Ella renace en un mundo mágico, pero no cambia su forma de ver la vida, sigue siendo ella buscando la felicidad en pequeños detalles.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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Alana 2
Alana miro a sus padres.
[¿Ya se dieron cuenta, de que no soy la verdadera Alana?]
Era lógico.
Después de todo, ella era una persona completamente diferente.
Aunque tenía los recuerdos de Alana, su personalidad no era la misma.
Debía tener cuidado.
Se llevó una mano al cabello.
—¿Creen que me veo diferente?
Su madre sonrió.
—Estás sonriendo mucho.
Alana se quedó en silencio.
[Ah.]
Miró a ambos.
Entonces decidió responder con la mayor naturalidad posible.
—No se preocupen.
Sus padres continuaron mirándola.
Alana sonrió.
—Solo estoy feliz.
La baronesa abrió ligeramente los ojos.
—¿Feliz?
—Sí.
Tomó una taza de té.
—Creo que he madurado.
El barón intercambió otra mirada con su esposa.
Alana continuó..
—He estado pensando mucho últimamente.
Eso era cierto.
Había pensado muchísimo.
En su vida anterior.
En la muerte.
En la nueva oportunidad.
En la magia.
En todo.
—Y entendí que no tiene sentido estar siempre seria.
Sus padres la escuchaban atentamente.
—Tengo una familia que me quiere.
La expresión de la baronesa se suavizó.
—Tengo un hogar.
Alana miró alrededor.
—Tengo muchas cosas por las que estar agradecida.
El barón sonrió lentamente.
—Y quiero disfrutar más de ellas.
Hubo un pequeño silencio.
Finalmente, la baronesa tomó la mano de su hija.
—Me alegra escucharte decir eso.
Alana sonrió.
—Entonces no tienen que preocuparse.
Su padre asintió.
—Nunca hemos dejado de preocuparnos por ti.
Alana lo miró.
—¿Por qué?
El barón soltó una pequeña risa.
—Porque eres nuestra hija.
Ella se quedó en silencio.
Aquellas palabras tocaron algo dentro de ella.
No sabía si era un recuerdo de Alana.
O un sentimiento propio.
Pero sintió calor en el pecho.
La baronesa apretó suavemente su mano.
—Y siempre has sido nuestro orgullo.
Alana levantó la mirada.
Su madre continuó..
—Desde que naciste.
El barón sonrió con orgullo.
—Y cuando despertaste tu magia…
Su expresión se volvió todavía más emocionada.
—No tienes idea de lo orgullosos que estuvimos.
Alana recordó aquel momento.
Los recuerdos de Alana estaban allí.
Su padre sorprendido.
Su madre emocionada.
Las primeras plantas creciendo.
La magia despertando.
La alegría de sus padres.
Ella sonrió.
Ahora comprendía algo.
Para ellos, Alana no era simplemente una hija hermosa.
Era algo mucho más importante.
En Sunderland, la magia no estaba presente en todas las familias.
Era mucho más común encontrarla entre las grandes casas.
Los duques.
Algunos condes.
Las familias nobles más antiguas y poderosas.
Pero que una familia de barones tuviera una hija con magia era algo extraordinario.
Y Alana no solo tenía magia.
Era hermosa.
Tenía una afinidad mágica poco común.
Y pertenecía a una familia noble.
Para sus padres, ella era prácticamente un milagro.
El orgullo de los Norton.
Alana bajó la mirada hacia su taza.
[Así que realmente me quieren.]
Era extraño.
Porque ella había heredado los recuerdos de una joven que parecía haber recibido muchísimo amor, aunque también hubiera sido excesivamente consentida.
Y ahora podía sentirlo.
Sus padres realmente estaban orgullosos de ella.
La querían.
La habían consentido.
La habían protegido.
Quizás demasiado.
Pero la querían.
Alana levantó nuevamente la mirada.
—Gracias.
Sus padres parecieron sorprendidos.
—¿Por qué?
Ella sonrió.
—Por quererme tanto.
La baronesa se llevó una mano al pecho.
El barón carraspeó discretamente.
—Por supuesto que te queremos.
Alana volvió a reír.
Y nuevamente sus padres se miraron.
Todavía les parecía extraño.
Su hija siempre había sido hermosa.
Siempre había sido especial.
Siempre había sido su orgullo.
Pero verla reír de aquella manera…
Era diferente.
Y aunque no entendían exactamente qué había cambiado en ella, decidieron no preguntar demasiado.
Si su hija estaba feliz…
Eso era suficiente.
Alana tomó un pequeño trozo de pastel.
Lo probó.
Sus ojos se iluminaron.
—¡Está delicioso!
La baronesa sonrió.
—Me alegra que te guste.
Alana tomó otro pedacito.
[Creo que podría acostumbrarme a esta vida.]
Miró a sus padres.
Después la mesa.
Después el enorme comedor.
Y finalmente sus propias manos.
Aquellas manos podían hacer crecer flores.
Tenía una familia que la quería.
Tenía una posición privilegiada.
Tenía magia.
Y, por primera vez en mucho tiempo, tenía algo que había aprendido a valorar muchísimo en su primera vida:
Una segunda oportunidad.
Alana sonrió.
[Definitivamente voy a ser feliz.]
Y, sin saberlo todavía, aquella simple decisión estaba a punto de cambiar por completo la vida de los Norton.
Porque la antigua Alana Norton había sido una joven hermosa, orgullosa y consentida.
Pero la nueva Alana…
Era una mujer adulta que había muerto por perseguir una libreta rosa con brillantina.
Y ahora tenía magia.
Eso podía ser peligroso.
Especialmente porque acababa de descubrir que podía hacer flores con las manos.
Y quería probar qué más podía hacer.
El Rey ya está perdido.
Desde ahora debes de vijilarla más 😏🤣