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Indomable

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Status: Terminada
Genre:Romance / Mujer poderosa / Mafia / Completas
Popularitas:2.1k
Nilai: 5
nombre de autor: YICELA MOSQUERA MENA

Valentina Mena es una mujer fuerte e independiente que nunca se ha dejado dominar por nadie. Matteo De Luca, líder de un poderoso imperio mafioso, está acostumbrado a obtener todo lo que quiere. Cuando sus caminos se cruzan, nace una atracción peligrosa que los llevará a enfrentarse entre el amor, el poder y la traición.

NovelToon tiene autorización de YICELA MOSQUERA MENA para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Lo que también significa amar.

Habían pasado dos semanas desde aquella discusión en la oficina de Matteo.

Dos semanas en las que ambos habían descubierto que amar también significaba corregirse, pedir perdón y aprender del otro.

Y lo estaban logrando.

Todas las mañanas Matteo la llamaba antes de comenzar sus reuniones.

Todas las noches, sin importar el país o la hora, siempre encontraba unos minutos para escuchar cómo había sido el día de Valentina.

No eran conversaciones largas.

Pero eran suficientes para hacerlos sentir cerca.

Aquella tarde, Matteo la esperaba frente a su empresa.

Apoyado sobre su automóvil negro, con las manos en los bolsillos y una sonrisa discreta que solo aparecía cuando la veía salir.

Camila fue la primera en notarlo.

—Ahí está otra vez.

Valentina levantó la vista.

Y sonrió.

—No te acostumbres —murmuró Camila—. Antes eras la jefa más temida de este edificio. Ahora pareces una adolescente enamorada.

—¿Terminaste?

—No.

Pero puedes irte.

Creo que alguien lleva media hora esperando.

Valentina negó entre risas y caminó hasta Matteo.

—¿Mucho tiempo?

—Veintisiete minutos.

Ella abrió los ojos.

—¿Los contaste?

—Cada uno.

—Estás exagerando.

—Tal vez.

Él abrió la puerta del automóvil.

—¿Lista?

—¿A dónde vamos?

—Es una sorpresa.

—Últimamente te gustan demasiado las sorpresas.

—Y a ti te gusta fingir que no.

Ella sonrió antes de subir.

Una hora después llegaron a una pequeña finca ubicada en las afueras de Bogotá.

No era lujosa.

Era tranquila.

Con jardines inmensos, un lago y una cabaña de madera donde apenas se escuchaba el canto de los pájaros.

Valentina bajó del automóvil mirando todo a su alrededor.

—¿Cómo encontraste este lugar?

—Marco.

Ella soltó una carcajada.

—¿Marco?

—Resulta que también sirve para algo más que molestarme.

Como si lo hubieran invocado, el teléfono de Matteo comenzó a sonar.

En la pantalla aparecía precisamente el nombre de Marco.

—No contestes.

—¿Por qué?

—Porque seguramente llamó para preguntar si ya me besaste.

Matteo empezó a reír.

—Lo conoces demasiado bien.

Decidió contestar.

—¿Sí?

La voz de Marco sonó al otro lado.

—Solo llamaba para confirmar que llegaron.

Matteo miró a Valentina.

Ella levantó ambas cejas divertida.

—También quería recordar que escondí una botella de vino en la cocina.

—Gracias, Marco.

—Y otra cosa.

—¿Qué?

—No arruines la cita hablando de negocios.

Matteo colgó sin responder.

Valentina no podía dejar de reír.

—Tiene razón.

—No vuelvas a decir eso.

—La tiene.

—Jamás.

La tarde transcurrió entre caminatas, café y largas conversaciones.

Hablaron de la infancia.

De los viajes que aún soñaban hacer.

De los lugares donde les gustaría vivir algún día.

Sentados junto al lago, Matteo lanzó una pequeña piedra al agua.

—¿Puedo preguntarte algo?

—Siempre.

—¿Nunca quisiste irte del país?

Valentina pensó unos segundos.

—Muchas veces.

—¿Y por qué no lo hiciste?

Miró el horizonte.

—Porque aquí estaba mi mamá.

Sofía.

Mi empresa.

Los recuerdos de mi papá.

Irme habría sido como abandonarlo otra vez.

Matteo comprendió perfectamente aquella respuesta.

Él también sabía lo que era permanecer en un lugar por amor a quienes ya no estaban.

Cuando cayó la noche encendieron la chimenea de la cabaña.

Prepararon la cena juntos.

O, al menos, lo intentaron.

—Estás cortando el tomate demasiado grueso —dijo Valentina.

—Así sabe mejor.

—Eso no tiene ningún sentido.

—Para mí sí.

Ella tomó el cuchillo.

—Déjame.

Matteo volvió a intentarlo por su cuenta.

Cinco minutos después dejó caer accidentalmente un poco de salsa sobre su camisa blanca.

Valentina estalló en carcajadas.

—No te rías.

—No puedo evitarlo.

—Esto fue culpa tuya.

—¿Mía?

—Me pusiste nervioso.

Ella casi no podía respirar de tanto reír.

Tomó una servilleta y comenzó a limpiar la camisa de Matteo.

Cuando terminó, ambos quedaron muy cerca.

Demasiado cerca.

Él acarició lentamente uno de sus mechones de cabello.

—Me gusta cuando te ríes así.

Valentina bajó la mirada.

—¿Así cómo?

—Sin pensar.

Sin preocuparte por nada.

Ella apoyó una mano sobre su pecho.

—Contigo cada vez me resulta más fácil.

Matteo besó suavemente su frente.

—Ese es el mejor cumplido que pudieron hacerme.

Después de cenar salieron al porche.

El cielo estaba completamente despejado.

Las estrellas parecían mucho más cercanas lejos de la ciudad.

Valentina apoyó la cabeza sobre el hombro de Matteo.

—Hace unos meses ni siquiera soportábamos estar cinco minutos juntos.

Él sonrió.

—Yo sí te soportaba.

—Mentiroso.

—Está bien.

Me desesperabas.

Ella le dio un pequeño golpe en el brazo.

—Lo sabía.

—Pero también esperaba con ansias cada reunión contigo.

Valentina levantó la vista.

—¿Desde cuándo?

Él tardó unos segundos en responder.

—Desde aquella primera vez en el restaurante.

Tú discutías conmigo mientras yo solo pensaba que jamás había conocido a una mujer capaz de mirarme así.

Ella sonrió.

—Yo pensaba que eras el hombre más arrogante del planeta.

—¿Y ahora?

—Ahora sigo creyendo que eres arrogante.

Matteo abrió mucho los ojos.

—Gracias.

—Pero también eres bueno.

Paciente.

Leal.

Y mucho más sensible de lo que quieres admitir.

Él la observó con una ternura que ya no intentaba ocultar.

—¿Sabes qué descubrí yo?

—¿Qué cosa?

—Que detrás de esa mujer que todos creen inquebrantable hay alguien que solo necesitaba sentirse acompañada.

Los ojos de Valentina comenzaron a humedecerse.

—Nunca pensé que alguien pudiera entenderme tanto.

Matteo tomó su mano y la besó con delicadeza.

—Todavía me falta conocerte toda una vida.

Ella sonrió.

—Entonces será mejor que no pierdas tiempo.

Esa noche permanecieron durante horas hablando frente a la chimenea.

No había silencios incómodos.

Solo la tranquilidad de dos personas que ya no necesitaban aparentar fortaleza frente al otro.

Compartieron besos, abrazos y la cercanía de quienes se aman con confianza y naturalidad, dejando que aquel fin de semana fortaleciera aún más el vínculo que estaban construyendo.

Antes de quedarse dormidos, Valentina levantó la vista hacia Matteo.

—¿Puedo confesarte algo?

—Claro.

—Siempre tuve miedo de enamorarme.

Él acarició suavemente su mejilla.

—¿Y ahora?

Ella entrelazó sus dedos con los de él.

—Ahora me da más miedo imaginar una vida donde tú no estés.

Matteo sintió que el corazón se detenía por un instante.

No respondió de inmediato.

Simplemente la abrazó con más fuerza.

Porque entendió que algunas promesas no necesitaban decirse en voz alta.

Bastaba con demostrar, cada día, que uno estaba dispuesto a quedarse.

Y mientras la lluvia comenzaba a caer suavemente sobre el techo de la cabaña, ambos comprendieron que el amor no solo se construía con grandes gestos.

También nacía en los pequeños momentos.

En las risas compartidas.

En las discusiones superadas.

En las manos que nunca se soltaban.

Y en la tranquilidad de saber que, por fin, habían encontrado a alguien con quien valía la pena recorrer el resto del camino.

1
Andrea Nardelli
extraordinaria sin final siempre
Cristina Miranda
Que será lo que hay oculto??!!
Cristina Miranda
huy, cuando se encuentren...
fuegos artificiales!!!!
....😂😂
Cristina Miranda
huy, cuando se encuentren...
fuegos artificiales!!!!
....😂😂
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