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Atrapé Al Diablo

Atrapé Al Diablo

Status: Terminada
Genre:Amor-odio / Traiciones y engaños / Reencuentro / Completas
Popularitas:2.6k
Nilai: 5
nombre de autor: Marion Cecilia Coloma Aguirre

La Academia Valmont lo tenía todo: lujo, poder y secretos. Entonces conocí a Matías Ferrer, el chico que parecía un ángel… y terminé atrapando al diablo.

NovelToon tiene autorización de Marion Cecilia Coloma Aguirre para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 16

Al día siguiente, apenas crucé la puerta de la Academia Valmont, encontré a Matías esperándome junto a la entrada.

—¿Qué haces aquí tan temprano? —

pregunté.

—Valentina amaneció muy mal —respondió con voz tensa—.

Le duele mucho la pierna y la herida ha vuelto a sangrar un poco.

Mi sonrisa desapareció al instante.

—¿La llevaste al médico?

—Iba a hacerlo después de clases…

Negué con la cabeza y tomé su brazo.

—No vamos a esperar.

—Amalia, no necesito…

—No te estoy ofreciendo un favor —lo interrumpí mirándolo a los ojos—.

Estoy preocupada por ella.

Se quedaron unos segundos en silencio, hasta que finalmente suspiró y asintió.

—Está bien.

Una hora después llegamos a la Clínica Valmont.

El edificio de cristal y acero se alzaba sobre una de las avenidas principales de Santiago, imponente y luminoso.

Valentina abrió los ojos como platos al verlo.

—Parece un palacio —susurró.

—Mi madre se ofendería si dices que parece un hospital —bromeé.

La niña soltó una risita.

Al entrar, el personal saludó a mi madre con respeto mientras caminaba hacia nosotros con su bata blanca y el cabello recogido.

—¿Esta es la famosa Valentina? —

preguntó ella sonriendo.

—¿Cómo sabe mi nombre?

—Porque Amalia no deja de hablar de ti en casa.

—¡Mamá! —exclamé sonrojada.

Ella se rio y se arrodilló junto a la niña.

—Ven, princesa.

Déjame ver esa rodilla.

Mientras la examinaba, Matías permanecía cerca de la puerta, rígido y callado, incómodo en medio de tanta perfección.

—Los puntos están bien —dijo mi madre al fin—, pero la herida se ha abierto un poco.

Tenemos que limpiarla con cuidado.

—¿Va a doler mucho? —

Preguntó Valentina con voz temblorosa.

—Un poquito —admitió ella—, pero te prometo que eres muy valiente.

—Eso mismo dijo Amalia.

—Entonces no hay nada que temer.

La niña terminó relajándose mientras mi madre trabajaba con una paciencia infinita.

—Listo.

Quedó como nueva.

—Muchas gracias, doctora.

—Llámame Emilia, por favor.

Al salir, Valentina señaló la cafetería con ojos brillantes.

—¿Podemos comer algo?

—Sabía que estabas fingiendo —dije—.

Solo querías un postre.

—¡Fui muy valiente!

—se defendió ella con indignación.

Nos sentamos cerca de los ventanales mientras la lluvia comenzaba a golpear el cristal.

Valentina hablaba sin parar de su escuela, de sus dibujos y de un gato callejero que quería adoptar.

—Y Amalia dijo que yo parezco una princesa —contó de repente.

—¡Eso no es verdad! —

protesté.

—¡Sí lo dijiste!

Miré a Matías, que nos observaba en silencio.

—¿Qué pasa? —

le pregunté.

—Nada.

—Esa cara significa algo.

Él apoyó la mano sobre la mesa y miró a su alrededor.

—Solo intento entenderte.

—¿Entender qué?

—Todo esto —señaló la clínica—.

Tu madre la atendió personalmente.

Tú dejaste tus clases para traernos.

Y actúan como si fuera lo más normal del mundo.

—Porque lo es para mí —respondí encogiéndome de hombros.

—La gente que tiene todo esto no suele hacer cosas así.

—Tal vez es que has conocido a las personas equivocadas —dije suavemente.

Matías soltó una risa corta, sin alegría.

—Tal vez tengas razón.

Valentina nos miró uno tras otro y dijo muy seria:

—Parecen una pareja de casados que discute mucho.

Casi me atraganto con el jugo.

—¡Valentina!

—¿Qué?

Es la verdad —replicó ella inocentemente.

Matías negó con la cabeza, pero por primera vez vi una sonrisa sincera asomar en sus labios.

Al llegar la hora de irnos, mi madre abrazó a la niña y le entregó una bolsa con todo lo necesario.

—Nada de correr ni saltar durante una semana entera.

¿Entendido?

—Eso es muy cruel —se quejó Valentina.

—Es una orden médica —respondió ella con fingida severidad.

En el estacionamiento la lluvia seguía cayendo sin descanso.

Matías tomó la bolsa y se detuvo frente a mí.

—Gracias, Amalia.

De verdad.

—Te dije que no hace falta.

—Sí hace falta —insistió él, mirándome fijamente a los ojos.

Se quedó allí un instante más, como si estuviera luchando consigo mismo.

Y mientras las luces de la ciudad se reflejaban en el asfalto mojado y se escuchaba la voz de Valentina cantando dentro del auto, una pregunta volvió a mi mente:

¿Cómo podía seguir viéndome como parte de un mundo que odiaba… y al mismo tiempo dejar que yo me acercara tanto?

 

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