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"CORAZÓN DE CRISTAL, ALMA DE FUEGO"

"CORAZÓN DE CRISTAL, ALMA DE FUEGO"

Status: Terminada
Genre:Traiciones y engaños / CEO / Mujer poderosa / Completas
Popularitas:6.5k
Nilai: 5
nombre de autor: Naibelys Perez

"CORAZÓN DE CRISTAL, ALMA DE FUEGO" es una historia de segundas oportunidades, de la lucha por el amor verdadero frente a la adversidad familiar y de cómo un alma ardiente puede derretir el más frío de los corazones. ¿Podrán Serena y Julián superar los obstáculos, sanar sus heridas y construir un futuro juntos, o los secretos de su pasado y la oposición de sus hijos destruirán el imperio que han construido con tanto esfuerzo? Adéntrate en un mundo de ambición, pasión y redención, donde solo el amor más puro puede salvarlos.

NovelToon tiene autorización de Naibelys Perez para publicar esa obra, el contenido del mismo representa el punto de vista del autor, y no el de NovelToon.

EL LÍMITE DE LA VIDA

El ulular de las sirenas cortaba el aire helado de la noche. La ambulancia avanzaba a máxima velocidad por las avenidas iluminadas, escoltada por dos patrullas motorizadas.

​En el interior del vehículo médico, el sonido de los monitores de signos vitales era acelerado e intermitente.

Serena no había soltado la mano de Renata ni un solo segundo. Con el rostro bañado en lágrimas y la ropa manchada con la sangre de su hija, la "Dama de Hielo" se aferraba a la mano tibia de la joven como si con su propia fuerza pudiera retener la vida que se le escapaba.

​Julián iba sentado al lado de Serena, sosteniéndola por los hombros con una firmeza protectora. Sus propios ojos reflejaban la angustia, pero su voz era el único ancla de serenidad en medio del caos.

​—Mantén la presión, Serena... ya estamos llegando —murmuró Julián, apretándole suavemente el hombro mientras le hablaba al paramédico—. ¡Díganme que la saturación se mantiene!

​—Está sangrando internamente, el impacto rozó una arteria importante cerca de la clavícula —informó el médico a bordo, preparando el kit de transfusión rápida—.

Necesitamos entrar directo al quirófano en cuanto toquemos el hospital.

​Las puertas dobles de urgencias del Centro Médico Central se abrieron de golpe.

El equipo de cirujanos ya esperaba en el pasillo de traumatología.

​—¡Femenina de veinti años, herida por arma de fuego en hemitórax izquierdo! ¡Presión cayendo, 80 sobre 50! —gritó el paramédico mientras trasladaban la camilla a toda prisa.

​Serena corrió al lado de la camilla sosteniendo los dedos de su hija.

​—Renata, mi amor, estoy aquí... no me dejes, por favor, no me dejes... —suplicaba Serena entre sollozos desgarradores.

​—Lo siento, Sra. Montemayor, hasta aquí puede pasar —intervino una enfermera, deteniendo a Serena en el umbral de las puertas rojas del área quirúrgica.

​Las puertas se cerraron de golpe. La luz roja sobre el letrero de "Quirófano en Uso" se encendió, dejando un silencio sepulcral en el pasillo.

​Serena se quedó inmóvil, mirando la mancha de sangre en sus propias manos. Las piernas se le doblaron por completo y se habría desplomado contra el suelo de linóleo si Julián no la hubiera atrapado a tiempo en sus brazos.

​Él la estrechó contra su pecho con una fuerza desgarradora. Serena se aferró al saco de Julián, rompiendo en un llanto amargo, desesperado y desgarrador, liberando todo el terror de una madre a punto de perder a lo que más ama en el mundo.

​—Fue por mí, Julián... fue por mí —sollozaba ella, ahogando los gritos en el hombro de su prometido—. Se atravesó para salvarme a mí... mi niña...

​—No te culpes, Serena... escuchame bien, no te culpes —susurró Julián con la voz quebrada por la emoción, rodeándole la cabeza con las manos y obligándola a mirarlo—. Renata es fuerte. Es tu hija, tiene tu misma fuerza. Va a salir de esto, te lo juro por mi vida.

​Minutos después, la sala de espera de urgencias se convirtió en el centro de una vigilia angustiosa.

​Ignacio llegó corriendo con la ropa arrugada y las manos temblorosas. Tras haber dejado a Guillermo bajo custodia estricta en la comisaría central, el joven se desplomó en una de las sillas de la sala, cubriéndose el rostro con las manos.

​—No se lo voy a perdonar nunca... —murmuró Ignacio con una voz llena de rabia y dolor amargo—. Nunca en mi vida voy a volver a llamar 'padre' a ese monstruo.

​Aurelio y Eleonora llegaron poco después, acompañados por Beatriz y Constanza. Todos permanecían en silencio, unidos en una oración silenciosa mientras las horas transcurrían con una lentitud tortuosa.

​Julián no se alejó un solo centímetro del lado de Serena. Le limpió con cuidado el rostro y las manos con un paño húmedo, le consiguió agua y se mantuvo como una roca inamovible, ofreciéndole su pecho para que ella apoyara la cabeza cada vez que el pánico amenazaba con sobrepasarla.

​A las cuatro de la madrugada, la luz roja del quirófano finalmente se apagó.

​El cirujano principal salió vistiendo su uniforme verde, quitándose el cubrebocas con rostro cansado pero tranquilo.

​Serena se puso de pie al instante, acompañada por Julián e Ignacio.

​—¿Doctor? —preguntó Serena, apenas pudiendo articular la palabra.

​El médico esbozó una leve sonrisa reconfortante.

​—La cirugía fue sumamente compleja, Sra. Montemayor. La bala causó un daño vascular severo, pero afortunadamente no perforó el pulmón ni afectó el corazón. Logramos reconstruir el vaso afectado y detener la hemorragia a tiempo.

​Un jadeo colectivo de alivio resonó en la sala. Eleonora rompió a llorar de gratitud en los brazos de Aurelio, mientras Beatriz y Constanza se abrazaban con fuerza.

​—¿Va a estar bien? —preguntó Ignacio, con la voz quebrada.

​—Está fuera de peligro vital —afirmó el cirujano—. Es una joven muy fuerte. Ya la trasladamos a la unidad de cuidados intensivos para monitorearla durante las próximas horas, pero el pronóstico es completamente favorable.

​Serena cerró los ojos y dejó caer la cabeza hacia atrás, soltando un suspiro de alivio tan profundo que pareció devolverle la vida al cuerpo.

​Julián la tomó por la cintura y la atrajo hacia él en un abrazo lleno de amor y serenidad. Le besó la frente con devoción mientras le susurraba al oído:

​—Te lo dije, mi amor... Ya pasó la tormenta. Tu hija está a salvo.

​Serena miró los ojos azules de Julián, el hombre que no solo había estado a su lado en los momentos de gloria y pasión, sino que se había convertido en la columna vertebral que sostuvo a su familia durante la noche más oscura de sus vidas.

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Isela Aguirre
excelente inicio autora
Magdalena Petrazzini
👏👏👏👏
Magdalena Petrazzini
Hermosa historia, me encanta la teama👏👏👏🥀
Magdalena Petrazzini
Wauu, que hombre👏👏
America Lopez
que cierre de capitulo tan intenso 🤭
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