PARALELOS
Una beca le abrió las puertas de la preparatoria más prestigiosa del país. Pero también despertó un antiguo misterio.
Cada noche sueña con un estudiante que murió hace más de cien años. Ahora ese mismo joven camina por los pasillos de su escuela... aunque nadie más parece verlo.
¿Son solo sueños, o el pasado y el presente están avanzando en paralelo?
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Capítulo 23 Promesas bajo el cerezo
"Hay heridas que permanecen ocultas durante años. No porque hayan dejado de doler... sino porque aprendimos a sonreír mientras las llevábamos con nosotros."
El aire de aquella tarde parecía más cálido que de costumbre.
Cuando Akari atravesó las puertas de la biblioteca, el aroma de los viejos libros volvió a envolverla con una extraña sensación de tranquilidad.
Sin embargo, su corazón no estaba en calma.
Desde que encontró el pétalo de cerezo, cada página del diario parecía latir entre sus manos.
Ya no era solamente una historia.
Era una vida.
Y, de algún modo que todavía no lograba comprender, también comenzaba a formar parte de la suya.
La señora Hoshino levantó la vista desde el mostrador.
La observó durante unos segundos antes de sonreír.
—Veo que el diario ya no te deja dormir.
Akari dejó escapar una pequeña risa.
—¿Se nota tanto?
—En los ojos de las personas siempre se nota cuando una historia comienza a cambiarles el corazón.
La joven bajó la mirada.
—Tengo la sensación de que cada capítulo me acerca a algo importante...
Pero también a algo que me da miedo descubrir.
La anciana acomodó con delicadeza el diario sobre el mostrador.
—Los recuerdos verdaderos nunca aparecen para asustarnos.
Aparecen para enseñarnos aquello que el tiempo no consiguió borrar.
Akari tomó el cuaderno entre sus manos.
Antes de marcharse, la señora Hoshino añadió con voz serena:
—Hay personas que dejan huellas en el mundo...
Y otras que las dejan en el corazón de alguien.
Nunca olvides esa diferencia.
Aquellas palabras acompañaron a Akari hasta la pequeña sala de lectura.
Se sentó junto a la ventana.
La luz del sol iluminaba suavemente las páginas amarillentas.
Abrió el diario.
La siguiente entrada estaba fechada.
3 de septiembre de 1924
"Hoy comprendí que hay personas capaces de escuchar incluso aquello que nunca llegamos a decir."
Akari comenzó a leer lentamente.
"Los rumores continúan creciendo."
"Cada vez resulta más difícil caminar por los pasillos sin sentir las miradas de otros estudiantes."
"Sin embargo..."
"Lo que realmente me preocupa es Aiko."
"No quiero que tenga problemas por mi culpa."
La escritura se volvía ligeramente más irregular.
Como si Ren hubiera dudado antes de continuar.
"Hoy me pidió que camináramos un poco más después de clases."
"Acepté."
"Fuimos hasta el viejo cerezo."
"El viento comenzaba a anunciar la llegada del otoño."
"Las flores ya casi habían desaparecido."
"Aun así..."
"Ese lugar seguía transmitiendo la misma paz."
Akari sonrió con nostalgia.
Aquel árbol se había convertido en un personaje más de la historia.
Pasó la página.
"Durante varios minutos ninguno de los dos habló."
"Después Aiko me hizo una pregunta inesperada."
Las siguientes líneas aparecían escritas con extremo cuidado.
—Ren...
¿Cómo era tu vida antes de venir a la Academia?
Akari sintió que aquella pregunta cambiaba por completo el rumbo del capítulo.
Ren escribió:
"Durante unos segundos pensé en responder con una sonrisa y cambiar de tema."
"Siempre resulta más fácil hablar de libros que de uno mismo."
"Pero cuando la miré..."
"Comprendí que no estaba preguntando por curiosidad."
"Quería conocerme de verdad."
La siguiente página comenzaba con una frase sencilla.
"Así que decidí contarle la verdad."
Ren describía su infancia con una serenidad que hacía aún más dolorosos sus recuerdos.
"Le hablé de mi padre."
"Murió cuando yo era muy pequeño."
"Conservo muy pocos recuerdos de él."
"Solo la sensación de que, cuando estaba cerca, todo parecía menos difícil."
Akari tragó saliva.
Continuó leyendo.
"Después de su muerte, mi madre trabajó sin descanso."
"Aceptaba cualquier empleo que pudiera ayudarnos a seguir adelante."
"Muchas noches regresaba a casa cuando yo ya estaba dormido."
"Y por las mañanas volvía a salir antes de que despertara."
Las palabras parecían escritas con un inmenso respeto.
Jamás con resentimiento.
"Nunca la escuché quejarse."
"Nunca dijo que la vida hubiera sido injusta."
"Simplemente seguía adelante."
Ren continuó.
"Le conté a Aiko que muchas veces estudiaba junto a una pequeña lámpara de aceite."
"No siempre podíamos permitirnos algo mejor."
"En invierno hacía tanto frío que escribía con los dedos entumecidos."
"Pero mi madre siempre repetía la misma frase."
Las siguientes palabras aparecían entre comillas.
—El conocimiento es algo que nadie podrá quitarte jamás.
Akari sintió un nudo en la garganta.
Comprendía perfectamente de dónde nacía la fortaleza de Ren.
No era orgullo.
Era gratitud.
La siguiente reflexión ocupaba casi toda la página.
"Nunca sentí vergüenza de haber nacido pobre."
"Solo tuve miedo de que el mundo decidiera cuánto valía antes de conocer quién era realmente."
El silencio pareció llenar la pequeña sala.
Akari permaneció inmóvil.
Aquellas palabras resumían todo lo que Ren había vivido desde su llegada a la Academia.
Continuó leyendo.
"Cuando terminé de hablar..."
"Pensé que Aiko diría algo."
"Pero no lo hizo."
"Simplemente se acercó lentamente."
"Y tomó mi mano entre las suyas."
"No pronunció una sola palabra."
"No hacía falta."
"Por primera vez en mucho tiempo..."
"Sentí que alguien comprendía mis heridas sin necesidad de preguntarme cómo dolían."
Akari apoyó una mano sobre la página.
Una inesperada emoción humedeció sus ojos.
Porque comprendía que aquel gesto tan sencillo significaba mucho más que cualquier promesa.
No era lástima.
No era compasión.
Era aceptación.
Y quizá...
Era el comienzo de un sentimiento que ninguno de los dos se atrevía todavía a nombrar.
La pequeña sala de lectura permanecía completamente en silencio.
Akari seguía con una mano apoyada sobre la página del diario.
Todavía podía sentir el calor del gesto de Aiko al tomar la mano de Ren.
Respiró profundamente.
Después pasó la página.
La siguiente entrada estaba fechada.
10 de septiembre de 1924
"Hoy comprendí que todos cargamos con una historia que los demás no pueden ver."
Akari continuó leyendo.
"Después de escucharme, Aiko permaneció en silencio durante un largo rato."
"Pensé que la había entristecido con mis recuerdos."
"Pero entonces sonrió con esa calma que siempre consigue tranquilizarme."
Las siguientes palabras aparecían escritas con delicadeza.
—Ahora me toca hablar a mí.
Ren describía cada instante como si quisiera conservarlo para siempre.
"Nos sentamos bajo el viejo cerezo."
"El viento movía lentamente las ramas."
"Aiko observó el cielo antes de comenzar."
—Desde que era pequeña, mi vida ha estado organizada por otras personas.
"Me habló de profesores particulares."
"De clases de etiqueta."
"De reuniones familiares donde siempre debía sonreír."
"De decisiones tomadas mucho antes de que ella pudiera expresar lo que realmente quería."
Akari sintió una profunda tristeza.
Desde fuera, la vida de Aiko parecía perfecta.
Pero el diario mostraba una realidad muy distinta.
"Me confesó que muchas veces envidiaba la libertad con la que yo caminaba por la Academia."
Ren dejó escrita su respuesta.
—¿Libertad?
"No pude evitar reír."
"Si supieras cuántas veces sonrío solo para que mi madre no descubra que estoy preocupado..."
Aiko comenzó a reír también.
"Fue una risa sincera."
"Quizá la más hermosa que he escuchado jamás."
Ren escribió unas líneas más abajo.
"Durante unos minutos olvidamos los rumores."
"Olvidamos los apellidos."
"Olvidamos las diferencias."
"Solo existíamos nosotros... y el viejo cerezo acompañando nuestra conversación."
Akari sintió cómo aquellas palabras llenaban la habitación de una cálida nostalgia.
Continuó leyendo.
"Entonces Aiko levantó lentamente la vista hacia las ramas."
"Parecía estar reuniendo el valor para decir algo importante."
Las siguientes líneas aparecían separadas del resto.
—Ren...
¿Puedes prometerme una cosa?
"La miré sorprendido."
—Claro.
¿Qué ocurre?
Aiko permaneció unos segundos observando las flores que aún resistían entre las ramas.
Después habló casi en un susurro.
—Si algún día dejamos de vernos...
No olvides que en este lugar existió alguien que creyó en ti desde el primer momento.
Akari sintió un estremecimiento recorrer todo su cuerpo.
Ren escribió únicamente una frase.
"No necesité pensarlo."
Las siguientes palabras ocupaban el centro de la página.
—Te lo prometo.
En ese instante...
Las letras comenzaron a desvanecerse.
El aire de la biblioteca desapareció.
Akari sintió el perfume del cerezo.
Cuando abrió los ojos...
Estaba allí.
El cielo tenía el color dorado del atardecer.
Las hojas danzaban lentamente impulsadas por el viento.
Frente a ella estaban Ren y Aiko.
No los observaba desde lejos.
Se encontraba a pocos pasos de ellos.
Podía escuchar el leve roce de las ramas.
El canto de los pájaros.
Incluso el sonido de sus respiraciones.
Todo resultaba increíblemente real.
Vio cómo Aiko sonreía con los ojos ligeramente humedecidos.
Vio cómo Ren respondía con la serenidad de quien acaba de tomar una decisión que acompañará toda su vida.
Los dos levantaron la vista hacia el viejo cerezo.
Durante unos instantes permanecieron completamente en silencio.
Pero aquel silencio estaba lleno de palabras que ninguno de los dos se atrevía todavía a pronunciar.
Akari sintió entonces algo inesperado.
No solo veía la escena.
Percibía el acelerado latido del corazón de Aiko.
Sentía la paz que invadía a Ren.
Y, al mismo tiempo...
Una inmensa tristeza que parecía esconderse detrás de aquella felicidad.
Como si ambos supieran, en algún rincón de su corazón, que el tiempo que les quedaba juntos era mucho más corto de lo que imaginaban.
El viento sopló con fuerza.
Decenas de pétalos comenzaron a girar alrededor de ellos.
La escena empezó a deshacerse lentamente.
La luz.
El árbol.
Las voces.
Todo desapareció como un sueño al despertar.
Akari abrió los ojos sobresaltada.
Las lágrimas resbalaban silenciosamente por sus mejillas.
Se llevó una mano al pecho.
Su corazón latía con tanta fuerza que apenas podía respirar.
Miró el diario.
Solo quedaba una última anotación.
La leyó con extrema lentitud.
"Hay promesas que no se hacen para el presente..."
"Se hacen para sobrevivir al futuro."
Akari cerró el cuaderno con infinito cuidado.
Apoyó ambas manos sobre la cubierta.
Por primera vez comprendió que aquellas palabras no pertenecían únicamente a Ren.
También parecían dirigidas a ella.
Como si, cien años después...
Alguien siguiera esperando que aquella promesa jamás fuera olvidada.
🌸 Algunas promesas no nacen para cumplirse al día siguiente... nacen para desafiar al tiempo. Bajo el viejo cerezo, Ren y Aiko compartieron algo mucho más valioso que unas palabras: la certeza de que siempre existiría alguien que creyera en el otro, incluso cuando el mundo entero pareciera darle la espalda.
Si este capítulo tocó tu corazón, regálame un ❤️, sígueme para continuar este viaje y cuéntame en los comentarios: ¿crees que la promesa de Ren y Aiko podrá sobrevivir más de cien años? ¿O el destino ya ha decidido un final diferente para ellos? 🌸
Nos vemos en el próximo capítulo... porque hay promesas que el tiempo no puede romper... y recuerdos que esperan pacientemente el momento de volver a florecer.