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La Puerta Del Quebranto

La Puerta Del Quebranto

Status: En proceso
Genre:Demonios / Terror / Casos sin resolver
Popularitas:142
Nilai: 5
nombre de autor: Gil Carcamo

Sinopsis

Hay dolores que sanan con el tiempo.

Y hay otros que abren puertas.

En el Japón actual, una serie de desapariciones y muertes inexplicables tiene un inquietante punto en común: todas las víctimas atravesaban un profundo sufrimiento antes de que el horror comenzara.

Cuando una joven, devastada por una ruptura amorosa, empieza a experimentar sucesos imposibles, el investigador Gabriel Salazar descubre que una antigua entidad demoníaca intenta apoderarse de su cuerpo. Pero salvarla no será suficiente. Detrás de esa posesión se oculta un plan mucho más oscuro, capaz de cambiar para siempre el mundo de los vivos.

Porque los demonios no derriban puertas...

Esperan a que alguien las abra.

NovelToon tiene autorización de Gil Carcamo para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 13

La primera llave

"La primera memoria ha despertado."

La voz se desvaneció lentamente detrás de la piedra.

El símbolo grabado sobre la puerta dejó de latir.

El túnel volvió a quedar en silencio.

Nadie se movió.

Gabriel seguía sosteniendo a Valeria, que apenas recuperaba el aliento después de la visión.

Notó que sus manos estaban heladas.

Demasiado.

—¿Puedes ponerte de pie?

Ella asintió sin demasiada convicción.

Cuando lo hizo, sintió un dolor agudo en la palma de la mano derecha.

La abrió lentamente.

Una fina línea roja atravesaba su piel.

No recordaba haberse cortado.

Sin embargo, la herida estaba allí.

Y sangraba.

Una sola gota cayó sobre el suelo.

Tac.

El sonido resonó por todo el túnel.

Gabriel sintió que algo no estaba bien.

Se agachó de inmediato.

La gota de sangre no había caído sobre el concreto.

Había sido absorbida por la piedra.

Como si el suelo hubiera respirado.

Entonces ocurrió.

El símbolo de la puerta volvió a iluminarse.

Pero esta vez no fue un simple resplandor.

Las antiguas inscripciones comenzaron a extenderse por la roca como raíces negras.

Lentas.

Silenciosas.

Vivientes.

Valeria dio un paso atrás.

—¿Qué está pasando?

Gabriel no respondió.

Porque acababa de recordar una frase perdida entre las páginas arrancadas del Expediente 1908.

No estaba escrita completa.

Solo sobrevivían unas pocas palabras.

"…la primera llave… sangre… memoria…"

En ese momento comprendió algo que le heló la sangre.

—No fue la visión…

Valeria lo miró confundida.

—¿Qué?

Gabriel levantó lentamente la vista hacia la puerta.

—La puerta no reaccionó a tus recuerdos.

Reaccionó a tu sangre.

El silencio que siguió fue más pesado que cualquier grito.

Valeria sintió un vacío en el estómago.

—¿Qué quieres decir?

Gabriel tardó varios segundos en responder.

—Que, de alguna manera…

…esta puerta ya te conocía.

Un crujido atravesó el túnel.

No provenía de la piedra.

Venía del interior de la puerta.

Como si enormes mecanismos ocultos hubieran comenzado a moverse después de siglos de permanecer inmóviles.

Las grietas crecieron.

Muy despacio.

Hasta formar una figura.

No era un símbolo.

Era una mano.

Marcada sobre la roca.

Con cinco dedos largos y delgados.

Esperando.

Gabriel retrocedió un paso.

Conocía ese ritual.

Lo había visto ilustrado en uno de los Cuadernos de Kage no Miya.

Nunca creyó que fuera real.

—No la toques.

Valeria ni siquiera pensaba hacerlo.

Pero algo extraño ocurrió.

La herida de su mano comenzó a arder.

Un calor insoportable.

Como si una fuerza invisible tirara de su brazo.

Intentó resistirse.

No pudo.

Sus dedos comenzaron a levantarse lentamente.

Gabriel sujetó su muñeca con ambas manos.

—¡Valeria, mírame!

Ella respiraba con dificultad.

—No... puedo...

Su brazo seguía avanzando.

Centímetro a centímetro.

Como si la puerta respirara al mismo ritmo que ella.

Entonces…

Un golpe seco resonó detrás de ambos.

Gabriel giró de inmediato.

El túnel estaba vacío.

Pero ya no estaban solos.

El hombre del paraguas negro permanecía inmóvil a varios metros de distancia.

El paraguas seguía abierto.

Aunque bajo tierra no existía lluvia.

Nadie habló.

El desconocido levantó lentamente la cabeza.

Por primera vez pudieron verle el rostro con claridad.

No era un monstruo.

No tenía ojos vacíos.

Era el rostro de un hombre.

Sereno.

Triste.

Y profundamente cansado.

Su mirada se detuvo en Gabriel.

Después negó lentamente con la cabeza.

Como si quisiera advertirle que no cometiera un error.

Gabriel sintió una duda que jamás había experimentado.

Hasta ese momento había supuesto que aquel hombre era una amenaza.

Pero...

¿Y si no lo era?

El desconocido levantó una mano.

No apuntó a la puerta.

No señaló a Valeria.

Se señaló a sí mismo.

Y con un hilo de voz dijo una única palabra:

—Último.

Antes de que Gabriel pudiera reaccionar, el suelo volvió a estremecerse.

Las luces del túnel estallaron.

La oscuridad cayó sobre ellos.

Y cuando la linterna consiguió volver a encenderse…

El hombre del paraguas había desaparecido.

Pero, donde había estado de pie, quedó un pequeño objeto.

Gabriel se acercó con cautela.

Era una llave antigua.

De hierro ennegrecido.

En su cabeza estaba grabado el mismo símbolo incompleto del Expediente 1908.

Y, por primera vez desde que comenzó aquella pesadilla, Gabriel sintió algo que llevaba mucho tiempo sin sentir.

Esperanza.

Porque si existía una llave…

Entonces quizá también existía una forma de cerrar aquella puerta.

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