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La Reina De Las Cenizas

La Reina De Las Cenizas

Status: Terminada
Genre:Posesivo / Amor-odio / Villana / Completas
Popularitas:7.6k
Nilai: 5
nombre de autor: valeria isabel leguizamon

Ella es maltratada por su familia hasta que un golpe en la cabeza cambia su personalidad y saca su lado más despiadado

NovelToon tiene autorización de valeria isabel leguizamon para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

capitulo 13

—¿Por qué me tienes miedo? —preguntó Kamali.

Me quedé en silencio.

Él sonrió.

—De todas maneras, seremos familia. Me casaré con tu hermanastra.

Tragué saliva.

No sabía qué responder.

Hasta donde yo sabía, ellos ni siquiera se conocían.

Sin embargo, Kamali sabía perfectamente quién era ella.

—¿Ella te agrada? —pregunté finalmente.

Kamali me observó durante unos segundos.

—Sí.

Sonrió de nuevo.

—Me agrada.

Sentí un nudo en el estómago.

¿Será que todo esto era un acuerdo entre ellos?

¿Y si quiere matarme para hacer feliz a mi hermanastra?

Quizá habían planeado todo a mis espaldas.

Quizá Gael, mi familia y ellos estaban involucrados.

Sí... tiene que ser eso.

De pronto, todas las piezas parecían encajar.

Gael había cambiado el matrimonio.

Mi hermanastra había tomado mi vestido.

Y ahora Kamali decía que quería casarse con ella.

Entonces todos estaban de acuerdo.

Kamali continuó sonriendo.

—Si por eso nos casaremos. Ella me agrada.

Bajé la mirada.

No sabía qué pensar.

—Bueno... viendo que no soy bienvenido, mejor los dejo solos.

Se dio la vuelta.

Comenzó a alejarse sin esperar respuesta.

Lo observé marcharse.

Cuando desapareció por el pasillo, solté lentamente el aire que había estado conteniendo.

Pero mi miedo no desapareció.

Al contrario.

Ahora estaba convencida de que había algo mucho más grande detrás de aquel matrimonio.

Y lo peor era que no sabía quién estaba realmente de mi lado.

Durante los días siguientes, Kamali estuvo insoportable.

Golpeaba a cualquiera que se cruzara en su camino. Siempre estaba de mal humor, irritado y más odioso de lo habitual.

Nadie quería acercarse a él.

No quería comer y pasaba gran parte del tiempo encerrado en su estudio o en sus aposentos, donde rompía todo lo que encontraba.

A veces se escuchaban sus gritos desde los pasillos.

También lloraba.

Y, cuando alguna de las siervas intentaba acercarse para atenderlo, terminaba echándola.

Una tarde, mi sierva me miró con preocupación.

—¿Qué le sucede al último príncipe?

La miré sin saber qué responder.

La verdad era que yo tampoco lo entendía.

—No lo sé. Solo está demente. Es mejor que nos alejemos de él porque anda de muy mal humor.

Mi sierva asintió rápidamente.

—Sí, señorita.

El príncipe heredero cumplió su palabra.

Un día antes de mi boda, me llevó de regreso a mi mansión.

Antes de marcharse, me tomó de las manos.

—Escucha, Aine. Si te arrepientes, no te cases. Yo te protegeré y también protegeré tu reputación. ¿De acuerdo?

Lo miré y asentí.

—De acuerdo.

Él me sonrió antes de marcharse.

Yo respiré profundamente y entré en la mansión.

Lo primero que encontré fue a mi hermanastra haciendo un berrinche.

Su vestido era sencillo y apenas tenía adornos.

Sin los ingresos que acostumbraban a robarme, ya no podían mantener la vida de lujo a la que estaban acostumbrados.

Yo no pude evitar reírme.

Mi hermanastra se dio la vuelta y me miró con odio.

—Ríe si quieres, pero me voy a casar con el hombre que amas.

La miré tranquilamente.

—Ya no lo amo. Por eso te estás casando con él.

Su expresión cambió.

No esperé su respuesta.

Me dirigí hacia una de las antiguas siervas de confianza de mi madre.

Ella había trabajado para ella durante muchos años y era una de las pocas personas de aquella casa en las que todavía confiaba.

—Quiero que cambies a todo el personal.

La mujer abrió los ojos.

—¿A todo el personal, señorita?

—Sí. Los que están ahora no me respetan.

Ella inclinó la cabeza.

—Como ordene.

Al día siguiente, todo el personal de la mansión había sido reemplazado.

Por primera vez, sentí que aquella casa comenzaba a pertenecerme realmente.

Pero mi tranquilidad duró poco.

Mi padre llegó a mi patio acompañado de mi hermanastra.

Yo estaba tomando mi té de la mañana cuando se acercó.

—Aine... necesitamos joyas para la dote de tu hermana. No podemos permitir que pase vergüenza en la casa del duque.

No respondí inmediatamente.

Me tomé mi tiempo.

Di otro sorbo a mi té y, finalmente, levanté la mirada.

—¿Y eso qué tiene que ver conmigo?

Mi padre frunció el ceño.

—Es tu hermana.

—Hasta donde sé, mi madre solo me tuvo a mí.

Su rostro se llenó de furia.

—¡No seas egoísta! Debes compartir tus bienes con ella para que, cuando se case, no pase vergüenza por la dote que le daremos.

Sonreí.

—No.

Mi padre se quedó mirándome.

—¿Qué dijiste?

—No tocarán nada de lo que es mío. Ella es tu hija, no la mía. Así que su dote te corresponde a ti, no a mí.

Dejé la taza sobre la mesa.

—Ahora, largo. Quiero descansar.

Mi padre apretó los dientes, pero terminó marchándose con mi hermanastra.

Al día siguiente sería la boda.

Gael había entregado ciento treinta cofres como dote.

Originalmente, esos cofres estaban destinados a mí.

Pero ahora se los entregaría a ella.

Y aun así querían robarme mis propias joyas para evitar que mi hermanastra pasara vergüenza.

Hablé con mi sierva.

—Pon candados en el depósito. Quiero que nadie pueda entrar sin mi autorización.

—Sí, señorita.

Así se hizo.

A la mañana siguiente, mi padre y mi hermanastra intentaron entrar a escondidas al depósito.

Pero cuando llegaron, encontraron los enormes candados en las puertas.

—¡Está maldita perra! —murmuró mi padre con rabia.

No pudieron sacar nada.

Al final, mi padre apenas consiguió reunir cinco cofres para la dote.

Y llegó la hora de la boda.

Mi hermanastra apareció con un vestido sencillo y prácticamente sin joyas.

Pero estaba feliz.

Para ella, no importaba la dote.

Sentía que estaba ganando.

Llegó el palanquín que había venido a buscarla.

Ella salió de la mansión y subió.

Solo llevaba cinco cofres.

Los comentarios comenzaron inmediatamente.

—¿Esa es la novia?

—¿Solo lleva cinco cofres?

—Pensé que la familia entregaría mucho más.

—Qué pobre...

Mi hermanastra fingió no escuchar.

Yo fui detrás de ellos.

Quería ver aquella boda.

Quería ver con mis propios ojos el momento en que el hombre que había amado se casara con otra.

Cuando llegué, la vi entrar al lugar de la ceremonia.

Era la boda que se suponía que sería mía.

Y Gael...

Gael estaba feliz.

Su rostro estaba radiante.

Lo observé desde lejos.

No sentí dolor.

Solo una extraña tranquilidad.

La ceremonia comenzó.

Y finalmente, Gael y mi hermanastra se casaron.

Pero la celebración no fue precisamente perfecta.

A la familia de Gael no le gustó nada.

No estaban satisfechos con el vestido de plebeya de la novia ni con los cinco cofres que había llevado como dote.

Después de todo, ellos habían entregado muchísimo más cuando prepararon lo que originalmente sería mi dote.

La sonrisa de mi hermanastra desapareció poco a poco.

Yo no me quedé para ver más.

Regresé a mi palacio.

Dos días después...

Se suponía que sería mi boda.

1
Cardona salazar yolanda
partes tristes, pero un final feliz, gracias autora
Cardona salazar yolanda
siii con la protagonista
Cardona salazar yolanda
me encanta su actitud
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