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Esposa Especial

Esposa Especial

Status: En proceso
Genre:Romance / Traiciones y engaños / Amor eterno
Popularitas:455
Nilai: 5
nombre de autor: Alejandro Briñones

Emir Abdala y Aysun viven un amor perfecto en la lujosa mansión Abdala. Pero su felicidad termina cuando Aysun sufre un terrible accidente provocado en secreto por Myna, la envidiosa hermana de Emir.

Al despertar, Aysun ha perdido la memoria y ya no recuerda al hombre que ama ni el matrimonio que compartían. Desesperado, Emir hará todo lo posible por recuperar a su esposa y demostrarle que su amor sigue vivo.

Pero el destino pondrá en el camino de Aysun a Merth, un humilde artesano que se enamorará de ella sin conocer toda su historia. Mientras Emir lucha por recuperar el corazón de su esposa, Aysun quedará atrapada entre dos hombres y dos formas de amar.

Entre secretos, traiciones, pasiones y sorprendentes revelaciones, Aysun tendrá que descubrir quién es realmente... y cuál de los dos hombres está destinado a quedarse con su corazón.

NovelToon tiene autorización de Alejandro Briñones para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 17 — La voz de los muertos

La risa que descendió desde el piso superior paralizó a todos.

Emir levantó la mirada.

—¿Quién está ahí?

Nadie respondió.

Aysun se aferró a su brazo.

—Emir...

—No tengas miedo. Estoy contigo.

Pero incluso él sentía miedo.

La casa estaba supuestamente abandonada.

Y, sin embargo, alguien acababa de reírse desde el piso de arriba.

Aras avanzó lentamente hacia las escaleras.

—Quédate aquí —le ordenó a Aysun.

—No.

—Aysun...

—No quiero volver a quedarme esperando mientras otros deciden qué ocurre conmigo.

Emir la miró con orgullo.

—Entonces iremos juntos.

Myna permaneció atrás, temblando.

Kemal observaba las escaleras con expresión grave.

—No suban.

Emir se volvió.

—¿Por qué?

—Porque conozco esa risa.

Aras palideció.

—Papá...

Kemal no respondió.

Un nuevo sonido se escuchó arriba.

Esta vez fueron pasos.

Lentos.

Deliberados.

Aysun sintió que el corazón se le aceleraba.

—Esa voz...

Emir la miró.

—¿Qué pasa?

—La recuerdo.

 

Subieron las escaleras.

Cada peldaño crujía bajo sus pies.

Al llegar al pasillo, Emir encendió la luz.

Nada.

Solo puertas cerradas.

—Aquí no hay nadie —dijo Aras.

Entonces una puerta se abrió sola.

Aysun dio un paso atrás.

Era la antigua habitación de sus padres.

Emir entró primero.

El lugar estaba cubierto de polvo, pero había algo extraño.

Sobre la cama había una fotografía reciente.

Kemal la tomó.

Su rostro perdió el color.

—No...

Aras se acercó.

—¿Qué es?

Kemal le mostró la imagen.

Era una fotografía de él mismo entrando a la casa apenas unos días antes.

—Me han estado siguiendo.

Emir miró la fotografía.

—¿Quién?

Kemal negó.

—No lo sé.

Myna se acercó lentamente.

—Yo sí.

Todos la miraron.

Myna tragó saliva.

—El hombre que me contactaba siempre hablaba de una persona a la que llamaba El Patriarca.

Aras frunció el ceño.

—¿El Patriarca?

—Nunca vi su rostro.

Emir preguntó:

—¿Y qué quería de ti?

—Que Aysun desapareciera.

Aysun la miró con dolor.

—¿Por qué?

Myna bajó la cabeza.

—Porque tú eras una amenaza para sus planes.

—¿Qué planes?

Myna negó.

—Nunca me los explicó.

Entonces Kemal habló.

—Yo sí puedo explicarlos.

Todos se volvieron hacia él.

—El Patriarca no es una persona que apareció recientemente. Lleva décadas moviendo los hilos de nuestras familias.

Emir quedó desconcertado.

—¿Cómo sabes eso?

Kemal respondió:

—Porque yo fui uno de los hombres que intentó detenerlo.

 

De repente, la puerta de la habitación se cerró de golpe.

Myna gritó.

Emir intentó abrirla.

—¡Está bloqueada!

Aras corrió hacia la ventana.

—¡No podemos salir por aquí!

Kemal miró hacia una pared.

—Hay una puerta oculta.

—¿Dónde? —preguntó Emir.

Kemal señaló un cuadro antiguo.

Aras lo retiró.

Detrás apareció un pequeño mecanismo.

Emir presionó.

La pared se abrió.

—¡Vamos!

Todos entraron.

Pero cuando Emir estaba a punto de cruzar, escuchó una voz detrás de él.

—Emir.

Se quedó inmóvil.

Era una voz masculina.

Una voz que conocía perfectamente.

—No puedes escapar de tu destino.

Emir se volvió lentamente.

El pasillo estaba vacío.

—¡Muéstrate!

Silencio.

Entonces escuchó:

—Tu padre te contó muchas mentiras.

Emir sintió un escalofrío.

—¿Quién eres?

La respuesta llegó desde la oscuridad.

—Alguien que te conoce desde antes de que conocieras a Aysun.

 

Llegaron a una habitación subterránea.

Emir encendió una lámpara.

Había cajas por todas partes.

Documentos.

Fotografías.

Contratos.

Cartas.

Aras comenzó a revisar los archivos.

—Aquí hay algo.

Era un documento antiguo.

Emir lo tomó.

En la primera página aparecían dos nombres:

Kemal Demir

Rauf Abdala

El padre de Emir.

Aysun se acercó.

—¿Qué significa?

Kemal respondió:

—Era un acuerdo.

Emir leyó algunas líneas.

—Nuestros padres hicieron una sociedad.

—Sí.

—¿Para qué?

Kemal permaneció en silencio.

—Para protegernos.

Emir levantó la mirada.

—Aquí dice que nuestros padres acordaron que tú y Aysun...

Se detuvo.

Aysun tomó el documento.

Sus ojos se abrieron.

—¿Qué dice?

Emir continuó leyendo.

—Que, cuando fuéramos adultos, debíamos mantenernos alejados de determinadas personas y proteger nuestros respectivos secretos familiares.

Aysun negó.

—Eso no explica por qué tú y yo terminamos juntos.

Kemal se acercó.

—Porque la persona que escribió ese acuerdo sabía que algún día ustedes se encontrarían.

Emir frunció el ceño.

—¿Quién escribió esto?

Kemal señaló la última página.

Allí aparecía una firma.

Emir la reconoció.

Era la firma de su padre.

Pero debajo había otra.

Una firma desconocida.

Y junto a ella, una palabra:

Patriarca.

 

En ese instante, un teléfono comenzó a sonar.

Todos se sobresaltaron.

El sonido provenía de una de las cajas.

Aras abrió la caja.

Dentro había un teléfono antiguo.

Seguía funcionando.

Emir lo tomó.

—¿Quién llama?

Contestó.

—¿Sí?

La voz al otro lado respondió:

—Hola, hijo.

Emir quedó petrificado.

Aysun lo observó.

—¿Quién es?

Emir no podía hablar.

La voz volvió a escucharse.

—Sé que estás con Aysun.

Emir apretó el teléfono.

—¿Quién eres?

—Me decepciona que tengas que preguntarlo.

Emir cerró los ojos.

Reconocía aquella voz.

La había escuchado durante toda su infancia.

—Papá...

Aysun sintió un escalofrío.

Aras miró a Kemal.

Kemal simplemente bajó la cabeza.

La voz continuó:

—Ha llegado el momento de que conozcas la verdad sobre tu familia.

Emir respondió:

—¡Tú estás muerto!

Una pequeña risa se escuchó al otro lado.

—Eso es lo que todos creen.

Emir sintió que el suelo desaparecía bajo sus pies.

—¿Dónde estás?

—Muy cerca.

—¡Muéstrate!

—Todavía no.

La llamada terminó.

Emir quedó mirando el teléfono.

Aysun se acercó.

—¿Era tu padre?

Él asintió lentamente.

—Sí.

Myna comenzó a llorar.

—Entonces todo lo que me dijeron era cierto...

Aras la miró.

—¿Qué te dijeron?

Myna respiró profundamente.

—Que el padre de Emir nunca murió.

Emir la miró.

—¿Desde cuándo lo sabes?

—Desde antes del accidente.

—¿Y por qué no me lo dijiste?

Myna no pudo responder.

 

En ese momento, Kemal abrió otra caja.

Dentro encontró un sobre con el nombre de Aysun.

—Esto es para ti.

Aysun lo tomó.

Había una carta.

La abrió con manos temblorosas.

La primera línea decía:

“Querida Aysun: si estás leyendo esto, significa que tu memoria ha comenzado a regresar.”

Aysun continuó leyendo.

Su rostro cambió.

—¿Qué dice? —preguntó Emir.

Ella levantó lentamente la mirada.

—Dice que yo sabía quién era el Patriarca.

Aras se acercó.

—¿Tú?

Aysun asintió.

—Antes del accidente lo descubrí.

—¿Quién es? —preguntó Emir.

Aysun miró la última línea de la carta.

Sus labios comenzaron a temblar.

—Dice que no debo confiar...

—¿En quién?

Aysun levantó los ojos hacia Emir.

Y pronunció las palabras que nadie esperaba escuchar:

—En mi propio hermano.

Aras se quedó completamente inmóvil.

—Aysun...

Ella retrocedió.

—La carta dice que tú me traicionaste.

Aras negó desesperadamente.

—Eso es mentira.

Pero antes de que pudiera acercarse, las luces de la habitación se apagaron.

Y en la oscuridad se escuchó nuevamente aquella voz:

—Ahora empieza la verdadera guerra, hijos míos.

Porque uno de ustedes está mintiendo.

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