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LA REINA DEL ASFALTO

LA REINA DEL ASFALTO

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / CEO / El Ascenso de la Reina / Romance / Completas
Popularitas:3.7k
Nilai: 5
nombre de autor: Dalianna Elizondo

Cuando era pequeña, soñaba celebrando llena de emoción, con una alegría que no sé cómo explicar; solo recuerdo que mi pecho se llenaba de una sensación abrumadora al levantar en mis manos una gran copa.
Sin embargo, jamás imaginé que, para plasmar esa fantasía, tendría que sacar una fuerza que ni siquiera sabía que tenía: una especie de coraje como el de una leona que protege a su familia con uñas y dientes, o la fortaleza de una madre en pleno alumbramiento.
Pero, en fin, esta es mi historia, que espero les sirva de inspiración para perseguir de manera incansable todos sus sueños, aunque el mundo se oponga y diga que no puedes lograrlo.

NovelToon tiene autorización de Dalianna Elizondo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

ISMARA

Cerca de cumplir los dieciocho años ya tenía claro que era el momento de hablar con el abuelo, por lo que no le di más vueltas al asunto. Muchas veces le mencioné a Michael mi gran temor mientras él solo me daba su apoyo incondicional; esto me tenía realmente nerviosa, ya que sabía lo complicado que sería el tema por la muerte de mi padre…

Abordamos el vuelo rumbo a casa.

—Pececita, ¿todavía crees que el señor Ismael se oponga a tu sueño? —preguntó Micky, intentando transmitir paz a mi atribulado espíritu.

—No solo lo creo, estoy muy segura, Ratón... —respondí, apoyando la cabeza contra la ventanilla para observar las nubes que parecían enormes bolas de algodón.

—Yo estoy seguro de que don Isma a la larga lo va a entender, ya verás. Confía, tiburoncita...

—¿Y si no?

—Él te quiere mucho, no va a ser tan intransigente.

—No lo sé, Michael. Tengo un mal presentimiento sobre todo esto...

—Vamos, Isa, no seas tan negativa.

—No lo soy, pero... no sé...

Al llegar a la mansión, Michael bajó a saludar. Yo corrí directo a los brazos de Vicky, le di un beso a los muchachos —quienes me abrazaron emocionados— y luego fui a saludar al abuelo.

—Mi niña, has perdido peso. No estás comiendo bien... ¡Mi ángel, casi estás en los huesos! —exclamó Nana exagerando por los tres kilos que había perdido en los exámenes finales de este semestre, haciéndome dar una vuelta completa para inspeccionarme.

—No, Nana, ya aprendí a cocinar con la ayuda de mi buen vecino y chef, Michael Lumis... —comenté, mientras él hacía una reverencia exagerada entre risas.

—Ummm... ¿segura de que no has pasado a punta de sopas instantáneas o latas de atún como un gato?

—No, ya aprendí a hacer frijoles, arroz, espaguetis, lasaña, sopa de pollo —no tan deliciosa como la tuya, pero se deja comer y no grita—, ensaladas, huevos en todas sus presentaciones, café negro sin azúcar... además de los sándwiches, que esos sí son mi verdadera especialidad.

—Ummm, tengo que ampliar ese menú, cariño —dijo Nana, abrazándome con ternura para invitarme a entrar.

—Yo me despido... —intervino Micky, envolviéndome fuerte para decirme disimuladamente al oído—: ¡Ánimo, Isa, todo va a salir bien!

—Gracias, muchacho, por cuidar bien de mi nieta —dijo el abuelo.

—No necesita agradecerme nada, don Ismael. Ella es una mujer fuerte, con carácter y disciplina, que puede lograr todos sus sueños.

—Así es... —respondió él, observando a Michael con cierta curiosidad por sus palabras—. ¿Hay algo que tenga que saber, muchachos?

—¡No! ¿Por qué la pregunta, Tito Isma?

—Me parece que ustedes dos están muy misteriosos, creo que más que de costumbre... —comentó, entrecerrando los ojos.

—No, no, no, ¿cómo crees? —respondí, poniéndome un poco nerviosa y abriendo grande los ojos para advertirle con la mirada a Micky que no me delatara.

—Si me disculpan, mi abuela me espera —se excusó mi amigo.

En cuanto se fue, subí a dejar la maleta a la habitación antes de bajar a comer. No podía sacarme de la cabeza el comentario que había hecho de manera inofensiva —o casi inconsciente—, así que saqué el teléfono y le envié un mensaje:

«Traidor inhumano, casi haces que me dé un ataque al corazón. Creí que se te saldría decirle al abuelo lo que hablamos en el avión.»

«Pececita, yo sería incapaz de revelar tu secreto. Heriste mis sentimientos; ahora me debes un desayuno completo tipo buffet de hotel cinco estrellas cuando volvamos a la universidad, por lo menos durante una semana. 🥺😜»

«Voy a pensar si te lo mereces por el horrible susto que me diste.»

«Vamos, no fue mi intención. Pero a todo esto, ¿cuándo piensas decírselo?»

«Aún no lo sé, voy a esperar el mejor momento. Además, le pediré a Vicky que me ayude a convencerlo, ya que estoy segura de que él se opondrá firmemente.»

«¿Crees que ella esté de acuerdo con que seas corredora de autos, como tu padre?»

«No sé, espero que sí, ya que siempre me ha apoyado en todo.»

«Eso es cierto.»

«Te llamo más tarde, me están esperando para comer.»

«Vale, vale. Yo quedé de salir a cenar con Tianna, hace un momento me llamó...»

«Ummm... ya. Me saludas a la abuela Carmen.»

«Así lo haré, pero tienes que venir a verla o me va a jalar las orejas.»

«Está bien. Nos vemos mañana temprano para que no te retrases en tu "cita". Aunque cuídate mucho, porque esa chava no me da buena espina; está obsesionada contigo de una forma muy rara.»

«No te preocupes, tiburoncita tailandesa, solo voy a ir a "comer", nada más...»

«Ahora sí, nos vemos. Y eso de "comer" ni tú te lo crees. Solo recuerda usar doble protección para tu jugador estrella por si acaso, que aún no quiero ser tía de unos pequeños ratoncitos Lumis.»

«Tranquila, mi preocupona, voy a estar bien. Y aunque mi amiguito es el campeón de mil batallas, no voy a usar su cabeza para pensar y arruinar mi vida. 😂»

«Ja, ja, ja... Solo cuídate mucho, idiota, tú y tu espadachín, el guerrero valiente.»

«Lo prometo. Nos vemos para, de paso, celebrar tu cumple...»

Escuché que tocaban a la puerta mientras estaba sentada sobre la cama con el móvil en la mano.

—Isa, te estamos esperando...

—Perdón, Nana, es que estaba hablando con Micky y me distraje...

—Eso veo. ¿Pero estás segura de que no te gusta ni un poquito ese chico tan guapo, mi niña? Si ustedes son inseparables desde el colegio, además de que hacen muy bonita pareja... —dijo, consultando el reloj de su muñeca antes de agregar con una risita—: Aunque no tienen ni cuarenta minutos de haberse despedido y ya están pegados al teléfono texteando.

—No, Nana, nada de eso. Puedes estar completamente segura de que nosotros solo nos vemos como amigos, casi hermanos, nada más, cero sentimientos románticos...

—Está bien, mi ángel. ¿Y en la universidad no te gusta algún chico?

—No tengo tiempo para eso...

—Siempre tan aplicada. Ya estás a solo un día de cumplir la mayoría de edad y tu abuelo está vuelto loco pensando en qué quieres para tu cumpleaños.

—Ummm, nada... Pero necesito preguntarte algo importante, Nana.

—Te pusiste muy seria, cariño. ¿Qué pasa? —preguntó, tomando asiento en el sofá cerca de la ventana sin quitarme los ojos de encima.

—¿Qué dirías si... si yo... este... no sé, te dijera que quiero hacer lo mismo que... que hizo mi padre? —indagué, tartamudeando por los nervios.

—¡¿Qué?! No estás hablando en serio, Ismara Bodra...

—Sí, Nana, lo digo muy en serio. He intentado mantenerlo en secreto desde hace muchos años, pero no puedo más. Lo que deseo con todas mis fuerzas es ser corredora de autos como mi papá, de eso estoy irrevocablemente segura. Pero también sé que el Tito Ismael va a estar en contra y va a poner el grito en el cielo cuando se lo diga, por eso necesito que me ayudes a convencerlo...

Vicky guardó silencio de golpe. Un leve temblor recorrió sus manos juntas sobre el regazo y bajó la mirada, incapaz de sostenerme los ojos ante el fantasma del recuerdo de mi padre.

—Nana Vicky, por favor... —supliqué con la mirada.

—No puedo, mi ángel. Pídeme cualquier otra cosa, pero eso no... —respondió, con una profunda tristeza tiñendo su voz.

Me quedé perpleja al escuchar sus palabras. Creí que me apoyaría como siempre lo había hecho en todo; sin embargo, me había equivocado por completo. Carraspeé para disimular el nudo en la garganta al sentirme traicionada:

—No importa, Victoria. Mejor bajemos, que nos están esperando...

Ella se levantó en silencio.

—Pero, por favor, no le digas nada a él hasta que yo encuentre el mejor momento para decírselo.

—Está bien, no le diré nada...

Llegamos al comedor, donde ya nos aguardaban.

—Vaya, ¿pasó algo que tardaron tanto? —preguntó con curiosidad el abuelo.

—No, nada... —contesté, pensando en cuál sería el motivo detrás de la rotunda negativa de Vicky.

Pronto nos sirvieron la cena. A pesar de que todo lucía exquisito, apenas pude probar tres bocados mientras jugaba con los alimentos en el plato.

—¿Te pasa algo, Ismara? —preguntó uno de mis tíos.

—Ummm...

—Dime si te pasa algo, que apenas has probado bocado —indagó mi Tito.

—No, no, no. Si me disculpan, estoy agotada por el viaje —dije, poniéndome de pie para subir a mi habitación.

—Está bien. Solo recuerda que siempre cuentas con nosotros si hay algo que te preocupe...

—Gracias, pero todo está bien, gracias por apoyarme siempre...

Al entrar a mi cuarto, empecé a caminar de un lado a otro hasta que dejé salir un largo suspiro de derrota.

—¿Y ahora cómo se lo voy a decir si mi única aliada no me apoya? —murmuré, dejándome caer sobre la cama, completamente frustrada.

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Olga Silva
muy bella felicidades autora 👏
DAKI: Muchas gracias
total 1 replies
Tere Jimenez
gracias empieza muy interesante
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