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Entre La Lealtad Y El Deseo: El Millonario Prohibido

Entre La Lealtad Y El Deseo: El Millonario Prohibido

Status: Terminada
Genre:Romance / Amor prohibido / CEO / Completas
Popularitas:6.3k
Nilai: 5
nombre de autor: patricia sinisterra

Traicionada por quienes más amaba y reducida a la nada, Angie huye de su vida anterior con el corazón roto y sin un centavo. La única mano extendida es la de Roberta, su amiga de toda la vida, que la acoge en su hogar sin hacer preguntas. Allí, Angie conoce al padre de su amiga: Lucian, un hombre imponente, millonario, de mirada profunda y carácter inquebrantable.

Entre ellos surge algo imposible de callar: un deseo abrasador, una conexión que quema cada encuentro, aunque el secreto los condene. Cuando la verdad sale a la luz, la culpa y el miedo la empujan a huir. Pero Lucian no está dispuesto a dejarla ir: la retiene, no como prisionera, sino como la mujer que posee su alma. Ahora Angie deberá elegir: ¿la lealtad que le debe a su amiga, o el deseo que la consume junto al hombre prohibido?

NovelToon tiene autorización de patricia sinisterra para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Cuerpo contra cuerpo

La casa entera respiraba cansancio. Los gritos se habían apagado, dejando un silencio denso, lleno de ecos que no se iban. Me quedé largo rato sentada en la cama, escuchando el latido de mi propio corazón, dividida entre la culpa que me pesaba en el pecho y la necesidad que me llamaba hacia él. Sabía que estaba abajo, solo, tan roto como yo. Y no pude resistirme.

Bajé despacio, sin hacer ruido. La luz de la luna se filtraba por las cortinas, tiñendo el salón de tonos plateados y suaves. Lo encontré de pie junto a la ventana, con la espalda encorvada, mirando hacia la oscuridad del jardín. Al oírme llegar, se giró lentamente. No dijo nada. Solo me miró, y en esa mirada vi todo lo que llevábamos callado: el agotamiento, el miedo, la certeza de que solo nos teníamos el uno al otro.

Me acerqué sin prisa. Cuando estuve frente a él, levanté la mano y toqué su rostro. Suspiró al contacto, cerrando los ojos como si mi tacto fuera el único alivio que conocía. Nos besamos sin hablar, despacio primero, luego con una urgencia que nos sacudió enteros. No hubo reproches, ni explicaciones, ni promesas grandiosas. Solo piel contra piel, respiración contra respiración, buscando borrar el dolor con el fuego de lo nuestro.

Cada caricia era una disculpa que no sabíamos decir con palabras. Sus manos me recorrían la espalda, la cintura, las caderas, con una ternura que dolía, como si quisiera sanarme por dentro. Le correspondí con la misma intensidad: mis dedos en su cabello, en su nuca, recorriendo cada línea de su cuerpo, aprendiéndolo de memoria, reivindicándolo como mío. Él me poseía con devoción, y yo me entregaba con hambre, sabiendo que este refugio era lo único que nos quedaba.

Nos amamos con una intensidad que hacía daño, como si el tiempo se nos estuviera acabando. Cada beso era una promesa de que no nos soltaríamos, pase lo que pase. Cada abrazo era un juramento silencioso: estamos aquí, juntos, y eso basta. No había prisa por irse, ni miedo a que nos descubrieran. Solo existíamos nosotros, en la penumbra, construyendo un mundo donde no existía la traición ni la pérdida, solo el latido compartido.

Lo sentí todo: la fuerza contenida en sus abrazos, la dulzura en sus labios, la desesperación con la que me aferraba como si yo fuera la única cosa firme que le quedaba. Y yo lo amé con la misma desesperación, con la certeza de que no importaba qué nos esperara afuera, mientras estuviéramos así, entrelazados, nada podía destruirnos del todo.

Cuando terminamos, nos quedamos acostados sobre la alfombra, abrazados, escuchando la respiración del otro volviendo a la calma. Me acarició el cabello despacio, en silencio, y apoyé la cabeza en su pecho, sintiendo su corazón latir bajo mi mejilla.

—Eres lo único que me sostiene —susurró, rompiendo por fin el silencio—. Sin ti, todo se desmorona.

Lo abracé con más fuerza.

—Tú también me sostienes. Aunque todo se caiga a pedazos, tú me sostienes.

Nos quedamos así, en la oscuridad, sabiendo que mañana el dolor volvería, que Roberta seguiría herida, que los problemas no habrían desaparecido. Pero por ahora, en este instante, no había nada más que nosotros. Ninguna culpa, ningún secreto, solo dos cuerpos que se necesitaban para seguir respirando.

Me besó la frente, suavemente, y cerré los ojos. Por primera vez en mucho tiempo, no tuve miedo. No sabía qué nos esperaba, pero sabía que no lo enfrentaría sol

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Rocio Garcia
mmmm diferente 🤭👏
karencitha
si fuera Roberta no los perdono a los dos tomo mis cosas y me voy haga de cuenta que están muertos para mi 😡
Tere Jimenez
muy interesante el capítulo gracias
Tere Jimenez
gracias por compartir tus capitulos
Tere Jimenez
muy interesante la novela ojalá y nos regales más capitulos felicidades
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