Belleza Angelical, Inteligencia Peligrosa.
Desde niña, Haniel descubrió que una sonrisa podía abrir puertas y que una mirada podía hacer que los demás olvidaran sus propias intenciones. A los dieciséis años solo soñaba con vivir una vida extraordinaria junto a sus mejores amigas.
Pero crecer cambiaría las reglas.
Entre secretos, hombres, dinero, traiciones y poder, Haniel aprenderá que su mayor arma no es su belleza… Sino la facilidad con la que consigue que todos crean en su inocencia.
Porque hasta los ángeles pueden tener un lugar en el Averno.
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Cap19
Haniel no apartó la mirada de su madre.
—¿Conociste a Zayd esa noche?
Irina asintió lentamente.
—Sí.
—¿Y qué pasó?
Su madre se sentó.
Durante unos segundos, pareció buscar las palabras correctas.
—Yo conocía a su padre desde hacía años. Había tratado con él por asuntos que nunca debieron involucrarme. Pero Zayd era diferente.
—¿Diferente cómo?
—Más joven. Más reservado. Observaba todo.
Haniel recordó la mirada de Zayd.
No era difícil imaginarlo.
—¿Qué quería de ti?
—Información.
—¿Sobre qué?
Irina la miró fijamente.
—Sobre Gabriel.
Haniel sintió que el rompecabezas comenzaba a tomar forma.
—¿Zayd ya sabía quién era Gabriel?
—Sí.
—Entonces, ¿por qué necesitaba información de ti?
—Porque Gabriel había desaparecido con algo que pertenecía a su familia.
—¿Qué cosa?
Irina bajó la voz.
—Un archivo.
Haniel frunció el ceño.
—¿Qué tenía?
—Nombres.
—¿Nombres de quién?
—Personas que habían participado en negocios ilegales. Empresarios. Funcionarios. Políticos.
Haniel permaneció callada.
Aquello ya no parecía un simple conflicto entre familias.
—¿Y por qué yo estaba involucrada?
Irina tardó demasiado en responder.
Haniel lo notó.
—Mamá.
—Tú no estabas involucrada.
—Entonces, ¿por qué me buscaban?
Irina cerró los ojos.
—Porque Gabriel sabía quién eras.
—¿Me conocía?
—No personalmente.
—Entonces, ¿cómo?
Su madre respiró profundamente.
—Porque tu nombre aparecía en uno de los registros.
Haniel sintió un escalofrío.
—¿Qué registro?
—Uno de los archivos que Gabriel robó.
—¿Por qué aparecía mi nombre?
Irina no respondió.
Haniel se levantó.
—¡¿Por qué?!
—¡Porque yo te registré!
El grito de Irina dejó a Haniel completamente inmóvil.
Su madre comenzó a llorar.
—No sabía que algún día alguien usaría esa información contra ti.
—¿Me registraste dónde?
Irina se cubrió el rostro.
—En una cuenta.
—¿Una cuenta bancaria?
—Sí.
Haniel sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.
—¿A mi nombre?
—Sí.
—¿Por qué?
—Porque necesitaba guardar dinero fuera del alcance de ciertas personas. Tú eras menor. Pensé que nadie sospecharía.
Haniel retrocedió.
Ahora comprendía la transferencia.
Su nombre.
La cuenta de su madre.
Gabriel.
Zayd.
Todo estaba conectado.
Pero aún faltaba algo.
—¿Cuánto dinero había?
Irina levantó la mirada.
—No lo sé.
—Mamá.
—Mucho.
Haniel sintió un nudo en el estómago.
—¿De quién era?
Irina no respondió.
Y Haniel entendió que aquella pregunta era la más importante de todas.
---
Al día siguiente, Haniel se reunió con Olivia.
No le contó todos los detalles.
Todavía necesitaba procesarlos.
—Mi madre conoció a Zayd hace siete años —dijo finalmente.
Olivia la miró.
—¿Y?
—Estaba buscando a Gabriel.
—¿Por qué?
—Porque Gabriel tenía información sobre varias personas poderosas.
Olivia guardó silencio.
—¿Y tú qué tienes que ver?
Haniel bajó la mirada.
—Mi nombre estaba en uno de sus archivos.
Olivia abrió los ojos.
—¿Por qué?
—Mi madre abrió una cuenta a mi nombre.
—¿Con dinero?
Haniel asintió.
—Mucho.
Olivia permaneció pensativa.
—Entonces quizá el dinero que recibió Gabriel...
—...estaba relacionado conmigo.
—Exactamente.
Haniel miró por la ventana.
—Hay algo que no entiendo.
—¿Qué?
—Si Zayd sabía todo esto desde hace siete años, ¿por qué esperó hasta ahora?
Olivia no respondió.
Pero las dos sabían que esa pregunta podía ser la clave.
---
Esa noche, Haniel recibió una llamada.
Zayd.
Contestó.
—¿Qué quieres?
—Hablar contigo.
—Ya hablamos.
—No de esto.
Haniel guardó silencio.
—¿Sabes qué ocurrió el 17 de agosto? —preguntó él.
—Mi madre me lo contó.
—No todo.
Haniel sintió que la rabia regresaba.
—¿Tú sabes todo?
—No.
—Entonces deja de actuar como si fueras el dueño de las respuestas.
Zayd guardó silencio unos segundos.
—Tu madre intentó protegerte.
—Eso dice ella.
—Y tiene razón.
—¿Entonces por qué me estás buscando?
—Porque alguien más sabe de esa cuenta.
Haniel se quedó quieta.
—¿Quién?
—Gabriel.
—Pensé que no sabías dónde estaba.
—No sé dónde está.
—Entonces, ¿cómo sabes que la conoce?
—Porque él fue quien la creó.
Haniel sintió que el corazón se le detenía.
—¿Qué?
—Tu madre te contó una parte de la historia.
—¿Y tú tienes la otra?
—Sí.
Haniel apretó el teléfono.
—Dímela.
—Gabriel no robó aquel archivo.
—¿Entonces?
—Se lo entregaron.
—¿Quién?
Zayd respondió después de una pausa:
—Tu madre.
Haniel sintió que no podía respirar.
—Estás mintiendo.
—Ojalá.
La llamada terminó.
Haniel se quedó mirando el teléfono.
Entonces llegó un mensaje.
«Si quieres saber la verdad completa, ven mañana al lugar donde todo comenzó.»
Debajo apareció una dirección.
Haniel reconoció el lugar.
La antigua escuela.
Su corazón comenzó a latir con fuerza.
Pero había algo más.
Una última frase:
«Y esta vez, trae a Olivia y a Zamira.»
Haniel levantó la mirada.
Por primera vez desde que todo había comenzado, comprendió que el misterio ya no pertenecía únicamente a su pasado.
Las tres estaban siendo llamadas al mismo lugar donde, años atrás, había comenzado su amistad.
Y alguien quería que juntas recordaran algo que ninguna de ellas parecía recordar.