Su primer destino fue servir a la corona. murió por ello. Ahora, con su segunda oportunidad, Auren cumplirá su sueño y conocerá lo que es el amor
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Capitulo 21
A los días después, Auren regresó a la residencia de la familia Hall por el llamado del mismo Evander.
El enorme ducado estaba mucho más animado que durante su visita anterior.
El mayordomo la recibió apenas anunció su nombre.
—La señorita Auren, ¿correcto? El joven maestro me pidió que la condujera directamente al salón principal.
Ella hizo una leve inclinación de cabeza.
—Muchas gracias.
Mientras avanzaba por los largos corredores, no pudo evitar recordar las palabras de Evander. No le había prometido un milagro, tampoco había alimentado falsas esperanzas. Había sido sincero desde el principio, y justamente esa honestidad había conseguido tranquilizarla más que cualquier promesa imposible.
Al llegar frente a una gran puerta de madera, el mayordomo llamó dos veces.
—Señor Evander, la señorita Auren ha llegado.
—Hazla pasar.
La puerta se abrió lentamente.
Evander ya se encontraba dentro. Vestía un traje oscuro mucho más sobrio que el del día anterior y sostenía varios documentos entre las manos. Al verla, dejó los papeles sobre una mesa auxiliar y caminó hasta recibirla.
—Buenos días, señorita Auren.
—Buenos días, señor Hall.
Él hizo un gesto para invitarla a seguir.
—Les hable a mis padres sobre su caso y ambos quisieron conocerla personalmente antes de iniciar cualquier tratamiento.
Auren respiró con discreción.
—Entiendo.
Evander notó el leve nerviosismo en su rostro.
—No tiene nada de qué preocuparse. Mi padre suele parecer más severo de lo que realmente es. Cuando necesite hacerle alguna pregunta, responderá con sinceridad; eso será suficiente.
Ella asintió.
—Haré lo posible.
Los dos atravesaron otro pasillo hasta llegar a un amplio salón iluminado por la luz de la mañana.
En cuanto Auren cruzó la puerta, su atención se dirigió naturalmente hacia el hombre que permanecía de pie junto a una ventana.
Su cabello largo blanquecino. Su postura era recta y elegante, y bastó solo verlo para comprender que sus ojos estaban cubierto por una venda fina y elegante.
A su lado se encontraba una mujer de semblante sereno y sonrisa amable. Ojos azules y cabellos oscuros.
Evander habló primero.
—Padre, madre, ella es la señorita Auren.
La joven hizo una reverencia impecable.
—Es un honor conocerlos.
Oriana fue la primera en responder.
—No necesitas estar tan tensa. Evander habló muy bien de ti.
Auren levantó apenas la vista, sorprendida.
Ender permaneció en silencio unos segundos observándola.
Aquella pausa resultó mucho más intimidante que cualquier gesto de autoridad.
Finalmente dio un paso hacia ella.
—Levanta la cabeza.
Ella obedeció.
No podía sentir aquella mirada, pero sí una concentración absoluta que transmite todo su ser.
—Evander me explicó lo ocurrido con tu magia.
—Sí, excelencia.
—Quiero comprobarlo personalmente.
Auren volvió a asentir.
—Como usted considere.
Ender levantó lentamente una mano, sin llegar a tocarla.
Todo el salón quedó en absoluto silencio.
Auren sintió un leve cosquilleo recorrer su cuerpo, como si una corriente invisible pasara lentamente a su alrededor. No era desagradable, aunque sí lo bastante extraña para ponerla en alerta.
Nadie habló.
Evander observaba atentamente a su padre.
Oriana también permanecía en silencio, acostumbrada al método de trabajo de su esposo.
Transcurrieron varios segundos antes de que Ender retirara la mano.
Su expresión permanecía inalterable.
—Tal como imaginaba.
Evander dio un paso adelante.
—¿Cuál es su diagnóstico?
Ender dirigió nuevamente el rostro hacia Auren.
—Tu núcleo mágico está completo.
Ella abrió ligeramente los ojos.
—¿Completo?
—Sí. No encuentro señales de fractura, agotamiento permanente ni destrucción.
Auren sintió cómo una parte del peso que llevaba dentro desaparecía.
Ender continuó con el mismo tono sereno.
—Lo que encuentro es una obstrucción severa. El miedo que experimentaste durante aquel incidente hizo que tu propia magia dejara de fluir con normalidad. Es un mecanismo poco frecuente, pero existe. Cuando el trauma supera el límite que una persona puede soportar, el propio núcleo restringe su actividad como una forma de protección.
Auren bajó lentamente la mirada.
Las llamas volvieron a aparecer en su memoria.
El incendio.
La desesperación.
La impotencia de ver desaparecer el trabajo de toda una vida sin poder hacer nada.
Ender comprendió su reacción, o más bien su emoción. Perder la vista lo llevó a notar más allá de la oscuridad y podía ver las emociones sinceras de cada quién.
—No debes culparte por ello. Ningún mago decide conscientemente que su núcleo se cierre. Es una respuesta que escapa a la voluntad.
Ella respiró profundamente.
—Entonces... ¿puede recuperarse?
Ender tardó unos segundos en responder.
—Sí. Pero requerirá paciencia. No será un proceso inmediato.bForzar el flujo mágico solo agravaría el bloqueo.
Evander escuchó cada palabra sin interrumpir.
Ender giró entonces hacia su hijo.
—Por esa razón este caso quedará bajo tu responsabilidad.
Evander inclinó ligeramente la cabeza.
—Entendido.
—Tu control mágico es más preciso que el mío cuando se trata de trabajos delicados. Además, tienes la paciencia necesaria para acompañarla durante un tratamiento prolongado.
Evander aceptó la decisión con total naturalidad.
—Haré todo lo posible para que recupere su magia.
Ender observó su aura un instante antes de asentir con aprobación.
Oriana sonrió con calidez.
—Estoy segura de que ambos harán un buen equipo.
Auren dirigió la vista hacia Evander.
Él notó su mirada.
—Señorita Auren, comenzaremos con ejercicios sencillos. Antes de intentar despertar su magia, necesito comprender cómo reacciona su núcleo en distintos estados emocionales. Avanzaremos paso a paso; no permitiré que vuelva a exigirse más de lo que puede soportar.
Aquellas palabras, pronunciadas con serenidad y absoluta seguridad, disiparon gran parte de la inquietud que todavía permanecía en su corazón.
Auren inclinó la cabeza con respeto.
—Le confiaré mi tratamiento, señor Hall.
Evander respondió con una leve inclinación.
—Haré todo lo que esté en mis manos para ayudarla.