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Prohibido Para Mí

Prohibido Para Mí

Status: En proceso
Genre:Amor prohibido / Amor eterno / Romance
Popularitas:5.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Yulexi De Fernández

Esta historia comienza con una joven estudiante de colegio que jamás imaginó que conocer a un doctor cambiaría su vida para siempre. Entre ellos nace un sentimiento profundo que, poco a poco, se convierte en un amor prohibido, lleno de obstáculos, secretos y decisiones difíciles. Sin embargo, ambos están dispuestos a luchar por aquello que sienten. Cuando la chica atraviesa el momento más doloroso de su vida, su mundo se derrumba: su querida abuelita, la única persona que la crió y estuvo a su lado, fallece después de enfrentar una grave enfermedad. El doctor no pudo salvarla, pero decidió quedarse para acompañarla y apoyarla.

NovelToon tiene autorización de Yulexi De Fernández para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 19 — La discusión

Ya eran alrededor de las tres de la mañana y, después de haber dejado pasar un buen rato sin tomar más, estaba mucho más sobrio. La música todavía sonaba en la casa, aunque ya no con la misma fuerza de unas horas antes. Algunos de mis primos seguían reunidos hablando y haciendo bromas.

Miré hacia donde estaba Valeska, pero no la vi.

Fruncí el ceño y empecé a buscarla con la mirada.

—¿Y la Vale dónde se metió? —murmuré.

Vi a mi abuela sentada cerca de la mesa, acomodando algunas cosas.

Me acerqué a ella.

—Mamita, ¿y la Vale?

Mi abuela levantó la mirada.

—Se fue adentro, mijo. Está acostadita en el cuarto.

—Ah, bueno...

Me quedé unos segundos pensando y después caminé hacia el interior de la casa.

Cuando abrí la puerta del cuarto, encontré a Valeska acostada, mirando hacia el otro lado. Apenas entré, ella volteó a verme.

—Ey, mujer, ¿qué hacés acá?

Valeska me miró seria.

—¿Qué hago acá? Pues estoy acostada.

—¿Y por qué tan brava?

—Porque usted está tomado con su familia, no me pone cuidado y, además, estaba bailando con su prima muy pegado. Respete, Xavier.

La miré sorprendido.

—¿Cómo así? ¡Es mi prima!

—Sí, ya sé que es su prima.

—Entonces, ¿cuál es el problema?

Valeska se incorporó un poco y me miró directamente.

—El problema es que a mí no me gustó cómo estaban bailando.

—Pero, Vale, nosotros somos primos. Siempre hemos bailado así en las fiestas.

—Pues a mí me dio celos.

Solté un suspiro.

—Ay, Valeska...

—No me diga "ay, Valeska". Yo vi lo que vi.

—No pasó nada.

—Usted siempre dice eso.

Me empezó a dar rabia la forma en que me estaba reclamando.

—Pues es que no pasó nada, carajo. Es mi prima.

Valeska cruzó los brazos.

—¿Y usted ha escuchado el dicho de que "entre primo más me arrimo"?

La miré con los ojos abiertos.

—¡¿Qué?! No, Vale, tampoco exagerés.

—Yo solamente estoy diciendo lo que dicen.

—Pero no tiene nada que ver con nosotros.

—Pues yo no estaba cómoda viendo esa bailada.

Me pasé una mano por la cara, tratando de mantener la calma.

—Parce, usted está armando una pelea por una cosa que no significa nada.

—Porque usted no entiende cómo me sentí.

—¿Y entonces qué querés que haga? ¿Que deje de hablarle a mi familia?

—No. Yo nunca dije eso.

—Pues parece.

Valeska negó con la cabeza.

—Yo solamente quiero que me respetés.

—Yo te respeto.

—Entonces demostralo.

Nos quedamos mirándonos en silencio durante unos segundos. La discusión ya había subido de tono y ninguno quería ceder.

En ese momento escuchamos unos pasos en el pasillo.

Mi abuela apareció en la puerta y nos miró a los dos.

—¿Qué está pasando aquí, pues?

Valeska bajó la mirada.

—Nada, abuela.

Mi abuela me miró directamente.

—Xavier, usted está tomado. No hable así.

—Pero, abuela, es que ella está reclamándome por bailar con mi prima.

Mi abuela suspiró.

—Eso lo pueden hablar mañana con la cabeza más despejada. Ahora no es momento de ponerse a discutir.

—Pero yo no estoy diciendo nada malo.

—Mijo, usted sí está alterado. Y cuando uno ha tomado, puede decir cosas que después lamenta.

Me quedé callado.

Valeska tampoco dijo nada.

Yo sentía la rabia todavía encima. No quería seguir discutiendo porque sabía que podía terminar diciendo algo peor.

—Bueno, pues —murmuré—. Me voy.

—¿Para dónde va? —preguntó mi abuela.

—Con mis primos.

Mi abuela negó con la cabeza.

—Ay, mijo, no se vaya a seguir buscando problemas.

—No, mamita. Solo voy a sentarme con ellos.

Salí del cuarto todavía molesto. Caminé de nuevo hacia donde estaban mis primos y me senté junto a Efraín y Darío.

—¿Qué pasó, hermano? —preguntó Efraín.

—Nada, parce. Una discusión con la Vale.

Darío me miró y soltó una risa.

—¿Y ahora qué hizo usted?

—Nada, hombre. Ese es el problema.

Me dejé caer en la silla y respiré profundo.

No quería seguir pensando en la discusión. Por ahora, prefería quedarme con mis primos y dejar que las cosas se calmaran.

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Deyda Ninorca Sanchez Batista
las niñas son de papá
Doris Laura Torres Amaya
👏,buena decisión
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