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Todo Menos Amigos

Todo Menos Amigos

Status: Terminada
Genre:Yaoi / Escuela / Amor-odio / Completas
Popularitas:1.4k
Nilai: 5
nombre de autor: CrisCastillo

Noah Sullivan lleva años preparándose para obtener la beca internacional más prestigiosa de la universidad. Cada examen, cada trabajo y cada sacrificio han tenido un único objetivo: ganar.

Todo parece ir según lo planeado hasta que aparece Leo Moreau.

Popular, talentoso y desesperadamente encantador, Leo se convierte en el único rival capaz de disputarle la beca. Desde el primer encuentro, la tensión entre ambos es inmediata. Cada clase se transforma en una competencia y cada conversación en un desafío.

Cuando el director del programa anuncia que los dos candidatos finales deberán colaborar en un proyecto conjunto para demostrar sus capacidades de liderazgo, Noah siente que es una condena.

Sin embargo, cuanto más tiempo pasan juntos, más difícil resulta ignorar lo que hay detrás de las máscaras que ambos han construido.

NovelToon tiene autorización de CrisCastillo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

07

Las grabaciones de las "historias de vida" se convirtieron en el corazón palpitante de "Ritmos de Otoño". Javier, con su cámara al hombro, parecía tener un talento innato para hacer que la gente se abriera. Noah, con su habitual enfoque metódico, había preparado una guía de preguntas, pero pronto descubrió que las mejores historias surgían cuando la guía era olvidada.

Estaban en la sala de proyección del departamento de cine, revisando el primer montaje. En la pantalla, una joven de primer año llamada Elena relataba cómo la beca le había permitido escapar de un pueblo pequeño donde no había futuro para alguien como ella.

—Sin esto —decía Elena en la pantalla, con la voz temblorosa—, probablemente estaría trabajando en el mismo supermercado que mi madre. Ahora, sueño con ser astrofísica.

Noah observaba, inmóvil. Vio el impacto de esas palabras en los demás. Maya, con su habitual fachada de cínico, tenía los ojos ligeramente vidriosos. Sarah tomaba notas frenéticamente, ya pensando en cómo usar este material para la promoción. Y Leo... Leo simplemente sonreía, una sonrisa suave y comprensiva, como si viera reflejada en Elena una parte de sí mismo.

—Es poderoso —dijo Noah, su voz apenas un murmullo—. Más de lo que esperaba.

—Es real —dijo Leo, sin apartar la vista de la pantalla—. Es por lo que hacemos esto, Sullivan. ¿Lo ves?

Noah asintió, aunque la palabra "real" le resultaba a la vez atractiva y aterradora. Su vida se había construido sobre la base de controlar la realidad, no de sumergirse en ella.

Cuando el video terminó, el silencio en la sala era pesado, denso.

—Bueno —dijo Sarah, rompiendo el silencio—. Esto va a cambiar las cosas. Podemos usarlo en las redes sociales, en el boletín de la universidad...

—Podemos proyectarlos en el festival —sugirió Leo—. En un bucle continuo, en un espacio tranquilo. Para que la gente pueda verlos, sentirlos.

—Logísticamente complicado —dijo Noah, aunque sin la convicción de siempre—. Necesitaríamos pantallas, un espacio aislado del ruido...

—Podemos hacerlo —dijo Maya, antes de que Noah terminara—. Sé dónde podemos conseguir pantallas. Y mi banda puede tocar un poco más bajo en ese momento. Lo manejamos.

Noah miró a Maya, luego a Leo. Se estaba produciendo una transferencia de poder, un desplazamiento del centro de gravedad de su proyecto. Y él, Noah Sullivan, no estaba al mando. Y, para su sorpresa, no le importaba tanto como debería.

—De acuerdo —dijo Noah—. Pero necesitamos más historias. Diversidad. Diferentes carreras, diferentes orígenes. Para que todos puedan sentirse representados.

—Exacto —dijo Leo, su mirada encontrando la de Noah—. Cuantos más ecos, más fuerte será el resonar.

La frase era poética, casi demasiado para Noah, pero capturaba la esencia de lo que estaban intentando construir.

Esa noche, Leo y Noah se quedaron tarde en el salón de estudios, trabajando en los detalles de la proyección de los videos. El café se había enfriado hacía horas, pero ninguno de los dos parecía darse cuenta.

—Sabes —dijo Leo, rompiendo el silencio—. Mi hermano menor quería ir a la universidad. Tiene tu edad. Pero no pudo. Mis padres no podían permitírselo. Ahora trabaja en la construcción con mi padre.

Noah levantó la vista de su laptop, sorprendido por la confesión. No sabía que Leo tenía un hermano. No sabía nada sobre su familia, realmente.

—Lo siento —dijo Noah, sintiendo la torpeza de sus palabras—. Eso debe ser... difícil.

—Es la vida —dijo Leo, con una ligereza que no parecía del todo sincera—. Pero a veces me pregunto qué habría pasado si hubiera tenido las oportunidades que yo tengo. Si tú y él hubieran intercambiado lugares, ¿crees que estarías aquí, planificando este festival? ¿O él estaría en tu lugar, con tu beca?

La pregunta golpeó a Noah como un puño en el estómago. Era la clase de pregunta hipotética que él siempre evitaba, la clase de variable impredecible que su mente trataba de descartar. Pero esta vez, no podía. La imagen de un chico, un hermano de Leo, en su lugar, era demasiado vívida, demasiado real.

—No sé —dijo Noah finalmente, su voz ronca—. Dependería de... de muchas cosas. De su preparación, de su...

—¿De su suerte? —completó Leo—. ¿De las circunstancias? ¿De las cosas que no puede controlar?

—Supongo —dijo Noah, sintiendo cómo se desmoronaba otra de las paredes de su mundo ordenado—. Aunque odio admitirlo.

—El control es una ilusión, Sullivan —dijo Leo, su voz suave—. Lo único que podemos controlar es cómo reaccionamos. Lo que hacemos con lo que se nos da.

Noah no respondió. Estaba procesando, su mente trabajando a toda velocidad, intentando encajar esta nueva pieza de información en su comprensión del mundo. Siempre había creído que el éxito era una ecuación simple: talento + esfuerzo \= logros. Pero la confesión de Leo añadía una variable que había ignorado: la oportunidad.

—¿Por qué me dices esto? —preguntó Noah, su curiosidad superando su incomodidad.

Leo se encogió de hombros, pero su mirada era seria. —Porque creo que necesitas escucharlo. Porque creo que, en el fondo, no eres tan diferente de mí. Solo tienes una forma diferente de protegerte del caos.

Noah sintió una punzada de... ¿qué? ¿Reconocimiento? ¿Vulnerabilidad? Leo lo estaba leyendo, estaba viendo a través de las capas de lógica y control que había construido cuidadosamente a su alrededor. Y en lugar de sentirse expuesto, se sentía... visto.

—Mi padre abandonó a mi madre y a mí cuando tenía diez años —dijo Noah, las palabras saliendo antes de que pudiera detenerlas—. No tengo ni idea de dónde está. Mi madre trabajó en dos empleos para mantenernos. Si no hubiera obtenido una beca completa para Westbrook, no estaría aquí. Así que sí, Moreau. Sé algo sobre las circunstancias. Y sobre el control. Y sobre el miedo a perderlo todo.

El silencio que siguió a su confesión fue diferente a los anteriores. No era incómodo, ni tenso. Era... compartido. Era el silencio de dos secretos revelados, de dos armarios abiertos.

—Gracias por decírmelo —dijo Leo finalmente, su voz suave—. Por dejarme ver... al robot interior.

Noah se rio, un sonido genuino y libre. —Supongo que mi robot interior tiene un corazón después de todo.

—Siempre lo ha tenido —dijo Leo, su mirada intensa—. Solo estaba protegido por demasiadas capas de código.

Mientras se miraban, Noah sintió cómo se desvanecía la última barrera entre ellos. La rivalidad seguía ahí, pero ahora era como un viejo mapa de un territorio que ya no reconocían. Estaban en un nuevo lugar, un lugar donde la honestidad era más valiosa que la estrategia, y la conexión más poderosa que la competencia.

Y por primera vez, Noah no tenía miedo de ese lugar. De hecho, se sentía como en casa.

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Fany Torres
bellísima historia me encantó felicito a la autora siga asi
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