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LA MUJER QUE ESCAPO DEL INFIERNO

LA MUJER QUE ESCAPO DEL INFIERNO

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / Posesivo / Maltrato Emocional / Salvar al hijo enfermo / Completas
Popularitas:257.3k
Nilai: 5
nombre de autor: CINTHIA VANESSA BARROS

Todos creían que Cynthia tenía una vida perfecta.

Nadie veía los moretones escondidos bajo el maquillaje.

Nadie escuchaba los gritos detrás de las paredes de la mansión.

Durante cinco años soportó golpes, humillaciones y miedo por proteger a su hija. Pero cuando una tragedia destruye lo poco que quedaba de su mundo, comprende que solo tiene dos opciones: quedarse y morir... o escapar.

Lo que Cynthia no sabe es que el hombre al que dejó atrás nunca aceptará perderla.

Y hará cualquier cosa para recuperarla.

Una madre. Una hija. Una huida desesperada. Y una batalla por la libertad que apenas comienza.

NovelToon tiene autorización de CINTHIA VANESSA BARROS para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

Capítulo 2

Cynthia miraba por la ventana del taxi cada cinco minutos, pues sentía miedo de que Alberto la allá mandado a seguir y supiera de su plan. Respira, se dijo, mientras intentaba controlar el temblor en sus manos.

El teléfono vibró en su bolso, era Alberto, casi deja caer el teléfono cuando este vibro por segunda vez, pero no respondió, si lo hacia él notaria su nerviosismo y eso le traería problemas.  Lo apagó y lo guardó, después lidiaría con las consecuencias de no responderle.

El edificio de la clínica clandestina era gris, sin letrero llamativo. Solo un número en la puerta: 247. Pagó al conductor y bajó.

La recepcionista levantó la vista de su revista. Sus ojos se detuvieron en el moretón del pómulo, apenas cubierto por el maquillaje, pero poco le importo, estaba más que acostumbrada a ver mujeres así en ese lugar.

—¿Tiene cita?

—No, pero necesito ver al doctor. Es urgente.

La mujer asintió sin hacer más preguntas. Había visto esa mirada antes.

—Pague la tarifa y tome asiento. El doctor la atenderá en un momento.

Cinco minutos después, un hombre mayor de bata blanca la hizo pasar a su consultorio. Pequeño pero limpio. Una camilla. Un escritorio. Instrumentos en una bandeja de metal.

—¿Cuánto tiempo tiene?

—No estoy segura, creo que de 4 a 6 semanas.

El doctor asintió.

—Acuéstese, por favor. Antes de proceder, necesito hacerle una ecografía para confirmar.

El gel frío sobre su vientre la hizo estremecer. El doctor deslizó el transductor. La pantalla se iluminó con manchas grises y negras. Y entonces lo escuchó.

El latido.

Rápido. Fuerte. Constante. Como un tambor resonando en el silencio del consultorio.

—Ahí está —dijo el doctor—. Aproximadamente ocho semanas, podemos hacerlo sin riegos.

Cynthia giró la cabeza hacia la pantalla. No quería mirar. Pero miró. Una pequeña forma en la oscuridad. Apenas una promesa. Pero ahí estaba. Viva. Luchando por existir. El latido seguía resonando. Cada golpe como un martillo contra su pecho.

—¿Está lista para proceder?

Cynthia cerró los ojos. Pensó en Valentina. En cinco años de golpes. En vivir con miedo constante. En traer otro hijo a ese infierno, pero su instinto de madre pudo más.

Se incorporó de golpe.

—No puedo. Lo siento. No puedo hacerlo.

El doctor apagó la máquina y asintió como si hubiera visto esta escena mil veces.

—Entiendo.

Buscó algo en su escritorio. Una tarjeta blanca con un número telefónico.

—Conozco un lugar. Ayudan a mujeres en su situación, es un refugio con apoyo legal y protección.

Cynthia tomó la tarjeta con manos temblorosas.

—Ya intenté huir una vez, pero me encontró. Casi me mata.

—Son profesionales. Saben cómo manejar casos como el suyo. Cuando esté lista, llame a ese número, hágalo antes de que la mate.

Guardó la tarjeta en su bolso. Se vistió en silencio. Cuando salió del consultorio, el doctor la detuvo.

—Señora. Tenga mucho cuidado. Los hombres como su esposo no reaccionan bien cuando sienten que pierden el control.

—Lo sé.

---

Cuando el taxi se detuvo frente a la mansión, supo que estaba en problemas. El Mercedes negro de Alberto estaba estacionado afuera. Nunca llegaba temprano, así ya sabía lo que la esperaba una vez pusiera un pie dentro, acarició su vientre aun plano y trato de animarse.

Alberto estaba en el recibidor. Esperándola.

—¿Dónde estabas?

—Fui a hacer unas diligencias. Se me olvidó avisarte.

—¿Diligencias? —Alberto se acercó—. ¿Qué clase de diligencias? ¿Porque diablos no me respondiste el teléfono?

—Necesitaba comprar unas cosas para la Mansión.

—¿Dónde están las bolsas?

Mierda, pensó, la había descubierto.

—Las dejé en el carro de Amelia. Me ayudó a...

—Amelia tiene el día libre. Lo sabes porque tú se lo diste ayer.

El corazón de Cynthia latía tan fuerte que estaba segura de que Alberto podía escucharlo.

—Me confundí. Yo...

—Deja de mentirme, maldita zorra. —La bófeta callo en su mejilla con fuerza—. ¿Dónde estabas?

—Te dije que...

La agarró del brazo. Fuerte. Tan fuerte que le cortó la circulación.

—Lo diré de nuevo y más te vale que me respondas ¿Dónde estabas?

—Suéltame, me estás lastimando.

—Te voy a enseñar lo que es lastimar.

La arrastró hacia las escaleras. Cynthia intentó resistirse, pero él era mucho más fuerte. La subió escalón por escalón, ignorando sus gritos, ignorando sus súplicas. Abrió la puerta del cuarto con una patada. La aventó adentro y cerró con llave.

—Alberto, por favor. No hice nada malo.

—¿No? Entonces dime dónde estabas. Dime la verdad y tal vez no te rompa las piernas.

—Fui al doctor. Tenía una cita.

—¿Qué doctor? Tu ginecólogo, no tiene citas hoy. Ya llamé.

Cynthia retrocedió hasta que su espalda chocó contra la pared.

—Otro doctor. Me sentía mal y...

—Mentirosa.

Le arrancó el bolso de las manos. Lo vació sobre la cama. El teléfono. La cartera. Las llaves. Y la tarjeta del refugio.

Alberto la tomó. La leyó. Su cara se puso roja.

—¿Qué es esto?

—Nada. Es solo...

—¿IBAS A DEJARME? —su grito sacudió las paredes—. ¿Después de todo lo que he hecho por ti?

El puñetazo que siguió, la hizo caer a la cama y casi perder el conocimiento.

—No, Alberto. No es lo que piensas. Susurro aferrándose a las sábanas.

—¿Y entonces por qué tienes esto? —agitó la tarjeta frente a su cara.

—Me la dio alguien en la calle. No significa nada.

Alberto la miró con odio puro. Rompió la tarjeta en pedazos y los tiró al suelo.

—Eres mía, Cynthia. MÍA. ¿Lo entiendes? No vas a ningún lado. Nunca podrás dejarme, antes te mato.

Le arrancó la ropa. Ella trató de cubrirse, de defenderse, pero él la empujó sobre la cama.

—Alberto, por favor. Estoy embarazada.

Él se detuvo. La miró con los ojos muy abiertos.

—¿Qué dijiste?

—Estoy embarazada. Ocho semanas. Por favor, no hagas esto.

Por un momento, solo un momento, Cynthia pensó que la noticia lo detendría.

Pero entonces Alberto sonrió de lado.

—¿Embarazada? ¿Y me lo estabas ocultando? Ibas a matarlo, ¿verdad? Por eso fuiste a ese doctor.

—No, Alberto. Te juro que no.

Pero él ya no escuchaba, la beso a la fuerza, mordió sus labios hasta sentir la sangre llenando su boca, sonrió con rabia mientras le arrancaba la ropa, ella temblaba e intento resistirse, pero eso solo lo alentó a usar más fuerza. Entro en ella de un solo golpe. La tomó con brutalidad. Sin cuidado. Solo con rabia y castigo.

Cynthia cerró los ojos y dejó que las lágrimas cayeran. Pensó en ese pequeño corazón latiendo. En esa promesa de vida que había visto en la pantalla. Y entonces sintió un dolor agudo seguido de algo caliente entre sus piernas.

Alberto se detuvo. Se retiró y miró hacia abajo.

Sangre. Demasiada. Corriendo por las piernas de Cynthia, manchando las sábanas blancas, expandiéndose como un charco oscuro.

—¡Mierda! ¡MIERDA! —Alberto retrocedió, el pánico reemplazando la rabia—. ¡AMELIA! ¡AMELIA!

Pero Amelia tenía el día libre.

—Llama... una ambulancia...

Dijo Cinthia con las pocas fuerzas que le quedaban.

La habitación comenzó a dar vueltas. Alberto gritaba algo, pero ella ya no podía escucharlo. Solo veía manchas negras creciendo en su visión.

Lo último que pensó antes de perder la conciencia fue en ese latido.

Fuerte. Constante. Luchando por vivir.

1
Doris Torre
una novela con una muy buena narrativa, un género bien fuerte difícil de lograr y que se haga con respeto
Doris Torre
yo creo que Alberto es el que va a morir
Antonia Garcia
No tengo palabras me a encantado es una historia que pasa en la vida real y es muy doloroso aunque esto es una historia pero muchas gracias por compartir 😃
Antonia Garcia
Muy bonita historia y muy dura es para no parar de llorar gracias autora
Lupita Carmen
para mi el mismo que iso matar a la hermana
Gloria Galvan
Pero el es medico está para salvar vidas no para matar , porque es lo que hizo al mandar a ésa mujer infectada😭😭
Gloria Galvan
Una venganza muy cruel, no estoy de acuerdo, el médico resultó peor que Alberto Castro😭 y espero que lo pague
Gloria Galvan
Y que va a pasar cuando el monstruo se de cuenta que no son sus hijos que son del doctor😭😭😭
Gloria Galvan
Hay no que no les pase nada malo a ninguno de los dos 😭
Sofia Pradenas
ése hombrecito es un,mounstro y toda su familia la única que es buena es Lucia
yelitza campos
Bueno la vieja Catalina debió advertir fue a Alberto, y ahora veamos si puede con la culpa, y Valeria... bueno, el que a hierro mata, no puede morir a sombrerazos!!!
yelitza campos
Creo que de alguna manera Alberto se entera y sale corriendo a evitar el desastre y termina pagando él, junto a Valeria..
yelitza campos
,Y ahora que vas a hacer Cynthia, lo hecho hecho está, lo bueno de todo esto es que el monstruo parece que está cambiando, pero eso no lo excusa de todo el horror que viviste, no confío en ese tipo.. Y lo peor, Catalina y Valeria conspirando para sacarte del medio, creo que por ahí va a desenrrollarse la trama, esperaré y veremos...
yelitza campos
Las inseminaciones la mayoría de las veces resultan en partos múltiples! ay! papá👴....
yelitza campos
Hasta cuándo con ésta mujercita vale.. Lo mejor será que estire la pata, y muerto el perro se acaba la rabia 😡😡
yelitza campos
Creo que el doctor va a ser el donante!! jajaja😂😂😂
yelitza campos
Creo que Lucía puede hacer algo, no se!
yelitza campos
Ese desgraciado psicópata, ahora tiene una obsesión enferma por Cynthia, otra vez el infierno, ella va a terminar matándolo.. 😡😡
yelitza campos
No vale! que cruel destino, las mujeres golpeadas y sometidas a tantos vejámenes nunca denuncian por terror y terminan muertas, ojalá que Cynthia tenga valor por su hija y le ponga una caución 😡
yelitza campos
Quien la manda a estúpida! tanto dolor y golpes que aguantó, que al parecer le afectaron el cerebro.. que rabia..
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