sin espoiler
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¿CÓMO SE CONOCIERON?
Kalel llevaba más de una hora encerrado en su habitación.
No conseguía dejar de pensar en Mirelith.
Y mucho menos en Christopher.
Cada vez que recordaba a su padre diciéndole que llevaban varios meses juntos, sentía que la rabia aumentaba.
Finalmente tomó su teléfono.
Marcó un número.
—¿Sí, señor?
—Necesito que investigues algo.
La voz al otro lado de la línea se volvió seria.
—¿Qué necesita saber?
Kalel miró hacia la puerta de su habitación.
—Quiero saber cómo se conocieron Mirelith y mi padre.
Hubo unos segundos de silencio.
—¿Quiere que investigue desde cuándo mantienen contacto?
—Todo.
Kalel apretó la mandíbula.
—Dónde se conocieron, cuándo comenzaron a hablar, quién se acercó primero... todo lo que puedas averiguar.
—Entendido.
—Y quiero el informe esta noche.
—Sí, señor.
La llamada terminó.
Kalel dejó el teléfono sobre la mesa.
—Tiene que haber una explicación.
Aunque no sabía exactamente qué explicación estaba buscando.
Quizá esperaba encontrar algo que demostrara que aquella relación no era tan seria como parecía.
Quizá quería descubrir que Mirelith había buscado a Christopher por interés.
O que Christopher había cometido algún error.
Cualquier cosa que pudiera darle una razón para pensar que aquella relación no duraría.
Pero unas horas después, alguien llamó a su puerta.
—Adelante.
Uno de los hombres de confianza de la familia entró.
Llevaba una carpeta.
—Ya tengo la información que pidió.
Kalel se incorporó inmediatamente.
—Dámela.
El hombre dejó la carpeta sobre el escritorio.
—No encontramos nada extraño.
Kalel frunció el ceño.
—¿Nada?
—Nada.
Abrió la carpeta.
La primera página contenía una fotografía de Mirelith.
La siguiente, información básica sobre el momento en que había comenzado a relacionarse con Christopher.
Kalel siguió leyendo.
Hasta que encontró la historia de cómo se habían conocido.
Y se quedó completamente quieto.
—¿Eso es todo?
—Sí.
Kalel levantó la mirada.
—¿Cómo se conocieron?
—Una tarde lluviosa.
---
Meses atrás.
La lluvia caía con fuerza sobre las calles de Madrid.
Mirelith había salido de una cafetería y permanecía bajo el pequeño techo de la entrada.
Miró el cielo.
—Genial...
Había dejado su paraguas en casa.
Su teléfono tenía poca batería y el transporte tardaría bastante debido al tráfico.
Mirelith decidió esperar unos minutos.
Fue entonces cuando un automóvil negro se detuvo cerca de la acera.
La puerta trasera se abrió.
Christopher bajó.
Por aquel entonces, Mirelith no lo conocía personalmente.
Solo había escuchado hablar de él.
Christopher observó la lluvia y después reparó en la joven que intentaba protegerse del agua.
—¿Necesitas ayuda?
Mirelith lo miró.
—Estoy esperando que pase la lluvia.
Christopher miró hacia la calle.
La lluvia parecía empeorar.
—No parece que vaya a pasar pronto.
Ella soltó una pequeña risa.
—Eso parece.
Christopher señaló su automóvil.
—Puedo llevarte.
Mirelith dudó.
—No quiero molestar.
—No molestas.
Ella volvió a mirar la lluvia.
Finalmente aceptó.
—Está bien. Gracias.
Christopher abrió la puerta del automóvil para que pudiera entrar.
—¿A dónde te llevo?
Mirelith le indicó la dirección.
Durante el trayecto apenas hablaron.
Pero aquella conversación sencilla fue suficiente para que ambos comenzaran a conocerse.
Christopher descubrió que Mirelith era mucho más tranquila de lo que había imaginado.
Ella descubrió que el hombre al que tantos consideraban intimidante podía ser perfectamente educado.
Cuando llegaron, Christopher bajó del automóvil.
—¿Aquí?
—Sí.
Mirelith sonrió.
—Muchas gracias por traerme.
—No tienes que agradecerme.
Ella estaba a punto de entrar cuando Christopher preguntó:
—¿Llegarás bien?
—Sí.
Mirelith sonrió nuevamente.
—Gracias.
Christopher asintió.
—Buenas noches.
—Buenas noches.
Y eso había sido todo.
Al menos aquel día.
Ninguno de los dos imaginaba que aquella pequeña conversación terminaría cambiando sus vidas.
---
Kalel terminó de leer.
Volvió a leer la misma página.
Después otra vez.
—¿La llevó porque estaba lloviendo?
—Sí.
—¿Eso fue todo?
—Según la información que pudimos confirmar, sí.
Kalel cerró la carpeta lentamente.
No había conspiración.
No había un plan.
No había una historia secreta.
Simplemente se habían conocido por casualidad.
Una tarde de lluvia.
Kalel se levantó y comenzó a caminar.
—Increíble...
El hombre permaneció en silencio.
—¿Y después?
—Christopher volvió a encontrársela algunas semanas después.
Kalel se detuvo.
—¿Dónde?
—En un restaurante.
—¿Y luego?
—Comenzaron a conversar con mayor frecuencia.
Kalel sintió una punzada de molestia.
—¿Quién se enamoró primero?
El hombre dudó.
—Eso no aparece en el informe.
Kalel resopló.
—Puedes retirarte.
—Sí, señor.
El hombre salió.
Kalel volvió a mirar la carpeta.
Una parte de él quería encontrar algo malo.
Algo que justificara su enojo.
Pero no había nada.
Solo una historia que había comenzado de manera completamente normal.
Kalel se dejó caer en la silla.
—Una tarde de lluvia...
Miró la fotografía de Mirelith.
Recordó cuando ella solía esperarlo después de clases.
Recordó sus conversaciones.
Recordó la última vez que la había visto como su novia.
Y después recordó algo todavía más doloroso.
Había sido él quien decidió terminar.
Había sido él quien la dejó ir.
Ahora ella había encontrado a alguien que la trataba bien.
Y ese alguien era su padre.
Kalel cerró la carpeta.
—No puedo creer que todo comenzara así.
De repente escuchó voces en el pasillo.
Reconoció inmediatamente una de ellas.
Era Mirelith.
Y la otra era Christopher.
Kalel abrió la puerta apenas unos centímetros.
Los vio caminando juntos.
Christopher llevaba una expresión tranquila.
Mirelith estaba sonriendo mientras hablaba.
Kalel cerró nuevamente la puerta.
La rabia regresó.
Pero esta vez había algo diferente.
Ya no podía convencerse de que Mirelith había buscado a su padre por algún motivo oculto.
Había sido una coincidencia.
Una simple tarde lluviosa.
Y, por alguna razón, esa verdad le molestaba todavía más.