NovelToon NovelToon
Renacida En El Abismo

Renacida En El Abismo

Status: En proceso
Genre:Romance / Posesivo / Romance oscuro
Popularitas:2k
Nilai: 5
nombre de autor: Tatiana.

Isabela Voss murió a los 27 años en su mundo original: una vida humana común, llena de rutinas, decepciones y un vacío que nunca pudo llenar. Trabajaba en una oficina, tenía pocas amistades y creía que el afecto o la conexión profunda eran cosas lejanas o imposibles. Murió en un accidente inesperado, sin saber que su destino no terminaba ahí: despertó en el Abismo, un reino profundo, eternamente oscuro, caótico y habitado por seres sobrenaturales que los humanos solo imaginan en sus peores pesadillas. Al llegar no tenía nada: ni ropa adecuada, ni fuerza, ni idea de dónde estaba. Solo su nombre, una mente clara y una voluntad de hierro que ni la muerte pudo romper. El dueño absoluto de ese territorio es Lucien Drakar, un príncipe demonio de sangre antigua, descendiente de la primera estirpe que habitó las profundidades. Antes de que Isabela apareciera, su vida era eterna, solitaria y sin propósito más que sobrevivir y dominar. Gobernaba con mano de hierro, destruía sin dudar a cualquier

NovelToon tiene autorización de Tatiana. para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 7: La vida que dejé en la superficie.

El abrazo de Lucien se prolongó mucho tiempo, cálido, firme, envolviéndome por completo e isolando todo lo demás. Su corazón latía despacio contra mi pecho, un ritmo eterno y poderoso que me hacía sentir pequeña, pero también infinitamente protegida. Cuando por fin se separó un poco, me miró a los ojos, y en esa mirada vi curiosidad, una necesidad profunda de saberlo todo sobre mí, sobre esa vida de la que yo hablaba, sobre esa Isabela Voss que existía antes de caer en sus dominios.

—Me has dicho quién eres —empezó a decir, con esa voz grave que siempre me recorría entera—. Me has dicho tu nombre y me has mostrado tu fuerza. Pero no sé nada más. No sé dónde naciste, no sé cómo vivías, no sé qué era tu mundo antes de que vinieras al mío. Cuéntamelo, Isabela. Cuéntame todo sobre la vida que dejé en la superficie.

Me llevó suavemente hasta un pequeño sofá de terciopelo oscuro, junto al fuego negro que ardía en la estancia, y se sentó a mi lado, tan cerca que nuestros hombros se tocaban, tan cerca que podía sentir el calor constante que emanaba de su cuerpo. Me tomó una mano entre las suyas, grandes y ásperas, pero que me sostenían con una delicadeza que me sorprendía cada vez.

Cerré los ojos un instante, dejando que los recuerdos vinieran a mí, imágenes claras y nítidas de un lugar y un tiempo que ya parecían tan lejanos, como si hubieran pertenecido a otra persona.

—Vivía en un lugar donde hay luz —empecé a decir, bajito, buscando las palabras para explicarle algo que para él debía ser imposible de imaginar—. No como el fuego de aquí, rojo y oscuro, sino una luz suave, que baja del cielo, que cambia según pasa el tiempo. Hay un sol grande y brillante que calienta todo, y luego se esconde, y sale una luna y estrellas pequeñas que brillan en la oscuridad. Allí no siempre es noche, Lucien. Allí hay días y noches, estaciones que cambian, aire que se siente fresco o caliente, lluvia que cae del cielo.

Él escuchaba en silencio, inmóvil, sin apartar la mirada de mi rostro, absorbiendo cada palabra como si fuera el conocimiento más valioso del mundo. Apretó un poco mi mano, invitándome a seguir.

—Mi vida era… sencilla —continué, y una sonrisa triste se dibujó en mis labios—. Nací en una ciudad grande, llena de gente, de edificios altos, de ruidos, de prisa. Vivía en una casa pequeña, tenía un trabajo en una oficina, pasaba las horas sentada frente a una máquina, haciendo cosas que no importaban mucho, cumpliendo horarios, reglas que otros ponían. Gente pasaba a mi lado todos los días, miles de personas, y sin embargo… me sentía sola casi todo el tiempo.

Hice una pausa, mirando las llamas negras que bailaban frente a nosotros, y seguí hablando, dejando salir todo lo que nunca había dicho a nadie, ni siquiera a mí misma:

—Era una vida segura, tranquila, sin peligros, sin monstruos, sin guerras. Pero también… era una vida vacía. No tenía grandes pasiones, ni amores profundos, ni propósitos grandes. Leía libros, caminaba por parques donde hay árboles y flores, miraba el cielo y me preguntaba si eso era todo lo que había. Creía que vivir era solo eso: nacer, crecer, trabajar, envejecer y morir. Nunca imaginé que podría haber algo más. Nunca imaginé que existieran lugares como este, o seres como tú.

Volví a mirarlo, y vi que sus ojos brillaban con una intensidad nueva, con una mezcla de fascinación y de algo que parecía dolor.

—¿Eras feliz allí? —preguntó, y su voz sonó más ronca de lo habitual, como si le costara hacer la pregunta—. ¿Te duele haberlo dejado todo atrás?

—No lo sé —respondí con sinceridad—. Tenía cosas buenas, sí. Tenía recuerdos, personas que me querían, aunque estuvieran lejos, pequeños momentos de paz. Pero si te digo la verdad… Lucien, yo me sentía muerta en vida. Existía, sí, pero no vivía. No sentía nada fuerte, nada que me hiciera temblar, nada que me hiciera pensar que valía la pena arriesgarse o luchar.

Acerqué mi mano libre a su rostro, rozando su piel dura, sus marcas que palpitaban suavemente, y sentí cómo él se estremecía bajo mi tacto.

—Y entonces caí aquí. Y todo cambió. Aquí hay peligro, sí. Aquí hay oscuridad, hay dolor, hay cosas que dan miedo. Pero aquí… aquí siento cada segundo. Aquí me siento viva como nunca antes. Aquí soy importante. Aquí… te tengo a ti.

Lucien cerró los ojos un momento, apoyando su frente contra mi mano, como si mi tacto fuera lo único que lo mantenía en pie. Cuando volvió a abrir los ojos, estaban llenos de una emoción tan profunda, tan inmensa, que me quitó el aliento.

—Yo no conozco ese mundo —dijo, bajito, con una voz cargada de siglos de soledad—. Nunca he visto esa luz de la que hablas, ni ese sol, ni esas estrellas. Para mí, la existencia siempre ha sido oscuridad, fuego, piedra y poder. Siempre he sido el más fuerte, el que manda, el que todos temen. Siempre he estado solo, aunque estuviera rodeado de criaturas que me sirven. Pensé que así era la vida: poder y soledad, hasta el fin de los tiempos.

Se separó un poco y me miró con esa intensidad que me desnudaba el alma.

—Y tú llegaste de ese mundo de luz, de esa vida tranquila y sencilla, y me cuentas que te sentías vacía… igual que yo. Me cuentas que no tenías nada que te hiciera quedarte… igual que yo. ¿Sabes lo que eso significa, Isabela?

Negué con la cabeza, hipnotizada por sus palabras, por la emoción que salía de cada una de ellas.

—Significa que no fue un accidente que cayeras aquí —dijo, con certeza absoluta—. Significa que nuestros caminos estaban hechos para encontrarse. Tú venías de un lugar donde sobraba luz, pero faltaba sentido. Yo he vivido siempre en la oscuridad, y también me faltaba sentido. Y ahora… ahora nos tenemos el uno al otro. Tú llenas mi oscuridad con tu presencia. Y yo… yo te doy todo lo que te faltaba: fuerza, pasión, un propósito y un amor que no tiene fin ni medida.

Me atrajo hacia sí, abrazándome de nuevo, con tanta fuerza que sentí que nos fundiríamos en uno solo.

—No llores por la vida que dejaste en la superficie, pequeña mía —susurró contra mi oído—. Esa vida fue solo el comienzo, solo el tiempo que pasabas esperando por mí. Ahora tienes una nueva vida aquí, conmigo. Una vida de sombras, sí, pero también de fuego, de protección, de amor que quema y que perdura. Y te prometo que haré que cada segundo de esta nueva existencia valga más que todos los años que viviste antes.

Me quedé allí, abrazada a él, pensando en todo lo que le había contado, en todo lo que había dejado atrás. Pensé en mi casa pequeña, en mi trabajo, en las calles llenas de gente, en la luz del sol que ya no vería nunca más. Y por primera vez, no sentí tristeza ni nostalgia. Porque al mirar a mi alrededor, al sentir el cuerpo de Lucien contra el mío, al saber que era suya y que él era mío, entendí que lo que tenía ahora era mil veces más grande, más profundo, más real.

La vida que dejé en la superficie ya no era más que un recuerdo, una historia pasada. Mi vida real, mi verdadera vida, había comenzado el día que caí al abismo. Y no la cambiaría por nada del mundo.

—Estoy aquí —susurré contra su pecho—. Estoy contigo. Y eso es todo lo que me importa ahora.

Lucien me apretó más fuerte, y sentí su sonrisa contra mi cabello.

—Y yo estoy contigo —respondió—. Y eso es todo lo que siempre te importará.

1
NovelToon
Step Into A Different WORLD!
Download MangaToon APP on App Store and Google Play