Un trágico accidente dejó al multimillonario Alexei Von Krahn en silla de ruedas, arrebatando su autonomía y rodeado por la traición de quienes dijeron amarlo. Consumido por el rencor y ante la delicada salud de su madre, cuyo último deseo es verlo acompañado, Alexei decide buscar una esposa por contrato.
Por su parte, Emilia San Martín enfrenta una situación desesperada: la grave condición de su madre y la imposibilidad de saldar las deudas, la llevan al límite. Para salvar a su única familia, acepta casarse durante un año con un desconocido amargado a cambio de una suma millonaria y el traslado inmediato de su madre a una clínica privada.
Sin embargo, lo que comenzó como un acuerdo frío se transforma en un torbellino de sentimientos encontrados.
Atrapado por un profundo complejo de inferioridad y el miedo a la dependencia, Alexei oculta su amor y monta una despiadada farsa para distanciar a Emilia de su vida, ignorando que la verdadera amenaza aun acecha entre las sombras.
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Capitulo 7
Alexei
La mañana había comenzado gris sobre Santiago, pero la verdadera tormenta se gestaba dentro de los muros del grupo Von Krahn. Los informes que mis auditores de confianza me habían entregado de forma confidencial mostraban desviaciones presupuestarias menores, pero sistemáticas, en las Filiales de Infraestructura. Todas ellas bajo la supervisión directa de Bruno
Escuché el golpe seco de la puerta principal al abrirse en el piso inferior. Los auditores externos y mi hermano ya habían llegado. Me acomodé los puños de la camisa, ajusté la postura en mi silla de ruedas y respiré hondo para apaciguar el hormigueo helado que solía recorrer mi espalda en estas situaciones. La invalidez no solo cambiaba cómo te veían los demás, intentaba despojarte del poder de mando. Pero no pensaba ceder un solo milímetro ante la carroña que esperaba ver mi caída
Unos pasos ligeros se escucharon en el pasillo antes de que la puerta del estudio se abriera con suavidad. Emilia entró luciendo un traje sobrio de color azul marino, con el cabello recogido de forma elegante y una expresión que transmitía una calma imperturbable. Me observó un segundo en silencio, evaluando mi estado antes de que los demás ingresaran
— Los auditores y Bruno están esperando en la sala de reuniones — anunció con voz baja y clara — ¿Quieres que entre contigo ahora o prefieres que espere unos minutos?
— Entra conmigo — respondí sin vacilar, impulsando la silla hacia ella — Quiero que estés a mi lado desde el primer segundo. La presencia de la esposa del presidente del directorio envía un mensaje de estabilidad que los auditores necesitan ver, pero sobre todo, es un recordatorio para Bruno de que no estoy solo en esta mesa
Emilia asintió ligeramente y sin mostrar la menor duda, caminó a mi lado mientras avanzábamos hacia el salón principal. Era extraño. Durante meses me había acostumbrado a enfrentar a los directivos y a mi propia familia desde una soledad absoluta, refugiado en una rabia que a menudo jugaba en mi contra. Ver a esta mujer caminando a mi lado, sin mostrar sumisión ni incomodidad por la situación, generaba un contrapeso inesperado que me devolvía el centro de gravedad
Al cruzar la doble puerta de la sala de reuniones, los tres auditores de la firma externa se pusieron de pie de inmediato en señal de respeto. Bruno, sentado a la cabecera de la mesa, tardó un par de segundos más en erguirse, luciendo una sonrisa ladina que no lograba enmascarar la tensión en su mirada
— Buenos días, Alexei. Emilia, un gusto verte nuevamente — saludó Bruno con un tono fingidamente cálido — No sabía que te interesaban los asuntos financieros de la empresa, Emilia
— Como esposa de Alexei, todo lo que afecte a la estabilidad de la familia y de la compañía es de mi pleno interés, Bruno — contestó ella con absoluta soltura, tomando asiento justo a mi derecha antes de que los empleados tuvieran que acomodar la silla
Me acomodé en la cabecera opuesta y extendí las carpetas sobre la mesa con un movimiento pausado
— Comencemos — ordené, clavando la mirada en los auditores — Quiero una revisión detallada del informe del último trimestre, específicamente las partidas asignadas a la expansión de los proyectos en el norte
El auditor principal aclaró su garganta y comenzó a desplegar los gráficos comparativos. A medida que los números fluían, Bruno intervenía con comentarios rápidos, intentando justificar los desfalcos presupuestarios como meros ajustes por inflación y costos de logística no previstos
Su habladuría era brillante, calculada para marear a cualquiera que no conociera al detalle la contabilidad del grupo. Sin embargo, yo había pasado años construyendo esa estructura financiera antes de mi accidente, y conocía cada detalle mejor que él
— Esos márgenes de error no corresponden a variaciones de mercado, Bruno — lo interrumpí con frialdad, apoyando los antebrazos sobre la mesa — Son transferencias no justificadas a empresas proveedoras que fueron registradas a última hora. Exijo un desglose completo de cada una de esas firmas para el viernes
Bruno apretó la mandíbula y el brillo de falsa cordialidad en sus ojos se apagó por completo por un instante
— Estás siendo paranoico, hermano. Son procedimientos estándar de gestión que aprobé para agilizar las obras. Tu ausencia en las oficinas operativas durante estos meses quizás te hace ver anomalías donde solo hay eficiencia
El ataque dirigido hacia mi falta de presencia física flotó en la sala como un dardo venenoso. Los auditores bajaron la vista, incómodos por la agresividad en las palabras de mi hermano. Sentí cómo la sangre se me agolpaba en las sienes, ese latido sordo que solía nublarme el juicio y hacerme reaccionar con arranques de ira. Sin embargo, antes de que pudiera responder con amargura, sentí un roce sutil pero firme sobre mi brazo
Emilia había colocado su mano sobre mi antebrazo. El contacto duró apenas tres segundos, pero fue suficiente para devolverme el control. No había amor en su gesto, era un recordatorio silencioso para que mantuviera la cabeza fría. Alcé la mirada hacia Bruno con una serenidad que pareció desarmarlo
— La eficiencia se demuestra con balances limpios, Bruno, no con excusas — dije en un tono pausado y letal — Y mi capacidad de fiscalización no depende de que camine por los pasillos de la empresa, sino de mi firma y de la mayoría accionaria que sigo representando. El viernes quiero el desglose completo. Se acaba la reunión
Los auditores recogieron sus papeles a toda prisa, despidiéndose con inclinaciones breves antes de abandonar la sala de reuniones. Bruno permaneció sentado durante un momento, mirando a Emilia y luego a mí con una mezcla de rabia contenida y sospecha. Se puso de pie, se acomodó la chaqueta y se acercó a la cabecera donde nos encontrábamos
— Te estás volviendo muy audaz, Alexei — murmuró Bruno con la voz baja para que no trascendiera al pasillo — Y tú, Emilia... para ser una mujer que apareció de la nada en la vida de mi hermano, te mueves con demasiada confianza entre los números de la familia Von Krahn
— Me muevo con la firmeza de quien no tiene nada que esconder, Bruno — replicó Emilia mirándolo fijamente, sin parpadear — Quizás por eso te resulta tan incómoda mí presencia
Bruno soltó una leve risa despectiva, dio media vuelta y salió de la sala de reuniones a pasos agigantados. El sonido de sus zapatos sobre el mármol del pasillo se extinguió rápidamente, dejando la casa en un silencio denso
Me quedé inmóvil durante varios segundos, procesando la batalla que acababa de librarse. Miré a Emilia, quien retiraba la mano de mi brazo con la misma elegancia con la que la había colocado momentos antes
— No debiste intervenir de esa forma con Bruno — dije, aunque la falta de dureza en mi voz delató que agradecía su respaldo
— No intervine en tus decisiones ni en los números — contestó ella con serenidad, mirándome a los ojos — Solo evité que cayeras en su trampa. Buscaba que perdieras la paciencia frente a los auditores para hacerte ver como un hombre desequilibrado por su condición. No podía permitir que le dieras ese gusto
Me pasé la mano por el rostro, sintiendo el cansancio acumulado de la mañana. Su lectura de la situación había sido impecable. Emilia no solo había entendido la dinámica de poder con mi hermano, sino que había actuado con una astucia y una lealtad táctica que jamás habría esperado de una esposa contratada por dinero
— Tienes una capacidad de observación peligrosa — comenté con una ligera sombra de ironía en los labios
— Tengo la necesidad urgente de mantener mi vida y la de mi madre a salvo, Alexei. Eso te vuelve observador por supervivencia — respondió poníendose de pie — Si no me necesitas para nada más respecto a la empresa, iré a revisar unos asuntos personales por teléfono. El médico de la clínica privada me enviará el reporte del estado de mi madre al mediodía
— Puedes usar la línea directa de mi estudio si lo necesitas. Las comunicaciones allí son totalmente privadas — me ofrecí sin pensarlo demasiado
Emilia se detuvo un segundo, sorprendida por el gesto de confianza que rompía una vez más los límites de nuestro distanciamiento habitual
— Gracias, Alexei. Lo tendré en cuenta — dijo antes de dar media vuelta y retirarse hacia el pasillo
Me quedé solo en la amplia sala de reuniones, escuchando el golpeteo de la lluvia constante contra los cristales. Miré el lugar donde ella había estado sentada y me di cuenta de que la muralla de amargura que me había protegido del mundo exterior durante los últimos meses estaba comenzando a desmoronarse. Emilia San Martín no era una simple desconocida atrapada en una farsa comercial, era una fuerza inesperada que había irrumpido en mi ruina, no para compadecerse de mí, sino para recordarme que el apellido Von Krahn y mi propia dignidad aún valían la pena ser defendidos.