Yo, Evana. viví una hermosa vida con el hombre que amé y con mis hijos también. Pero alguien me lo arrebato todo.
He vuelto al pasado para descubrir a mi asesino y el de mi familia.
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Capitulo 8
El aroma a carne asada y vino tinto llenaba el reservado del exclusivo restaurante en las afueras de la ciudad. El lugar, de iluminación tenue y música de piano suave, era el punto de encuentro que el padre de Evana había elegido para su almuerzo.
Evana mantenía una postura impecable al otro lado de la mesa. Lucía un traje sastre en tono marfil que contrastaba con la frialdad con la que observaba a su progenitor. En su vida anterior, las comidas con él eran auténticos interrogatorios de guerra: cifras de ventas, estrategias agresivas de mercado y constantes humillaciones si los resultados no rozaban la perfección.
Sin embargo, el hombre sentado frente a ella parecía una sombra completamente distinta del tirano que la había educado con crueldad.
—Prueba el lomo, Evana —dijo él con un tono suave, cortando un pedazo de su plato con parsimonia y mirándola con una expresión casi paternal—. Recuerdo que de niña no te gustaba la comida pesada en la oficina, pero aquí la sirven muy bien.
Evana sostuvo el tenedor a medio camino, entrecerrando los ojos. La amabilidad de su padre no solo la desconcertaba; la irritaba profundamente. Sentía que estaba frente a un actor interpretando un papel barato.
—No vine a hablar de gastronomía, papá —respondió ella con voz cortante—. La reestructuración de la división logística está al ochenta por ciento. En tres semanas absorbemos los activos de la firma filial y eliminaremos a la competencia de la zona puerto. El informe trimestral estará listo el viernes.
Su padre dejó los cubiertos sobre el plato sin hacer el menor ruido. Dejó salir un suspiro cansado, pero no hubo ira en su rostro ni un golpe sobre la mesa. Solo una mirada de pesar.
—Evana... no te invité a este restaurante para pedirte estados de cuenta —murmuró, inclinándose un poco hacia adelante—. Sé cómo te eduqué. Sé que fui duro, despiadado incluso... Pensaba que esa era la única forma de prepararte para un mundo devorador. Pero verte ahora, trabajando catorce horas al día, cerrándole la puerta a cualquier atisbo de vida personal... me hace pensar que cometí un error trágico contigo.
El corazón de Evana dio un vuelco. Las palabras sonaban tan sinceras que le provocaron un nudo amargo en la garganta.
—¿Un error? —mordió ella con sarcasmo—. Me enseñaste que el sentimiento es debilidad y que el poder lo es todo. Ahora que soy la CEO implacable que siempre quisiste, ¿te arrepientes?
—Me arrepiento de no haberte enseñado a buscar la felicidad —contestó él con la voz ligeramente quebrada—. El dinero y las corporaciones no te acompañan cuando la vida se apaga. Si encuentras a alguien... si algún día decides formar una familia, alejarte del negocio y buscar paz en un lugar tranquilo... tendrás mi bendición total, hija. No cometas el error de sacrificar tu juventud por esta empresa.
Evana se congeló en su sitio. «¿Paz en un lugar tranquilo? ¿Una familia?». Aquellas palabras eran exactamente el reflejo de la vida que ella había construido y perdido en el pueblo montañoso junto a Thomas y sus hijos.
Una alarma resonó en el fondo de su mente. Esta amabilidad era demasiado drástica. En la línea temporal anterior, su padre la persiguió e intentó separar a toda costa su relación con Thomas cuando descubrió que estaba embarazada, lo que los obligó a huir y ocultar su ubicación. ¿Por qué ahora le daba permiso de ser feliz? ¿Qué había cambiado en esta vida para que su padre actuara de forma tan sospechosamente humana?
—Agradezco tu preocupación —respondió Evana, levantándose de la mesa y tomando su bolso con mano firme, rehusando mostrar el temblor de su alma—. Pero mi felicidad está en ganar esta guerra comercial. Si me disculpas, tengo una reunión en la oficina.
Salió del restaurante a paso veloz, sintiendo la mirada triste de su padre clavada en su espalda.
Al regresar a la sede corporativa, Valeria la esperaba en la recepción privada con una tableta digital bajo el brazo y una expresión de total eficiencia.
—¿Cómo te fue con tu padre? —preguntó Valeria, caminándola al lado mientras ambas avanzaban hacia el despacho presidencial—. ¿Volvió a exigir cuotas de mercado imposibles?
—No —dijo Evana con voz sombría, abriendo la puerta de su oficina—. Todo lo contrario. Se comportó como un padre cariñoso y preocupado. Y eso me aterra diez veces más.
Valeria soltó una risita suave y acomodó unos papeles sobre el escritorio de Evana.
—Bueno, tal vez la edad lo está ablandando, amiga. A veces los hombres duros se dan cuenta muy tarde de lo que verdaderamente importa. No le des tantas vueltas. Más bien, mira esto —Valeria le mostró la pantalla de la tableta—. El Grupo Vanguard acaba de solicitar un arbitraje privado para la concesión de los terrenos del norte. Thomas Vance no quiere ir a juicio comercial. Quiere dejarnos el camino libre.
Evana se quedó mirando el nombre de Thomas en la pantalla. La amabilidad de su padre y la serenidad misteriosa de Thomas se entrelazaban en su cabeza como dos piezas de un rompecabezas que no lograba encajar.
—¿Acepto ese negocio? —inquirió Valeria, mirándola con atención.
—Acepta —ordenó Evana, apretando los puños sobre el escritorio—. Mi enemigo está siendo muy generoso.
Al final, todo ese dinero en el futuro será también de él. Pero prefiere jugar a esto también.
Gracias por los capítulos autora