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LA OBSESIÓN DEL ZORRO

LA OBSESIÓN DEL ZORRO

Status: En proceso
Genre:Mundo de fantasía / Romance
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: Rishel23

Espero que les guste esta novela tanto como a mi...

NovelToon tiene autorización de Rishel23 para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

7

Capítulo 7: Ya no creo en las coincidencias

El automóvil continuó avanzando por las calles de la ciudad.

Durante varios minutos, ninguno de los dos habló.

Richel permanecía con los brazos cruzados, mirando por la ventanilla.

Ren podía sentir su mirada de vez en cuando.

No decía nada.

Pero algo había cambiado.

Su aroma también.

Estaba inquieta.

Pensativa.

Y, por alguna razón, aquello hizo que Ren se pusiera nervioso.

Finalmente, Richel rompió el silencio.

—¿Puedo hacerle una pregunta?

—Por supuesto.

—¿Por qué siempre aparece?

Ren mantuvo la vista al frente.

—¿A qué se refiere?

Richel soltó una pequeña risa.

—No se haga el que no entiende.

Él permaneció callado.

—Primero me salva en la universidad.

Después aparece cuando estoy saliendo de clases.

Luego me encuentra cuando voy a trabajar.

Después vuelve a aparecer cuando regreso a casa.

Y ahora resulta que también sabía exactamente dónde encontrarme hoy.

Ren apretó ligeramente el volante.

—Eso puede explicarse.

—¿Ah, sí?

Richel se inclinó un poco hacia él.

—Entonces explíquelo.

El semi zorro sintió que su corazón aceleraba.

Ella estaba demasiado cerca.

Su aroma llenó el automóvil.

Su instinto reaccionó inmediatamente.

Ella te está mirando.

Dile la verdad.

Ren respiró profundamente.

—Tengo motivos para estar cerca.

Richel entrecerró los ojos.

—¿Qué motivos?

Silencio.

—¿Me está siguiendo?

La pregunta fue directa.

Ren finalmente la miró.

Sus ojos dorados se encontraron con los de ella.

—No.

Richel arqueó una ceja.

—¿Seguro?

—Sí.

—Entonces...

¿Por qué siempre terminamos en el mismo lugar?

Ren no respondió.

Richel sonrió ligeramente.

—Eso pensé.

Se acomodó nuevamente en el asiento.

—Es imposible que tantas coincidencias sean coincidencias.

Ren dejó escapar un suspiro.

—Tiene razón.

Richel giró rápidamente la cabeza.

—¿Qué?

—Ya no son coincidencias.

El corazón de ella dio un pequeño salto.

—Entonces admítalo.

Ren detuvo el automóvil frente a un semáforo.

Por primera vez desde que habían comenzado a conocerse, no intentó ocultarlo.

—Voy a buscarla.

Richel quedó completamente sorprendida.

—¿Qué?

—Voy a buscarla.

Repitió él.

—Quiero verla.

Ella lo observó sin saber qué responder.

—¿Por qué?

Ren sostuvo su mirada.

—Porque cuando no sé dónde está, me cuesta concentrarme.

Richel sintió calor en las mejillas.

Aquella respuesta había sido demasiado sincera.

—Eso suena un poco...

—¿Obsesivo?

Completó Ren.

Ella dudó.

—Sí.

Una sonrisa apareció lentamente en los labios del zorro.

—Probablemente lo sea.

Richel lo miró con incredulidad.

Esperaba que negara todo.

Que inventara una excusa.

Pero él acababa de admitirlo.

—¿Y no le parece extraño?

—Mucho.

—¿Entonces por qué lo hace?

Ren volvió a mirar la carretera.

—Porque hay algo en usted que no puedo ignorar.

Richel guardó silencio.

No sabía qué responder.

Había algo en la voz de Ren que no parecía una simple atracción.

Era demasiado profundo.

Demasiado intenso.

El automóvil volvió a avanzar.

Richel intentó cambiar de tema.

—¿Siempre es así?

—¿Así cómo?

—Tan directo.

—Solo con usted.

Ella volvió a mirarlo.

—Eso no me tranquiliza.

Ren soltó una breve risa.

Una verdadera.

No la sonrisa elegante que mostraba ante empresarios y periodistas.

Una sonrisa cálida.

Richel se quedó observándolo.

Era extraño.

Cuando sonreía de esa manera parecía completamente diferente.

Más joven.

Más humano.

Más vulnerable.

—¿Qué?

Preguntó él.

Richel negó rápidamente.

—Nada.

Pero Ren había percibido su cambio de expresión.

Y le gustó.

Demasiado.

El automóvil finalmente llegó a una pequeña cafetería.

Richel miró por la ventana.

—Aquí está bien.

Ren estacionó.

—¿Va a encontrarse con alguien?

—Con Clara.

Ren asintió.

Richel abrió la puerta.

Pero antes de bajar...

Ren habló.

—Richel.

Ella se detuvo.

—¿Sí?

—Mañana no venga sola a la universidad.

Su expresión cambió.

—¿Por qué?

Ren dudó.

No quería contarle todavía que alguien la estaba siguiendo.

—Hay personas sospechosas cerca del campus.

—¿Está preocupado por mí?

—Sí.

La respuesta fue inmediata.

Sin siquiera pensarlo.

Richel lo observó durante unos segundos.

Luego sonrió.

—Gracias.

Cerró la puerta.

Ren la observó alejarse.

Su cola se movió lentamente.

No quería dejarla ir.

Pero sabía que todavía no podía decirle toda la verdad.

Richel entró en la cafetería.

Clara la estaba esperando.

—¡Por fin!

Richel dejó su mochila sobre la silla.

—Perdón.

—¿Otra vez venías con él?

Richel suspiró.

—Sí.

Clara sonrió.

—Definitivamente ese hombre está interesado en ti.

Richel se quedó pensando.

Recordó su conversación.

"Voy a buscarla."

"Quiero verla."

"Solo con usted."

Su corazón volvió a acelerarse.

—No sé qué pensar.

—Pues piensa rápido.

Clara señaló hacia la ventana.

Richel giró la cabeza.

El automóvil de Ren todavía estaba allí.

Él no se había marchado.

Y cuando sus ojos se encontraron a través del cristal...

Ren no apartó la mirada.

Richel sintió un escalofrío.

Aquella mirada no era la de un empresario observando a una estudiante.

Era la mirada de un hombre que había encontrado algo que llevaba toda su vida buscando.

Y que, por primera vez...

No tenía intención de dejarlo escapar.

Richel permaneció junto a la ventana.

Ren seguía dentro del automóvil.

No hacía ningún intento por marcharse.

Simplemente la observaba.

Aquello comenzó a ponerla nerviosa.

—¿Todavía está ahí?

Preguntó Clara.

—Sí.

—Richel...

—¿Qué?

—Ese hombre definitivamente está enamorado de ti.

Richel apartó la mirada de la ventana.

—No digas tonterías.

—¿Entonces por qué te mira así?

Richel no respondió.

Porque tampoco tenía una explicación.

Finalmente, el automóvil arrancó.

Richel soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo.

—Por fin.

Clara sonrió.

—Te gusta.

—¿Qué?

—Ren.

—No.

La respuesta salió demasiado rápido.

Clara levantó una ceja.

—Entonces ¿por qué estás roja?

Richel tocó sus mejillas.

—¡No estoy roja!

Las dos comenzaron a reír.

Pero Richel no podía dejar de pensar en él.

Había algo extraño en Ren.

Algo que la atraía incluso cuando intentaba mantenerse distante.

No era solamente su apariencia.

Era la forma en que la miraba.

Como si fuera la única persona en toda la habitación.

Al día siguiente...

Richel llegó a la universidad acompañada por Clara.

El campus estaba lleno de estudiantes.

Sin embargo, apenas cruzó la entrada...

Percibió una presencia conocida.

Ren estaba allí.

Vestía un traje negro y llevaba las manos en los bolsillos.

Sus orejas de zorro se movieron ligeramente al escuchar los pasos de Richel.

Sus ojos dorados se iluminaron.

Richel se detuvo.

—Otra vez...

Clara soltó una carcajada.

—Te dije que está enamorado.

Richel caminó directamente hacia él.

Ren la observó acercarse.

Cada paso hacía que su corazón latiera más rápido.

—Buenos días.

Dijo ella.

—Buenos días.

—¿Qué hace aquí?

Ren respondió tranquilamente.

—Tengo una reunión.

Richel cruzó los brazos.

—¿Otra?

—Sí.

—Qué conveniente.

Ren sonrió.

—¿Está insinuando que vine por usted?

—¿No es así?

Él guardó silencio.

Luego se inclinó ligeramente hacia ella.

—Sí.

Richel quedó sorprendida.

—¿Lo admite así de fácil?

—No tengo motivos para mentirle.

Ella sintió que sus mejillas volvían a calentarse.

—Usted es imposible.

Ren sonrió.

—Y usted sigue hablando conmigo.

Richel no pudo evitar reír.

La entrevista para el programa de prácticas comenzó una hora después.

Richel entró al enorme edificio del Grupo Ashikaga junto con los demás candidatos.

El lugar era impresionante.

Paredes de cristal.

Mármol.

Personal vestido elegantemente.

Todo parecía pertenecer a otro mundo.

Richel respiró profundamente.

—Solo es una entrevista.

Repitió para sí misma.

Cuando llegó su turno, entró en una sala amplia.

Había tres entrevistadores.

Y, en el centro...

Ren.

Su corazón dio un salto.

—¿Usted?

Ren levantó ligeramente una ceja.

—¿Le sorprende?

—Un poco.

—Tome asiento.

Richel se sentó frente a él.

Intentó mantener la calma.

Pero era difícil.

Los ojos de Ren parecían seguir cada movimiento suyo.

—Comencemos.

La entrevista avanzó durante varios minutos.

Preguntas sobre sus estudios.

Sus proyectos.

Sus metas.

Richel respondió con seguridad.

Hasta que Ren hizo una pregunta diferente.

—¿Qué busca en una persona?

Ella parpadeó.

—¿Cómo?

Los otros entrevistadores intercambiaron miradas.

Ren mantuvo la expresión seria.

—Es una pregunta hipotética.

Richel pensó unos segundos.

—Sinceridad.

Alguien que no intente controlarme.

Que respete mis decisiones.

Y que permanezca a mi lado incluso cuando las cosas sean difíciles.

Ren quedó en silencio.

Aquellas palabras golpearon algo dentro de él.

Porque era exactamente lo que quería ofrecerle.

Pero también era exactamente lo que tendría que aprender a hacer.

—Buena respuesta.

Dijo finalmente.

La entrevista terminó.

Richel salió de la sala.

Pero antes de llegar al ascensor, escuchó pasos detrás de ella.

Era Ren.

—Richel.

Ella se giró.

—¿Sí?

Él se acercó.

No demasiado.

Pero lo suficiente para que ella pudiera percibir su aroma.

—Quiero hacerle una pregunta.

—¿Cuál?

Ren sostuvo su mirada.

—¿Le molesta que la busque?

Richel se quedó callada.

Podía mentir.

Pero decidió ser sincera.

—No.

Ren pareció relajarse.

—Pero...

Ella levantó un dedo.

—No quiero que decida por mí.

—No lo haré.

—Y tampoco quiero que espante a las personas que se acerquen a mí.

La mandíbula de Ren se tensó.

Pensó en Iván.

En Daniel.

En todos los hombres que habían hablado con ella.

Su instinto protestó.

Pero respondió:

—Lo intentaré.

Richel sonrió.

—¿Lo intentará?

—No puedo prometer que sea fácil.

Ella soltó una pequeña risa.

—Al menos es honesto.

Ren dio un paso más cerca.

—Siempre seré honesto con usted.

Richel levantó la mirada.

Por un instante, ninguno habló.

El ruido del edificio pareció desaparecer.

Solo estaban ellos.

Los ojos dorados de Ren.

Los ojos de Richel.

Y una tensión que ninguno de los dos sabía cómo explicar.

Entonces Ren habló en voz baja.

—Hay algo que todavía no puedo decirle.

—¿Qué?

—Pero llegará el momento.

—¿Y cuándo será?

Ren sonrió.

—Cuando esté preparada.

Richel sintió curiosidad.

—Eso suena misterioso.

—Lo es.

Las puertas del ascensor se abrieron.

Richel entró.

Antes de que se cerraran, Ren la miró una última vez.

—Nos veremos pronto.

Ella sonrió.

—Eso ya lo sé.

Las puertas se cerraron.

Ren permaneció inmóvil.

Su cola se movió lentamente.

Y una sonrisa apareció en sus labios.

Porque Richel ya había dejado de preguntarse por qué aparecía constantemente.

Ahora sabía la verdad.

Ren la buscaba.

Y, aunque todavía no comprendía por qué...

Una parte de ella comenzaba a esperar con ilusión el próximo encuentro.

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Lariel Flowers
Exelente
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