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Vestida Para La Traición

Vestida Para La Traición

Status: Terminada
Genre:Venganza / Traiciones y engaños / Villana / Completas
Popularitas:29.2k
Nilai: 5
nombre de autor: Julissa Pitti

Una abogada brillante, a punto de casarse, descubre la traición de su prometido y su mejor amiga… y decide convertir su propia boda en el escenario perfecto para revelar la verdad.

NovelToon tiene autorización de Julissa Pitti para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

PRÓLOGO

Me llamo Valeria Alcázar, tengo 34 años y crecí en Ginebra, en una ciudad donde todo tenía un orden y un propósito claro.

Mi vida siempre fue ordenada.

No perfecta, pero sí clara. Estudié, trabajé, me hice un nombre. Nunca dejé nada al azar. Si algo dependía de mí, salía bien.

Así he vivido siempre.

Crecí en una familia donde equivocarse no era un escándalo, pero tampoco era una opción frecuente. Mi padre era abogado. Estricto, pero justo. Nunca necesitó levantar la voz. Bastaba su presencia para que todo se alineara. Me enseñó a pensar antes de hablar, a observar antes de actuar.

Y a no perder nunca el control.

Mi madre era distinta. Elegante, impecable, siempre consciente de lo que los demás veían. Para ella, la vida también era una estructura, pero una que debía sostenerse hacia afuera. La imagen importaba. Las formas importaban. Y aunque nunca lo dijo directamente, entendí desde muy joven que el error no era fallar… era que otros lo notaran.

Mis hermanos crecieron bajo las mismas reglas, pero no las vivieron igual.

Daniel, el mayor, aprendió a moverse dentro de ellas sin cuestionarlas. Protector, directo, resolutivo. Siempre estuvo ahí, incluso cuando no hacía falta. Pero nunca confió en Camila. Nunca lo dijo de forma abierta, pero era evidente en la forma en que la miraba, en su distancia, en ese juicio silencioso que no lograba ocultar. Tampoco veía con buenos ojos a Santiago. No le gustaba su forma de hablar, ni esa facilidad con la que parecía encajar en todo. Nunca lo enfrentó directamente, pero nunca lo aceptó.

Lucía, en cambio, nunca encajó del todo. Más emocional, más libre. Decía lo que pensaba, sentía sin medir. A veces la admiraba. Otras, simplemente no la entendía.

Yo no era como ninguno de los dos.

Yo era la que hacía que todo funcionara.

No por obligación.

Por decisión.

Camila llegó cuando yo ya era esa versión de mí misma. No irrumpió. No cambió nada de forma brusca. Se integró.

Se volvió parte de mi rutina sin esfuerzo.

Donde yo era estructurada, ella era ligera. Donde yo analizaba, ella sentía. Y esa diferencia no chocaba. Se equilibraba.

En poco tiempo, estaba en todos mis espacios importantes.

Mi familia la conocía. Mi madre la recibía con cortesía medida. Mi padre la respetaba porque yo lo hacía. Daniel nunca la enfrentó directamente, pero tampoco la aceptó del todo. Lucía, incluso, parecía llevarse bien con ella.

Y yo… confiaba.

No de forma impulsiva.

De forma sostenida.

A Santiago lo conocí después. No fue una historia complicada. No hubo juegos, ni incertidumbre. Nos entendimos rápido.

Él no invadía.

No exigía.

No alteraba mi forma de vivir.

Encajaba.

Y yo encajaba en su vida de la misma manera.

Era una relación estable. Predecible. Correcta.

Y eso, para mí, era suficiente.

Mi familia lo aprobó… casi sin reservas.

Mi padre valoraba su estabilidad.

Mi madre, su presencia.

Daniel nunca confió en él, aunque lo toleró por mí.

Lucía decía que yo, por fin, parecía feliz.

Y tenía razón.

Lo estaba.

Con el tiempo, los tres nos volvimos cercanos. No de forma forzada. Natural.

Cenas. Planes. Conversaciones largas.

Camila organizaba. Santiago proponía. Yo ajustaba.

Funcionábamos.

Nunca pensé que ahí había un problema.

No lo vi.

O no quise verlo.

La traición no fue un proceso largo.

Fue un instante.

Soy abogada sé reconocer la verdad cuando la tengo enfrente y esa noche, la verdad era simple:

Mi prometido y mi mejor amiga me estaban engañando. Lo que sí hice fue pensar.

Pensar con calma.

Porque hay algo que aprendí hace mucho:

Las decisiones impulsivas se pierden.

Las bien pensadas… se ejecutan.

No cancelé la boda.

No dije nada.

No los enfrenté.

Decidí otra cosa.

Si ellos creyeron que podían mentirme en mi propia vida…

Entonces yo iba a usar esa misma vida para responder.

Mi boda no se canceló.

Se convirtió en un plan.

Y esta vez…

yo iba a ganar.

1
Equipo Motorola
excelente historia felicitaciones escritora 👏
Maria Josefa
con Valeria que sospeche de esa putizorra y ese mujeriego
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