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La Esposa Rechazada El Amor No Sobrevive a la Humillación

La Esposa Rechazada El Amor No Sobrevive a la Humillación

Status: Terminada
Genre:CEO / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Divorcio / Completas
Popularitas:52.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Kassyane Santos

Priscila lo dio todo por Mariano Vance: diez años de amor callado, un hijo y hasta el talento que sostenía en secreto su imperio financiero. A cambio, él le entregó desprecio, una amante instalada en su propia casa y una humillación tras otra delante de todos. Para el poderoso empresario, ella nunca fue una esposa: solo una intrusa a la que castigar por existir.

Pero toda humillación tiene un límite. La noche en que Priscila decide marcharse con su bebé en brazos, algo se rompe para siempre… y algo nace. Sin dinero, sin apellido y sin más armas que su brillante mente para los números, se propone reconstruirse desde cero. Lo que ninguno de los que la pisotearon imagina es que la mujer a la que trataron como sirvienta está a punto de convertirse en su peor pesadilla.

Cuando el destino la coloca frente a Leonardo Monteverde —heredero de un imperio, tan implacable en los negocios como tierno en el amor—, Priscila descubre por primera vez lo que significa ser respetada, deseada y elegida. Sin embargo, el pasado no suelta a sus presas con facilidad: la obsesión, la envidia y la venganza acechan en las sombras, dispuestas a destruir todo lo que ella empieza a reconstruir.

NovelToon tiene autorización de Kassyane Santos para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23: Afinidad y estrellas en la sala de reuniones.

Las semanas siguientes en el Grupo Monteverde se transformaron en un ritmo frenético, aunque perfectamente sincronizado, de trabajo arduo, análisis profundos de balances financieros y estrategias ejecutivas de reestructuración. Para Priscila, cada día en la torre de vidrio ya no representaba el peso invisible de cargar los errores ajenos sobre sus espaldas, sino la libertad gratificante de ver su competencia intelectual celebrada y respetada en su totalidad. En el centro de esa nueva rutina dinámica, la alianza diaria con Leonardo Monteverde había evolucionado de un simple respeto profesional a una conexión electrizante, fluida y llena de una complicidad silenciosa que sorprendía a ambos.

Aquel final de tarde de viernes, el trigésimo primer piso se hallaba en un silencio casi absoluto. La gran mayoría de los directores y asesores ya había terminado la jornada y dejado el edificio, pero la sala de reuniones principal seguía intensamente iluminada por la luz blanca de los proyectores y por los últimos reflejos dorados del sol poniente que teñían el horizonte de la metrópoli. Esparcidas sobre la inmensa mesa de jacarandá, yacían decenas de planillas impresas, gráficos complejos de flujo de caja e informes de auditoría que había que finalizar antes del cierre oficial de la semana fiscal.

Priscila estaba de pie, inclinada sobre uno de los extremos de la mesa, vistiendo un pantalón sastre negro impecable y una blusa de seda en tono crudo que realzaba la elegancia natural de sus movimientos. Llevaba el cabello recogido en una cola de caballo sofisticada, dejando a la vista la curva graciosa del cuello, mientras analizaba minuciosamente los números de pasivos ocultos dejados por la gestión anterior de Vance Holdings. Con una pluma dorada entre los dedos, hacía anotaciones rápidas en los márgenes de los papeles, completamente sumida en el razonamiento lógico.

A pocos pasos de allí, Leonardo estaba sentado en uno de los sillones de cuero, con las mangas de la camisa de vestir blanca dobladas hasta los codos y la corbata ligeramente aflojada en el cuello. Observaba a Priscila trabajar con una mezcla evidente de admiración genuina y fascinación incontenible. La forma en que ella manejaba los números, la claridad de sus deducciones estratégicas y la pasión tranquila con que defendía cada directriz de reestructuración le hacían perder la noción del tiempo. Para Leonardo, acostumbrado a lidiar con ejecutivos fríos, ambiciosos y movidos únicamente por intereses corporativos vacíos, la autenticidad, la inteligencia brillante y la garra de Priscila eran un espectáculo raro e irresistible.

—Si sigues mirando esos gráficos con tanta concentración, Priscila, vas a terminar haciendo un agujero en el papel —comentó Leonardo, rompiendo el silencio de la sala con un tono de voz suave, cargado de una leve diversión y de una ternura que ya ni intentaba disimular.

Priscila alzó el rostro de golpe, parpadeando algunas veces para despegarse de los números, y se volvió hacia él con una sonrisa leve en los labios.

—Necesito garantizar que el margen de proyección para el próximo trimestre quede totalmente blindado contra cualquier volatilidad del mercado, Leonardo —respondió ella, acomodándose un mechón de cabello que se le había escapado del peinado—. Si dejamos pasar una sola línea de pasivo laboral ahora, tendremos que rehacer toda la planeación estratégica el lunes por la mañana. Y yo prefiero resolver esto hoy antes que arruinar mi fin de semana.

—Tu fin de semana está oficialmente prohibido de ser arruinado por planillas contables —replicó Leonardo, levantándose con elegancia y caminando lentamente hacia la mesa donde ella estaba—. Ya son casi las ocho de la noche. Trabajar a este ritmo inhumano sin una pausa para respirar es un crimen que ni el Grupo Monteverde prevé en su código de conducta.

Priscila soltó una risa baja, deliciosa y sincera, apoyando las manos en el borde de la mesa de jacarandá mientras observaba a Leonardo acercarse.

—¿Dicho por el hombre que pasa dieciséis horas al día metido en esta oficina? —lo provocó ella con un brillo divertido en los ojos claros—. Admítelo, Leonardo, disfrutas de esta intensidad tanto como yo.

—Disfruto de la compañía, lo confieso —repuso él, deteniéndose a una corta y electrizante distancia de ella.

El aire de la sala pareció volverse de pronto más denso, cargado de una tensión sutil, magnética e inevitable que crecía entre los dos a cada día de convivencia. Leonardo se inclinó levemente sobre la mesa, extendiendo la mano para señalar un detalle en uno de los gráficos junto a Priscila, acercando aún más sus cuerpos. El perfume amaderado y sofisticado de él se mezcló con el aroma suave de jazmín que siempre acompañaba a Priscila, creando una atmósfera de pura intimidad dentro de aquella inmensa sala corporativa.

Decidida a reordenar los papeles para terminar la jornada y romper aquella cercanía que le aceleraba el corazón de manera inesperada, Priscila se volvió con prisa para tomar el maletín ejecutivo apoyado en la silla de al lado. Sin embargo, en un movimiento rápido y mal calculado, el tacón de su zapato rozó accidentalmente el borde de la alfombra persa desacomodada, haciéndole perder por completo el equilibrio.

—¡Oh! —exclamó ella, sintiendo el cuerpo inclinarse bruscamente hacia adelante.

Antes de que Priscila pudiera siquiera registrar la caída o tocar el piso de mármol, los reflejos rápidos y precisos de Leonardo entraron en acción. Con una agilidad impresionante, dio un paso largo al frente, abrió los brazos y le rodeó con firmeza absoluta la cintura esbelta, atrayéndola contra su pecho fuerte en una fracción de segundo.

El impacto quedó amortiguado por la solidez del abrazo protector de Leonardo. Priscila abrió los ojos de par en par por la sorpresa, sintiendo el calor del cuerpo de él contra el suyo, y apoyó instintivamente las manos abiertas sobre el pecho firme de él, sintiendo el ritmo acelerado de los latidos del corazón de Leonardo bajo la camisa de vestir.

Por un instante, el mundo exterior simplemente dejó de existir.

El tiempo pareció congelarse dentro de aquella sala de reuniones. Los ojos de Leonardo bajaron de los ojos claros y atónitos de Priscila a los labios ligeramente entreabiertos de ella, fijándose allí con una intensidad arrolladora y llena de un deseo reprimido que se había ido acumulando durante semanas. Por su parte, Priscila sintió que le faltaba por completo el aliento; permaneció estática, paralizada por la fuerza de aquel abrazo y por el magnetismo crudo que emanaba de la presencia de él, incapaz de apartar la mirada de aquella inmensidad oscura y brillante que la contemplaba tan de cerca.

Ninguno de los dos se movió. Los segundos pasaban en un silencio absoluto, puntuado apenas por el sonido amortiguado de la ciudad allá abajo y por la respiración acompasada y cálida que se mezclaba en el espacio entre sus rostros. Leonardo inclinó la cabeza mínimamente, como si estuviera a punto de acortar la pequeña distancia que separaba sus bocas, dejando que la promesa de un beso innegable planeara en el aire de forma vertiginosa.

Priscila sintió un escalofrío profundo recorrerle cada centímetro de la columna, y el calor de aquella cercanía le hizo ruborizar levemente las mejillas. Sin embargo, recuperando su compostura profesional y el control riguroso sobre su propia vida, parpadeó con rapidez, sacudió apenas la cabeza para espantar el aturdimiento y carraspeó de manera audible.

—Ejem... —Priscila se aclaró la garganta con delicadeza, enderezando la postura de inmediato y retrocediendo un paso con una sonrisa forzada, tratando de disimular el torbellino de emociones que acababa de sacudirle el sistema nervioso—. Gracias por los reflejos rápidos, Leonardo. Casi me voy al suelo con esa alfombra mal puesta. Perdón por... por la torpeza.

Leonardo soltó lentamente la cintura de ella, manteniendo las manos suspendidas un segundo antes de recogerlas en los bolsillos del pantalón. Una sonrisa tierna, cómplice y profundamente encantadora despuntó en las comisuras de sus labios, como si él fuera perfectamente consciente del efecto devastador que aquella casi cercanía había tenido sobre los dos.

—No tienes que disculparte por nada, Priscila —respondió Leonardo con la voz grave, suave y cargada de una promesa silenciosa, mientras sus ojos brillaban con una diversión afectuosa—. Yo siempre estaré cerca para evitar que te caigas. Puedes estar absolutamente segura de eso.

Priscila apartó la mirada un instante, sintiendo el corazón latir descompasado en el pecho mientras cerraba su maletín ejecutivo con movimientos ligeramente temblorosos. La dinámica entre ellos había cambiado de nivel de forma irreversible; aquella sutil vacilación y el toque prolongado en la cintura dejaron claro que la línea tenue entre la admiración profesional y la pasión ya había sido cruzada. Con un gesto discreto de despedida y las mejillas todavía coloradas, caminó hacia la puerta de la sala, sabiendo perfectamente que el fin de semana le traería pensamientos mucho más complejos que simples planillas financieras.

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audelina barra guzman
Priscilla no agaches la cabeza míralo de frente desde arriba al pobre diablo😈
audelina barra guzman
ahora sí Priscilla este amor es de bueno 👏👏👏👏🤭🤭
Bea Tastro
osea que Priscila ayuda a mariano maquillando esos informes financieros? por que el es un analfabeta financiero la mente numérica y analítica era ella
audelina barra guzman
si tuvieron relación sexual una noche quedó embarazada altiro no puede ser 6 años si al parecer el niño no cumple 1 año . pero bueno en las historias el tiempo vuela pero no tanto 😂😃🤭
Margarita Manrique
Excelente novela . Felicitaciones 💯⭐⭐⭐⭐⭐🙅 Dios Altísimo la siga llenando de bendiciones y éxitos 💐🙏
audelina barra guzman
lo sospeche desde un principio no todo es malo bien Priscilla 👏👏👏👏
audelina barra guzman
y porque cresta Priscilla aguantaste tanto 🤭🤭🤭
audelina barra guzman
excelente Priscilla no mires atrás no vuelvas a ver a ese par de desgraciados 😈😈😈
audelina barra guzman
como me gustaría que alguien salve a Priscilla y ese desgraciado y su zorra coman polvo que pierda todo por miserable 🤭🤭🤭😈
audelina barra guzman
cuando leí el primer capítulo dije no voy a leerlo pero aquí estoy se que es una historia más Pero cuántas Priscilla hay en este mundo ? 🤭
audelina barra guzman
perdón por esto yo lo mando a la Chucha y me desaparezco con mi hijo ese es un perro desgraciado
audelina barra guzman
que desgraciado es un demente Diablo 😈
Margarita Manrique
la novela está súper buena 💖. gracias 😅
audelina barra guzman
Autora dejaste como chaleco de mono a Priscilla osea primer capítulo y pobre y más encima se quedó pegada mirando hasta el final no malo 🤭🤭🤭🤭🤭
audelina barra guzman
ya me dio rabia Priscilla quiere te retiraré de ahí ya te dijo que no eres nada para el sale andate lejos
Carolina Vargas
muertos los perros, extinta la rabia
Maria Josefa
los médicos no son tontos y saben cuando ven a una paciente a sido violada o no porque le hacen muchas pruebas y lo se por experiencia
Celia Leticia Sanchez Jaramillo
me gusto mucho la novela
Maggi González
Excelente historia, FELICITACIONES 👏👏👏👏👏
Sonia Yrady
merecida puntuación, gracias autora la novela estuvo de principio a fin demasiado buena tuvo todos los ingredientes la recomiendo ❤️❤️❤️❤️
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