Ella renace en un mundo mágico lleno de reglas sociales y apariencias, pero ella decide ser feliz, siendo quien es y no cambiando por nadie.
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Subasta 1
Kayla se puso manos a la obra.
O, al menos, eso intentó.
Durante los primeros días caminó por la mansión con una determinación admirable, pensando en todos los detalles que tendría que organizar.
La lista de invitados.
La decoración.
La comida.
Los objetos para subastar.
La música.
Los salones.
Los anuncios.
Las donaciones.
Los permisos.
Y una cantidad interminable de cosas que, poco a poco, comenzaron a hacer que Kayla se llevara las manos a la cabeza.
[¿En qué momento una simple fiesta se convirtió en un proyecto de construcción?]
Por suerte, pronto descubrió algo que la alegró muchísimo.
No tenía que hacerlo todo ella.
De hecho, tenía a su disposición una cantidad considerable de personas cuyo trabajo consistía precisamente en encargarse de esas cosas.
Así que decidió llamar a los administradores de la casa.
Entre ellos estaba Lord Morrison.
Era un hombre algo mayor, serio y experimentado, que había trabajado durante muchos años para la familia Fletcher.
Kayla recordó algo curioso.
La antigua Kayla, a pesar de su horrible comportamiento con muchos de los sirvientes, trataba a Lord Morrison con respeto.
La razón era bastante sencilla.
Él también era noble.
Además, llevaba años sirviendo a la casa Fletcher y había trabajado directamente para sus padres.
Kayla lo encontró en el despacho y le explicó su idea.
—Quiero organizar una subasta para ayudar a las personas afectadas por las inundaciones.
Lord Morrison la observó durante unos segundos.
Parecía sorprendido.
—Es una excelente iniciativa, mi lady.
Kayla sonrió.
—Pero necesito ayuda.
El hombre asintió.
—Naturalmente.
Después de unos minutos de conversación, Lord Morrison hizo una sugerencia.
—Mis hijos están a punto de regresar de la academia.
Kayla levantó la mirada.
—¿Sus hijos?
—Sí, mi lady. Ambos podrían ayudarla.
Kayla aceptó inmediatamente.
[¡Perfecto!]
Una semana después, la mansión Fletcher recibió a dos nuevos visitantes.
Lady Brenda Morrison y su hermano Brandon Morrison.
Eran jóvenes, educados y respetuosos.
Ambos hicieron una reverencia frente a Kayla.
—Es un honor verla nuevamente, mi lady.
Kayla les sonrió.
—Gracias por venir.
Brenda levantó la mirada.
—Nuestro padre nos explicó que necesita ayuda con una subasta.
—Así es.
Kayla comenzó a explicarles su idea.
Les habló de las inundaciones.
De las familias que habían perdido sus hogares.
De las cosechas destruidas.
De las personas que necesitaban ayuda.
Y finalmente les explicó qué quería hacer.
—Quiero organizar una gran gala. La mejor subasta.
Brenda comenzó a sonreír.
—¿Una gala benéfica?
—Exactamente.
—¿Con una subasta?
—Sí.
Brandon tomó inmediatamente una libreta.
—Entonces necesitamos organizarlo todo.
Kayla lo miró.
—¿Todo?
—La decoración, el salón, la distribución de las mesas, la lista de invitados, las invitaciones, la comida, las bebidas, los objetos que serán subastados...
Brenda continuó..
—La música, el orden de la subasta, los encargados de recibir las donaciones, el personal y la contabilidad.
Kayla parpadeó.
[¡¿Cómo puede decir todo eso sin respirar?]
Pero cuanto más hablaban, más aliviada se sentía.
Brenda tenía un excelente gusto para la decoración.
Brandon era meticuloso con los números y la organización.
Y ambos conocían perfectamente el funcionamiento de las reuniones de la nobleza.
En cuestión de días, comenzaron a trabajar.
Prepararon la lista de invitados.
Diseñaron las invitaciones.
Organizaron el salón principal.
Pensaron en una decoración elegante pero no exagerada.
Contactaron a nobles dispuestos a donar objetos.
Coordinaron el menú.
Organizaron la música.
Prepararon el sistema de pujas.
Y poco a poco...
La subasta comenzó a tomar forma.
Kayla observaba todo con una sonrisa.
[Esto está saliendo mucho mejor de lo que esperaba.]
Por primera vez desde que había despertado en ese mundo, comprendió realmente el poder que tenía su posición.
Ella era hija de un duque.
Tenía recursos.
Tenía contactos.
Tenía una mansión.
Tenía administradores.
Tenía personas dispuestas a ayudarla.
Y podía utilizar todo aquello para mejorar la vida de otras personas.
Sin siquiera tener que hacer un esfuerzo extraordinario.
Aquella noche, después de cenar, Kayla entró en su habitación.
Se acercó al espejo.
Y lo miró fijamente.
—Tenemos que hablar otra vez.
Se cruzó de brazos.
Su reflejo permaneció en silencio.
Kayla frunció el ceño.
[¡¿Cómo pudiste ser tan idiota?]
Comenzó a caminar frente al espejo.
[¡Tenías dinero!]
Se señaló.
[¡Muchísimo dinero!]
Siguió caminando.
[¡Tenías una familia poderosa!]
Levantó un dedo.
[¡Tenías una mansión llena de personas que podían ayudarte!]
Otro dedo.
[¡Tenías contactos!]
Y finalmente se llevó ambas manos a la cintura.
[¡Y aun así preferiste humillar a las personas que tenían menos que tú!]
Kayla resopló.
—¡Qué desperdicio!
Se miró nuevamente.
[¡Podías haber ayudado a cientos de personas!]
[¡No tenías que sacrificar nada!]
[¡Ni siquiera tenías que trabajar especialmente duro!]
Entonces recordó las imágenes que había visto.
La antigua Kayla caminando por los pasillos.
Sirvientes bajando la cabeza.
Personas temblando cuando ella entraba en una habitación.
Gente humilde siendo tratada como si no valiera nada.
Kayla apretó los labios.
[¡Eras una abusiva!]
Se señaló el espejo.
[¡Una abusiva con dinero!]
Hizo una pausa.
Luego añadió..
[¡Y eso es todavía peor!]
Respiró profundamente.
Después se quedó mirando su reflejo.
Su expresión se suavizó.
—Bueno...
Sonrió.
[Ya no estás tú.]
Se acomodó el cabello.
[Estoy yo.]
Y luego volvió a sonreír.
[Así que voy a aprovechar todo lo que tú desperdiciaste.]
Miró hacia la mesa donde estaban los primeros documentos de la subasta.
[La gente que necesita ayuda va a recibirla.]
Volvió a mirar el espejo.
[La familia Fletcher va a utilizar su posición para algo bueno.]
Y finalmente levantó una ceja.
[¿Y sabes qué?]
Sonrió con picardía.
[Además voy a organizar una fiesta espectacular.]
La antigua Kayla no podía responderle.
Pero eso no impedía que la nueva Kayla siguiera regañándola todas las noches.
Porque, sinceramente...
Se lo había ganado.
Dos bombas sexuales🤭👏👏