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PERDERLO TODO Sin Ti, GANARLO TODO Contigo.

PERDERLO TODO Sin Ti, GANARLO TODO Contigo.

Status: Terminada
Genre:Autosuperación / Mafia / Amor prohibido / Completas
Popularitas:262.4k
Nilai: 4.9
nombre de autor: Adriánex Avila

Un golpe familiar, una traición lleva a Maya Velini a la quiebra, literal casi a la calle. Pero un hombre más que peligroso le propone un trato. Un matrimonio, la Joven rica de apellido aristocrático lavaría la sangre de un mafioso salido de la nada. Dante Caruso

¿Quien gana? ¿Quien pierde?

NovelToon tiene autorización de Adriánex Avila para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

CAPÍTULO 1 EL DOMINGO QUE TODO CAMBIÓ

La riqueza huele a cedro y a silencio.

Eso pensaba Maya Velini mientras miraba por la ventana de su dormitorio, aquella mañana de domingo que lo cambió todo.

El jardín de los Velini se extendía verde y perfecto, como una mentira bien podada.

Los rosales estaban en su punto exacto de floración, las hortensias azules formaban un tapiz uniforme bajo los cipreses centenarios, y la fuente de mármol de Carrara cantaba su rumor constante de agua cristalina.

Todo estaba en orden. Todo estaba en su lugar. Como si el universo aún no supiera que en menos de una hora todo aquello dejaría de pertenecerles.

Su padre, Alessandro, estaría en el estudio tomando café expreso y leyendo el periódico económico.

Lo imaginaba con su bata de casa azul marino, las gafas de lectura apoyadas en la punta de la nariz, una mano sosteniendo la taza de porcelana blanca que había pertenecido a su propio padre.

El gesto era siempre el mismo: una pequeña pausa antes del primer sorbo, como si cada mañana agradeciera en silencio el privilegio de despertar en esa casa.

Su madre, Renata, planearía la cena benéfica del mes siguiente en la sala de estar, con sus notas escritas a mano en papel verjurado de color marfil.

Renata Velini era una mujer meticulosa, obsesiva incluso, que organizaba los eventos de la alta sociedad con la precisión de un cirujano y la elegancia de una bailarina.

Sabía qué cubiertos usar para cada plato, qué vino maridaba con qué carne, qué invitado no podía sentarse junto a qué otro invitado porque hacía tres años habían tenido un desencuentro en un torneo de polo. Esa era su madre: una arquitecta invisible de las apariencias.

Maya tenía veintidós años, el pelo rubio recogido en un moño despreocupado que dejaba caer algunos mechones sobre su nuca, y las uñas pintadas de un rosa pálido que combinaba con las hortensias del jardín.

Llevaba una bata de seda color lavanda, un regalo de su madre para su último cumpleaños, y sus pies descalzos descansaban sobre la alfombra persa que su abuelo había traído de un viaje a Isfahán.

Cada objeto en esa habitación tenía una historia.

Cada mueble, un recuerdo. Maya nunca había sido consciente de ello hasta ahora, hasta aquel domingo en el que todo se convertiría en polvo.

No había movido un dedo en su vida.

No por pereza. Porque nunca había hecho falta.

Los Velini construían imperios desde hacía tres generaciones.

Su abuelo, Antonio Velini, había llegado a la ciudad con una maleta de cuero descosida, una deuda de juego que no podía pagar y un hambre atroz que le había enseñado que el mundo no regalaba nada.

En treinta años, Antonio había levantado una fortuna desde las alcantarillas: primero una ferretería pequeña, luego tres, luego una distribuidora de materiales de construcción, y finalmente un imperio inmobiliario que abarcaba media ciudad.

Su padre, Alessandro, lo había multiplicado por diez. Había diversificado, había invertido, había convertido el apellido Velini en sinónimo de poder silencioso, de dinero viejo, de buen gusto.

Y Maya... Maya había estudiado Historia del Arte en la universidad privada, montaba a caballo los jueves en el club hípico al que pertenecían desde antes de que ella naciera, y jamás había mirado el precio de nada.

¿Para qué? El dinero estaba allí, como el aire, como el agua corriente, como la luz del sol. No se cuestionaba el dinero. Simplemente existía.

Debió haber mirado, pensaría después. Debí haber mirado todo.

Pero esa mañana de domingo, Maya solo pensaba en qué vestido ponerse para la comida familiar.

El tío Mateo venía a comer. Mateo, el hermano mayor de su padre, el hombre que siempre había estado ahí, en las cenas de Navidad, en las bodas, en los funerales.

Mateo, con su sonrisa amplia y su barriga de vividor, que siempre le traía bombones suizos cuando volvía de sus viajes. Mateo, que la había llamado "princesa" desde que ella tenía uso de razón.

Maya no sabía que Mateo estaba a punto de clavarle un puñal en la espalda a su padre.

El timbre sonó a las diez y cuarto.

No era la hora del correo. Ni de las visitas. Los domingos, las visitas se anunciaban con antelación, nunca antes de las once de la mañana, porque la señora Velini consideraba de mala educación llegar antes de esa hora.

Maya frunció el ceño, un pequeño gesto que arrugó su frente perfecta, y se asomó al pasillo. La casa olía a café recién hecho y a rosas recién cortadas. Olía a seguridad, a tradición, a un orden que parecía inmutable.

Vio a su madre bajar las escaleras con pasos tranquilos, todavía en bata de seda, el pelo castaño recogido en un moño bajo. Renata se ajustó el cinturón mientras caminaba, sin prisa, porque en esa casa nunca había prisa.

Vio al mayordomo, un hombre de apellido irlandés que llevaba veinte años trabajando para los Velini, abrir la puerta de roble tallado con la parsimonia de quien ha abierto esa misma puerta miles de veces.

No vio a los policías hasta que ya estaban dentro.

Eran tres. Un hombre de bigote espeso y ojos de trámite, como si llevara toda su vida haciendo el mismo trabajo y ya nada le sorprendiera.

Una mujer de pelo corto y expresión dura, con las manos apoyadas en el cinturón donde colgaba una pistola reglamentaria. Y un tercero, más joven, que se quedó en el umbral mirando los cuadros colgados en la pared como si estuviera calculando cuánto valían.

—¿Alessandro Velini? —preguntó el de bigote. Su voz era plana, burocrática, la voz de quien ha dicho las mismas palabras mil veces y las volverá a decir mil más—. Tengo una orden de detención por fraude fiscal, lavado de activos y asociación ilícita.

El tiempo se detuvo.

Maya pensó: Es un error.

Su madre dijo: Dios mío.

Su padre, que acababa de salir del estudio con la taza de expreso en la mano, dejó caer la porcelana al mármol del suelo. La mancha marrón se extendió como un presagio, como una mancha de sangre que nadie podría limpiar.

La taza se rompió en tres pedazos, y Maya recordaría después ese ruido, ese crujido blanco de la porcelana al partirse, como la banda sonora de su infancia haciéndose añicos.

Alessandro Velini levantó la cabeza. Durante un segundo, solo un segundo, sus ojos se cruzaron con los de su hija.

Maya vio algo que nunca había visto en la mirada de su padre: miedo. No un miedo cualquiera.

El pánico profundo del hombre que sabe que está cayendo y no puede agarrarse a nada.

—Hay un testigo —añadió el policía, sacando unas esposas de su cinturón con un gesto mecánico—. Su hermano mayor, Mateo Velini, ha declarado en su contra.

Y entonces, Maya entendió.

No era un error.

Era una traición.

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Paula
muy hermosa hisotria la ameee❤️
Paula
😍😍😍 amo esta pareja hermosa
Maria Elena Gomez
Bueno
Ricardo Ramon Carrizo
excelente felicitaciones 👏
soy Maria...
Ursula
creo que Alessandro pidio perdón porque tiene algo que ver con eso🤔🤔
Yudith Hernández
está bonita , me gusta
Yudith Hernández
oh eso significa que ya quiere mas🥰🥰🥰🤭
monita
cómo siempre otra obra excelente.... gracias por compartir
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que buena la novela, les costó encontrar su camino pero lo lograron, muchas felicidades escritora y gracias por compartirla 👏👏👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Valoralo Maya, no dejes que una zorra desgraciada venga a hacerte dudar, después de todo lo vivido con él 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Buen hecho Maya, él es tu marido y elka es solo una zorra que quiere dinero 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que hermosa la novela, felicidades escritora 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que lindos, ojalá no salgan esos desgraciados infelices 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Sabía que escondía algo, pero no me imagine eso 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
La vez pasada igual estaba rara esta sra, sera que sabe algo mas y no lo a contado 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay don Ernesto espero que este obrando bien y que no le pase nada a él ni su familia 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que mas tendran que enfrentar, espero que este caballero los ayude de verdad 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Que hermoso capitulo, el Amor definitivamente es lo mejor que les puede pasar 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Hay señor Carrusso, usted si sabe lo que quiere, y Maya no se queda atrás, esta muy buena 👏👏👏
Delfina Del Carmen Henriquez Ruiz
Yo no la habría escuchado siquiera, porque se supone que las amigas están en la buenas y malas, ella no es tu amiga 👏👏👏
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