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Los gemelos del CEO intocable

Los gemelos del CEO intocable

Status: Terminada
Genre:CEO / Madre soltera / Doctor / Embarazo no planeado / Hijo/a genio / Completas
Popularitas:191.3k
Nilai: 4.4
nombre de autor: Ruby_Blair

Seis años atrás, Luz Acosta fue traicionada por su propia familia, acusada de una vergüenza que no pudo explicar y echada de la casa como si nunca hubiera llevado su sangre.

Ahora volvió a Buenos Aires con dos hijos, una identidad que todos buscan y una sola idea clara: nadie va a volver a usarla.

Pero apenas pisa la ciudad, Ciro desaparece unos minutos y regresa con un hombre que no debería cruzarse en su camino: Bruno Ferrer, dueño de un imperio, frío hasta la crueldad y famoso por no dejar que ninguna mujer se le acerque.

Tina, en cambio, lo mira una vez y decide que ese hombre tiene que ser su papá.

Luz no quiere saber nada con Bruno. Bruno está convencido de que ella se le acercó con segundas intenciones. Y mientras los Acosta intentan volver a encerrarla en el papel de hija descartable, un secreto de aquella noche de hace seis años empieza a salir a la luz.

Dos hijos. Una traición vieja. Un padre que no sabe que lo es.

Y una mujer que esta vez no piensa bajar la cabeza.

NovelToon tiene autorización de Ruby_Blair para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 23

Capítulo 23

Después del almuerzo, cada uno tomó su camino.

Facundo ya esperaba en la puerta del restaurante.

—Jefe.

Bruno respondió con un sonido bajo y se fue sin mirar atrás.

Luz se quedó unos segundos en la vereda.

Bien.

Como si nada.

Como si no hubiera jugado a ser pareja en un restaurante ridículo y después volviera a su cara de hielo.

Paró un taxi y se fue a casa.

Esa tarde no logró hacer nada útil.

Se sentó en el sillón con el celular en la mano, abrió una aplicación, la cerró, volvió a abrirla. Ni siquiera recordaba qué estaba mirando.

El teléfono vibró.

Era un mensaje del restaurante.

Le habían mandado el video del juego.

Luz debería haberlo borrado.

Lo abrió.

En la pantalla aparecían los dos, cada uno con el celular, separados por la mesa. Bruno tenía la misma cara de siempre, pero algo en la forma en que la miraba no encajaba con su frialdad.

Luz sintió otra vez ese olor limpio, aunque él no estuviera ahí.

Bosque mojado.

Mierda.

Miró las respuestas.

Las preguntas fáciles, Bruno las había contestado mal.

¿Cómo la llama él normalmente?

Ella había puesto: señorita Acosta.

Él había escrito: Luz.

No Luz Acosta.

Luz.

La palabra le calentó la cara.

La tercera pregunta era peor.

¿Cuándo empezaron a salir?

Ella había escrito: algún día.

Él también.

Eso no era una coincidencia normal.

Ni una pareja real contestaría así por accidente.

—¿Qué querés, Bruno Ferrer? —murmuró.

El despertador del celular sonó y la sacó de golpe.

Hora de buscar a Tina y Ciro.

Luz apagó la alarma, se levantó y se obligó a quitarse a Bruno de la cabeza.

En la puerta del jardín, Tina salió corriendo apenas la vio.

—¡Mami!

Ciro venía detrás, más lento, con la libreta pegada al pecho.

Luz abrazó primero a Tina y después a Ciro.

Al soltarlo, notó enseguida que algo no estaba bien.

—Ciro, ¿qué pasó?

Ciro negó con la cabeza.

Luz miró a Tina.

Tina frunció la boca.

—Un nene dijo que Ciro era mudito.

Luz sintió un golpe bajo en el pecho.

Se agachó frente a su hijo y lo abrazó.

—Amor, ¿te acordás de lo que hablamos? No tenemos que vivir pendientes de lo que otros dicen.

Ciro bajó la mirada.

—Los chicos hablan porque no entienden —siguió ella—. Hay que darles tiempo. Y si alguno te lastima, me lo contás. Siempre.

Ciro asintió.

La tristeza no se fue del todo, pero aflojó.

—Vamos a casa —dijo Luz—. Hoy cocino algo rico.

—¡Sí! —Tina levantó los brazos.

Ciro sonrió apenas.

Luz tomó a cada uno de la mano y se fue.

Desde un auto, Sissi los vio alejarse.

La cara se le endureció.

Luz había tenido a los chicos.

Los había parido.

Los había criado.

Los hijos de aquella noche seguían vivos.

—¿Sissi?

Ella se dio vuelta.

Una mujer de su edad la miraba desde la entrada del jardín.

—¿Sos vos? Soy Lili. Del colegio.

Sissi tardó un segundo en ubicarla.

—Lili. Claro. ¿Trabajás acá?

—Sí, soy maestra. ¿Y vos? Pensé que vivías por zona norte.

Sissi sonrió con dulzura.

—Vine a acompañar a mi hermana a buscar a los chicos.

—¿Tu hermana?

Sissi señaló hacia donde Luz acababa de doblar la esquina.

Lili abrió los ojos.

—¿Luz Acosta es tu hermana? Entonces Bruno Ferrer sería tu cuñado, ¿no?

La sonrisa de Sissi se congeló.

—¿Cuñado?

—Eso dicen. Cuando los chicos ingresaron, el asistente de Bruno Ferrer llamó para pedir trato especial. Ese hombre no hace favores así porque sí.

Sissi tragó el enojo.

Solo había llamado Facundo.

Seguro Luz había aprovechado el asunto de Don César para pedirle ese favor a Bruno.

Nada más.

—Lili, conocés a mi hermana —dijo Sissi, bajando la voz—. Salió del Pasaje. Siempre supo moverse para conseguir cosas. Que haya llamado un asistente no significa nada.

Lili entendió demasiado rápido.

La mirada le cambió.

—Ah. Claro.

—Me tengo que ir. Nos vemos.

Sissi subió al auto con una sonrisa mucho más tranquila.

Luz podía tener hijos, podía tener a Bruno cerca, podía hacerse llamar Ynua.

Pero su pasado seguía siendo una mancha.

Y ella sabía usar las manchas.

Al día siguiente, Luz dejó a Tina y Ciro en el jardín como siempre.

—Buen día, seño Lili —dijo Tina.

Ciro levantó la mano en saludo.

—Buen día —respondió Lili.

Seca.

Sin la sonrisa de otros días.

Luz lo notó.

La miró apenas, pero no dijo nada.

Cuando los chicos entraron, el celular sonó.

Silvana.

Luz atendió.

—Luz, tu hermano volvió a empeorar. Vení, por favor.

—¿Silvana ya decidió hablar?

Del otro lado hubo un silencio.

Después, Silvana respiró como si esa frase le hubiera pesado años.

—Si querés saber la verdad sobre tu origen, te la voy a decir. Pero vení a tratar a Lautaro.

Luz apretó el celular.

—Voy.

En la mansión Acosta, Lautaro estaba pálido, cubierto de sudor.

Luz lo revisó sin perder tiempo. Pulso, respiración, temperatura. Preparó una dosis de su fórmula clínica y una intervención mínima de terapia neural para estabilizarlo.

El cuerpo de Lautaro respondió rápido.

El color volvió de a poco.

Silvana soltó el aire.

Luz guardó el material.

—Cumplí. Ahora usted.

Silvana no discutió.

—Vení conmigo.

La llevó a una habitación de servicio, usada como depósito.

Luz se detuvo en la puerta.

Seis años atrás, ese había sido su cuarto.

Cuando la trajeron de vuelta, dijeron que no había otra habitación disponible. Que era algo temporal. Duró un año.

Nadie volvió a mencionar el tema.

Silvana abrió un cajón viejo y sacó una foto amarillenta.

—Ella era tu madre. Elena Luján. Mi hermana menor.

Luz tomó la foto.

La mujer sonreía con una cola alta y una cara limpia, joven. Se parecía a ella. No igual, pero lo suficiente para incomodar.

—Elena era hermosa —dijo Silvana—. El orgullo de mi familia. Éramos muy unidas. Después me casé y ella venía seguido a casa. Nunca imaginé que se iba a fijar en mi marido.

Luz levantó la vista.

Silvana siguió:

—Quedó embarazada de Osvaldo. Me lo ocultó hasta que la panza ya no se podía esconder. Discutimos. Le prohibí entrar a esta casa. Mis padres también la rechazaron por vergüenza.

La voz se le quebró, pero no se detuvo.

—Un año después me llamaron de la clínica R.T. Había nacido una beba. Vos. Elena se había quitado la vida por una depresión severa.

Luz miró la foto.

No sentía lo que esperaba.

Tal vez porque la historia olía demasiado ordenada.

—No quería que Osvaldo supiera que existías —continuó Silvana—. Te llevé al Pasaje y te dejé con una pareja que aceptó criarte. Les mandaba plata todos los meses. Después Lautaro enfermó. Osvaldo quería usar la sangre de Sissi. Yo no podía permitirlo.

—Entonces me buscó a mí.

Silvana cerró los ojos.

—Tu sangre coincidía con la de Lautaro. Le dije a Osvaldo que había habido un cambio de bebés, que vos eras la verdadera hija Acosta. Él necesitaba una donante siempre disponible y aceptó traerte.

Luz apretó la foto.

—Qué práctico.

—Luz, sé que te hice daño. No espero que me perdones. Pero Lautaro es tu hermano. Medio hermano, pero tu hermano. No vas a dejarlo morir, ¿verdad?

Luz no respondió.

Salió del depósito con la foto en la mano.

La mansión le pareció más fría que nunca.

Caminó sin rumbo después de irse.

Terminó junto al río, sentada en un bloque de cemento, con el viento pegándole en la cara.

Miró la foto hasta que los ojos le ardieron.

La versión de Silvana tenía huecos.

Si Elena había estado con Osvaldo, ¿cómo era posible que él no supiera nada de un embarazo?

Osvaldo Acosta no era un hombre que Silvana pudiera manipular tan fácil.

Y estaba la marca de rosa en su espalda.

Una marca así rara vez aparecía de la nada.

Ni los Luján ni los Acosta tenían algo parecido.

Silvana había contado una parte.

No toda.

Luz guardó la foto.

No importaba cuánto doliera.

Iba a llegar hasta el fondo.

1
Priscy Aquino
capítulo está feo el último capítulo bueno espero saludo
Silvia Báez de Torres
awwwwww!!! qué frustración... qué final tan incongruente 😭😭😭😭
Tere Jimenez
muy hermosa novela gracias por compartir escribes hermoso con mucha sabiduría y entendimiento sólo que siento que le diste un final muy rápido pero deseo muchos éxitos más para ti gracias
Tere Jimenez
gracias por compartir tu novela
Silme Olmedo
q paso por qué ese final así esperar tanto para que le den un final tan malo q falta de respeto escritora ni luz reconoció a su padre ni los niños tampoco 😠
Silme Olmedo
me encanta esta muy buena gracias escritora bendiciones ❤️
Liliana Torrecilla
Escritora qué te pasó tanto leer y lo terminas asi, no entiendo para qué escribis es una falta de respeto a los lectores. 😡
Nubia Ramirez
muy mal final😭
Mirleni Lopenza
Los niños lo más bonito de la novela no supieron la verdad de su padre todo quedó horrible qué lindo hubiera sido terminar los cuatro pero nada bien termino
Ana María Andarcia
La historia es muy linda pero los Protagonista, no tienen carácter, parece que no han estudiado nada y no han vivido lo que dicen que vivieron.
yelitza campos
Los protagonistas son par de b. b. s hasta cuando insulsos, más ella que él, y la torpe es la que se los llevaron en los cachos!! 🤣🤣🤣🤣🤣
yelitza campos
Auxilioooo! por favor que pase algo pronto, estoy a punto de dejarlo por la paz mental. 😡
yelitza campos
Por muy maduros que sean, son unos niños de 6 años, por DIOS!!! que desface, mejor.. que locura!! madre irresponsable!! 😡
yelitza campos
Quiero más acción y menos palabrería 😠😠😠
yelitza campos
Es hora de que estos dos avancen algo, puro formalismo y nada más!! donde queda la acción?
Eugenia Casanova
que fome! no está completa 😭
ingrid renteria
/Joyful//Joyful//Joyful//Joyful/
~√{©£¢%}✓¶🌟💖
😂😂😂😂😂😂😂
~√{©£¢%}✓¶🌟💖
esos mellizos 😂😂😂😂
~√{©£¢%}✓¶🌟💖
el niño tiene un apego profundo a su verdadero padre o será por otra situación que se le pega 😅😅😅😅
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