trata sobre dos personajes los cuales están comprometidos y uno de ellos está enfermo acá lo vamos a llamar Dimitri dime triste enfermo y no estoy haciendo porque no quiere tomar la medicina y el otro signo que se lo tome personalizado en hacer sus pinches trabajos
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El hombre al que todos temen
Tres días después, Dimitri finalmente decidió regresar a la empresa.
Y honestamente, Lukas ya esperaba problemas desde el momento en que lo vio ponerse el reloj.
Porque Dimitri enfermo era difícil.
Pero Dimitri recuperándose y convencido de que ya estaba “perfectamente funcional” era directamente una amenaza para sí mismo y para todos alrededor.
—Todavía deberías descansar —dijo Lukas desde el sillón mientras lo observaba ajustarse los gemelos frente al enorme espejo del vestidor.
Dimitri ni siquiera levantó la mirada.
—Ya descansé suficiente.
—Dormiste doce horas.
—Exacto. Un récord histórico.
—Y sigues tosiendo.
—Elegancia pulmonar.
Lukas suspiró.
Dimitri había recuperado parte de su color normal, pero seguía viéndose cansado. Las ojeras no desaparecían tan fácil y todavía tenía esa tensión constante en los hombros que parecía no abandonarlo nunca.
Aun así…
Se veía aterrador otra vez.
El traje negro perfectamente ajustado, el cabello oscuro acomodado hacia atrás y esa expresión fría que aparecía automáticamente cada vez que iba a trabajar.
Era increíble lo rápido que cambiaba.
En casa podía ser un hombre agotado escondido bajo cobijas.
Pero apenas cruzaba la puerta de la habitación…
Volvía a convertirse en Dimitri Volkov.
El hombre que hacía temblar salas enteras.
Lukas lo observó en silencio unos segundos.
Y entonces notó algo.
Dimitri había dejado de toser… pero estaba apretando ligeramente el borde del lavabo con una mano.
Como si estuviera reuniendo energía antes de salir.
Pequeño detalle.
Muy pequeño.
Antes Lukas probablemente no lo habría notado.
Ahora sí.
—Sigues cansado —dijo Lukas suavemente.
Dimitri levantó la mirada hacia el espejo.
—Estoy bien.
Mentira automática.
Lukas ya empezaba a reconocerlas demasiado rápido.
Pero antes de responder, Dimitri se acercó y le acomodó suavemente el cuello de la camisa.
—No pongas esa cara.
—¿Qué cara?
—La de “voy a preocuparme todo el día”.
—Porque voy a preocuparme todo el día.
Eso hizo que Dimitri sonriera apenas.
Pequeño.
Casi invisible.
—Sobreviviré unas horas en mi propia empresa.
Lukas lo miró fijamente.
—Esa frase suena menos tranquilizadora viniendo de ti.
Dimitri soltó una risa baja.
Y luego, como si fuera lo más normal del mundo, se inclinó apenas para besarle la frente.
—Volveré temprano.
Lukas arqueó una ceja.
—¿Promesa real o promesa empresarial falsa?
—…
—Dimitri.
—Promesa tentativa.
—Sabía.
El empresario sonrió apenas otra vez antes de tomar su abrigo.
Pero justo cuando iba a salir…
Lukas habló.
—Voy contigo.
Dimitri se detuvo.
Giró lentamente.
—¿Qué?
—Voy contigo.
—Lukas…
—Quiero ver dónde trabajas realmente.
Eso no era del todo mentira.
Lukas había estado en oficinas de Dimitri antes, claro. Eventos, cenas, reuniones importantes.
Pero nunca había pasado un día entero ahí.
Nunca había visto a Dimitri trabajando de verdad.
Y después de todo lo que había descubierto esos días…
Quería entender más.
Dimitri lo observó unos segundos.
Como si estuviera evaluando riesgos.
Finalmente suspiró.
—Está bien.
Y honestamente…
Eso debió haber sido la primera advertencia de que algo extraño estaba por pasar.
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El edificio corporativo de Volkov Enterprises era exactamente igual a Dimitri:
Elegante.
Imponente.
Frío.
La torre de cristal se alzaba sobre la ciudad como algo casi intimidante, reflejando el cielo gris de la mañana. Apenas el auto negro se detuvo frente a la entrada principal, Lukas notó inmediatamente el cambio en el ambiente.
Los empleados se tensaban apenas al ver llegar el vehículo.
Los guardias enderezaban la postura de inmediato.
Incluso los recepcionistas parecían ponerse nerviosos automáticamente.
Y cuando Dimitri salió del auto…
El silencio se volvió absoluto.
—Buenos días, señor Volkov.
—Buen día, señor.
—Señor Dimitri.
Las voces aparecían rápido.
Nerviosas.
Cuidadosas.
Dimitri apenas respondía con pequeños movimientos de cabeza mientras caminaba hacia el elevador privado.
Y Lukas empezó a notar algo incómodo.
Nadie lo miraba directamente a los ojos demasiado tiempo.
Nadie.
Una asistente incluso dejó caer unos documentos cuando Dimitri pasó junto a ella.
—Lo siento mucho, señor Volkov—dijo rápidamente, claramente aterrada.
Dimitri apenas la miró.
—Recójalos.
La chica prácticamente se agachó de inmediato con manos temblorosas.
Lukas frunció ligeramente el ceño.
Porque Dimitri no había gritado.
Ni amenazado.
Ni siquiera levantado la voz.
Y aun así todos parecían actuar como si una bomba acabara de entrar al edificio.
El elevador se cerró finalmente.
Silencio.
Lukas miró a Dimitri.
—Todos te tienen miedo.
Dimitri acomodó tranquilamente los gemelos de su camisa.
—Eso suele ayudar a mantener eficiencia.
—Dimitri.
—¿Qué?
—Ella estaba temblando.
El empresario guardó silencio unos segundos.
Luego respondió con total calma:
—Cometió errores importantes dos veces el mes pasado.
Lukas parpadeó.
—¿La despediste?
—No.
—Entonces ¿por qué parece pensar que vas a matarla?
Eso hizo que Dimitri levantara apenas una ceja.
—No soy tan malo.
Lukas lo miró fijamente.
El silencio fue suficiente respuesta.
Dimitri soltó un pequeño suspiro resignado.
—La gente exagera.
Pero Lukas ya no estaba tan seguro.
Porque apenas las puertas del elevador se abrieron en el último piso, el ambiente empeoró todavía más.
Secretarios levantándose inmediatamente.
Asistentes dejando de hablar en cuanto Dimitri aparecía.
Guardias abriendo puertas antes incluso de que él se acercara.
Era como ver entrar a un depredador en una habitación llena de animales nerviosos.
Y lo peor…
Era que Dimitri parecía tan acostumbrado que ni siquiera lo notaba.
—Señor Volkov —dijo Iván acercándose rápidamente—. La junta directiva está esperando desde hace veinte minutos.
—Entonces ya aprendieron paciencia.
Iván bajó la mirada inmediatamente.
—Sí, señor.
Lukas sintió algo extraño en el pecho.
Porque Dimitri ni siquiera estaba siendo cruel realmente.
Simplemente…
Frío.
Distante.
Inalcanzable.
Y todos reaccionaban como si cualquier error pudiera destruirles la vida.
Cuando llegaron a la enorme sala de juntas, el ambiente se volvió todavía más pesado.
Había al menos quince personas sentadas alrededor de la mesa.
Y todas se levantaron apenas Dimitri entró.
Algunas demasiado rápido.
—Siéntense —ordenó Dimitri.
Nadie habló.
Lukas observó en silencio mientras Dimitri caminaba hacia la cabecera de la mesa.
La postura recta.
La mirada afilada.
La voz firme.
Parecía otra persona.
No quedaba nada del hombre que había tenido pesadillas abrazándolo en mitad de la noche.
Y honestamente…
Eso hizo que Lukas entendiera muchas cosas.
Dimitri había construido esta versión de sí mismo para sobrevivir.
Para que nadie pudiera verlo vulnerable.
Para que nadie pudiera volver a hacerlo sentir pequeño.
La reunión comenzó.
Y fue peor de lo que Lukas imaginaba.
Dimitri no levantaba la voz.
No insultaba.
No explotaba.
Pero cada palabra suya hacía que la gente se tensara inmediatamente.
—Explique por qué perdimos ocho millones aquí.
Silencio.
—No acepto “no lo sé” como respuesta.
Más silencio.
Un hombre empezó a sudar visiblemente mientras hablaba.
Otro evitaba completamente levantar la mirada.
Una mujer incluso tartamudeó al presentar cifras.
Lukas observaba todo desde un lado, cada vez más incómodo.
Porque ahora entendía algo importante:
Dimitri no necesitaba gritar para dar miedo.
Su control era mucho peor.
La calma absoluta en su voz hacía que todos sintieran que cualquier error podía ser fatal.
Y entonces ocurrió algo pequeño.
Pero suficiente.
Uno de los ejecutivos mostró una gráfica equivocada en la pantalla.
Solo un error mínimo.
Dimitri ni siquiera reaccionó enseguida.
Solo lo observó unos segundos.
—¿Ese es el informe correcto?
El hombre palideció inmediatamente.
—Yo… señor Volkov… creo que—
—¿“Cree”?
La temperatura de la sala pareció bajar.
El ejecutivo tragó saliva rápidamente.
—Lo corregiré ahora mismo.
Dimitri lo siguió mirando unos segundos más.
Y luego dijo algo que hizo que Lukas sintiera escalofríos.
—Eso espero.
Nada más.
Pero el hombre parecía a punto de desmayarse.
La reunión continuó.
Y Lukas ya casi no escuchaba las cifras.
Porque estaba demasiado ocupado observando a Dimitri.
La rigidez constante en sus hombros.
Cómo apenas había tomado agua en horas.
Cómo seguía trabajando incluso claramente agotado.
Cómo todos le tenían miedo…
Pero nadie parecía preocuparse realmente por él.
Solo por no decepcionarlo.
Y de repente Lukas entendió algo doloroso.
Dimitri estaba completamente solo aquí.
Rodeado de personas.
Pero completamente solo.
Entonces Dimitri levantó la mirada apenas hacia él.
Y por un segundo…
Solo un segundo…
Su expresión cambió.
La dureza desapareció apenas.
Como si recordar que Lukas estaba ahí le permitiera bajar la guardia mínimamente.
Y fue tan rápido que nadie más lo notó.
Nadie excepto Lukas.
Ahí fue cuando decidió algo.
No iba a dejar que Dimitri siguiera cargando todo solo.
Ni en casa.
Ni aquí.
Ni nunca más.