Ella renace en un nuevo mundo, destinada a ser una madrastra malvada, pero decidida a cambiar su futuro.
*Está novela pertenece a un mundo mágico*
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El duque 1
El día del regreso finalmente llegó.
Desde muy temprano la mansión estaba completamente revolucionada.
Los sirvientes caminaban de un lado a otro.
Las alfombras eran revisadas por última vez.
Las ventanas brillaban.
Las flores habían sido cambiadas aquella misma mañana.
Incluso los guardias vestían sus mejores uniformes.
Harriet observaba todo desde una ventana del segundo piso.
—Parece que viene el rey
Mary sonrió.
—Es normal, mi lady.
—Su Excelencia lleva mas de un mes fuera del ducado.
Harriet asintió lentamente.
[Sí...]
[El famoso duque Edward Montagu.]
Recordaba perfectamente cómo lo describía el guion.
El hombre más joven en recibir el título ducal.
Brillante.
Reservado.
Frío.
Responsable hasta el extremo.
Amaba profundamente a sus hijos...
Pero era incapaz de expresar sus emociones.
En toda la novela apenas sonreía.
[Era prácticamente una estatua con documentos.]
Suspiró.
[Y ahora esa estatua viene hacia acá.]
Aunque procuraba mantener la calma, por dentro estaba bastante nerviosa.
[Respira.]
[No eres una actriz principiante.]
[Has trabajado con actores famosos.]
[Puedes saludar a un duque.]
[Hasta he hecho escenas colgando de edificios.]
[¿Qué podría salir mal?]
Entonces escuchó el sonido de varios carruajes entrando por el portón principal.
Los sirvientes comenzaron a acomodarse automáticamente.
—¡Su Excelencia ha regresado!
Harriet respiró hondo.
Sin darse cuenta, acomodó su vestido.
Alisó una arruga inexistente.
Y volvió a respirar.
[No estés nerviosa.]
[Es solo el hombre que en la novela termina permitiendo que te ejecuten.]
[Mejor sí estoy un poquito nerviosa.]
Pasaron cinco minutos.
Después diez.
Luego quince.
Harriet seguía esperando.
Mary también comenzó a mirar hacia la puerta.
—Qué extraño...
Harriet frunció el ceño.
—¿Qué ocurre?
Mary parecía confundida.
—Normalmente... Después de un viaje tan largo, Su Excelencia deberia venir a saludar a los miembros principales de la casa.
Pasaron otros diez minutos.
Nadie llegó.
Harriet comenzó a caminar por la habitación.
[¿Dónde está?]
[¿Se perdió?]
[¿Entró por otra puerta?]
Finalmente apareció el mayordomo.
Hizo una elegante reverencia.
—Lady Harriet.
Ella sonrió.
—¿El duque viene hacia acá?
El hombre respondió con absoluta naturalidad.
—No, mi lady.
La sonrisa desapareció lentamente del rostro de Harriet.
—...¿No?
—Su Excelencia fue directamente a su despacho.
—Solicitó que le llevaran toda la documentación acumulada durante su ausencia.
Harriet permaneció inmóvil.
—¿Fue... a trabajar?
—Sí, mi lady.
—Indicó que no deseaba interrupciones hasta terminar los asuntos urgentes del ducado.
[Pensé que al menos...]
[¿No iba a saludar?]
[¿Ni siquiera un "buenos días"?]
Mary habló con cautela.
—Quizá después venga a verla.
Harriet no respondió.
Solo giró lentamente la cabeza.
—Mary.
—¿Sí, mi lady?
—¿Fue a verme primero?
—No.
—¿Fue a ver a los niños?
—No.
—¿Preguntó por ellos?
Mary bajó un poco la cabeza.
—No, mi lady.
Harriet sintió que una vena comenzaba a palpitarle en la frente.
[A ver...]
[Ordenemos las ideas.]
[Vuelve después de mas de un mes.]
[Seis semanas se las tengo contadas]
[Tiene una esposa esperándolo.]
[Dos bebés que no ha visto en semanas.]
[Y...]
[¿Lo primero que hace es encerrarse con papeles?]
Respiró profundamente.
[Uno...]
[Dos...]
[Tres...]
No funcionó.
Giró sobre sus talones.
—¿Dónde está el despacho?
Mary parpadeó.
—¿Mi lady?
—Pregunté dónde está.
La doncella señaló el ala oeste.
—En el segundo piso.
Harriet comenzó a caminar decidida.
Mary la siguió apresuradamente.
—¡Mi lady!
—¡Quizá sea mejor esperar!
Harriet continuó avanzando.
[Pero qué hombre tan desesperante.]
[¡Ni siquiera conocer a su nueva esposa!]
[¡Eso puedo entenderlo un poco!]
[¡Pero sus hijos!]
[¡Sus hijos tienen menos de un año!]
Cuando llegó frente a la gran puerta de madera, se detuvo.
Respiró profundamente.
[Tranquila.]
[No eres quién para reclamarle.]
[Técnicamente este matrimonio es un contrato.]
[Solo...]
[Respira.]
En ese instante escuchó voces desde el otro lado.
—Su Excelencia, estos son los informes de las cosechas.
—Déjelos allí.
—También llegaron las cuentas de las minas.
—Después.
—Hay documentos pendientes sobre los impuestos...
—Primero revisaremos los pueblos del norte.
Harriet abrió mucho los ojos.
[¿En serio?]
[¿Ni cinco minutos de descanso?]
[¿Este hombre desayuna documentos o qué?]
Se quedó unos segundos mirando la puerta.
Finalmente dio media vuelta.
Mary suspiró aliviada.
—¿No entrará?
Harriet negó lentamente.
—No.
Mary sonrió.
—Es una buena decisión.
Harriet sonrió también.
Pero era una sonrisa demasiado tranquila.
Demasiado tranquila.
Lo cual hizo que Mary se preocupara aún más.
[Pensando bien...]
[Si trabaja tanto...]
[¿En qué momento juega con Ellie y Eric?]
[¿En qué momento los carga?]
[¿En qué momento los ve crecer?]
Su expresión se endureció.
[Con razón en el guion esos niños buscaban cariño en cualquier parte.]
Miró una vez más la puerta cerrada del despacho.
[Pues escúchame bien, duque Edward Montagu.]
[Aunque todavía no puedas oír mis pensamientos...]
[Tienes muchísima suerte.]
[Porque tus hijos son adorables...]
[Y porque esta vez hay una actriz reencarnada haciendo de madrastra.]
[Así que, mientras tú te casas con el trabajo...]
[Yo me encargaré de que esos dos pequeños nunca vuelvan a sentirse solos.]