Una joven reservada y profesional trabaja en la empresa de la familia de su exnovio, soportando humillaciones constantes por no encajar en el ideal de “mujer perfecta”: dulce, sociable y complaciente.
Durante un evento corporativo, salva la vida de un misterioso hombre que ha sido atacado. Sin saber quién es realmente, lo ayuda a escapar y cura sus heridas.
Él desaparece… pero no la olvida.
Cuando finalmente va a buscarla, descubre que ella fue despedida injustamente. Y quienes la destruyeron… están más cerca de lo que cree.
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Capitulo 11
Bastian
—Es raro que quieras pasar tanto tiempo conmigo.
Apoyé el codo en la mesa mientras observaba a Sofía con una leve sospecha.
—¿Qué ocurre?
Ella sonrió.
Demasiado inocente.
—Nada. Hace mucho no te veía, eso es todo.
—Ajá…
La miré en silencio.
La conocía demasiado bien.
—¿Qué quieres?
Soltó una pequeña risa.
—¿Cómo te pareció Teresa?
Suspiré.
—Normal.
—No seas así, Bas —dijo, golpeándome suavemente el brazo—. Ella siempre ha estado interesada en ti.
Fruncí el ceño.
—¿Teresa?
—Sí.
La miré fijamente.
—Han pasado como veinte años.
—Eso no tiene nada de malo —respondió ella—. No suena raro.
—Sofía… suena un poco obsesivo.
—No le digas eso —protestó—. Es una linda persona.
—No lo dudo —respondí con calma—. Pero no.
Ella cruzó los brazos.
—¿Por qué no le darías una oportunidad?
—¿Por qué debería?
—Porque no tienes novia, ella no tiene novio… podrían ser una buena pareja.
Negué.
—No, gracias.
Sofía entrecerró los ojos.
—¿Te gusta alguien?
—No.
Me observó en silencio.
Analizando.
—Voy a investigar —murmuró.
Rodé los ojos.
—Haz lo que quieras.
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Se inclinó hacia mí con una sonrisa traviesa.
—Un amigo abrió un gimnasio.
—¿Cuál de todos?
—Mauricio.
—No lo conozco.
—Claro que sí —insistió—. estudiaste con él.
—No sé quién es.
—Podrías darle tu opinión.
La miré.
—¿Ahora quieres que trabaje gratis para tus amigos… y además que salga con ellos?
Soltó una carcajada.
—No lo veas así. Suena horrible.
—Porque lo es.
—Míralo como ayudar al prójimo.
Sonreí levemente.
—Tal vez.
—¿Y Teresa?
Negué de inmediato.
—Con ella no voy a salir. Sería como salir contigo.
Hice una pausa.
—Y no.
—¡Guácala! —exclamó, dándome un golpe en el brazo.
Reí suavemente.
—¿Y Mauricio desde cuándo te gusta?
Se tensó.
—No me gusta.
—Claro.
La miré con una leve sonrisa.
—No te creo nada.
—Eres insoportable.
—Precavido.
—Desconfiado.
—Realista.
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Nos quedamos en silencio unos segundos.
Esa calma cómoda que solo existía entre nosotros.
—Ten cuidado —dijo finalmente, más seria.
La miré.
—Siempre.
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Horas después, el investigador me llamó.
—Tenemos algo.
—Te escucho.
—Sabemos que vive en la ciudad… zona norte.
Fruncí el ceño.
—Eso es muy amplio.
—Lo sé —respondió—. Pero hay algo más.
Silencio.
—No tiene presencia en redes.
Eso llamó mi atención.
—¿Nada?
—Casi nada. Cuenta privada, pocos seguidores… y no acepta solicitudes.
Miré al frente.
Pensativo.
—Reservada.
—Mucho.
—¿El número?
—Estamos en eso.
Asentí.
—Bien. Sigue.
—Te avisaré.
Colgué.
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El resto del día fue una cadena de reuniones.
Negocios.
Números.
Decisiones.
Pero mi mente…
seguía desviándose.
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A las diez de la noche salí de la oficina.
El edificio estaba casi vacío.
Solo el personal de seguridad.
Sus miradas atentas.
Siempre lo notaba todo.
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Al acercarme a mi auto… algo no encajó.
Un papel.
Pequeño.
Doblando el parabrisas desde el interior.
Mi expresión cambió.
—¿Ocurre algo, señor Kros? —preguntó uno de los guardias.
—Necesito las cámaras de seguridad —respondí sin apartar la mirada del vehículo.
Abrí la puerta con cuidado.
Tomé el papel.
Lo desplegué.
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“Tú me quitaste mi oportunidad de crecer… ahora te voy a destruir.”
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Directo.
Claro.
Sin rodeos.
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Exhalé lentamente.
—Quiero todo el registro de cámaras —repetí.
—De inmediato, señor.
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No iba a conducir ese auto.
No después de eso.
Pedí un transporte.
Mientras esperaba… una idea se instaló en mi mente.
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Esto ya no era coincidencia.
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Al llegar a casa, me quité el traje y fui directo al gimnasio.
Corrí.
Más de lo necesario.
Más de lo habitual.
Necesitaba liberar la tensión.
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Mi teléfono vibró.
Videollamada.
Sofía.
—¿Estás mal de la cabeza? —dijo al verme—. ¿Qué haces entrenando a esta hora?
—Es bueno para el corazón.
—Te van a matar antes por otra cosa.
Sonreí levemente.
—Mañana te recojo.
—Sí —respondió—. Vamos a casa de mis padres. Hay que revisar inversiones.
—Está bien.
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Al día siguiente, el fiscal apareció.
Con el mensaje.
Con el informe.
—Le asignaremos escoltas.
—Lo agradezco —respondí—, pero manejaré mi propio esquema de seguridad.
Asintió.
—Esto es serio.
—Lo sé.
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Por la tarde, recogí a Sofía en el gimnasio.
Estaba con Teresa.
Ambas hablando.
Riendo.
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Y entonces…
la vi.
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Fue rápido.
Un segundo.
Tal vez menos.
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Cabello castaño.
Postura recta.
Silenciosa.
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Entrando al gimnasio.
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Mi cuerpo reaccionó antes que mi mente.
Me incliné ligeramente hacia adelante.
La mirada fija.
—¿Qué pasa? —preguntó Sofía.
No respondí.
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Porque en ese instante…
todo el ruido desapareció.
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Solo quedó ella.
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Nina Galen.
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No estaba seguro.
No completamente.
Pero algo en mi interior…
lo sabía.
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Esa forma de moverse.
Esa calma.
Esa distancia.
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Era ella.
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Después de todo ese tiempo.
Después de buscarla.
Después de no encontrar nada.
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Ahí estaba.
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Tan cerca.
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Mi pulso se aceleró.
No por peligro.
No por la amenaza.
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Por ella.
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—Bastian… —insistió Sofía.
Parpadeé.
Volviendo al presente.
—Nada.
Pero mi voz…
no sonó igual.
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Porque por primera vez…
desde aquella bodega…
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la había vuelto a ver.
Sofia Kros.
🤷🏼
eres un poco hombre./Smug/
qué satisfacción puede generarte , obligar a una mujer estar a tu lado 🤦🏼
han destruido el cimiento de tu empresa más no tu fuerza y ojalá ya esto no pase desapercibido
desgraciado Pero te metes con las personas equivocadas tenlo por seguro