Donatella lo dio todo por su matrimonio. Veinte años dedicada a un hombre que dejó de verla, a una vida que dejó de ser suya. Hasta que un día decidió que ya era suficiente.
A los cuarenta, la mayoría del mundo le dice que su mejor momento ya pasó. Pero Donatella está a punto de descubrir que la mujer más poderosa de su vida siempre estuvo ahí, esperando ser liberada.
Nueva ciudad. Nuevo cuerpo. Nueva actitud. Y un hombre que aparece en el momento exacto para recordarle que el deseo no tiene fecha de caducidad.
Porque después de los cuarenta no se termina la historia. Se empieza la mejor parte.
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Conociendo a los hijos de él
Donatella
Entro al castillo de él, sí, parece un castillo, y es lindísimo por dentro, llega a parecer cosa de sueño o puedo decir cuento de hadas. Renata habla bastante y nota que estoy encantada con todo lo que veo, mis ojos brillan y ella me va mostrando algunas piezas de la casa.
Renata
Puedo ver admiración y encantamiento en la mirada de Donatella, no está preocupada con dinero, estatus y ni siquiera queriendo saber sobre Leo. Eso me deja cómoda y feliz. Mi muchacho necesita una mujer así, que no vea solo lo externo, creo que ella es el ángel que pedí en mis oraciones.
Siempre rezo y pido mucho por Leo, él pasó por muchas cosas en esta vida y merece encontrar a alguien que lo cuide y lo ame por lo que es, independientemente de dinero, estatus...
Y si ya me estaba cayendo bien, después de lo que ella dijo, mejoró y mucho.
—¡Dios mío! ¡Qué criaturas tan lindas! ¡Mira las mejillas de este niño! Ay, qué ganas de apretarlo —dijo Donatella, sonriendo.
—¿Te gustan los niños? —preguntó Renata.
—¡Los amo! ¿A quién no le gustan? Ellos son mágicos y los seres más sinceros que conozco. Me recuerdan a mis hijos de pequeños, los besaba tanto... ahora que son grandes ya no me dejan besarlos tanto, en especial Miguel —dijo Donatella, sonriendo.
—¿Tienes dos hijos? —preguntó Renata.
—¡Sí! Un joven de 23 años y una chica de 20 —dijo Donatella.
—¿No me digas que estás casada? —dijo Renata, aprensiva.
—Lo estuve. Él me cambió por otra. Entonces ya no lo estoy y si de mí depende, ni quiero volver a estarlo, por lo menos en esta vida —dijo Donatella, sonriendo.
Renata
Ella es mi pedido... solo puede ser...
—Lo siento mucho, y voy a querer que me cuentes toda tu historia —dijo Renata.
—Prometo contarle, pero hoy no puedo, necesito volver a la empresa —dijo Donatella.
—Sí, no te preocupes tanto, estás conmigo y tengo mis privilegios —dijo Renata.
Donatella
Me pareció un poco extraño cuando me preguntó si estaba casada, parecía que estaba esperando el "no" con mucha ansiedad. Debe ser impresión mía...
—Entonces esas criaturas que te parecieron lindas son los hijos de Leo. Atena tiene 8 años y Adonis 11, son nombres griegos. Atena es el nombre de la Diosa de la Sabiduría, de la estrategia y de la guerra justa. Adonis dicen que era de la Belleza y de la muerte. Bello y mortal. A Leonardo le gustan mucho los significados y fue así como eligió el nombre de sus hijos. En la época, Solange, la difunta esposa de Leo, ni se interesaba por los nombres, en realidad ella solo se preocupaba por ella misma, siempre fue así —dijo Renata.
—Qué triste, lo siento mucho por ellos por haber perdido a la mamá, debe haber sido muy difícil —dijo Donatella.
—Para decir la verdad, ella nunca los cuidaba, fingía cuidarlos cuando Leo estaba en casa o cerca, pero los dejaba con niñeras y conmigo. No era de preocuparse, ni siquiera los amamantó. Con tres meses mintió diciendo que ya no tenía leche, lo descubrí, pero no me iba a meter en la vida de ellos. Leo estaba lleno de problemas y no merecía uno más, entonces decidí ayudarlo de otra manera, cuidando yo misma de Adonis y de Atena —dijo Renata.
—Usted es una bendición en la vida de ellos —dijo Donatella.
—Puede ser, creo que todos venimos con nuestras misiones. Ahora, Leonardo es como si fuera mi hijo, fui su niñera —dijo Renata.
—Qué cosa linda, me parecen increíbles esas cosas, ese amor que tiene por el señor Leonardo y por los hijos de él. El café estaba delicioso y amé conocerla y conversar, pero necesito irme, no puedo perder mi empleo —dijo Donatella.
—Está bien, prométeme que vendrás otras veces o cuando te llame, pero sin apuros —dijo Renata.
—Claro que sí —dijo Donatella.
Renata
Voy a acompañarla hasta la puerta y me alegra ver a Adonis y Atena entrando. Vamos a ver la reacción de ella.
Ellos serían como los niños de la imagen de arriba, creada por mí, con IA
—Dios mío, qué niños tan lindos —dijo Donatella, sonriendo.
—Gracias —dijo Atena.
—¡Genial! —dijo Adonis.
—¡Adonis! —lo llamó Renata.
—Perdón, gracias —dijo Adonis.
Donatella se rió.
—"Genial" fue perfecto, no se preocupe —dijo Donatella.
—Es que a Leo le gustan las cosas bien hechas —dijo Renata.
—Pero él ni tiene que enterarse de ese pequeño detalle y además "genial" es bien aceptable —dijo Donatella, sonriendo.
—¿Viste, abuela Re? Ella me entiende y dijo que fue perfecto —dijo Adonis.
—¿Quién eres tú? —preguntó Atena.
—Discúlpenme, soy Donatella, trabajo para el papá de ustedes o trabajaba, junto con Adelaide, pues ni debería estar hablando con ustedes, ni siquiera haber entrado a la casa del señor Leonardo. Espero que el papá de ustedes no me arroje por la ventana de su sala, sería una caída muy fea, me estrellaría contra el piso. Creo que no sería muy agradable llegar al cielo toda rota —dijo Donatella.
Ellos se rieron.
—Eres graciosa y le voy a decir a papá que no te arroje por la ventana ni te despida —dijo Atena, divertida con la manera de ser de Donatella.
—Gracias, mi linda, pero creo que mejor ni mencionar que los vi, podemos jugar a la mujer invisible, en este caso yo soy la invisible —dijo Donatella.
Ellos se rieron.
—No te preocupes, entraste y conociste a los niños porque yo lo permití. Así que quédate tranquila que Leonardo no va a decir nada —dijo Renata.
—Sí, mi papá escucha a la abuela Renata —dijo Adonis.
—Menos mal, creo que no estoy preparada para ver al padrecito del cielo —dijo Donatella, sonriendo.
Rieron, pues ella era naturalmente graciosa.
—Y genial por eso —dijo Donatella a Adonis.
Adonis sonrió.
—Me caíste bien —dijo Adonis.
—Tú eres hermoso, amado, y esta señorita es una princesa. Solo que necesito irme o en la mejor de las hipótesis me echan, adoré conocerlos —dijo Donatella.