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El Caos En Mi Refugio

El Caos En Mi Refugio

Status: En proceso
Genre:Escuela / Romance
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Lobelia

Lola vive bajo una regla de oro: su espacio personal es sagrado. Es inteligente, retraída y encuentra paz en el silencio. Su único error fue dejar entrar en ese refugio a Mateo, su mejor amigo, un torbellino de imprudencia que solo entiende de tácticas de fútbol y de cómo hacerla reír cuando más lo necesita.

Pero el equilibrio se rompe cuando el "Rey del Campo" se convierte en el objetivo de la chica más popular, y un rival inesperado decide que la brillante timidez de Lola es el trofeo que realmente quiere ganar

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Capítulo 7: El Caballo de Troya

​La biblioteca del colegio era el único espacio de la institución donde el tiempo parecía transcurrir a otra velocidad. Aislada del bullicio de la cancha de fútbol y del eco sordo de los pasillos principales, olía a madera barnizada, papel guardado y cera para pisos. Para Lola, la hora posterior al timbre de salida en aquel recinto era sagrada. Allí no había expectativas que cumplir ni aplausos que conseguir; solo existía la tarea mecánica y relajante de acomodar tomos en las estanterías de roble alto.

​Por eso, cuando la Sra. Gutiérrez, la bibliotecaria principal, anunció el martes por la tarde que el comité escolar había aprobado la incorporación de nuevos voluntarios para la reorganización del catálogo antes de los exámenes finales, Lola simplemente asintió con aprobación. Lo que no previó fue quién cruzaría la puerta de cristal a las tres en punto.

​Andrés avanzó por el pasillo central con un cuaderno de tapas duras bajo el brazo y la serenidad de quien conoce su lugar en el mundo. Vestía la camisa impecable de la liga de debate y traía consigo una pluma estilográfica plateada en el bolsillo superior.

​—Buenas tardes, Lola —saludó en voz baja, respetando con naturalidad la acústica del recinto—. Parece que seremos compañeros de turno este trimestre.

​Lola se congeló por un segundo con un volumen de historia contemporánea entre las manos. Después del altercado del viernes en la fiesta, sentía un remanente de vergüenza ajena cada vez que cruzaba miradas con él. Sin embargo, la compostura de Andrés era tan absoluta que hacía parecer que el exabrupto de Mateo jamás hubiera ocurrido.

​—Hola, Andrés —respondió ella, forzando un tono neutro mientras colocaba el libro en su sitio—. No sabía que tenías tiempo libre entre el club de debate y las tutorías.

​—Siempre hay tiempo para un espacio como este —dijo él, dedicándole una sonrisa breve y educada, antes de dirigirse al mostrador para registrar su firma.

​La noticia cruzó el patio escolar con la velocidad de un reguero de pólvora. Para cuando Mateo terminó el entrenamiento de las cuatro y se desataba las botas en los vestuarios, la información ya había pasado por dos compañeros de equipo hasta llegar a sus oídos: Andrés se había inscrito en el voluntariado de la biblioteca y pasaría dos horas al día a solas con Lola entre los pasillos de ficción y ensayo.

​Mateo sintió que la sangre le subía de golpe a las sienes. El recuerdo de su promesa del lunes —no volver a actuar como un imbécil impulsivo y territorial— resonó en su cabeza como una advertencia, pero el malestar visceral que le producía la imagen de Andrés cerca de Lola terminó por aplastar cualquier intento de prudencia.

​Quince minutos después, Mateo caminaba a pasos agigantados hacia la oficina del consejo estudiantil. Tenía la sudadera todavía húmeda por el sudor del entrenamiento y el cabello despeinado. En la entrada de la oficina se topó de frente con Patricia, la vicepresidenta del comité escolar y líder de las animadoras, quien organizaba las listas de actividades extracurriculares sobre una mesa repleta de carpetas.

​Patricia levantó la vista. Sus ojos avellana, agudos y calculadores, recorrieron la figura agitada de Mateo. Un pequeño destello de satisfacción cruzó su rostro antes de transformarse en una expresión de perfecta amabilidad.

​—García —dijo ella, apoyando los codos sobre la mesa y entrelazando los dedos—. Qué raro verte por este lado del edificio a esta hora. La cancha queda hacia el otro lado.

​—Necesito anotarme en el comité de la biblioteca —soltó Mateo sin rodeos, yendo directo al grano. Su voz sono áspera, desprovista de su habitual desfachatez.

​Patricia alzó una ceja, dejando escapar una risita contenida que no llegó a sus ojos.

​—¿Tú? ¿En la biblioteca? Mateo, no has abierto un libro que no sea el manual de jugadas desde segundo de secundaria. Las plazas de voluntariado son para alumnos con cierto perfil académico...

​—Sé leer, Patricia —la cortó él, apretando los dientes y dando un paso hacia el escritorio—. Ponme en la lista. Sé que quedan lugares.

​Patricia lo observó durante varios segundos en silencio. Desmenuzó el tono tenso de su voz, los puños cerrados dentro de las bolsas de su sudadera y la forma en que sus ojos miraban instintivamente hacia la dirección del pasillo de la biblioteca. Ella conocía perfectamente la dinámica entre Mateo y Lola; también sabía que la atención que Mateo le prestaba a su amiga de la infancia era el único obstáculo para que él se fijara en otras personas.

​Un pensamiento estratégico comenzó a formularse en la mente de Patricia. En lugar de negarle la entrada, vio una oportunidad de oro.

​—Está bien —dijo Patricia suavemente, cambiando de postura y deslizando una ficha de inscripción hacia él—. Pero seamos honestos, Mateo. No sabes clasificar por el sistema Dewey ni tienes la menor idea de cómo ordenar por autor. Si entras allí sin supervisión, la Sra. Gutiérrez te echa en cinco minutos por torpe.

​Mateo miró la hoja de papel como si fuera un contrato confuso.

​—Aprenderé —murmuró.

​Patricia sonrió, una sonrisa tibia que transmitía una falsa complicidad. Se levantó de su silla, rodeo el escritorio y se acercó a él, lo suficiente para que el aroma a su perfume dulce sofocara el rastro de hierba húmeda que Mateo traía del campo.

​—Te propongo algo mejor —dijo ella en un susurro confidencial, rozándole el brazo con la punta de los dedos—. Yo soy la encargada de supervisar las horas sociales del comité. Puedo anotarme en el mismo turno y "enseñarte" lo que hay que hacer. Así no harás el ridículo frente a Andrés... ni frente a Lola. Yo me aseguro de que no te boten, y tú consigues estar ahí.

​Mateo dudó por un instante. Había algo en la disposición tan servicial de Patricia que no terminaba de encajar, pero los celos y la prisa por marcar presencia le nublaron el juicio.

​—¿Harías eso? —preguntó él, mirándola con sospecha retenida.

​—Por supuesto. Los deportistas tienen que apoyarse entre sí, ¿no? —respondió Patricia con soltura, tomando un bolígrafo y firmando la ficha con un trazo elegante—. Consideralo un favor. Eso sí, me vas a tener que escuchar y hacer exactamente lo que yo te diga para que parezca que estás trabajando.

​A las cinco de la tarde del día siguiente, el plan se puso en marcha.

​La biblioteca estaba sumida en un silencio sepulcral, solo interrumpido por el susurro de las hojas al pasar. Lola estaba subida a una pequeña escalera de dos peldaños en el pasillo de literatura hispanoamericana, pasando notas en un cuaderno mientras Andrés, desde el suelo, le alcanzaba los volúmenes pesados con movimientos metódicos y cuidadosos.

​—García-Márquez va después de Gallegos —comentaba Andrés en voz muy baja, sosteniendo una edición empastada.

​—Lo sé, es solo que la etiqueta de este ejemplar está deteriorada —respondió Lola, inclinándose un poco para encajar el libro en el estante superior.

​En ese preciso momento, el sonido de unos pasos pesados e inseguros rompió la atmósfera. Lola giró la cabeza y casi pierde el equilibrio sobre el peldaño.

​Mateo avanzaba por el pasillo central, intentando caminar sobre los talones para no hacer ruido, aunque la envergadura de sus hombros y su torpeza natural lo hacían destacar como un elefante en una tienda de porcelana. Detrás de él, con un bloque de hojas en la mano y una postura impecable, caminaba Patricia.

​Lola parpadeó, incrédula.

​—¿Mateo? —susurró ella cuando él se detuvo al inicio del pasillo.

​Mateo trató de adoptar una postura relajada, apoyando una mano contra el borde de un estante, pero terminó empujando accidentalmente tres libros de poesía que se inclinaron como fichas de dominó. Se apresuró a acomodarlos con manos torpes, sintiendo que el cuello le ardía.

​—Hola, Lola —dijo él en un murmullo forzado—. Me... me inscribí en el voluntariado. Para subir el promedio de horas comunitarias.

​Andrés no dijo una sola palabra. Se limitó a sostener el libro que tenía en las manos, mirando a Mateo con una calma helada que resultaba mil veces más irritante que cualquier insulto.

​Patricia dio un paso al frente, colocándose estratégicamente justo al lado de Mateo y rozando ligeramente su hombro con el suyo.

​—Hola a todos —dijo Patricia con voz modulada y dulce—. Como supervisora del consejo, vine a instruir a Mateo en sus tareas iniciales. Tiene mucho que aprender sobre orden alfa-numérico.

​Lola miró a Mateo y luego a Patricia. Notó la proximidad entre ambos, la forma en que Patricia le arreglaba el cuello de la sudadera a Mateo con un gesto de familiaridad calculada y la mirada de auxilio mal disimulada que su amigo le dirigía. La decepción la golpeó con la fuerza de un jarro de agua fría. Mateo no solo había vuelto a invadir su espacio de calma, sino que había traído consigo la política de pasillo y las manipulaciones de Patricia al único lugar donde ella se sentía a salvo.

​—El carro de libros por clasificar está al fondo, junto a la sección de ciencias —dijo Lola con una voz tan plana y distante que Mateo sintió una puntada en el estómago—. Si van a trabajar, por favor háganlo en silencio.

​Lola volvió a darle la espalda, enfocando su atención exclusivamente en los libros y en la presencia tranquila de Andrés.

​A unos metros de distancia, Mateo intentaba descifrar el orden de una pila de textos de biología. Cortázar, Cervantes, Vargas Llosa... los nombres se mezclaban en su cabeza como un acertijo indescifrable. Sus manos enormes sujetaban los lomos con torpeza, temerosas de romper las páginas.

​—No, idiota, la 'M' va después de la 'L' —le murmuró Patricia al oído, inclinándose tanto hacia él que su cabello le rozó la mejilla—. Y deja de mirar hacia allá. Pareces un perro castigado.

​Mateo apretó los dientes, sintiendo la trampa cerrándose a su alrededor. Miró de reojo hacia el fondo del pasillo. Lola y Andrés continuaban trabajando juntos, compartiendo comentarios breves en voz baja con una sincronía envidiable. Patricia, mientras tanto, le hablaba al oído con suavidad, fingiendo enseñarle a clasificar mientras depositaba sutiles comentarios venenosos sobre lo bien que Andrés y Lola "combinaban".

​Mateo comprendió de golpe la ironía del nombre del operativo en el que se había metido. Había creído que al inscribirse se convertía en un infiltrado para vigilar el terreno de su rival. Pero la realidad era infinitamente más oscura: el verdadero Caballo de Troya no era Andrés en el mundo de Lola, sino la propia Patricia y sus celos descontrolados, a los que les había abierto la puerta de par en par, contaminando el santuario de la persona que más le importaba.

1
Fernanda
mateo date prisa 💯
Fernanda
muy bien Andrés
Carolina A²V
ese es mi Mateo lento pero seguro 😊🥰
Carolina A²V
estoy de acuerdo con Andrés mueve ese lindo trasero y pídele a Lola que vaya contigo al baile de graduación 😜
Carolina A²V
era no es el centro de su mente 🤔
Carolina A²V
te va a reventar tu linda carita opps 🫣🫢
celimar
me encanta 💯💯
Fernanda
cada capitulo es un aprendizaje para lola tiene que crecer más en ellos me encanta esta historia 💯💯
Betty Saavedra Alvarado
Hay personas en la vida que le gusta hacer daño no dejar a que sean felices meten cizaña para que una relación no prospere
Carolina A²V
nunca hubo hay ni abra lástima entre ustedes así que ya deja esos fantasmas que solo te atormentan y sobre todo no escuches a la venenosa de patricia que sólo tiene envidia de ti
Carolina A²V
tu apoyo de siempre Lola
Carolina A²V
todo lo contrario a lo que Lola esperaba 🤔😉
Carolina A²V
ayyy Lola y tus inseguridades 😟
Betty Saavedra Alvarado
Esa Patricia ves una bruja
Betty Saavedra Alvarado
Me gustó el capitulo
Celina Espinoza
firme lola no le agas caso
Celina Espinoza
que lindo capitulo 👍👍
Fernanda
patricia solo quiere hopacarte no le des el gusto
Fernanda
lola no caigas
Carolina A²V
Lo estás desarmando Lola, lo harás caer en un abismo de incertidumbres ese del cual salió anoche ya hoy vuelve a el
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