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Esposa Especial

Esposa Especial

Status: En proceso
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Amor eterno
Popularitas:455
Nilai: 5
nombre de autor: Alejandro Briñones

Emir Abdala y Aysun viven un amor perfecto en la lujosa mansión Abdala. Pero su felicidad termina cuando Aysun sufre un terrible accidente provocado en secreto por Myna, la envidiosa hermana de Emir.

Al despertar, Aysun ha perdido la memoria y ya no recuerda al hombre que ama ni el matrimonio que compartían. Desesperado, Emir hará todo lo posible por recuperar a su esposa y demostrarle que su amor sigue vivo.

Pero el destino pondrá en el camino de Aysun a Merth, un humilde artesano que se enamorará de ella sin conocer toda su historia. Mientras Emir lucha por recuperar el corazón de su esposa, Aysun quedará atrapada entre dos hombres y dos formas de amar.

Entre secretos, traiciones, pasiones y sorprendentes revelaciones, Aysun tendrá que descubrir quién es realmente... y cuál de los dos hombres está destinado a quedarse con su corazón.

NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 14 — El rostro de la traición

El silencio en el vestíbulo del hotel fue absoluto.

Aysun permanecía junto a Aras, con los ojos clavados en Myna.

Emir, confundido, miraba alternativamente a su esposa y a su hermana.

—Aysun... —dijo lentamente—. ¿Qué estás tratando de decir?

Ella respiró con dificultad.

—No puedo verlo con claridad.

Se llevó una mano a la cabeza.

—Pero recuerdo una voz. Una voz que me decía que no confiara en alguien de tu familia.

Myna palideció.

—¡Eso es absurdo! —exclamó—. Aysun está confundida por el accidente.

Aras dio un paso al frente.

—No la llames confundida.

Myna lo miró con sorpresa.

—Tú...

—Sí. Estoy vivo.

—Creíamos que habías muerto.

—Eso era precisamente lo que algunos querían que todos creyeran.

Emir intervino.

—¡Basta! Quiero respuestas.

Aras sostuvo su mirada.

—Las tendrás. Pero no aquí.

—¿Por qué?

Aras miró alrededor.

—Porque alguien nos está observando.

Emir se volvió inmediatamente.

Los empleados continuaban con sus labores y los clientes caminaban por el vestíbulo aparentemente indiferentes.

—¿Quién?

—Todavía no lo sé.

Myna aprovechó la distracción para alejarse.

Pero Emir la detuvo.

—Tú no te vas.

Myna se giró.

—¿Me estás acusando?

—Todavía no.

—¿Todavía?

Emir se acercó.

—Durante días he encontrado pruebas que te relacionan con el accidente. Ahora mi esposa recuerda que alguien de la familia estuvo involucrado. Y tú apareces justamente aquí.

Myna levantó la barbilla.

—¿De verdad crees que sería capaz de matar a Aysun?

Emir no respondió.

Aquella ausencia de respuesta fue suficiente para herirla.

—Soy tu hermana.

—Y ella es mi esposa.

Myna lo miró con lágrimas contenidas.

—Siempre la elegirás a ella.

—Sí.

La respuesta fue inmediata.

Myna bajó la mirada.

Por dentro, sin embargo, no sentía tristeza.

Sentía rabia.

 

En una habitación privada del hotel, Emir, Aysun y Aras se reunieron.

Aras cerró la puerta.

—Hay algo que necesitan saber.

Emir permaneció de pie.

—Habla.

—Hace años, nuestra familia tuvo problemas con personas muy peligrosas.

Aysun frunció el ceño.

—¿Nuestra familia?

—Sí.

Aras se sentó frente a ella.

—Cuando éramos pequeños, nuestros padres descubrieron que alguien estaba utilizando negocios familiares para ocultar dinero y otras operaciones ilegales.

Emir lo escuchaba atentamente.

—¿Quién?

—Nunca llegamos a saberlo.

Aras hizo una pausa.

—Pero cuando nuestros padres intentaron denunciarlo, comenzaron las amenazas.

Aysun cerró los ojos.

Un recuerdo apareció.

Ella era una niña.

Estaba escondida detrás de una puerta.

Escuchaba a su madre llorar.

—¡No puedes llevártelo!

Una voz masculina respondió:

—Si no colaboras, perderás a tus dos hijos.

Aysun abrió los ojos sobresaltada.

—¡Aras!

Él se acercó.

—¿Qué recuerdas?

—Nuestros padres... tenían miedo.

Aras asintió.

—Exactamente.

Emir preguntó:

—¿Y qué tiene eso que ver con el accidente?

Aras sacó un pequeño sobre del bolsillo.

—Porque antes de desaparecer, yo descubrí algo.

Entregó el sobre a Emir.

Dentro había una fotografía antigua.

Emir la miró.

Aysun se acercó.

En la imagen aparecían varias personas durante una celebración familiar.

Entre ellas estaban los padres de Aysun.

Pero había alguien más.

Un hombre joven permanecía detrás de ellos.

Emir sintió un escalofrío.

—¿Quién es?

Aras respondió:

—Ese hombre fue quien nos amenazó.

Aysun observó la fotografía.

De repente, sus ojos se abrieron.

—Yo lo conozco.

Emir la miró.

—¿Dónde lo viste?

Aysun señaló la fotografía.

—No aquí.

Su voz tembló.

—Lo vi recientemente.

Aras se levantó.

—¿Dónde?

Aysun intentó recordar.

—La noche antes del accidente.

 

Mientras tanto, Myna entró en el baño del hotel y cerró la puerta.

Sacó el teléfono.

—Aras está con ellos.

La respuesta llegó inmediatamente.

—Lo sé.

Myna se quedó helada.

—¿Cómo lo sabes?

—Porque yo fui quien hizo que apareciera.

—¿Qué?

—Necesitábamos que Emir supiera que estaba vivo.

Myna apretó el teléfono.

—¡No entiendo nada!

—No necesitas entender. Solo obedecer.

—¡Estoy cansada de obedecer!

Hubo silencio.

Entonces la voz respondió:

—Ten cuidado, Myna. Tú también tienes secretos.

Myna palideció.

—¿Me estás amenazando?

—No. Te estoy recordando que el accidente quedó registrado.

Myna dejó de respirar por un instante.

—Tú dijiste que habías destruido las pruebas.

—Dije que destruiría las pruebas que podían incriminarme.

Myna sintió que las piernas le temblaban.

—¿Qué quieres?

—Que hagas una última cosa.

—¿Cuál?

—Haz que Aysun vuelva a confiar en ti.

Myna guardó silencio.

—¿Para qué?

La voz respondió:

—Porque la próxima vez no necesitamos hacerle daño.

—¿Entonces?

—Necesitamos que recuerde.

La llamada terminó.

Myna quedó mirando la pantalla.

Por primera vez comprendió que alguien estaba utilizando la recuperación de memoria de Aysun como parte de un plan mucho más grande.

 

En la habitación, Aysun seguía observando la fotografía.

—Ese hombre estaba hablando con alguien.

—¿Con quién? —preguntó Emir.

Ella cerró los ojos.

—No lo sé.

Entonces apareció otro recuerdo.

Un automóvil estacionado.

Una puerta abriéndose.

Una voz femenina.

—Todo estará listo mañana.

Y una voz masculina respondió:

—No. Mañana no.

Pausa.

—La boda.

Aysun abrió los ojos de golpe.

—¡La boda!

Emir se acercó.

—¿Qué ocurrió?

—El accidente no empezó el día del accidente.

Aras la observó con preocupación.

—¿Qué quieres decir?

Aysun miró a Emir.

—Todo comenzó antes de nuestra boda.

Emir sintió un escalofrío.

—¿Quién estaba allí?

Aysun intentó hablar, pero las palabras no salían.

Entonces miró nuevamente la fotografía.

Y señaló al hombre.

—Él.

Aras tomó la imagen.

Su rostro cambió completamente.

—No puede ser.

—¿Lo conoces? —preguntó Emir.

Aras tardó unos segundos en responder.

—Sí.

—¿Quién es?

Aras levantó lentamente la mirada.

—Es nuestro padre.

Aysun quedó paralizada.

—Pero nuestro padre murió.

Aras negó con la cabeza.

—Eso fue lo que nos hicieron creer.

Emir retrocedió un paso.

—¿Estás diciendo que el hombre que aparece en esta fotografía... está vivo?

Aras asintió.

—Y si Aysun lo vio la noche antes de su boda...

Se escuchó un golpe en la puerta.

Todos se quedaron inmóviles.

Emir abrió.

No había nadie.

Solo un sobre negro en el suelo.

Emir lo recogió.

Dentro había una fotografía reciente.

Era una imagen de Aysun durmiendo en la mansión.

Al reverso, una frase escrita a mano:

“Ahora que Aras ha regresado, el siguiente en volver será el hombre que todos dieron por muerto.”

Aysun comenzó a llorar.

Aras miró a Emir.

—Tenemos que encontrarlo antes que ellos.

Emir apretó la fotografía.

Pero ninguno de los tres sabía que, en ese mismo instante, un hombre observaba el hotel desde un automóvil estacionado al otro lado de la calle.

Bajó lentamente la ventanilla.

Era un hombre mayor.

Con los mismos ojos que Aysun recordaba de su infancia.

Sacó un teléfono y marcó un número.

—Ya saben que estoy vivo.

Una voz respondió:

—¿Y qué harás ahora?

El hombre sonrió.

—Volveré a casa.

Y la primera persona que voy a visitar será mi hija.

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