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Mi Amante Millonario

Mi Amante Millonario

Status: En proceso
Genre:Amante arrepentido / Amor eterno / Amor prohibido
Popularitas:2.3k
Nilai: 5
nombre de autor: Margalo

Un romance que surge entre el jefe de su esposo y la esposa de un hombre incapaz de satisfacer los más profundos deseos de una mujer como ella, al menos como lo hacer su jefe...

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Capitulo 18: lucharé por ti

El despacho estaba en un silencio pesado, roto solo por el sonido de los pasos de Marco que iban y venían una y otra vez, como un león encerrado en su propia jaula de cristal y caoba. Caminaba de un extremo a otro, con las manos apretadas en puños a la espalda, la mandíbula tan tensa que se le marcaban los músculos bajo la piel, y la mente dándole mil vueltas a lo mismo: esa mañana, él, Marco Aurelio, dueño de un imperio que nadie se atrevía a desafiar, se había arrastrado desnudo bajo una cama y luego había huido por una ventana como un ladrón cualquiera. No le dolía tanto la humillación en sí misma, sino el hecho de que Elisa le hubiera obligado a actuar así, sin darle siquiera una explicación coherente. Se sentía confundido, herido y profundamente molesto; esperaba su llegada con la intención clara de exigirle que le dijera qué pasaba, quién era esa mujer y por qué tenía tanto poder sobre ella para hacerle perder la dignidad.

Cuando por fin escuchó el suave golpe de la puerta al abrirse y verla entrar, se detuvo en seco, listo para soltarle el regaño que llevaba preparado en la punta de la lengua. Pero al levantar la vista, las palabras se le quedaron atoradas en la garganta. Elisa no traía la mirada baja por miedo a ser reprendida, ni tenía esa expresión nerviosa de otros días; se veía pequeña, derrotada, con los ojos hinchados de haber llorado y los hombros caídos como si llevara encima el peso de todo el mundo. Caminaba despacio, casi arrastrando los pies, y cuando se detuvo frente a él, ni siquiera intentó defenderse.

La ira de Marco se desvaneció en un segundo, reemplazada por una preocupación feroz que le golpeó el pecho con más fuerza que cualquier enfado. Dio un paso hacia ella y le tomó suavemente el rostro entre las manos, con un cuidado que nadie más habría imaginado en un hombre como él.

—¿Qué te ha pasado, mi vida? —preguntó con voz grave y profunda, llena de angustia—. ¿Quién te ha hecho esto? Dímelo ahora mismo. Si alguien te ha levantado la voz, si alguien te ha asustado o te ha hecho llorar de esta manera… iré ahora mismo por esa persona. Te juro que haré que pase por el peor tormento que pueda imaginar, que se arrepienta de haber nacido y de haberse cruzado en tu camino. Nadie tiene derecho a verte así.

Elisa sintió el calor de sus manos y la inmensa protección que emanaba de él, y eso hizo que las lágrimas volvieran a brotar con más fuerza.

—No puedes hacer nada —susurró con voz quebrada—. Nadie te ha hecho nada directamente… pero todo está perdido. No podemos seguir juntos, Marco. Tiene que terminar aquí.

Él la miró como si no hubiera entendido bien, apretándole un poco más el rostro sin hacerle daño, con incredulidad y dolor.

—¿Qué dices? ¿Por qué hablas así? ¿Qué ha cambiado en unas horas?

—Es Anabel —explicó ella, limpiándose las lágrimas con la mano temblorosa—. La mujer que estaba en la casa es la hermana de Luis. Y ella tiene una influencia enorme sobre él, hace y deshace con lo que él piensa y siente. Y ahora… ahora ella sospecha, o sabe, lo que hay entre nosotros. Me mira con odio, me detesta más que nunca, y sé que en cuanto tenga oportunidad se lo dirá todo a Luis. Y él… él ha sido tan bueno conmigo, tan leal, tan inocente en todo esto… es capaz de cualquier cosa cuando se entere, y no quiero ser yo quien le rompa el corazón de esa manera, y menos por culpa de su hermana. No quiero lastimarlo así.

Marco escuchó todo con atención, y al principio entrecerró los ojos con dureza.

—Que lo diga —dijo con firmeza—. Tarde o temprano se iba a enterar de todos modos. Es mejor que salga a la luz ahora y de una vez. No puedes dejarme por miedo a lo que ella diga.

—No entiendes —lo interrumpió ella con desesperación—. No es solo miedo. Es que no quiero pagarle con traición toda la bondad que él me ha dado. Y si se lo dice ella, parecerá que yo lo he estado engañando a sus espaldas desde el principio, y lo destruirá por completo. No puedo permitirlo.

Marco la miró largo rato, vio en sus ojos esa mezcla de amor por él y de compasión y culpa hacia su esposo, y supo que no cambiaría de opinión solo con razones. Entonces la atrajo con fuerza contra su pecho, la rodeó con sus brazos como si quisiera protegerla de todo el universo, y le habló al oído con una determinación que no admitía negativas:

—Escúchame bien, Elisa. No me importa quién sea esa mujer, ni cuánta influencia tenga, ni quién se ponga en nuestro camino. Yo voy a luchar por ti, y por nosotros, hasta el último aliento de mi vida. Lucharé contra ella, contra Luis, contra el mundo entero si hace falta. No te voy a soltar, no voy a dejar que nos separen por miedo o por culpa. Tú eres mía, y yo soy tuyo, y eso nadie lo va a cambiar.

En ese preciso instante, la puerta del despacho se abrió de golpe sin previo aviso, y dos hombres de traje, serios y con carpetas en la mano, entraron hablando de negocios sin darse cuenta del momento sagrado que estaban interrumpiendo.

—Señor Marco, ya están listos los contratos de la… —empezó a decir uno de ellos.

Pero Marco se giró de golpe, con la mirada fulminante, una mirada que había hecho temblar a hombres mucho más poderosos que ellos, y rugió con una voz que hizo vibrar las paredes:

—¡LÁRGENSE! ¡SALGAN DE AQUÍ AHORA MISMO Y CIERREN LA PUERTA! ¡NO VEO A NADIE Y NO QUIERO VER A NADIE!

Los dos hombres palidecieron, se quedaron helados un segundo y luego salieron corriendo casi tropezando, cerrando la puerta con un golpe seco y silencioso a la vez, asustados por la autoridad absoluta y la furia desbordada del hombre al que todos respetaban y temían. Y en cuanto se quedaron solos de nuevo, la dureza desapareció de sus facciones al instante, volviendo a ser solo el hombre que la amaba con toda su alma, y volvió a abrazarla con ternura infinita, dejando claro que su fuerza era para defenderla, y su corazón solo para ella.

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