Él juró destruir a su familia. Nunca imaginó que ella sería lo único que desearía salvar.
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Capítulo 12
Renán no podía dejar de pensar en Sia.
Desde que había salido de aquella oficina, la imagen de ella seguía apareciendo en su mente. Su forma de mirarlo, su carácter y, sobre todo, aquella facilidad con la que había rechazado su invitación.
No.
Así, sin siquiera pensarlo.
Una parte de él encontraba aquello irritante.
Otra, mucho más difícil de reconocer, lo encontraba fascinante.
Renán estaba acostumbrado a conseguir lo que quería. Sin embargo, Sia no parecía impresionada por su apellido, su posición ni su dinero.
Y eso hacía que quisiera volver a verla.
Por eso, mientras permanecía dentro de su automóvil frente al edificio de ArqNova Studio, tomó una decisión.
Vio salir a varios empleados.
Entonces divisó al hombre de seguridad encargado de vigilar la entrada y el estacionamiento.
Renán bajó del vehículo y se acercó a él.
—Buenas tardes.
El hombre lo miró con respeto.
—Buenas tardes, señor.
Renán sacó una cantidad de dinero de su cartera y se la entregó discretamente.
El hombre miró los billetes y después a Renán.
—¿Qué quiere que haga?
Renán señaló hacia el estacionamiento.
—El automóvil de Sia Whitmore.
El hombre entendió.
—¿Qué necesita?
—Quiero que su automóvil no encienda cuando intente marcharse.
El hombre frunció ligeramente el ceño.
—¿Que lo desconecte?
—Exactamente. Algo sencillo. No quiero que el vehículo sufra ningún daño.
—¿Y después?
—Cuando ella se vaya del lugar, vuelves a conectarlo.
El hombre guardó el dinero.
—Entendido.
Renán asintió.
—Y no quiero que nadie se entere de esto.
—No se preocupe.
Renán regresó a su automóvil.
Desde allí esperó.
No tenía intención de acercarse nuevamente a Sia dentro de la oficina.
Esta vez quería encontrarla fuera.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Más tarde, ArqNova Studio comenzó a quedar prácticamente vacío.
Emma terminó de guardar sus cosas y se colocó el bolso sobre el hombro.
—Me voy.
Sia levantó la mirada de la computadora.
—Está bien. Nos vemos mañana.
Emma sonrió.
—Y piensa en lo que te dije.
Sia supo inmediatamente a qué se refería.
—No voy a salir con él.
Emma soltó una carcajada.
—Adiós, Sia.
—Adiós.
Emma salió de la oficina.
Sia terminó unos minutos después.
Apagó la computadora, tomó su bolso y salió del edificio.
Caminó hasta el estacionamiento y subió a su automóvil.
Introdujo la llave y giró.
Nada.
Frunció el ceño.
Volvió a intentarlo.
El motor no encendió.
—No puede ser...
Lo intentó una tercera vez.
Nada.
Sia apoyó las manos sobre el volante y respiró profundamente.
—Justo hoy.
Bajó del vehículo y cerró la puerta.
Miró a su alrededor.
El hombre de seguridad permanecía cerca de la entrada, aparentemente ocupado con sus labores.
Sia no sospechó nada.
Finalmente decidió salir a la calle.
Caminó por la acera mientras miraba constantemente hacia la carretera.
Ningún taxi.
Entonces escuchó un automóvil acercándose lentamente.
No necesitó verlo demasiado para reconocerlo.
El vehículo se detuvo a su lado.
La ventanilla bajó.
—¿Necesitas que te lleve?
Sia continuó caminando.
—No.
Renán avanzó lentamente junto a ella.
—¿Estás esperando un taxi?
—Sí.
—No parece que haya ninguno disponible.
—Ya aparecerá.
—Sube. Te llevo a casa.
Sia se detuvo y lo miró con fastidio.
—No, señor Prescott. No me interesa. Váyase por donde vino y no me moleste.
Renán sonrió ligeramente.
—¿Por qué eres tan terca?
—Y usted es bastante insistente.
—Solo quiero ayudarte.
—No necesito su ayuda.
Sia volvió a caminar.
Renán siguió avanzando lentamente con el automóvil junto a ella.
—Sube y te dejo en tu casa.
—Ya le dije que no.
—Entonces te acercaré.
Sia lo miró.
—¿Por qué insiste tanto?
—Porque no quiero que regreses sola.
—Puedo cuidarme.
—No lo dudo.
Ella volvió a mirar hacia la carretera.
Seguía sin aparecer ningún taxi.
Finalmente suspiró.
—Está bien.
Renán sonrió.
—Pero solo me acercará.
—Como digas.
Sia abrió la puerta del acompañante y subió.
Renán esperó a que se colocara el cinturón antes de comenzar a conducir.
Durante los primeros minutos permanecieron en silencio.
Sia miraba por la ventana.
Renán la observaba ocasionalmente.
—¿Siempre eres así? —preguntó.
Sia giró el rostro.
—¿Así cómo?
—Tan difícil.
—No soy difícil.
—Entonces, ¿cómo eres?
—Una mujer que sabe decir que no.
Renán sonrió.
—Eso ya me quedó bastante claro.
Sia volvió a mirar por la ventana.
......................
Unos minutos después, señaló hacia adelante.
—Déjeme aquí.
Renán disminuyó la velocidad.
—¿Aquí?
—Sí. Solo falta una cuadra para llegar.
El automóvil se detuvo junto a la acera.
Sia comenzó a quitarse el cinturón.
—Gracias por traerme.
Renán la miró.
—¿Así me agradeces?
Sia frunció el ceño.
—¿Qué quiere?
—Por lo menos un beso en la mejilla.
Sia abrió la puerta.
—Buenas noches.
—Espero verte pronto.
Ella lo miró.
—En tus sueños.
Sia volvió a acomodarse para salir del automóvil.
Pero antes de que pudiera abrir completamente la puerta, Renán hizo algo impulsivo.
Se inclinó hacia ella y la besó.
Durante esos segundos, ambos sintieron algo difícil de explicar.
Para Renán, fue como si todo lo demás desapareciera.
Para Sia, fue todavía más desconcertante.
No esperaba aquel beso.
Mucho menos esperaba que una sensación tan intensa pudiera surgir en tan poco tiempo.
Cuando Renán se apartó, Sia tardó apenas un instante en reaccionar.
—¡¿Qué te pasa?!
Le dio una bofetada.
Renán recibió el golpe sin apartar la mirada.
Sia salió rápidamente del automóvil.
—¡No vuelva a hacer eso!
Cerró la puerta y comenzó a caminar.
Renán permaneció dentro del vehículo, observándola.
Sia avanzaba con el corazón acelerado.
Se llevó una mano a los labios por un instante y la bajó inmediatamente, molesta consigo misma.
No quería pensar en aquello.
No quería darle importancia.
Mucho menos quería admitir que había sentido algo.
Renán bajó la ventanilla.
—¡Sia!
Ella siguió caminando.
—Nos volveremos a ver, Sia. Ya verás.
Sia escuchó perfectamente sus palabras.
No se volvió.
Continuó caminando hacia su casa.
Renán la observó hasta que desapareció de su vista.
Entonces tomó su teléfono y miró la hora.
Renán arrancó el automóvil y se alejó.
Una sonrisa apareció en su rostro.
Había conseguido volver a verla. Y esta vez, Sia ya sabía exactamente quién era él.
...ΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩΩ...
Mientras tanto, en ArqNova Studio, el hombre de seguridad se acercó al automóvil de Sia.
Tal como Renán había ordenado, volvió a conectar el sistema que había desconectado, como si nada hubiera ocurrido.
Nadie debía saberlo.
🥰👏 las e leída todas las que se han publicado
Mucho éxito y siga escribiendo