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La Esposa Que Él No Quiso

La Esposa Que Él No Quiso

Status: En proceso
Genre:Maltrato Emocional / Malentendidos / Traiciones y engaños / Amante arrepentido / Divorcio
Popularitas:424.1k
Nilai: 4.4
nombre de autor: maria

Jimena Rivas pasó cinco años siendo la esposa secreta de Sebastián Alcázar. Lo amó en silencio, cuidó su casa, soportó su frialdad y creyó que algún día él aprendería a mirarla.

Pero la noche en que descubrió que estaba embarazada, también vio a Sebastián anunciar ante todos a otra mujer: Sofía, joven, dulce, embarazada... y dueña de toda la ternura que él jamás le dio.

Sebastián le pidió el divorcio con desprecio, la obligó a cuidar a su amante y usó la enfermedad de su madre para mantenerla atada. Jimena decidió irse. Sin escándalos. Sin rogar. Sin mirar atrás.

Lo que Sebastián no sabía era que ella también esperaba un hijo suyo.

Y cuando por fin quiso recuperarla, Jimena ya había aprendido algo que él nunca imaginó:

amarlo no era destino.

Era una condena de la que estaba dispuesta a escapar.

NovelToon tiene autorización de maria para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 12

Capítulo 12

Cuando llegué a la habitación, Sofía estaba en cama, con suero y la cara pálida.

—Sebastián, ¿mi bebé va a estar bien?

Él le acarició la cabeza con una seguridad que a mí jamás me regaló.

—Va a estar bien. No pienses tonterías.

Yo ya debería estar acostumbrada.

De verdad.

Pero cada vez que lo veía tratarla como algo frágil, precioso, intocable, el dolor volvía a apretarme por dentro. No era sorpresa. Era insistencia. Una herida que no cerraba porque todos los días le pasaban la uña encima.

Sofía me vio y sonrió débil.

—Jimena, viniste.

Me puse guantes.

—¿Dónde te duele?

Ella señaló el abdomen.

Al revisarla, se quejó en cada punto que toqué.

—Ahí también. Y ahí. Y ahí.

Retiré la mano.

—Si todo duele igual, tendría que pedir estudios más amplios para descartar otras causas.

Se puso más blanca.

—¿Eso afecta al bebé?

—Algunos estudios no son lo ideal durante el embarazo. Por eso necesito que respondas bien. Vuelvo a revisar y me dices exactamente dónde duele.

Sebastián frunció el ceño.

—¿La estás asustando?

—La estoy examinando.

—¿La tocaste fuerte?

Sofía le apretó la mano.

—No, Sebastián. Soy yo. Ya sabes que me duele fácil.

La frase quedó en el aire con una intimidad que no quería imaginar.

Respiré hondo y repetí la exploración. Esta vez cooperó.

No había signos de alarma. No había sangrado. No había contracciones.

—Indigestión —dije.

Sebastián me miró como si esperara algo peor.

—¿Solo eso?

—Sí. Está comiendo demasiado. El embarazo requiere cuidado, no meterle comida cada hora como si fuera una competencia.

Sofía bajó la cabeza.

—Sebastián dice que como poco.

—Sebastián no es tu aparato digestivo.

Él me lanzó una mirada fría.

—Cuida tu tono.

—Cuido a la paciente. El tono es gratis.

Sofía, como si quisiera cambiar de tema, tomó la mano vendada de Sebastián.

—¿Y tú? ¿Te duele?

—No.

—Todo esto fue por mi culpa —susurró—. No debí tomar ese proyecto.

Sebastián le habló con suavidad:

—Ese proyecto ya no lo vas a hacer.

Sofía se tensó.

—Pero...

—Es peligroso. Ya hablé con dirección. Después de que nazca el bebé tendrás más oportunidades.

Yo me quedé escuchando.

No retiraba a Sofía porque el proyecto estuviera manchado, ni porque una paciente hubiera perdido un embarazo, ni porque mi padre cargara con una culpa que podía esconder más de una mentira.

La retiraba porque Sofía podía salir lastimada.

Ese era el límite moral de Sebastián.

Sofía.

No dije nada y salí.

Al menos, para mi padre, quitarla del proyecto era una oportunidad. Tal vez ese expediente podía volver a manos de gente que supiera lo que hacía. Tal vez algún día encontraría la grieta que probara que mi papá no era el monstruo de los titulares.

Por la tarde volví a revisar a Sofía.

Al entrar, vi a Elena sentada junto a la cama.

Sofía tenía los ojos rojos.

Elena no levantó la voz. No lo necesitaba.

—No vine a humillarte. Vine a darte una salida. Cinco millones. Tomas el dinero y te alejas de mi hijo.

Sofía apretó la sábana.

—Yo no estoy con Sebastián por dinero.

—Entonces no debería costarte irte sin llevarte más.

—Lo amo.

Elena soltó una risa seca.

—Todas dicen eso cuando el hombre está casado y tiene apellido.

Sofía lloró en silencio.

—Sebastián no me lleva con su familia porque dice que todo ahí es asfixiante. Ahora entiendo.

Yo me quedé en la puerta.

No quería entrar a esa escena, pero tampoco podía fingir que no existía. Era extraño ver a otra mujer pelear por mi matrimonio cuando yo ya no tenía fuerzas para defenderlo.

Sebastián llegó casi corriendo.

—Mamá.

Elena se puso de pie.

—Llegas a tiempo. Dile a esta muchacha que tome el dinero y desaparezca.

Sebastián se colocó delante de Sofía.

—No vuelvas a venir a molestarla.

Elena lo miró, furiosa.

—¿Eso te enseñó tu familia? ¿A proteger a una amante y hablarle así a tu madre?

—Sofía está embarazada. No voy a permitir que la lastimen.

—¿Y Jimena?

Mi nombre cayó entre ellos.

Sebastián me vio entonces. La expresión en su cara dejó claro que, para él, yo era la culpable de que Elena estuviera ahí.

—Doctora Rivas —dijo—. Salga. Sofía necesita descansar.

No discutí.

Afuera, Elena me tomó de la mano.

—¿De verdad permitiste que una niña así te pasara por encima?

—Elena...

—No tiene nada. Ni estudios terminados, ni familia, ni criterio. ¿Qué le vio Sebastián?

No contesté.

La pregunta no dolía porque Sofía fuera mejor que yo.

Dolía porque, aun no siéndolo, Sebastián la había elegido.

—No quiero seguir con él —dije por fin—. No quiero pelear por un hombre que nunca quiso quedarse.

Elena respiró hondo.

—No digo que no te divorcies. Solo digo que mi hijo tiene que entender lo que hizo.

No quise discutir más.

A la mañana siguiente me despertó el ruido en la cocina.

Pensé que era Carmen.

Era Sebastián.

Llevaba ropa cómoda y un delantal. Por un segundo me quedé mirándolo como si hubiera entrado a la casa equivocada.

—¿Qué miras? —preguntó—. ¿Nunca has visto a tu esposo cocinar?

No.

Nunca.

En la mesa había sopa ligera, fruta, huevo, todo preparado con cuidado. Justo el tipo de comida que mi estómago toleraba desde el embarazo.

El pensamiento me traicionó.

Por un segundo, quise creer que se había fijado.

Luego vi las cajas para llevar junto a la estufa.

Claro.

Era para Sofía.

Mi apetito se apagó.

—No tengo hambre.

Fui por agua. Tomé de una taza vieja, una de las dos que compré al inicio del matrimonio. La mía estaba gastada de tanto uso. La suya parecía nueva.

Terminé el agua y tiré la taza al bote.

Sebastián me miró.

—¿Qué haces?

—Desocupo espacio.

Salí, pero al llegar al elevador recordé que olvidé el celular. Volví.

Al abrir la puerta, escuché vidrio romperse.

Sebastián estaba agachado junto al bote, recogiendo los pedazos de la taza. Tenía cortes pequeños en los dedos.

Por un instante, el corazón me dio un salto absurdo.

Como si quisiera rescatar algo que yo había tirado.

Él levantó la cara y la ilusión murió.

—¿Quién deja el bote atravesado? Tengo prisa por llevarle desayuno a Sofía. Ya que volviste, limpia esto.

Se fue con las cajas.

Me quedé viendo los vidrios en el piso.

Carmen entró con bolsas del mercado.

—Señora, no toque eso. Yo limpio.

—Gracias.

Vio la mesa servida.

—El señor me dijo que hoy cocinaría él. Pensé que por fin desayunarían juntos.

Sonreí apenas.

—Era para otra persona.

Ese día Sofía salió del hospital.

Sebastián llevó rosas rojas.

—¿Cómo supiste que me gustan? —preguntó ella, feliz.

—Eres mi novia. No es difícil saber lo que te gusta.

Yo recordé las rosas que alguna vez compré para la casa. Sebastián dijo que eran ordinarias.

Clara entró a buscarme.

—Jimena, Mateo te dejó comida en tu escritorio. Dijeron que casi te desmayas por no desayunar.

Sofía sonrió.

—Qué lindo es el doctor Salcedo contigo. Me da envidia.

Clara la miró.

—¿Envidia tú? Sebastián casi se volvió enfermero personal por ti.

Sofía bajó los ojos, roja.

Yo fui a mi oficina.

Mateo había dejado comida equilibrada, suficiente, pensada para alguien que trabajaba demasiado y comía poco. Clara bromeó con que me estaba cortejando.

—Mateo es buena persona —dije.

—Eso es una tarjeta de rechazo.

Mateo entró justo entonces con documentos para Clara.

—La plaza de formación que pediste —le dijo—. Jimena insistió en que eras la candidata correcta.

Clara casi lloró de emoción.

Cuando se fue, Mateo me miró.

—No desayunaste otra vez.

—Estoy comiendo.

No alcanzó a seguir.

Sofía entró por el comprobante de alta, con Sebastián detrás.

Miró la comida sobre mi escritorio.

—Se ve riquísimo. ¿Dónde lo compraron?

—Es de casa —respondió Mateo—. No está a la venta.

Sofía tomó el brazo de Sebastián.

—De todos modos, a mí me gusta más lo que cocina Sebastián.

Él la miró con suavidad.

—Si te gusta, te cocino todos los días.

La comida se me volvió pesada en la boca.

Imprimí el alta.

Sebastián sacó una tarjeta.

—Paga con esta. La clave es tu cumpleaños.

Sofía se puso roja.

—Yo tengo dinero.

—Hazme caso.

Le dio la tarjeta como si fuera lo más normal del mundo.

Yo ni siquiera sabía cómo era una tarjeta personal de Sebastián.

Sofía y yo cumplíamos años el mismo día. Él quizá ni lo sabía. Si lo supiera, tal vez hasta le molestaría la coincidencia.

Cuando ella salió a pagar, Sebastián miró a Mateo.

—¿De verdad está intentando conquistar a la doctora Rivas?

Mateo sonrió.

—Es un asunto privado.

—Le aviso algo, como accionista del hospital —dijo Sebastián—. Debería conocer el expediente básico de sus empleados.

Yo sentí que algo se tensaba.

Sebastián me miró de reojo.

—La doctora Rivas lleva cinco años casada.

1
Rosa Martinez
Yo me preguntó porque Sebastián cada que se emborracha le dice esposa a Jimena?...🤔
Rosa Martinez
Está mujer está entre la espada y la pared... 🤨
Rosa Martinez
está idiota va a culpar a Jimena... 😡
Omis Mendoza
estás novelas demaciado largas sé enrredan mucho y sé le vá perdiendo el color me imagino ese tal Arturo es un desgraciado y a lo mejor es un rufián vestido dé cordero con diez patas 🤣🤣
Gladis Morales
por fin!!! demasiado largooooo!!!
Marisa Rodriguez de Cuello
por mi parte, primero aborto, porque tener un vínculo con ese engendro ni loca. después cantarle las cuarenta a la mosca inútil de la amantes, tercera distribución de material fotográfico en el hospital y en redes
Mirna Lobo
no mi amor 😞 en la vida no hay que ser tan pendeja y profesional menos 😡😡/Left Bah!/
Mirna Lobo
sí deja a ese parásito 😡😡
Teresa Rodriguez
esta. vien. vonita. k.erover. mas
Ana maria Betancourt flores
va seguir la novela
Lorena: la verdad no me gusta siempre está humillando y ella no se da su lugar como mujer
total 1 replies
Martha Ordoñez
hermosa la novela
Teresa Muñoz
autora su novela es muy buena ami no me gustan las novelas que tengan muchos capítulos pero esta novela me tiene entretenida ya quiero terminar para saber el final.
Betty Fernandez
este estilo de mujer es del siglo 18.
Dervy 🇩🇴
Le hace honor al género. #maltrato emocional
Dios cuántas cosas 😭
Sandra Yaqueno
Mucho drama,
Dervy 🇩🇴
Continúo sufriendo por qué, no entiendo su comportamiento....


y Lamentablemente me veo reflejada en ella. Solo que le aguante de todo a un pobre 🤣🤣🤣🤣🤣🤣


Da dolor y rabia 😭😭😭😭
Dervy 🇩🇴
Despreciable es lo que es.
Dervy 🇩🇴
Esa gente arruinaron esa familia para robarles el patrimonio. Ahora no entiendo algo, por qué ese comportamiento de el? pensaría que ella perdió el primer bebé a propósito? y por qué es tan diferente con la insípida de Sophia y frio con ella. hasta indiferente 😭
Alejandra Mabel Miño
HmMMuyMuy no me encantó 👍 me buena historia felitaciones!i
Dervy 🇩🇴
Felicidades autora
si que es maltrato emocional
me tiene estresada
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