Ella fue rechazada por su Alfa el día de su propia boda, desechada y reemplazada por su hermana, no le quedó más remedio que aceptar su destino, aceptar el rechazo y huir.
El destino la llevará ante los palacios reales, del verdadero mandatario de las tierras. En donde deberá cuidar al pequeño príncipe, hijo del emperador.
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Capítulo 21
Mientras el aire en el despacho imperial continuaba cargado de una tensión eléctrica y cortante, al otro lado de las pesadas puertas de roble la realidad del palacio se movía a un ritmo muy diferente.
El pequeño príncipe Lucas caminaba a grandes zancadas por los pasillos de piedra, con el ceño fruncido en un gesto de genuina preocupación que hacía que pareciera una miniatura del mismísimo emperador. Llevaba su soldadito de plomo firmemente apretado en una mano, mientras con la otra apartaba ligeramente el dobladillo de su túnica para no tropezar.
Había despertado hacía unos minutos y, al no encontrar a su "Nana" en la sala de juegos ni en su alcoba asignada, un vacío repentino se había instalado en su pecho. Para un niño de siete años que había vivido demasiado tiempo rodeado de silencios y guardias imponentes, Elizabeth era la única luz cálida en su rutina.
—¿Nana? —llamó el príncipe en voz alta, deteniéndose frente a la intersección de dos pasillos y mirando hacia los costados con desconfianza.
Un par de guardias reales que hacían su ronda habitual se inmutaron al ver al heredero deambulando solo a esas horas de la madrugada. De inmediato, se inclinaron con respeto en una reverencia sincronizada.
—Su alteza, es muy tarde para estar fuera de sus habitaciones. Permítanos escoltarlo de regreso —dijo el capitán de la guardia con voz pausada y firme.
Lucas sacudió la cabeza con terquedad infantil, negándose a dar un solo paso hacia atrás.
—No quiero regresar a dormir todavía. Estoy buscando a Elizabeth —respondió el niño, cruzando los brazos con un aire de pequeña autoridad que heredaba de la sangre real—. ¿La han visto? No está en nuestra ala y necesito que me lea el cuento de los lobos del norte antes de que vuelva a cerrar los ojos.
Los guardias intercambiaron una mirada rápida y tensa, conscientes de que la niñera en ese preciso instante se encontraba cumpliendo órdenes directas del emperador en el despacho principal, un lugar al que nadie tenía permitido acercarse.
—Su alteza... la señorita Elizabeth se encuentra ocupada atendiendo asuntos de la corte con su padre, el emperador —respondió el guardia con sumo cuidado, intentando desviar la atención del niño—. Si regresa a su alcoba, le aseguramos que por la mañana...
—No. Papá siempre está ocupado —protestó Lucas, dando un pasito al frente, con los ojos brillando por una pequeña rabieta contenida—. Voy a buscarla yo mismo. Ella prometió que me enseñaría a esculpir la madera mañana temprano, y quiero preguntarle si aún recuerda dónde dejamos el cuchillo de prácticas.
Sin esperar a que los guardias intentaran detenerlo de nuevo, el príncipe dio media vuelta y comenzó a avanzar con paso firme por el corredor principal, enfilarse directamente hacia el ala administrativa donde se encontraba el despacho imperial, ignorando por completo que al final de ese pasillo, dos mundos colisionaban en silencio.
El golpeteo constante y rítmico de las pequeñas botas de Lucas contra el suelo de mármol del pasillo principal comenzó a romper el silencio nocturno del ala administrativa.
—Su alteza, por favor, deténgase. No puede transitar por esta zona a altas horas de la noche —insistía el capitán de la guardia, marchando a paso apresurado apenas un par de pasos detrás del niño para evitar que se adelantare demasiado.
Pero el pequeño príncipe, con la determinación terca que solo un niño de su edad podía poseer cuando extrañaba a su figura materna, hizo caso omiso a las advertencias. Apretó con más fuerza el soldadito de plomo contra su pecho y dobló la última esquina del corredor.
Justo frente a él se alzaban las imponentes puertas dobles de roble del despacho imperial, custodiadas por dos guardias personales del emperador, quienes se tensaron al instante al ver aparecer al heredero.
Dentro del despacho, donde la tensión entre Vinicius y Elizabeth acababa de alcanzar su punto de ebullición, el sonido repentino de unas vocecitas infantiles y el forcejeo amortiguado de los guardias al intentar contener al príncipe atravesó la gruesa madera.
—¡Déjenme pasar! ¡Quiero ver a mi Nana! —resonó con claridad la voz de Lucas al otro lado de la puerta.
Elizabeth sintió que el alma se le caía a los pies. El pánico la invadió de inmediato; si el pequeño la encontraba allí a solas con el emperador a altas horas de la noche, en medio de aquel ambiente cargado y sombrío, las sospechas del palacio no tardarían en convertirse en un escándalo imposible de contener.
—Es Lucas... —susurró Elizabeth con los ojos abiertos de par en par, girándose hacia Vinicius con un terror genuino reflejado en el rostro—. Su alteza, si me encuentra aquí...
Vinicius levantó una mano para frenar sus palabras. A pesar de la sorpresa inicial, sus facciones se endurecieron con rapidez. El emperador caminó con paso firme hacia la puerta y la abrió lo suficiente para asomarse al pasillo, donde el pequeño príncipe intentaba zafarse con berrinche del agarre respetuoso de los guardias.
Al ver abrirse la puerta y descubrir la imponente figura de su padre recortada en el umbral, Lucas se detuvo en seco, con los ojos muy abiertos y un atisbo de culpa asomando por fin en su rostro infantil.
—Papá... —murmuró el niño bajando los brazos, escondiendo torpemente el soldadito de plomo detrás de su túnica—. Yo solo... estaba buscando a Elizabeth. No podía dormir.
Nota:
Holaa chicas, gracias por leer mis historias y el apoyo que le dan. Siempre trato de traerles lo mejor. Tampoco soy de dejar notas pero bueno lo haré más seguido. Para que así sientan que las estoy leyendo porque si leo sus comentarios. Si les gustaría que escriba sobre algo en específico un tema o algo diferente me pueden decir que lo tendré en cuenta 🥰🥰🥰🥰