Laura Una arquitecta brillante intentando llevar una vida normal, en medio de todo su caos, llegará para cambiarle la vida a él.
—Ojalá el amor se pesara, porque siento que hoy acabo de subir una tonelada
NovelToon tiene autorización de Kyoko... para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.
capitulo 22
El detective Ramírez había entrado en la oficina de Marco como una sombra portadora de malas noticias. Había pasado una semana desde el incidente en la cafetería y la tensión en Alarcón & Co. se podía cortar con un bisturí. Marco no dormía, apenas comía y su humor era comparado por sus empleados con el de un oso con dolor de muelas.
—Señor Alarcón, aquí está el informe completo sobre Gael
dijo Ramírez, dejando un sobre de papel madera sobre el escritorio de ébano.
Marco abrió el sobre con manos temblorosas. La foto de Gael sonreía desde la primera página, esa sonrisa imperturbable que le revolvía el estómago a Marco.
—Gael Farquez. Se mueve en círculos artísticos y de paisajismo de lujo. Pero hay un vacío de tres años en su historial en Europa. Y mire esto
Ramírez señaló una línea subrayada.
—Hace dos meses, su cuenta bancaria, usualmente al borde del descubierto, recibió una transferencia importante desde una cuenta puente en Suiza. No podemos rastrear el origen final, pero el banco emisor es el mismo que usa la familia Azuaje para sus operaciones discretas.
Marco sintió que el mundo se detenía. No era solo un paisajista bohemio. Era un mercenario emocional pagado por Carla, de eso estaba casi seguro.
—Esa maldita víbora...
susurró Marco, la furia gélida apoderándose de él
—Quiere usar a Laura para llegar a mí. Quiere que yo pierda la cabeza y que Laura pierda la fe. Ramírez, quiero vigilancia veinticuatro siete sobre Gael. Y no le quites el ojo a Laura, pero que no se dé cuenta. Si él intenta algo...
Mientras tanto, en el estudio de diseño de Laura, el ambiente era extrañamente pacífico. Gael estaba sentado frente a ella, señalando con un dedo elegante una zona del plano de La Herencia.
—Laura, estás atrapada en la estructura
dijo Gael, con esa voz suave que parecía acariciar el aire.
—Este viñedo no es solo cemento y piedra volcánica. Tiene alma. Necesita respirar. Conozco un lugar, un viñedo secreto en las colinas del norte, que fue abandonado hace décadas. Allí, la naturaleza ha reclamado su espacio y ha creado un ecosistema perfecto. Tienes que verlo para entender cómo integrar tu diseño con la vida.
Laura lo miró, dudosa. Llevaba días lidiando con los mensajes posesivos de Marco y las exigencias de su madre sobre la decoración del cuarto de los gemelos que incluía una cuna que Laura odiaba. La idea de escapar, de respirar aire puro y hablar de algo que no fuera dinero o litigios, era tentadora.
—¿Un viñedo?
preguntó ella, con una sonrisa escéptica pero interesada.
— Suena a leyenda urbana para arquitectos románticos.
—Es real. Y es hermoso. Como tú cuando te olvidas de ser la dueña de un imperio y recuerdas que eres una creadora.
respondió Gael, dándole una mirada de galán barato.
— Vamos mañana. Prometo que no habrá cobertura de móvil, ni paparazzi, ni CEO celosos. Solo tú, yo y la tierra.
Laura aceptó. Necesitaba ese descanso. Necesitaba recordarse a sí misma por qué había empezado todo esto.
Al día siguiente, Marco estaba en su coche, siguiendo a distancia el Range Rover de Gael. Ramírez le había avisado de la excursión. El GPS indicaba que se dirigían hacia una zona montañosa y aislada.
—¿A dónde la llevas, desgraciado?
murmuraba Marco, apretando el volante.
—Si le tocas un pelo, te juro que no quedará ni rastro de ti.
El viaje fue largo. Gael conducía con suavidad, poniendo música ambiental que relajaba a Laura. Hablaron de arte, de filosofía, de cómo los antojos de los gemelos que esa mañana incluían sardinas con chocolate blanco eran una señal de que serían unos niños extrovertidos. Laura se sentía ligera, valorada por su mente y no solo por su herencia.
Llegaron al viñedo secreto al mediodía. Era un lugar mágico. Vides, retorcidas y fuertes, crecían entre ruinas de piedra romana. El aire olía a tierra húmeda, a romero y a sol. No había ni un ruido, excepto el canto de los pájaros y el susurro del viento entre las hojas.
—Es... increíble
susurró Laura, maravillada. Caminó entre las vides, tocando la corteza rugosa. Sintió una conexión profunda con el lugar, una paz que no había sentido en meses.
—Te lo dije
dijo Gael, acercándose a ella.
—Aquí, el tiempo no existe. Solo existe el presente. Y tú, Laura, eres el presente más hermoso que he visto en mucho tiempo.
Gael le tomó la mano. Laura no se apartó. No había tensión sexual, solo una calidez reconfortante. Gael era un experto, sabía que la clave para conquistarla no era la pasión física que la asustaría dada su situación y su lealtad a Marco, sino la intimidad emocional.
—Marco no te ve, Laura
continuó Gael, bajando la voz.
—Él ve un trofeo, una forma de perpetuar su apellido, una socia de negocios. Pero no ve a la mujer que hay detrás de las curvas y los planos. Yo sí te veo. Veo tu fuerza, tu vulnerabilidad, tu talento.
Mientras tanto, Marco había dejado su coche a un kilómetro de distancia y se acercaba a pie, siguiendo las indicaciones de Ramírez. Se detuvo detrás de un muro de piedra romana en ruinas, a pocos metros de donde estaban Laura y Gael. Al ver a Gael sosteniendo la mano de Laura y escuchar sus palabras, sintió una puñalada de dolor y rabia que casi lo hace gritar.
—Él no te ve, dice el tipo que cobra de los Azuaje
pensó Marco, con el corazón rompiéndose.
— ¡Yo te veo cada noche en mis sueños, Laura! Veo el futuro en tu vientre, veo la verdad en tus ojos...
Marco estaba a punto de salir de su escondite, de gritarle a Gael la verdad sobre su traición, de arrastrar a Laura lejos de ese manipulador. Pero algo lo detuvo. Vio la expresión de Laura. No era una expresión de amor hacia Gael, sino de alivio. Parecía que, por fin, alguien la estaba escuchando sin juzgarla, sin exigirle nada.
—Si salgo ahora, ella pensará que soy un loco posesivo
se dio cuenta Marco
— Ella no me creerá. Dirá que es otra de mis manipulaciones para controlarla. Gael es su refugio... y yo soy la tormenta.
Se quedó allí, escondido entre las ruinas de piedra, torturándose mientras veía a Gael y Laura caminar juntos, hablando y riendo. El gran Marco Alarcón, el hombre que todo lo controlaba, estaba derrotado por su propio pasado y por la sutileza de un mercenario emocional.