Valeria Salcedo murió traicionada por su esposo y por la mujer que llamaba hermana. Le quitaron su empresa, su familia, su dignidad y, al final, la vida.
Pero despertó de nuevo.
Esta vez volvió al día en que todo empezó: la mañana después de su boda, justo cuando estaban por acusarla de haber engañado a su marido. Solo que ahora Valeria ya sabe quiénes son sus enemigos, qué quieren quitarle y cuánto están dispuestos a destruirla.
Para sobrevivir, necesita poder. Y el poder tiene nombre: Santiago Alcázar, el hombre más temido del mundo empresarial mexicano.
Él no confía en ella. Ella tampoco piensa enamorarse de él.
Su matrimonio empieza como un trato: ella usará su apellido para vengarse, él usará sus secretos para encontrar la verdad de una mujer que nunca pudo olvidar.
Pero entre besos, amenazas, celos y enemigos que no dejan de aparecer, Valeria descubrirá que renacer no solo significa ajustar cuentas.
También puede significar aprender a elegir, por primera vez, a quién dejar entrar en su vida.
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Capítulo 7
Capítulo 7
Valeria ya se había ido.
Nadie podía responder la pregunta de Santiago.
La puerta de la oficina se abrió y Mateo entró. Lo primero que vio fue el collar.
—Señor Alcázar, ¿lo encontró?
Santiago levantó la cabeza despacio.
—Valeria Salcedo me lo dio.
—¿Valeria? Entonces ella podría ser...
Mateo no se atrevió a terminar.
—Investiga a Valeria Salcedo. Ya sabes cómo.
La voz de Santiago fue baja, pero hizo que el aire se enfriara.
—Sí.
Santiago cerró la mano alrededor del collar.
Nadie pudo leer lo que pasaba por su mente.
...
Media hora después, Valeria abrió de una patada la puerta de la sala de juntas.
Ignoró las miradas de todos y caminó hasta el frente.
—Todos los Fuentes salen de la empresa ahora mismo. Y nunca volverán a ser contratados.
Leonardo Fuentes soltó una risa.
—Qué pegoste eres. Ya te dije que esta empresa es de los Fuentes. Seguridad, saquen a esta mujer.
—La empresa fue adquirida por Grupo Alcázar. Yo soy la nueva presidenta. Estás despedido. Agarra a tu gente y lárgate.
Los presentes se miraron entre sí.
—¡Ja! Imposible. ¿Por qué el señor Alcázar compraría esta empresa de la nada?
—Pregúntate qué estupideces hiciste para intentar superar al Grupo Alcázar. ¿De verdad creíste que él no se iba a enterar? Santiago Alcázar no deja pasar una. Si te niegas a irte, quebrará la empresa y todos perderán dinero por tu culpa. ¿Vas a cargar con eso?
Valeria lanzó la carpeta sobre la mesa.
Los directivos la tomaron y empezaron a leer.
—No le crean. Ayer difamó a mi sobrino para dejarlo, y hoy viene contra mí. El señor Alcázar jamás...
Leonardo no terminó.
Varios hombres de traje entraron.
—Aquí está el documento de adquisición. Valeria Salcedo es la nueva presidenta.
La voz fue tranquila, pero todos la escucharon.
Leonardo arrebató los papeles y los revisó una y otra vez, buscando una trampa.
No la había.
La empresa había sido adquirida por Grupo Alcázar.
Valeria era su superior.
Podía decidir su destino.
—Leonardo Fuentes, ¿ya lo creíste? Saca a los tuyos de la empresa. Y no te preocupes, son tan capaces que ninguna compañía los va a contratar. Ya ocuparon este lugar demasiado tiempo. Es hora de devolverlo.
Los ojos de Valeria dieron miedo.
—Valeria, al final somos familia. No hace falta llegar tan lejos. Voy a hablar con Damián, haré que se arrodille y te pida perdón. Tú podrías...
—¿Familia? ¿La familia te apuñala por la espalda? ¿La familia saca a todos los tuyos de una empresa? ¿Cuando robaron por la fuerza sí recordaron que éramos familia? Leonardo, nosotros somos enemigos.
Valeria nunca olvidaría lo que pasó en la otra vida.
Cuando ella estuvo encerrada, Leonardo usó la empresa para negocios ilegales. Cuando explotó el problema, culpó a los Salcedo.
Varios de los suyos terminaron en prisión.
Esta vez no.
—¿Tenías que ser tan cruel?
—¿Cruel? Esto apenas empieza. Ve y dile a todos los Fuentes que voy por sus vidas. Lárgate.
Valeria aplaudió.
Los guardias entraron y sacaron a Leonardo a la fuerza.
—¡Quiero ver al señor Alcázar! ¡Valeria, la empresa es nuestra! ¡No vas a ganar tan fácil!
Pataleó sin conseguir nada.
—Ahora sí, toca limpiar la empresa.
Valeria caminó hacia la oficina de presidencia.
En esta vida iba a mandar ella.
...
Al anochecer, Valeria llegó a la cena con la familia Alcázar.
Camila apareció con un vestido idéntico al suyo.
—Hermana, ¿de verdad viniste? ¿Por qué quieres poner al señor Alcázar en una situación tan incómoda?
—¿Incómoda?
—Todo este tiempo él creyó que yo iba a casarme con él. Está satisfecho con mi carácter y con mi apariencia. Pero tú insistes en obligarlo a elegir. Yo no quiero robarte nada. Solo temo que los Alcázar crean que los engañamos y castiguen a los Salcedo. Hermana, por la familia, no hagas un escándalo.
Camila le tomó la muñeca con una dulzura falsa.
Al segundo siguiente, la apretó con fuerza y bajó la voz:
—Si Santiago conoce tu pasado, ¿crees que va a casarse contigo? Todavía guardo tus historias negras.
Valeria cambió de expresión apenas.
—Impedir que una mujer como tú entre a los Alcázar es proteger a los Salcedo. Te guste o no, vas a obedecer.
—Hermana, yo...
—¡Es el señor Alcázar! ¿No manches, sí está guapísimo!
—¿Quién dijo que era horrible? Hay que romperle la boca.
Camila levantó la cabeza y quedó atrapada por el hombre que acababa de entrar.
Comparar a Damián con Santiago era una ofensa.
Tenía que conseguirlo.
La mirada de Santiago cayó sobre Valeria.
¿Qué hacía ella ahí?
¿Coincidencia o arreglo?
Camila se adelantó.
—Señor Alcázar, soy Camila Duarte, hija de la familia Salcedo. He hablado varias veces con su ama de llaves.
—Tenemos un compromiso.
Camila levantó la cabeza, orgullosa.
—Sí, nosotros...
—Señor Alcázar, se equivoca. El compromiso es conmigo.
Valeria le cortó la frase y caminó hasta él.
—Familia Salcedo, Valeria Salcedo... ¿Son hermanas?
Santiago no pudo evitar reír.
Qué destino tan absurdo.
Ni llamándolo coincidencia sonaba creíble.
Camila empezó a llorar en silencio.
—Sí. Somos hermanas. Hermana, antes escuchaste rumores del señor Alcázar y te dio miedo casarte. Ahora que confirmaste que no es así, me alegra. Yo te deseo felicidad de corazón.
—¿Sustitución de novia? —preguntó Santiago, divertido.
—No culpe a mi hermana. Yo insistí en sustituirla. Si va a culpar a alguien, cúlpeme a mí.
Qué mosquita muerta.
—¿Ah, sí? Se me olvidó decirte que esta es la cuarta vez que veo al señor Alcázar.
La frase de Valeria cayó como una bofetada invisible.
—Yo te conozco mejor que nadie, Camila. Llegaste a los Salcedo de la mano de tu madre y creciste viviendo bajo techo ajeno. De joven hiciste muchas tonterías por dinero. Ahora ves la oportunidad de acercarte al señor Alcázar y quieres agarrarla con uñas y dientes. Pero una debe medir sus fuerzas.
Valeria pronunció muy fuerte las palabras “de joven”.
Varias mujeres alrededor ya estaban buscando en sus celulares.
Camila tembló, llorando con más fuerza.
—Hermana, sé que quieres casarte con el señor Alcázar. Yo te deseo lo mejor. Pero él es quien va a casarse. Déjalo elegir.
Era lista. Le pasaba toda la decisión a Santiago.
Valeria no se apresuró.
Sacó el celular.
En la pantalla aparecieron fotos de Camila y Damián desnudos, enredados.
y ahí se dan cuenta que es una sustituta y arde Troya ella merece a alguien que la quiera a ella no a un recuerdo