Ella renace en un nuevo mundo, en el cual tendrá que enfrentar dificultades por los problemas de su familia. Pero, no se quedará a sufrir, porque ella es una luchadora, siempre lo fue y siempre lo será..
*Esta novela pertenece a un mundo mágico*
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Marca de alma 3
Stefan se acomodó frente a Gemma y comenzó a explicarle con calma.
—Lo llaman marca de alma.
Gemma lo observó atentamente.
—Algunas personas conservan los recuerdos de una vida anterior.
Hizo una pequeña pausa.
—No todos los que reencarnan pueden recordar. Pero quienes lo hacen tienen esa marca.
Gemma permaneció unos segundos en silencio.
—Entonces...
Lo miró con una expresión completamente confundida.
—¿Yo no reencarné?
Stefan negó suavemente con la cabeza.
—Sí reencarnó.
—Entonces no entiendo.
—Lo que quiero decir es que quizá no recibió una segunda vida conservando únicamente su nueva identidad. Es posible que su alma haya recuperado los recuerdos de su primera vida.
Gemma abrió mucho los ojos.
—Entonces...
Se señaló a sí misma.
—¿Yo solamente recuperé los recuerdos de mi primera vida?
—Es una posibilidad bastante probable.
Gemma se quedó mirando al vacío.
[¿Todo este tiempo pensé que había muerto y vuelto a nacer... y resulta que simplemente recordé quién era antes?]
Era demasiado extraño.
Había pensado que era una excepción.
Que algo había salido mal.
Que había despertado en el cuerpo de otra persona.
Que quizá había cometido algún error cósmico.
Pero ahora resultaba que existían personas como ella.
No era la única.
Y eso, extrañamente, le produjo alivio.
Aunque todavía quedaba una pregunta.
Una pregunta que hizo que su voz cambiara.
—¿Y qué pasa con las personas que tienen esa marca?
Stefan la miró.
—¿A qué se refiere?
Gemma bajó un poco la mirada.
—¿Sufren?
Stefan frunció ligeramente el ceño.
—¿Qué?
—¿Las castigan?
Su voz tenía una angustia que no había mostrado antes.
—¿Las personas saben que son diferentes y... les hacen algo?
Stefan comprendió de inmediato el origen de su miedo.
Negó con la cabeza.
—No.
Gemma levantó los ojos.
—No ocurre nada de eso.
—¿De verdad?
—De verdad.
Stefan habló con tranquilidad.
—Las personas con una marca de alma viven como cualquier otra persona.
Gemma lo observó.
—¿Cualquier persona?
—Sí.
—¿Incluso mujeres?
—Por supuesto.
—¿Incluso nobles?
—También.
Gemma parecía cada vez más sorprendida.
—¿Duquesas?
—Sí.
—¿Condesas?
—Sí.
—¿Magas?
Stefan sonrió.
—También.
Gemma se quedó mirándolo.
—¿Y... forman familias?
—Algunas.
—¿Tienen hijos?
—Sí.
Los ojos de Gemma se abrieron completamente.
—¿De verdad?
Stefan asintió.
—De verdad.
Gemma soltó lentamente el aire que había estado conteniendo.
Durante todo aquel tiempo había tenido miedo.
Miedo de ser descubierta.
Miedo de que alguien la considerara una aberración.
Miedo de que descubrieran que no era la Gemma original.
Miedo de perder la vida que había construido.
Y ahora alguien le estaba diciendo que aquello no era una sentencia.
—Entonces...
Gemma bajó la mirada.
—No tengo que contarlo..
—No.
—¿Puedo simplemente... vivir?
—Sí.
—¿Nadie tiene derecho a obligarme a decirlo?
—No.
Stefan hizo una pausa.
—Y tampoco todas las personas con una marca de alma lo cuentan. Algunas lo hacen porque confían en alguien. Otras prefieren mantenerlo en privado durante toda su vida.
Gemma asintió lentamente.
Por primera vez desde que había comenzado aquella conversación, sus hombros se relajaron.
—Entiendo.
Se quedó unos segundos en silencio.
Después se levantó.
Stefan la siguió con la mirada.
Gemma dio un paso atrás.
Luego otro.
Stefan no supo por qué.
Pero aquella pequeña distancia le molestó.
Mucho más de lo que debería.
Hasta hacía unos minutos ella había estado abrazada a él.
Y ahora estaba al otro lado de la habitación.
Gemma bajó la mirada.
—Perdón por haberlo abrazado.
Stefan parpadeó.
—¿Qué?
—Antes.
Ella se pasó una mano por el cabello, algo avergonzada.
—No quería incomodarlo.
Stefan la observó.
—No fue ninguna molestia.
Gemma levantó los ojos.
—¿Seguro?
—Seguro.
Ella sonrió débilmente.
—Gracias.
Pero Stefan notó que aquella sonrisa no era como las anteriores.
No tenía la misma energía.
No era la sonrisa de la mujer que había estado hablando de manzanas hacía apenas una hora.
Gemma respiró profundamente.
—Voy a lavarme la cara.
Stefan no respondió.
—Después voy a cocinar.
Intentó sonreír.
—Y quizá...
Hizo una pausa.
—Quizá tenga tiempo de llorar por todo esto después.
Stefan sintió un pequeño nudo en el pecho.
—Lady Gemma...
Ella negó rápidamente con la cabeza.
—Estoy bien.
Era mentira.
Ambos lo sabían.
Pero Gemma ya estaba caminando hacia la puerta.
—Solo necesito trabajar.
Y salió.
Stefan permaneció sentado unos segundos.
Luego se levantó.
No la siguió.
Todavía no.
Pero algo dentro de él se había movido.
[¿Cuánto tiempo lleva diciendo que está bien cuando no lo está?]
Media hora después, Stefan estaba sentado en una de las mesas de la posada.
Desde allí podía ver la cocina.
Gemma estaba trabajando.
Como si nada hubiera ocurrido.
Tenía el cabello recogido.
El delantal puesto.
Las manos ocupadas.
Cortaba verduras.
Revisaba una olla.
Probaba una salsa.
Daba instrucciones.
Sonreía a los clientes.
Incluso bromeaba con Pedro.
—¡Pedro, eso no va ahí!
—¿Por qué?
—Porque si lo pones ahí después nadie lo encontrará.
—Yo sé dónde está.
—Eso dices ahora.
Pedro resopló.
—Siempre encuentras algo que decir.
—Es uno de mis talentos.
Gemma sonrió.
Stefan la observaba en silencio.
No había pasado ni una hora desde que la había visto llorar.
Sin embargo, ahora trabajaba como si nada.
Pero él podía verlo.
La sonrisa era demasiado cuidadosa.
Los movimientos demasiado rápidos.
Cada cierto tiempo Gemma respiraba profundamente antes de volver a levantar la cabeza.
No quería que nadie notara nada.
Así que trabajaba.
Cocinaba.
Limpiaba.
Sonreía.
Como había hecho tantas veces.
Stefan bajó la mirada hacia su taza.
[Así que esa es su manera de sobrevivir.]
No llorar.
No detenerse.
Seguir trabajando.
Como si mientras sus manos estuvieran ocupadas, su corazón no pudiera alcanzarla.
Gemma pasó frente a él con una bandeja.
—¿Todo bien, Lord Stefan?
Stefan levantó la mirada.
Ella sonrió.
Una sonrisa preciosa.
Pero cansada.
—Sí.
—¿La comida está bien?
—Muy bien.
—Me alegro.
Gemma continuó caminando.
Stefan la siguió con los ojos.
[Está fingiendo.]
Y aquella certeza le produjo una sensación que no le gustó en absoluto.
Quería acercarse.
Quería decirle que no tenía que sonreír.
Que podía llorar.
Que no tenía que trabajar para demostrar que era fuerte.
Pero también sabía que Gemma acababa de conocerlo.
Y que quizás acercarse demasiado podía hacerla sentir incómoda.
Así que se quedó allí.
Observándola.
Protegiéndola desde la distancia.
Hasta que Gemma volvió a pasar junto a su mesa.
Esta vez Stefan habló.
—Gemma.
Ella se detuvo.
—¿Sí?
Stefan la miró unos segundos.
—No tiene que estar bien todo el tiempo.
La sonrisa de Gemma desapareció por un instante.
Solo un instante.
Después volvió.
—Lo sé.
Pero su voz se quebró ligeramente.
Stefan no insistió.
Solo asintió.
Gemma siguió trabajando.
Y mientras la observaba alejarse, Stefan tomó una decisión.
No iba a obligarla a hablar.
No iba a presionarla.
Pero tampoco iba a permitir que siguiera enfrentando todo sola.
Porque ahora sabía algo que Gemma todavía no comprendía.
Su vida anterior había terminado.
Su nueva vida no había sido fácil.
Y quizá los hombres que la seguían eran apenas el comienzo.
Stefan miró hacia la puerta de la posada.
[Sea lo que sea que esté ocurriendo, no permitiré que la alcancen.]
Después volvió a mirar a Gemma.
Y esta vez no apartó los ojos.
Los magos por consiguiente no buscan enamorarse y el pobre Estefan no pudo resistirse a Gemma.
conquistado con todo lo que ella es.
Amo esta parejita.