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El magnate dormido despertó… y juró no soltarme

El magnate dormido despertó… y juró no soltarme

Status: Terminada
Genre:Romance / CEO / Matrimonio contratado / Posesivo / Novia sustituta / Completas
Popularitas:307.4k
Nilai: 4.8
nombre de autor: Dupi

Renata creció siendo "la hija recuperada" de una familia que solo la quería para pagar sus deudas. Cuando la constructora de los Beltrán se hunde, el trato es simple: una boda con los Vargas a cambio de un rescate millonario. La novia debía ser Camila, la consentida de la casa. Pero Camila huye… y empujan a Renata al altar de un hombre que ni siquiera puede decir "sí": Maximiliano Vargas, el empresario más temido de México, lleva meses en coma.

Renata acepta sin pelear. Tiene sus propias razones —y una herida que nadie conoce—. Lo que no imagina es que, bajo esa apariencia de hombre dormido, Max está despierto. La oye. La observa. Y por primera vez en su vida, alguien la ve de verdad.

Cuando Max abre los ojos, el imperio entero contiene la respiración esperando el divorcio. En cambio, el hombre al que llaman "témpano de hielo" la toma de la mano frente a todos y se niega a soltarla. Mientras tanto, Renata empieza a mostrar quién es en realidad: una cirujana brillante que esconde más de un nombre, más de un secreto y un pasado que la persigue desde un hotel, cinco años atrás.

Entre suegras venenosas, una falsa primera dama del corazón, traiciones de familia y dos niños que aparecen donde menos se espera, Renata tendrá que decidir si se atreve a creer en el único hombre que la eligió cuando nadie más lo hizo.

Porque algunos secretos no se entierran. Regresan. Y este tiene los ojos de Max.

¿Y si el hombre que la compró fuera también el que perdió con ella lo que más amaba?

NovelToon tiene autorización de Dupi para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14

Capítulo 14: Lo que Julián publicó y Camila no sabe

—Prende la tele. Canal de espectáculos. Ahora.

Renata tenía el teléfono entre el hombro y la oreja y un fajo de resultados de laboratorio en la mano, en su consultorio de la clínica. No prendió ninguna tele. Pero dejó que Ximena le contara.

—Julián dio una entrevista —siguió su comadre, indignada—. En uno de esos programas de la tarde. No te nombró, ¿eh?, no es tan idiota. Pero se puso en plan trágico: que tuvo "una relación que no pudo continuar por las circunstancias", que él "siempre la respetó", que "le desea lo mejor en su nueva vida". Con la voz quebradita y todo. El muy descarado. —Bajó el tono—. Y ya sabes cómo es esto: medio Twitter de CDMX se puso a adivinar quién es "la médica con la que salía el actor". Hay posts que apuntan a ti, Renata. Pocos, pero los hay.

Renata firmó un resultado sin levantar la vista.

—Que adivinen —dijo—. Que especulen todo lo que quieran. El que tiene más que perder en esa historia no soy yo. Es él. —Pasó a la siguiente hoja—. Yo no salí en ningún video de un cuarto de hotel.

Ximena soltó una risa corta.

—Eso sí. —Una pausa—. ¿Quieres que mueva algo? Tengo contactos en dos de esos portales. Una llamada y le sacan trapitos a Julián que ni se imagina. Tú dime.

—Todavía no. —Renata fue tajante—. Si yo reacciono ahora, le confirmo a todos que la médica es la médica. Y le doy oxígeno a la historia. Lo dejamos crecer solito. La gente como Julián se ahorca con su propia cuerda si uno le da suficiente.

—Eres terrible. —Ximena lo dijo con cariño—. Bueno. Aquí estoy. Cualquier cosa, marcas.

Colgaron. Renata dejó el teléfono sobre el escritorio, junto a los resultados, y por un momento se quedó mirando la pared. Julián haciendo ruido público era un problema, aunque no por la razón que Ximena pensaba. No le importaba que el chisme rozara su nombre. Le importaba que un hombre asustado y necesitado de atención era un hombre impredecible, y Julián sabía cosas de hace cinco años que ella todavía no terminaba de armar.

Porque eso era lo que nadie sabía: que para Renata, Julián no era un ex despechado. Era una pieza. La única persona que había confirmado, sin querer, en aquel café, que detrás de lo que le habían hecho hacía cinco años había "gente con poder". Alguien que organizó. Alguien que pagó. Renata llevaba cinco años juntando piezas de ese rompecabezas con una paciencia de relojera, y Julián tenía una que le faltaba: un nombre. Si lo cuidaba, si lo dejaba envalentonarse con su minuto de fama, tarde o temprano el miedo le soltaría la lengua. Un bocón asustado terminaba diciendo justo lo que no debía. La cuestión era estar ahí cuando lo dijera, y no antes.

Habría que vigilarlo de cerca. Y, sobre todo, no dejar que nadie más lo callara primero.

—————

En un departamento de la Condesa, a quince kilómetros de ahí, Camila Beltrán veía el mismo programa.

Estaba sentada en el sillón, con las piernas dobladas, todavía en pijama a las dos de la tarde. En la pantalla, Julián ponía su mejor cara de galán herido y hablaba de "una relación que no pudo continuar".

Camila pausó el video.

Se quedó mirando la imagen congelada de Julián, su sonrisa de dientes perfectos detenida a la mitad, y algo en su cara —la actriz que quería ser, la que ensayaba lágrimas frente al espejo— se tensó de pura alarma.

El idiota no entendía nada. Mientras él jugaba al galán abandonado para que las revistas hablaran de él, no se daba cuenta de que cada cámara que lo apuntaba se acercaba un poco más a ella. Y el contrato que Camila acababa de firmar —tres años, una telenovela, su nombre por fin en marquesinas— traía una cláusula de imagen del tamaño de una pared. Una sola foto de ella con Julián en un cuarto de hotel y la agencia la dejaba en la calle antes del primer capítulo. Adiós protagónico. Adiós el plan entero por el que había rechazado casarse con un moribundo.

Lo peor era que Camila no sabía dónde estaban esas fotos. Sabía que existían —ella misma había sentido la cámara aquella noche, había preferido no pensar en quién la había puesto—, pero no sabía en manos de quién. Y esa duda le quitaba el sueño desde hacía semanas.

Tomó el teléfono. Escribió un mensaje rápido, lo borró, lo escribió otra vez. Le dio enviar.

Lo que decía el mensaje no lo supo nadie más que Julián. Pero al guardarlo, Camila se mordió la uña del pulgar, ese gesto que su madre le había prohibido mil veces, el que se le salía solo cuando tenía miedo de que algo que creía suyo se le empezara a escapar de las manos.

—————

De vuelta en la clínica, Renata recogía sus cosas para volver a la mansión cuando el teléfono volvió a sonar. Esta vez no era Ximena.

—Doctora Vargas. —La voz del Lic. Reyes, más formal que nunca, lo cual en él siempre anunciaba problemas—. El Dr. Peña ha convocado a una junta médica urgente para mañana en la tarde. En la casa.

Renata se detuvo con el saco a medio poner.

—¿Tema? —preguntó, aunque ya lo sabía.

Hubo un silencio del otro lado. Cuando Reyes contestó, eligió las palabras como quien camina sobre vidrios.

—"Cambios en el estado del paciente Vargas." —Una pausa—. Doctora… ¿usted sabe algo que el resto de la familia no?

Renata terminó de ponerse el saco. Reyes era el hombre de Max, el contacto secreto, el que cobraba por saber dónde pisar; que le hiciera esa pregunta significaba que él también había olido el cambio y no sabía de qué lado iba a caer. Bien. Que esperara como todos.

—Mañana lo sabrán todos —dijo—. Y dígale al Dr. Peña que llegue puntual. Va a ser una junta interesante.

Colgó. Afuera, el día empezaba a caer sobre la ciudad. Mañana, en esa sala de reuniones, el secreto que llevaba tres semanas cargando sola dejaría de ser suyo. Y una vez que lo soltara, no habría manera de volver a meterlo en la caja. Habría aliados nuevos. Y enemigos que, sabiéndose descubiertos, tendrían prisa.

Renata apagó la luz del consultorio y salió. Le quedaba una noche para prepararse.

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Beatriz Juárez
una duda no ya conocía al tío de Maximiliano e incluso escucho una conversación respecto a la salud de Max e incluso la mando a amenazar con pasarle algo a la mamá de ella
gabriela
excelente
Beatriz Juárez
hasta el momento lo que eh leído muy interesante, espero siga así el resto de la novela
mildred rivas
lo sospechaba no era casualidad
Maria Cerdán
Es de Max Renata.. te está protegiendo, ya te aceptó como su esposa..ja,ja
Maria Cerdán
Se va poniendo interesante.. le quitaron a sus bebés?
Liliana janeth reveles riojas
aaaaaaaaaaaaaaaa que emoción
Hilda Estrada
cuánta maldad
ana paez
lo mismo pregunto
ana cecilia mendoza
mercantil siempre contigo 🤣🤣🤣🤣😅❤️
Visitor3894
Muy buen libro .Hasta el momento diría casi excelente .
Ojalá siga así .
últimamente los libros repiten las historias ,solo cambian los nombres de los personajes.
Este es distinto.Excelente trabajo del autor .
ana cecilia mendoza
voy a llorar y al mismo tiempo me estrese 😭😭😭😭😭
Nely Morales Cruz
Yo tengo la duda de si Ernesto es el padre porqué ahora dice que su papá está muerto
Nely Morales Cruz
Ese niño debe de ser de Renata y será que el padre es maximiliano y el tampoco sabe
Carely Prieto
ya se siente el despertar 👏
audelina barra guzman
uuuuf yo tampoco me equivoqué wau esto de leer tantas historias voy aprendiendo hacer detective jajaja
Nely Morales Cruz
Tengo muchas dudas espero que en el transcurso de la novela pueda aclararme
audelina barra guzman
parece que también se le olvidó el ADN el ir a buscar a la niña gemela 🤔🤔🤔🤔😔😔😔😔😔
audelina barra guzman
me quedan muchos capitulos todavía esperando que arregles está trama
audelina barra guzman
se me perdió Vale la hermana de Max el tío que estaba haciendo daño la abuela el papá de Max que PASO Autora si es que tú escribes esto o lo copiaste mal 😱😱😱😱 hay algo que no cuadra 😱😱😱😱
mildred rivas: si no cuadra porque aquí dice que no tuvo niña y vale que es
total 2 replies
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