. Maeve volvió a observarme. Esta vez durante más tiempo. Fingí no notarlo.

El miércoles llevé una camisa blanca con las mangas arremangadas. No había planeado nada especial. Al menos eso me dije. Pedí mi café, me senté y abrí el teléfono. Durante varios minutos no miré hacia la barra.

Cuando finalmente lo hice, Maeve estaba hablando con Sasha.

Sasha dijo algo y ambas miraron hacia mí.

No escuché lo que dijo, pero pude imaginarlo.

Por primera vez desde que había empezado a ir al café, sentí que había conseguido modificar algo. No sabía exactamente qué. Tampoco sabía si era importante. Pero había logrado que me mirara de otra manera.

Luke también lo notó.

Empezó a observarme con más frecuencia. Cada vez que me veía sentado en la mesa seis, su expresión cambiaba ligeramente. Yo no tenía ningún problema con él mientras se limitara a quedarse con Maeve. El problema era que parecía querer demostrar que ella le pertenecía. Le tomaba la mano. Se acercaba a ella. La abrazaba al despedirse.

Yo sabía que no tenía derecho a sentirme molesto.

Eso no hacía que dejara de estarlo.

El viernes llegó el momento que había estado evitando. Luke estaba sentado en la mesa uno. Maeve estaba detrás de la barra. Yo llevaba casi una hora en la mesa seis y todavía no había terminado mi café. En realidad, hacía rato que había dejado de beberlo. Estaba mirando hacia la barra.

Luke se dio cuenta.

Se levantó.

—¿Tienes algún problema? —preguntó en alemán.

La cafetería quedó en silencio.

Levanté la vista lentamente.

Podría haber respondido. Podría haberme levantado. Podría haberle dicho que se sentara y dejara de hacer una escena. Pero no lo hice. Lo observé durante unos segundos.

Era más joven de lo que parecía cuando estaba enojado. Tenía los puños cerrados y la mandíbula tensa. Estaba intentando proteger algo que consideraba suyo.

Maeve.

Yo también la miré.

Por un instante nuestras miradas se encontraron. Ella parecía incómoda. No quería que la situación continuara. Lo entendí.

No respondí a Luke.

En lugar de eso, saqué mi billetera y dejé cincuenta euros sobre la mesa. No necesitaba tanto dinero para pagar el café, pero no quería quedarme a discutir. Me levanté y caminé hacia la salida.

Cuando pasé junto a Luke, no lo toqué. No tenía sentido convertir aquello en una pelea.

Después pasé junto a Maeve.

Me detuve.

Ella levantó la mirada.

—Bonita chaqueta, ¿verdad? —dije en voz baja.

Sus ojos bajaron durante un instante hacia la chaqueta y volvieron a los míos.

—La compré ayer. Pensé en ti.

No esperé una respuesta.

Salí del café.

La puerta se cerró detrás de mí y el ruido de la cafetería desapareció lentamente mientras caminaba por la calle. El aire de la tarde estaba frío. Metí las manos en los bolsillos y continué caminando sin mirar atrás.

No sabía qué esperaba conseguir con aquella frase. Quizá nada.

Había pasado semanas observándola desde una mesa al fondo, tratando de entender por qué una desconocida había conseguido alterar una rutina que llevaba años funcionando perfectamente. Ahora tenía novio. Y, aun así, yo seguía entrando al mismo café todos los días a las tres y media.

Eso debería haber sido suficiente para entender que algo había cambiado.

Pero todavía no sabía qué hacer con ello.

Lo único que sabía era que, por primera vez desde que conocí a Maeve, ya no quería seguir siendo solamente el hombre sentado en la mesa seis.

Y eso era precisamente lo que más me preocupaba.

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