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La Reina Y El Genio

La Reina Y El Genio

Status: En proceso
Genre:Mujer fuerte/hombre frágil / Completas
Popularitas:413
Nilai: 5
nombre de autor: Andreina Marquez

Alessia es hielo, poder y control absoluto. Tras la sospechosa muerte de su padre, dirige un imperio multimillonario donde no se permiten las debilidades. Matteo es un genio informático humilde y brillante, un becado universitario ajeno a la crueldad de la alta sociedad. Dos mundos opuestos que colisionan en una alianza digital inquebrantable... y una atracción posesiva que ninguno puede frenar.

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Capítulo 20: Alianzas Extrañas y Nuevas Dudas

El trayecto en el auto hacia el edificio corporativo se convirtió en una verdadera prueba de resistencia para Matteo. Sentado en el asiento del copiloto al lado de Alessandro, el silencio dentro del vehículo era tan denso que casi se podía cortar con un cuchillo. Matteo mantenía la vista fija en la ventana, con la mandíbula tensa y el puño apretado, carcomido por los celos y dándole vueltas a la confesión que le había escuchado a Alessia sobre su pasado con su socio. Alessandro, por su parte, conducía con tranquilidad, rompiendo la tensión solo para dar un par de indicaciones sobre el tráfico, fingiendo no notar la evidente hostilidad y el distanciamiento del joven ingeniero.

Sin embargo, las sorpresas para Matteo apenas comenzaban. Al estacionarse y subir al piso ejecutivo, el muchacho esperaba entrar directamente a un laboratorio de sistemas para concentrarse en los códigos, pero lo que encontró al abrir la puerta de la oficina principal lo descolocó por completo: Leo estaba allí, esperándolos de pie junto al ventanal.

Antes de que Matteo pudiera procesar su presencia, vio cómo Alessandro y Leo se saludaron de inmediato con un beso. La naturalidad y la clara cercanía del gesto tomaron a Matteo completamente por sorpresa, haciéndolo abrir los ojos de par en par detrás de sus anteojos.

Confundido y sintiendo que la cabeza le daba vueltas con tantos secretos en el círculo de su jefa, Matteo miró a Leo y, tragando grueso, dejó salir la duda:

—No... no sabía que ustedes dos estaban juntos —balbuceó, acomodándose las gafas con evidente nerviosismo.

Leo soltó una sonrisa suave, manteniéndose sereno y seguro de sí mismo frente al muchacho.

—Nos estamos conociendo, Matteo —le aclaró Leo con total honestidad—. Estamos saliendo a ver cómo van las cosas y si podemos llegar a tener una relación formal en el futuro.

Matteo asintió lentamente, procesando la información. Sentía un pequeño alivio al ver que el interés actual de Alessandro estaba en otro lado, aunque el peso de saber que su socio había estado antes con Alessia seguía molestándole en el fondo. Fue entonces cuando Alessandro intervino, tomando el control de la situación y colocando los archivos confidenciales sobre el gran escritorio de madera.

—Leo está aquí porque también viene a ayudarnos —explicó Alessandro en un tono estrictamente profesional, mirándolos a ambos—. Su conocimiento nos va a servir para blindar las transferencias y asegurar que no dejen rastro. A partir de este momento, vamos a trabajar entre los tres para empezar de lleno con el ataque informático a los Bianchi. No hay tiempo que perder.

Con las cartas sobre la mesa y una alianza tan extraña como inesperada, los tres hombres se prepararon. Matteo encendió los servidores principales y comenzó a teclear las primeras líneas de comando, abriendo las terminales encriptadas en las pantallas. Mientras Leo y Alessandro se colocaban a sus costados supervisando los accesos financieros que habían robado de la familia enemiga, Matteo respiró hondo, forzándose a concentrarse. El software diseñado por su mente brillante empezó a escanear las cuentas de los Bianchi, listo para infiltrarse en su sistema y comenzar el hackeo masivo que cambiaría el rumbo de la guerra.

Mientras los dedos de Matteo se movían con una velocidad pasmosa sobre el teclado, las líneas de código verde comenzaron a destellar en los monitores, perforando la seguridad digital de sus enemigos.

—Ya estoy dentro de los servidores centrales de los Bianchi —anunció Matteo, con los ojos fijos en la pantalla mientras se acomodaba los anteojos.

Sin embargo, a medida que el software de rastreo desencriptaba las carpetas ocultas del holding financiero, el joven ingeniero se topó con una sección protegida bajo un protocolo militar. Al introducir los bypass necesarios y abrir los archivos, lo que apareció en las pantallas los dejó a los tres helados.

No eran simples registros contables. Al introducirse en el sistema de los Bianchi, Matteo miró que la familia tenía guardados contratos ocultos y documentos de operaciones sumamente turbias. Había registros de lavado de dinero, licitaciones públicas manipuladas, desvíos de fondos masivos y acuerdos bajo la mesa con figuras de alto poder.

—Miren esto... —murmuró Matteo, señalando los gráficos y los PDF encriptados—. Esto va mucho más allá de sus empresas legales. Es una red de corrupción completa.

Alessandro se inclinó de inmediato sobre el escritorio, escaneando los documentos con una sonrisa fría y calculadora, mientras Leo analizaba el flujo de las transacciones.

—Esto es oro puro —afirmó Alessandro, con los ojos brillando por la victoria—. Estos contratos y pruebas de sus negocios turbios son completamente favorables para nosotros. No solo podemos vaciarles las cuentas y quebrar sus empresas, sino que con esta información los tenemos completamente de rodillas. Podemos destruirlos legal y financieramente al mismo tiempo.

—Voy a empezar a descargar y asegurar todos estos archivos en nuestro servidor encriptado antes de que noten la intrusión —dijo Matteo, perdiendo por completo la timidez mientras su mente brillante ejecutaba la extracción de las pruebas que sellarían el destino de los Bianchi.

​—Terminé de asegurar la descarga —dijo Matteo, deteniendo sus dedos sobre el teclado. Se quitó los anteojos, frotándose el puente de la nariz por el cansancio, y miró de reojo los archivos de corrupción que acababa de extraer—. Pero... viendo la magnitud de lo que estamos haciendo... tengo que preguntar.

​Matteo se giró en la silla para encarar a Alessandro. Leo se había alejado un momento a la mesa del café al otro lado de la oficina, por lo que Matteo aprovechó que su amigo no estaba escuchando para soltar la duda que le venía carcomiendo la cabeza.

​—¿Por qué estamos atacando con tanta saña a los Bianchi? ¿Por qué tanto interés y urgencia por destruirlos por completo? —preguntó Matteo en voz baja—. Al principio pensé que todo esto era por mí, porque Pietro no dejaba de hacerme bullying en la universidad y de hacerme la vida imposible. Pensé que la Signorina Alessia me estaba protegiendo... pero hackear un imperio y sacar a la luz estos contratos turbios va mucho más allá de una lección universitaria. ¿Qué hay detrás de todo esto?

​Alessandro miró de reojo hacia donde estaba Leo para asegurarse de que estuviera distraído. Sabía perfectamente que el amigo de Matteo no sabía nada de los negocios oscuros ni del pasado de la familia. Al ver que estaban a salvo de oídos indiscretos, Alessandro se enderezó, guardó las manos en los bolsillos y se inclinó hacia Matteo para hablarle en un susurro firme y grave.

​—No te equivoques, Matteo. Lo de Pietro y su bullying hacia ti fue el detonante perfecto para que Alessia adelantara las cosas, pero el verdadero motivo es mucho más oscuro —explicó Alessandro, midiendo cada palabra—. Estás metido en esto porque eres la pieza clave para resolver algo que desvela a Alessia todas las noches. Carlos Bianchi, el patriarca de esa familia, es el principal sospechoso de la muerte del padre de Alessia.

​Matteo se quedó completamente estático, abriendo los ojos de par en par detrás de sus gafas.

​—¿La muerte de su padre? —susurró, sintiendo un escalofrío.

​—Sí —asintió Alessandro, clavando la vista en la pantalla—. Alessia lleva mucho tiempo investigando ese caso en secreto. No fue un accidente. Estamos desmantelando a los Bianchi porque ella no va a parar hasta ver al hombre que le quitó a su padre totalmente destruido. Shh... ahí viene Leo, ni una palabra de esto.

​Leo regresó al escritorio con dos tazas de café, rompiendo el tenso momento y ajeno por completo al peligroso secreto que acababan de discutir. Matteo, con el corazón latiéndole a mil por hora, intentó disimular su absoluto impacto mientras volvía a mirar el monitor, procesando la tremenda verdad sobre la mujer que amaba.

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Santiago Navarro
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